Imagen
 
La Web de Rolando Gabrielli | Poemas San Francisco | Sucede que me canso de ser hombre | GABRIELLI IN SFUMATTO | HISTORIAS DEL OTRO INQUILINO | CADA DÍA CANTA MEJOR -Gardel está de cumpleaños | EL SIGLO DE SARTRE, son sus palabras | A María Gelman García | EL LENGUAJE INEFABLE la pista blanca y otros poemas | Borradores 2004. Esquinas | JORGE TEILLIER: POETA SUR | Azucena Villaflor-Madres de la Plaza de Mayo | Londres 7 | CINDY CRAWFORD, la valla del amor| D(EL) folletin de Gabrielli | Las historias de Daniel el travieso y los operativos de Bonnie and Clyde | Corín Tellado, la vida en rosa | DIARIO DE UN HOMBRE INFINITAMENTE ENVENENADO: PANERO | Poemas: "RoSa 41" | El Rojo Rosario de Chile | QUÉ HORROR, MANHATTAN- 11 de septiembre 2001 | Una Rosa | SONIDO Y FURIA DE LAS PALABRAS | LA CONSTITUCIÓN Y LA SELECCIÓN CHILENA DE FUTBOL | La Luna- poemas | STOP, CHILE POESÍA | Productos nuevo | DETRAS DEL NOBEL, EL TEATRO DE LA VIDA
 
CINDY CRAWFORD, la valla del amor
   
 
Imagen
Cindy UNO

Yo me enamoré de Cindy Crawford cuando la vi por
primera vez en una valla en la avenida España en
Panamá. No enseñaba gran cosa. Su imagen estaba
asociada al tiempo. A nuestro tiempo y época. No sólo
un símbolo top de la pasarela mundial. Era algo más
que conjugaba con el misterio, glamour, su pasada de
granjera. La valla nos daba de frente cuando
cruzábamos en automóvil la transitada avenida. Me
gustaba ver caer su silueta en el ocaso. Siempre nos
permitía un poco más el denso y estresante tráfico. La
Cindy C. se encargaba de refrescarnos los minutos de
soledad tropical frente al timón. Sudábamos los que no
teníamos aire acondicionado por cuenta de la humedad
de Ciudad de Panamá y la Cindy. Pero agradecidos al
fin de una hembra tan fenomenal con su lunar y
kilometraje global rodando.
En las tardes, a la hora del crepúsculo, en el ocio de
la ciudad y de manera espontánea, se me ocurrió un día
y después lo convertí en un vicio. Sí, me subía al
paso peatonal, un sitio sin gracia, en el Centro
Comercial Concordia, que parte por el aire la avenida
en dos, para ver de más cerca a la Cindy. Se me
agrandó la imagen como en cinemascope.

Pantalla ancha, la Cindy y yo. Ahí me la soñaba. Le
disparaba besos imaginarios como palomas. Siempre
sonreía. Tan linda la Cindy, supongo que los recibía
con agrado y algo acostumbrada al éxito protegido del
sol y de la lluvia, compartía las horas muertas con la
Cindy. Tan cerquita de ella como podía. El paso
peatonal es un pasillo muy concurrido. La gente lo usa
para cruzar la calle y salvar el pellejo de los
buseros y taxistas. Es una odisea cruzar la Vía España
y, a cualquier hora, un riesgo mortal. A veces,
hipnotizado yo, suspendido, aproximándome tanto que
creía que la tendría para mí esa noche, no sentía los
codazos y empujones que me daban los que cruzaban el
paso peatonal como buseros. Cuando el sol me daba de
frente al mirar el horizonte. Me cubría con una
revista de National Geographic en español que siempre
cargaba. Y trataba de que la naturaleza me devuelva al
menos en el papel algo de confort. Y me concentraba en
la Cindy.

La lluvia, nada me impedía, darle un vistazo,
recorrerla de horizontal a vertical y viceversa, por
los cuatro puntos cardinales. La imaginaba bajo la
nieve. Una delicia. La soñaba de mil maneras y me
llamaba mucho la atención su reloj pulsera. Era
propaganda. La leyenda de la valla me impactó desde un
inicio.. My Choice, junto a un Omega. Vaya, valla, es
un Omega.
Imagen
Cindy DOS

