|
LA TELARAÑA QUE ME REGALASTE
Empecemos con esto ya. Mi reloj es un instrumento de tortura, al verlo trabajar mientras no volvés. Cada segundo es un palazo de tierra sobre mi futuro sin vos. Estarìa muerto si no sufriese como un niño. Las ganas de verte llegan de sorpresa como olas gigantes y me dejan empapado de làgrimas, pronto para recibir al miedo de convertirme en piedra. Esta vez no me rescata el sexo con otra. Ninguna actividad humana es tan dulce como este gemir de mi luz. Mis esperanzas son una cama còmoda con sàbanas limpias, en donde mis sueños siempre dirán "...Nunca más". ¿Adònde irán todos estos recuerdos en tres dimensiones y con ràfagas de aire tibio? .... Creo que estuvimos muy cerca de reflejarnos en el sol tomados de la mano. Podrìa hoy mismo comerme todas las calles que pisamos.
Todo lo anterior parece que fuese por un amor perdido, pero siempre tengo el mismo y estùpido problema. Me enamoro de casi todas o necesito hacerlo y no lo hago lo que a los efectos es lo mismo. El amor consiste de algún modo en salir de uno mismo y el camino es por amor o sufrimiento. Ahora me pasa con esta compañera de trabajo imbècil sentada a unos metros. Recién vengo de fumar un cigarrillo. Una vez màs intentè ordenar mis ideas contemplando la cajilla dorada, verde y roja, el humo que siempre sube y se aleja de mi.
Ella se levantò y viene hacia mì.
-Te amo -me dice al oìdo y besándome el cuello, luego de cerciorarse que el jefe no està cera.
Mentira -protesto, sintièndome màs dèbil que... no sè què.
- ... ¿Nunca vas a tener confianza en mi? -sonrìe, sabièndose dueña de todo lo que puede tocar en mi-.
- No puedo -respondo.
Asi son nuestros diàlogos últimamente. Es que siento que ella preferirìa estar con su ùltimo ex que conmigo. Y aunque no me lo dice tampoco lo niega rotundamente. Ellos se querìan con pasión pero como él (segùn ella tambièn) està un poco esquizoide decidiò abandonar la relaciòn. El aduce que (y esto es literal, juro que no miento) que no tiene alma. Y yo voy corriendo a la mia de atràs. De todos modos siguen vièndose y ella no le dice de lo nuestro porque “lo lastimarìa mucho y no le agregarìa nada al ya fràgil vìnculo que tienen”. Esto es un desastre para mi. La ùnica soluciòn es dejarla y olvidarme del asunto, ... pero esto no agregarìa nada al ya fràgil vìnculo que tenemos (je je je). Pero es una compañera de trabajo. No puedo romper esta relaciòn tan fàcilmente. La veo llegar y me dan ganas de acariciarla, y cuando estoy hablando con ella nunca me dan ganas de irme a leer un libro ni de mirar un partido de fùtbol o ese tipo de cosas. Creo que tendrìa que renunciar. Voy a ir al patio a fumar de nuevo y lo harè hasta desarrollar un càncer.
El problema es que me gusta y no sé porqué. ¿Quién puede decirme cuál es la diferencia entre estar profundamente encariñado y superficialmente enamorado?. Y me duele que las cosas no sean como necesito o al menos pueda entenderlas. Por supuesto acepté comenzar la relación porque yo creía que no me iba a afectar que ella tuviese pareja. Pero el retorcimiento me envolvió y ya me impide cualquier movimiento. Soy la momia de mi mismo. Estoy fumando y ella no viene a robarme una pitada y un beso. Ya no me quiere. Me està ganando la petisa puta. Antes se pasaba encima de mì aunque la dejase dìa por medio. Ahora me da un besito al comienzo de la jornada laboral, me mira y se rìe pero ya no me trata como antes. Es su estrategia simple y efectiva. Me tengo que joder. ¿Quién me mandò a meterme con una psicòloga?... Antes de mover un dedo conmigo consulta al ejèrcito de colegas confabulados en contra de mis romànticos preceptos morales medievales. Hace esto desde que la felpudee el mes pasado con comentarios y decisiones que pertenecen al sentido comùn tradicional judeo cristiano. Y estoy desamparado en esta guerra. Sòlo el Dios al que se consagraban los caballeros en las cruzadas me acompaña. ¿Es la sinceridad algùn tipo de estupidez o pecado?
