I.2 Quintos

Quinta es el nombre con el que se designaba el sistema de reclutamiento aplicado en tiempos de Carlos III, mediante el cual se elegía uno de cada cinco mozos aptos. De ahí que se aplique el vocablo "quinto" a los convocados a filas durante un determinado año.

Pero el sentido de grupo que caracteriza a los quintos es más profundo que su significado castrense; por eso pervive desde mucho antes de la llamada a filas. Los autores versados en temas célticos sostienen que a los jóvenes de estas tribus se les exigía una prueba de madurez para ser aceptados como adultos por la comunidad. Durante unos días debían sobrevivir en el monte por sus propios medios. A la vuelta y como testimonio habían de traer como testigo ramas de árboles de los bosques lejanos. Los nuevos mozos, orgullosos, exhibían por las calles su triunfante ramo adornado con las viandas y los presentes que los vecinos les regalaban a modo de reconocimiento.

En Piornal, era frecuente ver algún día, "el pinchoti de quintos"; ramo adornado con los alimentos que los mozos recibían de los vecinos y que paseaban por las calles del pueblo mientras iban cantando sones relativos a su condición.

En la actualidad los cantares de quintos se identifican plenamente con la vida militar, aunque se conservan coplas del ambiente castrense del último siglo mezcladas o con otras de carácter retador propias de las rondas de mozos. Los quintos de Piornal vivían intensamente las etapas que habían de cubrir desde su alistamiento a la incorporación a filas. De acuerdo con estas fases se distinguen tres tipos de tonadas musicales:.

De entrada en caja: Alistamiento. (Quintos de la que viene)

De "talleo": Quintos nuevos o quintos del año propiamente dichos

De sorteo y despedida: Ida ("ia") o quintos de hogaño

Las canciones tienen letra y música apropiadas para cada momento y a ello había que atenerse para evitar conflictos con la quintas correlativas ya que cada una de las fases definían una grado cada vez mas próximo a la madurez. Las letras de algunas coplas son comunes a todas las circunstancias, pero la música es exclusiva de cada fase. Los sones y ritmos marcaban de tal forma las jerarquías entre quintos de distintos etapas que el uso indebido de ciertos cantares podía resolverse con serios enfrentamientos entre los diferentes grupos, aunque en el momento del relevo brotase una armoniosa conjunción favorecida por los efectos del vino.

La mayoría de las coplas conocidas aluden a la tercera fase, es decir a la despedida y el futuro del quinto en el servicio, pero dichas letras también se utilizan por los mozos tallados, es decir por los de la segunda etapa. No ocurre así con las melodías, que difieren en ambos casos, correspondiendo al "talleo" la que va acompañada del característico tamboril, que informa a todo el pueblo acerca de la validez de los mozos, aunque después se no acudieran al servicio por otras circunstancias.

I.2.1 Entrada en caja y "talleo"

En el momento del reclutamiento, los chavales ya se consideraban quintos de la que viene y aunque estaban limitados a cantar las coplas y sones propios de su condición sin derecho al uso del tamboril, ya se enfrentaban a los quintos tallados:

"Soy un quinto que la pinto

y no me meto con naide

y el que se meta conmigo

ya veremos como sale"

El "talleo" de quintos tenía lugar un domingo del mes de febrero o de marzo. Los mozos que iban a ser tallados, conocían su derecho de rondar públicamente para presentarse al pueblo como los nuevos quintos. Adornados con alguna prenda militar, especialmente el gorro, de algún pariente veterano, cantan sus tonadas al son del ruidoso y ronco tamboril que debe marcar un ritmo característico y exclusivo. No se utilizan otros instrumentos, salvo el tamboril y, si acaso, el pandero.

Al paso por las calles, las madrinas, tías y, por supuesto las novias, les convidaban con ricos y suculentos productos de la tierra que guardaban para sus buenas "furrionas" o "chirrinfollas". A veces, ocho idas antes del "talleo", se agenciaban una cabra o un chivarro al que paseaban con los emblemas de la quinta y cuyo glorioso final sería la caldereta de la víspera.

La mañana del "talleo" los familiares y amigos acuden a la casa del quinto donde se les ofrece el típico desayuno festivo a base de torrillos y aguardiente. A continuación salen todos juntos de ronda hasta la hora que los mozo deben tallarse. Concluido el formalismo, vuelve la ronda al domicilio del quinto donde se da cuenta del aperitivo. Después se sale de ronda por las calles hasta la hora de comer. Como son varios los muchachos que se pasan por este trance, el pueblo entero resulta estar de ronda y de fiesta, hasta el punto que la comida no alcanza la magnitud de una boda, sólo porque el número de invitados es mas reducido, al hallarse repartido el personal del pueblo entre las comidas de unos y otros.

I.2.2 El sorteo y la despedida

Días antes del sorteo se suelen celebrar "furrionas", similares a las del "talleo". Los quintos tienen derecho a rondar todas las noches hasta la medianoche, según prescribían las ordenanzas municipales. Las rondas de sorteo no van acompañadas de tamboril ni de instrumento alguno, sino que los quintos, abrazados unos a otros, van cantando por la calle las coplas relativas a la despedida. La "justicia" solía ser exigente con esta costumbre para evitar molestias al vecindario, pero los quintos no se hallaban en condiciones de respetarla, encontrando el beneplácito de sus afligidas familias y novias que pronto iban a dejar de verlos durante tres largos años.

El mismo ida del sorteo, los padres del futuro soldado, ofrecen una cena, mas íntima que la comida del "talleo" y a la que sólo invitan, como mucho a los hermanos, es decir a los tíos carnales del muchacho.

El ida anterior a la partida, cada mozo se despedía de los familiares y padrinos convidándoles a un cigarro, mientras estos, a su vez, le obsequiaban con algunas monedas o viandas que pasaban a engrosar el envoltorio que madres y novias les tenían preparado. Según en que época y como se marcharan los quintos, eran estos acompañados hasta el Valle o hasta un punto determinado como reprocha esta copla:

"Cuando me marché al servicio

a despedirme salieron

padres, parientes y hermanos.

Ellos pronto se volvieron

y a mi solo me dejaron"

Las canciones de despedida hacen alusión a esta circunstancia, evocan al pueblo, sus calles y parajes, reflejan el recuerdo de la madre, el adiós a la novia, las impresiones del viaje, las nuevas situaciones del cuartel, la vida militar y la lejana licencia, se hacen alusiones a plazas africanas e incluso ultramarinas. En el clásico cantar del sorteo, siempre se ha mantenido en el estribillo el reconocimiento de la autoridad del Rey, al margen del sistema político vigente:

"Adiós morena, adiós

que el Rey me ha de llevar.

Si no me das el sí

te meto en un costal,

te meto en un costal

te estrello en la pared,

te doy un cogotón

y acabo de una vez.

 

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© Feliciano Calle Sánchez. Junio de 1995.

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