Después de un tiempo, llegó una orquesta al centro
Comercial. Un dúo más bien. Es que eso del órgano
parece la expresión de una multitud. La depresión
económica trajo la música. Un colombiano y un
ecuatoriano."El frío de mi cuerpo pregunta por ti. Y
no sé donde estás."
Yo seguía firme, clavado frente a la Cindy C. Fiel,
hogareño, soñador, discípulo del amor. Mi valla
querida. Impresionantemente serena, juiciosa,
conmovedoramente inmóvil. Nada la sacaba de sí, como a
esas mujeres modernas, ni los bocinazos: Cindy C.
Imperturbable. Esos aguaceros que manda Noé en la
estación lluviosa, ni fu, ni fa. Ella permanecía
abstraída en su gesto natural. Un día me encontré con
que habían pintado el muro donde me apoyaba como si
fuera un mirador. Todo de azul. me gustó, pero decía:
"cuidado, pintura fresca" Me mantuve distante todo el
tiempo y no dejé de mirar a la Cindy, aunque a un
medio metro más de distancia.
El murito no puede con la lluvia del trópico y el
viento la empuja hacia donde uno permanece. Un día de
esos negros, que uno sabe que vienen lluviosamente
mojados, llegué con un plástico y me hice un sombrero
hechizo, como de la legión francesa. Pero cuando
pasaban, me decían "¿que hace ese español, el
italiano?". Nadie me vio como un legionario, como me
hubiese gustado a mí. La gente tiene sus ideas. Nadie
se las cambia.Yo me veía como un legionario perdido en
el trópico.

Y poco me faltaba, en verdad. Había leído a Camus,
Sartre, visto a la Bardot, la nariz -es en serio- de
De Gaulle cuando visitó Chile. Había estudiado seis
años francés y me escribía con una parisina, que me
envió diez hebras de su cabello color miel. Aló
Santiago, Ici París. Conocía a Rimbaud, Verlaine,
Billón, los clásicos de todo principiante, aspirante a
poeta maldito. Por las tardes era otro el público el
que pasaba por el paso peatonal, y valga la
redundancia. Las mujeres con sus uniformes grises de
oficinas bancarias o supermercados. Muy puntuales en
sus salidas para tomar el bus y dirigirse a sus casas
en una travesía de más de una hora. El paisaje siempre
estaba dominado para mi ojo por la Cindy C., pero se
estaba llenando de grandes avisos: Se Alquila. Que
palabrita para decir, estoy vacío, ocúpeme, me
ofrezco, si tiene dinero soy suyo.
Al lado del local, una de esas oficinas con una gran
sonrisa de servicio bancario. Ahí llegan las
colombianas como hormigas para enviar sus dólares a
Cali, Popayán, Santander, Medellín, ganados en su
batalla diaria, cuerpo a cuerpo con los panameños.
Nadie, le digo a Cindy, competirá contigo. No me verás
en esa esa. Entretanto, el bolero de la Plaza
Concordia inundaba todo. Una palma enana al centro de
un patio de luz definía la vigencia del trópico y poco
a poco iba creciendo la música caribeña, ritmo
pegajoso, de un solo aire: "La negra tiene
tumbao....". Como quisiera decirte algo/ algo que
llevo aquí adentro, esta es tuya Cindy, digo que me
escuchas...quiero que estés conmigo como un final de
cuento. Como quisiera decirte cuanto te quiero.

Imagen
Cindy TRES

Estaba de lo mejor viéndote Cindy C. Cálida, abierta,
posesiva y profesional, vaya , en la valla. La puesta
de sol del solitario. Recogida en tu espléndida
sonrisa, llena de mi ausencia, tus recias compactas
copas, blindada aún por detrás, en tu aurora perfecta,
cubierta en el claro atardecer de marzo.
Ciertamente, me llegabas como un escopetazo en la
sien. Pólvora de estos ruines días cargados de pétalos
vilmente ilusorios, tú que estallas en la pequeña
sombra vacía.
Paraguita del desierto, chinita, clavito de olor,
copihuito, paletita de helado, globito, terroncito de
azúcar, río pequeñito, volcancito, nubecita, sur
azulito, besito de almendra, arrocito con leche,
monedita de plata, viento que me lleva como un agujero
a tu pecho.
Siento que alguien me pone un paracaídas color
naranja, se ajustan los tirantes firmes al cuerpo, una
gran sonrisa atraviesa el horizonte, el sol se está
escondiendo, vamos a viajar, sopla, sopla suavemente.

Icaro súbete a estas alas. ©

 
volver a Menú huachaca
<<<
alojamiento web gratis
Otros servicios ofrecidos por HispaVista:
Videos, Loterías y Lotería de Navidad
Consigue una página web gratis o un
alojamiento web profesional con Galeón