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Campaña del año 212 a.C. |
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Este año, los escipiones decidieron cambiar de estrategía en la guerra peninsular. Hasta ahora parece que se habían limitado a entorpecer o impedir, con éxito indudable, los intentos cartagineses de mandar nuevos ejércitos por tierra hasta Italia, ahora decidieron dar un paso adelante y decidieron atacar y expulsar a los cartagineses de toda Hispania. Los generales romanos, que en verdad tenían por delante una difícil tarea, dedujeron que si querían expulsar a los cartagineses de la península deberían dar caza a sus ejércitos y no permitirles como hasta ahora, que se replegasen y pusiesen tierra por medio internandose en las profundidades del país, a donde sin duda era muy difícil seguirles. A tal efecto decidieron dividir sus fuerzas y obligar a combatir a sus rivales. Estos, poseían de nuevo tres ejércitos al mando cada uno de ellos de Asdrúbal, Magón y Asdrúbal Giscón (1), estos dos últimos se habían ya reunido aunque el realmente peligroso parecía ser Asdrúbal Barca, a quien se eligió como primer objetivo. A tal efecto, los romanos dividieron sus fuerzas, Cn. Escipión junto a los recientemente reclutados mercenarios celtíberos (2)(en numero de 20.000) y un tercio de las tropas italianas se dirigiría contra el cartaginés mientras P. Escipión con los otros dos tercios de las fuerzas romanas haría otro tanto contra Magón y Asdrúbal Giscón, en realidad de trataría de batirles al mismo tiempo para evitar que la noticia de la derrota de uno de ellos hiciese huir al otro y comenzase una de esas persecusiones a través de Hispania a que les tenían ya acostumbrados los cartagineses. Comenzó la campaña y Cn. Escipión se dirigió contra Asdrúbal Barca mientras su hermano hacia otro tanto con el otro ejercito cartaginés No tardo en llegar cerca del enemigo pues este se encontraba relativamente cerca, a unos 5 días de camino, acampado junto a la ciudad de Amtorgis (desconocida) a donde llegaron en primer lugar los celtíberos que marchaban como avanzadilla, plantaron pues los romanos sus reales cerca del cartaginés con quienes tan solo les separaba un río, allí se separaron los dos escipiones marchando P. Escipión en busca del otro ejercito enemigo. Asdrúbal, entretanto, y como era característica en el, no cesaba en tramar contra sus enemigos, había ya conseguido movilizar a uno de sus buenos aliados, Indíbil (3), el regulo ilergete, exiliado en el territorio de los suessetanos y a quienes convenció para empuñar las armas en contra de los romanos alistando en sus filas a 7.500 de sus guerreros con los que se dirigió hacia el sur, al encuentro de los cartagineses. También, el barcida, conociendo la idiosincracia de las tribus hispanas, se propuso comprar a los auxiliares celtíberos que militaban bajo las banderas romanas, se puso en contacto por medio de enlaces hispanos con los jefes celtíberos y acordó con ellos que a cambio de una cantidad de dinero abaldonarían al general romano, no les pedía Asdrúbal que le combatiesen, tan solo que le abandonasen, entregandoles por ello una cantidad que hubiese bastado para convencerles incluso de luchar en la guerra, con que cuando no, por hacerlos regresar tan solo a sus hogares. LLegado el día, se sorprendió Cn. Escipión de ver como sus celtíberos recogían sus banderas y se retiraban, intento por todos los medios convencerlos, con ruegos pues con la fuerza era imposible, pero sin efecto. Al poco quedaron por fin desasístidas las tropas romanas y quedaron así en franca inferioridad con respecto de las tropas de sus enemigos. Mayores problemas encontró P. Escipión en su marcha contra Magón y Asdrúbal Giscón, tuvo el romano que sufrir la presencia en las filas cartaginesas del joven Massinisa, excelente líder y jinete numida, que al mando de sus guerreros montados causaba día y noche los mayores estragos y desconcierto en las columnas romanas obligando a estos a marchar por terrenos desfovorables para la caballería y sin atreverse a salir a la llanura. Acampados los romanos en su correspondiente campamento fortificado, fue casí bloqueado y asediado por los continuos y certeros ataques del joven númida, se entero entonces P. Escipión de la próxima llegada de los refuerzos enemigos que conducía Indíbil, por lo que resolvió dividir sus fuerzas y