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Esta historia así ocurrió.
Nochebuena. Nos reunimos en mi casa a esperar la Navidad parte de la familia. Estaba mi hija Laura con mi nieta Sol y la hija de mi esposa Laura con su marido Guido, Carmen y yo. Ante una mesa muy bien servida regada con el mejor vino, provisto por Guido el entendido en esas artes enólogas y con el ánimo muy bien dispuesto a pasarla muy bien.
Entonces, Laura, la hija de Carmen nos hizo un regalo, el que consistía en esta historia.
-Esta mañana cuando me dirigía en el colectivo a mi trabajo vi algo sorprendente, algo que me impactò en solo tres minutos, que es el tiempo que tardó el colectivo en esperar que el semáforo le diera paso.
-Una pareja conducía uno de esos carritos de supermercado juntando cartones o trastos o ropas inservibles. Se los veía como de cincuenta años o más, con las manos y sus caras curtidas por el sol, o el frío o los crudos inviernos a la intemperie o el hambre. Entonces el hombre se separó de la mujer y resueltamente se dirigió hacia un lugar en donde alguien había arrojado una maceta con una planta algo marchita y en la que sobresalía una flor de color rojo. Era una linda maceta. Con cuidado la tomó, la acomodó, sacó las hojas ya secas y con mucho cuidado se la ofreció a esa mujer.
-Juro que se me llenaron los ojos de lágrimas ante esa actitud.
Creo que a todos nos pareció que esa historia de amor, pese a la pobreza, fue también el mejor regalo de Navidad.
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