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FIN DE LA PRESENCIA CARTAGINESA EN HISPANIA, 206 a.C. |
| Tras el regreso de Asdrúbal Giscón a la península, de nuevo con dinero y refuerzos de Carthago, contando con la ayuda de Magón Barca precedió a una leva masíva de tropas, esta vez se reunió el mayor numero que hasta entonces había poseído general alguno en estos últimos años, entre 50.000 y 70.000 hombres concentraron los púnicos en la ciudad de Ilipa, reforzados además estos con la presencia de la estupenda caballería númida de Massinisa. Escipión, enterado de estos preparativos se encontraba dubitativo pues era consciente que tan solo con los romanos no podría vencer, y depender de sus aliados hispanos le podría acarrear problemas, finalmente se decidió a emprender la ofensiva y en principio sumar a sus fuerzas a los auxiliares nativos que pudiese recabar de sus aliados. De esta forma, el ejercito romano emprendió la marcha desde sus cuarteles de invierno, M. Silano fue encargado por Escipión de recoger a las tropas que el regulo Culchas le había prometido al general romano, 3.000 hombres de infantería y 500 de caballería, tropas que se unieron al grueso de las fuerzas romanas ya en la frontera de Turdetania. Ver, La batalla de Ilipa. |
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Dibujo: El lugar exacto de la batalla, como siempre, es discutido. Aquí reflejo una de las posibilidades. |
Fue Ilipa la batalla mas difícil a la que Escipión se enfrento en Hispania, no falto mucho para que su ejercito quedase desbaratado y su obra arruinada. La derrota del ejercito púnico significo el fin de este, por mas que el incombustible Magón Barca albergase hasta el ultimo momento (durante la rebelión de Indíbil y Mandonio y la sublevación de los legionarios en Sucro) la esperanza de restablecer la situación. |
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Tras la derrota, los cartagineses consiguieron replegarse con seis mil hombres mal armados a una posición cercana a la costa, en ella fueron cercados por los romanos, así que ante la difícil situación en que se encontraban no dejaron de tener entre sus filas deserciones de auxiliares hispanos, por lo que, vista la situación totalmente desesperada en que se encontraban, Asdrúbal Giscón opta por desaparecer, escapando una noche hasta la costa en donde la flota le recogió y llevo a Gades. Escipión, una vez informado de la huida del cartaginés dejo a Silano con un contingente de 11.000 hombres para proseguir el cerco de la posición enemiga (en la que todavía se encontraba Magón) y el se retiro a Tarraco con el resto del ejercito en donde deseaba atender algunos asuntos referentes a los aliados. Asdrúbal, una vez en Gades, envío de nuevo a la flota a recoger a Magón Barca quien de esta forma también abandono a las cercadas tropas que tras la huida de sus dos jefes desertaron ahora en masa en dirección a las lineas romanas o bien a sus aldeas o lugares de procedencia. Durante los días en que tan solo Gades resistía ya a los romanos, tuvo lugar la entrevista de Massinisa con estos, tras la que poco después abandonaría a sus antiguos aliados cartagineses y escaparía a África. La noticia del fin de la guerra en Hispania, dada por Escipión poco después de estos hechos, puso fin a la guerra que a lo largo de trece años había enfrentado a los romanos con los cartagineses en la península ibérica, lo que quedaban ahora eran simples operaciones de represalia y de limpieza, pues muchas tropas y generales púnicos quedaban todavía en el área aunque ninguno podía considerarse realmente como peligroso, si bien es cierto que las singulares características del país, en el que es fácil levantar un ejercito si se dispone de la oportunidad y el oro necesarios hacían indispensable acabar de una vez con cualquier rescoldo de tan largo y grave conflicto.