dejando un contingente en el campamento, salir con los mas para emboscar la columna enemiga por la noche y deshacerla antes de que esta se uniese a los cartagineses. Aquella fatídica noche P. Escipión salió a ultima hora del día del campamento con sus tropas y se dirigió contra el enemigo al que sorprendió marchando en columna por el camino, el combate no se organizo en lineas o mediante formaciones, se luchaba según se encontraban unos a otros por el camino y como era de esperar la ventaja era para los soldados romanos, sin rival en la lucha cuerpo a cuerpo, sin embargo, la caballería de Massinisa, a la que Escipión había pensado que había dejado burlada frente al campamento apareció depronto a sus espaldas, causando gran desconcierto pero ante el que se repusieron los romanos enfrentandoles rápidamente las tropas de que disponía a mano, el desastre llego cuando también y de improviso el ejercito cartaginés que tampoco se había dejado engañar, apareció al mismo tiempo por los flancos, con ellos llego el desastre. Rodeados como estaban, Escipión se movía a lo largo de sus posiciones arengando y animando a sus tropas en la medida de sus posibilidades, se combatió y resistió así por espacio de todo un dia, hasta que por fin, y haciendo frente a una carga en cuña de las tropas hispanas, cayo herido de muerte por una lanza y en cuanto la noticia se propago entre las lineas romanas, el panico y la huida se impusieron ya sin remedio. No era dificil retirarse por entre los infantes hispanos, armados a la ligera no eran oposicion contra los fuertemente armados legionarios romanos, sin embargo y una vez mas, la letal caballería enemiga, sobre todo la númida, causo numerosisimas bajas, mas incluso que en la batalla en si. Las tropas que pudieron escapar al desastre, gracias mas a la llegada de la noche que a otra cosa, se reunieron en el campamento en donde había quedado T. Fonteyo, lugarteniente de Escipión, quien las reorganizo pero que en principio no se atrevio a sacar de sus reales, otros contingentes romanos se refugiaron en ciudades vecinas como Iliturgis, en teoria aliadas, pero que tras la derrota cambiaron de bando y asesinando a estos refugiados se sumaron a la causa cartaginesa. Los triunfantes generales cartagineses decidieron sacar partido de su victoria y sin perdida de tiempo abandonaron esos parajes y se dirigieron a unirse al ejercito de Asdrúbal Barca, al unirse así todas las fuerzas cartagiensas se vivio en el campamento púnico una explosion de alegria por los recientes acontecimientos y por los futuros, pues era ya evidente que la posicion de Cn. Escipion era mas que dificil. El general romano, que no sabia todavía el desastre sufrido por su hermano, dedujo que algo habria pasado ya que de lo contrario no habrian podido unirse tranquilamente los dos ejércitos enemigos, así pues resolvio emprender la retirada y en secreto, salió del campamento por la noche consiguiendo poner tierra por medio antes de que los cartagineses se dieran cuenta de su marcha, estos, sin embargo, mandaron de nuevo a los letales númidas tras las huellas de las fuerzas romanas a los que, tras alcanzarlos, hostigaron sin cesar hasta obligarlos a detenerse, en ese momento critico Escipión animaba a los suyos a seguir, pues sabia que de ser alcanzados por las formaciones enemigas ya no existiria salida alguna. Al final, y en vista de que era imposible avanzar de la manera en que eran acosados por la caballería enemiga, decidió el romano fortificarse en una colina, unico accidente geografico que encontraron por los alrededores, se agruparon allí las ya quebrantadas tropas romanas y formando unas lineas compactas rechazaron ahora con facilidad a la caballería numida, aunque poco depues, y al llegar ya el grueso del ejercito enemigo, se considero mejor presentar algun tipo de empalizada a modo de fortificacion para sus lineas, al ser un lugar sin vegetacion, tan solo pudieron, a instigacion de Escipión, hacer un triste parapeto con los bagajes que transportaba la columna, pues ni siquiera el suelo se prestaba para hacer un minimo foso. De esta manera, los romanos amontonaron todo lo que pudieron hasta la altura de un hombre alrededor de sus posiciones en la colina, además, de suave pendiente. Al final, y ante el avance de las tropas cartaginesas, el parapeto se mostro a todas luces insuficiente y tras la sorpresa incial ante la