I.1 La Navidad
Hasta hace pocos años, durante la nochebuena, se practicaba una costumbre muy extendida en las zonas rurales y ligada a la «Misa del Gallo»: «la pastorá de nochebuena». Días antes comenzaban los preparativos: las cantoras parroquiales ensayaban los villancicos de templo; la mocedad y algunos hombres ponían a punto los sencillos instrumentos, así como los trajes de pastores, cayadas y adornos. Todo se organizaba en la «casa-curato» bajo la dirección del «Señor cura»..
Mientras tanto, otros ensayaban las Roscas que iban a cantarse en la Misa del Gallo, en el día de Navidad y el día del Niño.
Antes de la misa tenía lugar la cena de nochebuena. Según los posibles, cada familia preparaba los típicos platos festivos o, en los mejores casos, un capón cebado. Otros platos frecuentes eran los chíchares, las tortillas variadas y el arroz con bacalao. No podían faltar los dulces, especialmente los corchones o el arroz dulce. En algunas casas se preparaba una olla grande de garbanzos para repartir entre los vecinos menos afortunados.
Para la misa del gallo, las mujeres llevaban cestas de mimbre llenas de dulces y adornadas con cintas de colores. Algunos años, preparaban una cesta «más apañada», entre todas. En ocasiones, las mozas llevaban la suya propia. La cesta pascual, que se colocaba en el centro de la iglesia, representaba la simbólica ofrenda de la Rosca de Navidad.
Además
de cantar la Rosca, esta misa era bullanguera y popular. Los protagonistas de
la pastorada acudían con sus vestimentas pastoriles. El resto asistía
con capa o con anguarina. Entre los instrumentos de Navidad, se incluyen las cayadas,
adornadas con cascabeles y cintas, los panderos, el almirez y la zambomba. Los
hombres llevaban garrotes que, además de facilitar el tránsito por
las calles nevadas, servían como instrumentos de percusión. No debía
faltar la rondalla, con los instrumentos musicales bien templados para la ocasión.
Este ambiente hacía que la misa no pareciera un rito piadoso. Tanto es así que, en alguna ocasión, el señor cura intentó suspender la misa, aunque sin mucho éxito, pues los congregados, respetuosamente, le convencieron para que continuase con la celebración, cuya asistencia sólo era comparable con la misa del día de La Candelaria. En las últimas décadas quedó suprimida esta ceremonia y algunos villancicos «de templo» pasaron al olvido. Después de la misa se comía una cabeza de lomo con la familia y, a continuación, se salía de ronda hasta la hora de las migas.
La chiquillería vivía el ambiente a su manera, con grandes ilusiones. Desde niños, aprendían a pedir el aguinaldo durante el atardecer del día de nochebuena. Para ello habían de aprender los villancicos apropiados. Los zagalones entonaban el aguinaldo, de puerta en puerta, hasta que recibían el oportuno regalo que podía consistir en un dulce casero o alguna moneda:
«No queremo jigu secuh
ni castaña con bujeru
que queremu un chorizu
pa´mañana pal pucheru»
En las partituras se presentan dos temas de aguinaldo: uno de ellos corresponde al día de nochebuena y otro es conocido como «Pascua de Reyes».
I.1.1 Piornal, ¡el pueblo de los villancicos!
El término villancico admite diversas acepciones; su etimología gozó de cierta polémica entre los estudiosos del tema. Sin embargo, los entendidos coinciden en relacionar el origen del villancico con determinadas composiciones populares medievales no religiosas ni cultas; es decir, las canciones que cantaban los villanos. En el renacimiento se despertó un cierto interés, fuera del mundo rural, por este tipo de composiciones. Siglos más tarde se estableció la denominación de villancico, en su esquema actual, ligado a la temática religioso-navideña.
El villancico es uno de los ejemplos más claros del estrecho vínculo mantenido en Piornal entre el elemento religioso y las costumbres populares. La divulgación del villancico piornalego se remonta tiempo atrás. Hay que recordar que el párroco D Julián de Paz, durante la década de los «veinte», fomentó, considerablemente, la canción popular y religiosa; rescató antiguas composiciones; y enseñó algunas piezas que pasarían a engrosar el repertorio local. Recopiladores anónimos y folkloristas de renombre, como García Matos, recogieron algunos villancicos que no fueron publicados, pero sí divulgados en determinados ambientes.
Como
apuntábamos en el capitulo «Tradición y folklore», los cantares
piornalegos han sido difundidos a través de numerosas vías, pero
la de mayor trascendencia, quizá, fue la serie de actuaciones que la Ronda
de Piornal efectuó por las calles y centros oficiales de Plasencia,
con motivo de la campaña «Paz en la Tierra», en la Navidad de 1.964. La
misma Ronda de Piornal volvería a repetir actuación en la Navidad
de 1.966. Posteriormente, la corporación municipal apoyó la creación
del coro juvenil mixto que se presentó a varios concursos de villancicos
en Madrid, en donde siempre consiguió algún premio.
A raíz de las primeras actuaciones, la «Ronda de Piornal» grabó en el propio pueblo el ya legendario «disco de Villancicos». En este primer microsurco se incluyeron los temas: «Pobrecita Virgen», «¡Ay, cómo cantan los pajaritos!», «la Rosca del Niño» y «la Mula come la paja», que lograron una popularidad mantenida hasta nuestros días. Estos villancicos fueron la base para la reactivación del interés que, a partir de entonces, se produjo por el folklore.
Todas estos hechos han contribuido a difundir los villancicos piornalegos de tal manera que, en alguna ocasión, hemos podido escuchar la frase: ¿Piornal?, ¡El pueblo de los villancicos!
I.1.2 Las roscas navideñas
La rosca es una ofrenda mediante la cual el pueblo invoca el buen devenir de los acontecimientos. La rosca en sí, es el dulce doméstico que se prepara, como presente, para tal ocasión y que se conserva, todavía, en algunas. ofrendas como en el Ramo de San Roque, cuyo tronco surge, precisamente, de un gran roscón. La cultura urbana mantiene el recuerdo de este símbolo con el célebre Roscón de Reyes.
En Piornal, como veremos, existen Roscas para distintos festejos a lo largo del año. En Navidad tenemos las siguientes:
Rosca antigua: cantada durante la misa del gallo
Rosca de Navidad: cantada en la misa del día veinticinco de diciembre.
Rosca del Niño: se interpretaba en la misa del día de Reyes
Las roscas se acercan más al romance que al villancico, pues narran los hechos con una actitud más formal. El villancico, como canción del pueblo, está más abierto a la imaginación creativa. Sus textos tienden a humanizar a los personajes evangélicos hasta límites burlescos, hecho que confirma su nombre y su origen «villanesco». En los textos de las roscas se utilizan algunas estrofas de romances religiosos como el de «la Huida a Egipto», aunque aportan una melodía propia, diferente.
Todos los temas navideños se acompañan con la instrumentación popular apropiada: cayadas -adornadas con cintas de colores-, tamboril, flauta, zambomba y pandero. Antaño intervenían la vihuela y el rabel de factura pastoril. Otros villancicos, los llamados «de calle», se acompañan con instrumentos de espetera, es decir, caldero, almirez, tapaderas y botella.
Como ocurre con todo el folklore, el matiz fundamental radica en la interpretación. El villancico debe ser entonado por grandes y chicos con la alegría propia de la época y la fuerza del pueblo, de donde procede.