Y sigue sin venir. Ya ha pasado hora y media desde la ùltima sonrisita diabòlica. El tiempo pasa y me estoy arrugando.
* * *
Ocurriò el pequeño milagro tan ansiado. Ahora està a mi lado. Sè que puede leer mis pensamientos. Permanece inmòvil y expectante como una serpiente. Cualquier palabra que yo pronuncie delatarà mi posiciòn. Estoy tan aterrorizado que no puedo disfrutar de su presencia. Debo estar exagerando con todo esto. No es màs que un homìnido hembra.
Se fue. Me dejò para irse a hablar pavadas con otra compañera. Soy un ratoncito en el estómago de la serpiente. Me he quedado solo con estas ganas de llevàrmela a la mcama para intentar infructuosamente emparejar la lucha. “Perdoname que dude de tus sentimientos hacia mì. Te amo como nunca amè a alguien. Y quiero cumplir todos los proyectos de pareja que sean necesarios contigo. Reestructuremos nuestra relaciòn. Te invito a cenar esta noche y lo hablamos. No puedo vivir sin vos”. Estaria sensacional decirle esto. Entonces ella seguramente responderìa: “... Estoy confundida... Me hiciste sufrir demasiado los ùltimos dìas. No estoy acostumbrada a que me traten asì. Aparte esta noche estoy cansada.... ¿Què te parece si mejor lo dejamos para mañana?... Claro que si estàs muy ansioso nos vemos igual... En realidad deberìa pasar unos meses sola, pero te extraño tanto... Lo que pasa es que vos no querès entender que los vìnculos afectivos no se sustituyen unos a otros... “ Un diàlogo equivalente a este habrà sido la causa de la homosexualidad de Aristòteles.
En el departamento mi televisiòn necesita que la encienda. Una lasagna congelada me espera para ser devorada con pasiòn. Cuando pasen los años y sea al fin impotente llegarà mi dulce tiempo de la venganza.
|
|
LA RULETA RUSA DEL SEXO NOSTÀLIGICO
Grupo de niños del entorno de los diez años. Gabriel era el que tenìa la madre màs linda y el padre que por entonces todos hubièsemos querido tener. Este era un hombre que siempre estaba sonriendo y que hacìa poco habìa abandonado su carrera de futbolista profesional. Mas de una tarde de lluvia estuvimos viendo su àlbum de fotos y recuerdos traìdos de otros paìses, entre ellos una cabeza humana reducida por los jìbaros. Solo hace pocos años me enterè que los jìbaros son primitivos pero no idiotas y suelen reducir cabezas de monos y venderlas por humanas. Tengo la imagen de Cacho Garrido, sonriente como siempre, en el portal de su humilde casa, esperando a Alicia que volvia, besàndola y entrando ambos. El escalòn de la puerta donde siempre nos sentàbamos con la barra quedaba justo frente a la casa de Gabriel.
Los padres de los demàs niños, entre los me incluyo, no eran como ellos; las madres no eran tan lindas ni complacientes con sus hijos, ni los padres tan de buen humor ni cariñosos ni con nosotros ni con sus esposas. O sea que si bien nunca ninguno de nosotros lo dijo, todos hubièsemos querido que ellos fueran nuestros padres y no los que tenìamos, pero sería parte de otra historia. Y tambièn lo debe ser el hecho de que Cacho Garrido no era el verdadero padre, sino que habìa conocido a su madre a poco de nacer Gabriel. Ell verdadero los había abandonado.