vision del original aspecto de la empalizada enemiga, los oficiales cartagineses hicieron que las tropas, armadas de pertigas con ganchos fuesen deshaciendo los parapetos y que al poco y ya por muchas brechas, el asalto de las posiciones romanas se generalizase. El resultado de la batalla estaba claro y las tropas romanas fueron masacradas, los que pudieron abrirse paso hasta los bosques cercanos, escaparon hasta el campamento de T. Fonteyo. En cuanto a Escipión, existen dos versiones de su muerte, una combatiendo en la colina, y otra, en la que habiendose refugiado Escipión y 20 hombres mas en una torre defensiva de esas que abundaban por entonces como puntos de vigilancia o defensa ante los bandidos, parapetados pues en la torre, fue entregada esta al fuego por los atacantes, pereciendo entonces en las llamas todos sus ocupantes. |
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LA REACCIÓN En aquel momento de caos, un caballero romano, L. Marcio, superviviente del ejercito de Cn. Escipión, procedió por si mismo a reorganizar las tropas romanas recogiendo a los fugados que encontraba por los caminos y reuniendo las pocas guarniciones romanas que existían en la región, uniendose después a T. Fonteyo, se encontró así con un respetable ejercito con el que procedieron a retirarse hasta el otro lado del Ebro sin, curiosamente, ser molestados. Una vez allí, fue elegido por la tropa como jefe del ejercito en tanto en cuanto no llegasen nuevos mandos desde Roma. Precedió ahora L. Marcio a fortificar el campamento y preparar la defensa del mismo ante el inevitable ataque de las victoriosas fuerzas enemigas quienes no tardaron en aparecer, era Asdrúbal Giscón el primero en cruzar el Ebro sin pensar que los restos de las tropas romanas a las que venia a aniquilar pudiesen presentar alguna resistencia de consideración. Se acercaba el ejercito enemigo a la empalizada del campamento cuando L. Marcio, tras levantar la moral y animar a las tropas a cumplir en ese decisivo momento, salió al punto por las puertas y cargo contra un enemigo que avanzaba confiado en sus propias fuerzas. La sorpresiva irrupción de los romanos además de su numero, en absoluto tan reducido como ellos pensaban, cogió a los cartagineses desprevenidos y tras un tímido choque retrocedieron y se dieron a la fuga. La matanza parece que fue abundante y lo hubiese sido mas si L. Marcio no hubiese tocado retirada temeroso que que las tropas se alejasen mucho a causa de la persecución del enemigo. El ejercito cartaginés huido se fue reorganizando poco a poco y recupero la confianza dirigiendose disperso a sus reales aunque con paciencia y displicencia.
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L. Marcio (4) una vez en el campamento, se dejo llevar por la idea de atacar el campamento enemigo, sorprendiendo así a los confiados cartagineses quienes de seguro no esperarían de los romanos una empresa tan arriesgada. Se dirigió L. Marcio a las tropas reunidas en asamblea, la operación era en verdad difícil pues combatir tan pocos contra tantos no parecía sensato, y expuso a las tropas su intención apoyandose en la desidia con la que los púnicos llevaban la defensa de sus fortificaciones confiados como estaban en sus fuerzas, el personalmente había comprobado que las guardias eran reducidas y al todo punto ineficaces. Pese a los recelos, finalmente el plan fue aprobado con entusiasmo por las tropas y se prepararon los planes para el ataque. Se saldría de madrugada, haciendo de la noche una aliada, los romanos dividieron sus fuerzas, unas se emboscaron en un valle que hacia de ruta de comúnicación entre los dos campamentos enemigos, (puesto que Magón también había acudido ya con sus fuerzas al lugar, separados por seis millas de distancia los dos campamentos ), mientras el grueso de las tropas embestía contra el campamento cartaginés mas cercano en el que pudieron infiltrarse sin problemas pues carecía la empalizada incluso de guardia , una vez desplegados por el campamento enemigo y al son de las cornetas se ataca a sangre y fuego las tiendas y cabañas donde duermen confiados los enemigos. La matanza se generaliza y los cartagineses solo piensan en huir durante esa terrorífica noche, los que huyen por el valle son rápidamente interceptados y muertos por los romanos emboscados en el. De esta manera se acaba rápidamente con los del primer