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III.7 Cantares de ronda. Jotas y rondeñas Ronda, según recoge Covarrubias 1, era el término utilizado para designar la guardia que una patrulla de soldados hacia, «asegurándose de lo que puede aver de inconveniente y perjuyzio». Otra acepción de ronda es la costumbre de los mozos de pasear la calle donde vive la mujer galanteada entonando cantares y requiebros y vigilando la intromisión de otros mozos. La n octurnidad y el anonimato del grupo permitían la expresión de lo que en otras circunstancias estaba vedado. Por medio de coplillas, a veces improvisadas, se mantenía un tipo de comunicación que en la vida cotidiana no resultaría procedente. Por tanto, la ronda es, por definición, de mozos, aunque el concepto se extiende a otras celebraciones y acontecimientos como las rondas familiares de bodas o de matanzas. A título de curiosidad mencionaremos que «ir de ronda» es también una modalidad extremeña en la caza del jabalí. Se practica a caballo con diez perros, algunos de los cuales inmovilizan la presa en tanto el cazador se apea para sacrificarla a cuchillo. Existe un cierta confusión entre los términos ronda, rondeñas y jotas rondadoras, precisamente porque las rondeñas, composiciones similares al fandango, constituyen una de las piezas fundamentales en el repertorio de las canciones de ronda. Su origen andaluz -de la malagueña Serranía de Ronda- se manifiesta aún en letras y tonadas. Todavía en algunos pueblos de aquella zona el folklore musical gira en torno a rondeñas muy similares a las que por aquí cantamos. Si bien la rondeña ha adquirido en Piornal personalidad propia, es uno de los mas claros ejemplos de la influencia verata en el folklore local.
1 Sebastián de Covarrubias: Tesoro de la Lengua Castellana o Española. Madrid 1979. La principal dificultad de la rondeña radica, precisamente, en su adecuada interpretación. La escritura musical ortodoxa sólo puede plasmar un esquema o un guión de la misma, pero los giros, modulaciones y «tonás» con matices orientales, se transmiten por vía oral y dependen en gran medida del sentido y la aptitud interpretativa del «cantaor». La jota es otro concepto. Se trata de una pieza sencilla, rotunda, sin complicaciones. Seguramente la jota tuviera más arraigo y solera que la rondeña, ya que era preceptivo que los bailes de fiestas y bodas dieran comienzo con una jota. Posteriormente el pueblo y algún que otro folklorista dio en llamar rondeña a la jota, por lo que hoy no resulta extraño que alguna jota serrana reciba el nombre de rondeña y viceversa. Ruiz de Velasco comenta sobre el origen de la jota «Debió de existir un baile popular, acaso de origen celta o godo, con ritmo ternario, baile varonil y enérgico, cual son los de las naciones guerreras del norte: los árabes asimilaron tal danza, diéronle algo de su propio carácter, dulcificaron sus movimientos y resultó la jota como hoy se conserva, fogosa y enérgica». La jota en Piornal se canta con siete versos de forma que siempre se repite el cuarto de la copla básica, a diferencia de la extremeña de seis versos y de la castellana antigua que repite el tercero. En algunos casos se canta de la segunda forma, en la que se repite el cuarto verso como remate de la copla.
Al contrario que para la rondeña, para cantar la jota no es preciso gozar de especiales dotes interpretativas, sin embargo resultea necesario desplegar gracia y soltura.
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Feliciano Calle Sánchez. Junio de 1995.
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