Cacho Garrido era un tipo valiente, ya que mas o menos quince años despuès jugò el juego màs peligroso de todos, la ruleta rusa del sexo nostàlgico. Consiste en una especie de juego de las figuras hessiano y orgìa dionisìaca con àngeles del recuerdo y demonios alquiladores de vaginas. Me enterè de su aficciòn a este juego un dìa despuès del que le tocò perder. Yo entonces ya era un perverso recolector de historias y por eso la escibo asì. Quizàs debería narrar esto llanamente, y decir que Cacho Garrido, luego de que Alicia murió de càncer fulminante a los 36 años jamàs lo pudo superar. Y que ademàs de emborracharse brutalmente buscaba prostituas lo màs parecidas fìsicamente a su mujer. No voy a decir cual era el placer en este complicado juego porque serìa describir algo desesperada y tristemente obvio. Tal vez, al fin y al cabo esta historia no sea tan cierta como la cuento y perdoname Gabriel si algun dia lees esto, pero lo dudo ya que te fuiste a lavarle los pisos a los yanquis, para escapar de un cantegril en montevideo y asi darle un futuro a tu mujercita y a tu hijo que no conozco y ya no tenes ninguna razòn para regresar. Que la suerte te acompañe, algún día se aburrirá el pueblo de tantos políticos de mierda.
* * *
Noche agradable de viernes. Me dispongo de disfrutar por primera vez de esta linda mujercita de 21 años. Incluso parece inteligente, lo cual hace un maravilloso cóctel para un viejo verde de 33 años como yo. Me siento como un Fausto vago pero afortunado, entre otras cosas porque el diablo en esta oportunidad perdiò su direcciòn de cobro. Todo parece perfecto y fluye naturalmente. Solo falta el primer beso, ya que incluso hemos cenado juntos. Ni siquiera me he olvidado de comprar condones aunque estuve a punto. La vida es generosa conmigo esta noche.
Cuando, por màs respetuoso de la condicion femenina y buen flirteador se sea, tan solo falta extender el brazo para el primer contacto fìsico, es que me viene el flash de Cacho Garrido jugando valientemente a la ruleta rusa del sexo nostálgico, intentando encontrar en un cuerpo lo que habìa en otro, hallando simplemente la nada luego de vaciar los testículos.
Aun no he vuelto a ver a la linda mujercita, pero si le pregunto que piensa de mi dirà que soy un poquito homosexual, o si es tan inteligente como me pareciò si le muestro este relato tal vez lo entienda y solo me catalogue como un pajero de mierda. Y si ademas de tener inteligencia es sensible y buena persona, se conmoverà con este retorcido homenaje a la memoria de Cacho Garrido, lo ùnico que se ha escrito sobre èl luego de aquellos recortes de diarios de la secciòn deportes.
* * *
Pasaron ya tres dias de la noche con la mujercita, el mismo tiempo desde que me vino esta fiebre que no se me va y que no obedece a virus alguno. Un fuego interno que en algo debe estar relacionado con aquel que carbonizò dentro de un auto el cuerpo de Cacho Garrido. Aun conservaba el mismo en el que habìa viajado tantas veces con Alicia. En la noche en que le tocò perder el juego se rociò con nafta y por supuesto se habrá puesto el fòsforo encendido a la altura del corazòn. Si serìa fuerte ese fuego que tambièn el auto quedò carbonizado pese a que llovìa. Omito las conversaciones que tuve los dias siguientes con Gabriel porque no son parte de esta historia, pero dejo constancia que hasta donde pude no fui un observador distante de esta situaciòn. Bueno, pero ahora tengo otra tarea, olvidar a esta mujer. Como dice un amigo mio, hay que hacerse amigo del tiempo. Lo que no sè es si el tiempo quiere ser amigo mìo. Mientras tanto no voy a jugar a la ruleta rusa del sexo nostàlico, ya que al menos todavìa puedo llamarla o escribirle esta misma historia.
|
|