campamento y antes de que la noticia del desastre llegue al segundo campamento cartaginés el ejercito romano se dirige allí en donde se repite la derrota y fuga de los enemigos. Los importantes acontecimientos de la jornada son diferentemente tratados según los distintos historiadores, parece que Tito Livio se mueve a dos aguas entre los que dan a este desastre proporciones considerables y los que lo dan tan solo como una victoria decisiva pero sin llegar a la matanza que afirman otros.Lo cierto es que parece que gracias a estos afortunados combates (ya sean exageraciones o no), las posiciones romanas en Hispania se pudieron mantener hasta que al año siguiente se recibieron refuerzos desde Italia. |
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En el lado cartaginés, las nuevas de la muerte de los dos generales romanos y la tremenda derrota sufrida les llevo a recibir de nuevo las adhesiones de la mayoría de los hispanos. A partir de este momento, los historiadores antiguos son muy críticos con los cartagineses, a los que acusan de necios ya no tanto por las propias desavenencias entre los generales púnicos en Hispania si no por su actitud para con los regulos iberos. De esta manera, Asdrúbal Giscón, quien seguramente se considera a si mismo como el gran triunfador de la campaña, reclama a los mejores aliados de los cartagineses en la península, los ilergetes Indíbil y Mandonio, que entreguen como prueba y prenda de su lealtad (tantas veces demostrada) una gran suma de dinero. Estos, seguramente viendole como un recién llegado a la península y quizás no consciente de los grandes servicios que ellos han prestado a Carthago, se demoran en cumplir lo ordenado. Asdrúbal, contrariado, se inventa contra ellos una acusación falsa que le respalda para actuar con dureza contra estos, obligandoles ahora no solo a que den una gran suma de dinero si no a que entreguen también a sus mujeres e hijas como rehenes y sembrando así el odio en sus mas fieles aliados (5), rencor que no tardaría en volcarse en apoyo del nuevo general romano que aparecerá dentro de poco en la Península, Publio Cornelio Escipión. Fin del año 212 a.C. |
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Notas: (1) Regreso a Hispania Asdrúbal Giscón con una imponente fuerza de combate, reforzada con la extraordinaria caballería númida de Massinisa, aliado leal de los cartagineses, por los que combatió con éxito contra Sifax en África. Volver. (2) Era la primera vez que los romanos incluían mercenarios dentro de sus ejércitos, nunca antes habían contratado el servicio de soldados mercenarios como auxiliares a sus propias fuerzas.Volver. (3) Desconocemos el momento exacto en el que Indíbil tuvo que exiliarse en territorio suessetano, nación establecida entre los ilergetes y los vascones, que, de origen indoeuropeo se mantuvo al margen de la II Guerra Púnica aunque muchos de sus guerreros militasen en las filas ilergetas durante algunas etapas de la contienda. No olvidemos que en menos de tres años se habían sublevado dos veces los ilergetes, es de suponer que tras la segunda revuelta, Indíbil se vería expulsado de sus tierras. Por tanto se encontraba ya abocado a la alianza con los cartagineses. Volver. (4) Todo lo referente a la asombrosa derrota de los cartagineses por los restos de las tropas romanas de los dos escipiónes es puesta unánimemente en duda por los historiadores modernos. Sin duda paso algo, pero la catástrofe que deja entrever Livio parece en verdad exagerada. Lo cierto es que los cartagineses no intentaron nunca mas atravesar el Ebro y expulsar a los romanos. Quizás no lo necesitaban, todavía tenían que ajustar cuentas entre los hispanos que se habían mostrado dubitativos o se habían aliado a los romanos. Lo que si se sabe, es que a partir de este momento el destino en Hispania no era deseado por nadie, se dio el caso en Roma, tras la insulsa campaña de Nerón, que nadie presento su candidatura para comandar el ejercito en Hispania, lo nunca visto. Volver. (5) A partir de este momento los cartagineses entran en una seria crisis interna, los distintos generales, seguramente entre los bárcidas y Asdrúbal Giscón, no hay mas que disputas, parece que ya no actúan solidariamente, lo que les impide una acción seria y contundente contra los últimos romanos en la península.Volver. |
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