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ESCIPIÓN PONE YA SUS MIRAS EN ÁFRICA Durante su estancia en Tarragona, Escipión, que empezaba a pensar ya en la campaña de África, envío a su ayudante C. Lelio a Numidia, para solicitar de Sifax garantías para una entrevista personal, y dadas estas por el poderoso regulo masesulios, Escipión salió por tierra a Cartago Nova dejando antes para la defensa de Hispania en Tarraco a Lucio Marcio y en Carthago Nova a M. Silano, embarcando luego en una quinquirreme escoltada a su vez por otra, se dirigió hacia el puerto númida mas cercano dando la casualidad (1) que en ese mismo lugar se encontraba atracado Asdrúbal Giscón con siete navíos de guerra quienes al apercibirse de la llegada de estos dos barcos romanos no tuvieron tiempo de armar y embarcar a las tripulaciones, por lo que los romanos atracaron en el mismo puerto protegidos ambos por las autoridades locales, ya que siendo un puerto de tan importante rey, ni Asdrúbal ni Escipión se podían atrever a crear un tumulto en el sin temor a ofender a tan importante personaje, mas, cuando el objetivo de la presencia de ambos líderes era la deentrevistarse (3) con el. Finalmente, pese a la alianza que mantenía Sifax con los cartagineses, se sello un principio de acuerdo entre Escipión y el númida, tras lo que el general romano regreso a sus barcos y de allí, tras cuatro días de navegación, a Carthago Nova. De vuelta en Hispania, Escipión se aplico a la tarea de someter a alguna de las ciudades de las que todavía se desconfiaba, tanto por su poder como por sus anteriores hechos. Entre estas destacaban Cástulo e Iliturgis, Cástulo por que cuando las cosas fueron bien a los romanos en tiempos de los dos escipiones se pasaron a ellos, pero luego desertaron tras la derrota de estos. Iliturgi por que tras la deserción, asesinaron a los romanos que se habían refugiado entre ellos tras las derrota y muerte de los escipiones. Así pues, aprovechando que la situación en el resto de Hispania permitía esta operación de castigo, el ejercito romano se dirigió primero contra Cástulo, a la que se puso cerco con un tercio de las tropas, bajo el mando de Lucio Marcio a quien se había echo venir ya de Tarragona. El resto de las fuerzas, tras una marcha de cinco jornadas y bajo el mando directo de Escipión, se puso a asediar la ciudad de Iliturgis (2). |
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| El asedio de Iliturgis fue llevado con gran ferocidad por los romanos y no menos por los mismos asediados, conscientes como eran que los romanos deseaban tomarse venganza de los asesinatos habidos allí de sus compatriotas. Toman parte en la defensa hombres mujeres y niños, los romanos atacan con escalas por dos puntos, siendo rechazados una y otra vez por los decididos defensores que ganan así confianza, Escipión, que nota como en un combate menor como este, su victorioso e imbatido ejercito esta en trance de ser derrotado y en principio se encuentra ya indeciso ante las murallas de la ciudad, amenaza ante las tropascon coger el mismo las escalas y atacar la muralla en persona, se acerco así a las posiciones del enemigo al tiempo que el resto del ejercito avergonzado ante su general prorrumpió en |
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un clamor y asalto en masa la muralla desde muchos sitios a la vez, tal fue su ímpetu que finalmente la tomaron y tras ello la propia ciudadela en medio de la confusión creada por la victoria gracias al ardid de los desertores africanos que militaban en sus filas, estos, ágiles y montaraces, armados a la ligera escalaron por la agreste colina sobre la que se asentaba la ciudadela de Iliturgis cogiendo desprevenidos a sus defensores, para posteriormente atacar la ciudad desde esa posición. El saco de la ciudad fue terrible, fueron pasados a cuchillo sus habitantes sin distinción de sexo ni edad, la ciudad fue arrasada y ardió por los cuatro costados, cuando se marcharon los romanos no quedaba ya nada de la otro hora orgullosa ciudad hispana. Desde Iliturgis, se dirigió Escipión contra Cástulo, ciudad defendida además por un contingente púnico al mando de Himilcón, supervivientes estos de la derrota de Ilipa pocos meses atrás. La ciudad se encontraba sumida en el temor tras las noticias llegadas de la destrucción de Iliturgis, así que como sabían que las causas que les enfrentaban a los romanos no eran tan graves como para que no se pudiesen solucionar amistosamente se pacto en secreto, mediante la intervención del sector mas inclinado a la paz encabezado por el noble Cerdubelo, la entrega de la ciudad a los romanos y con ella a la guarnición cartaginesa que se encontraba dentro como así fue, cayendo todos estos sin lucha en cautividad. Tras el castigo de estas dos ciudades, Escipión volvió a Carthago Nova mientras encomendaba a sus lugartenientes a terminar la tarea de someter a los turdetanos. L. Marcio, al mando ahora de las fuerzas romanas, avanzo por la orilla izquierda del Betis hasta cerca de Ilipa, en donde tras cruzar el curso fluvial sometió pacíficamente a dos importantes ciudades del lugar que le abrieron así las puertas, se dirigió ahora contra Ostipo, ciudad conocida no tanto por su amistad con los cartagineses como por su odio a los romanos, contra los que habían cometido numerosos despropósitos, atacando y saqueando a todo latino que encontraban por sus tierras y las adyacentes, dandose el caso que habían llegado incluso a matar en una emboscada a un numeroso grupo de soldados que marchaba por el lugar. Así pues, decidió L. Marcio a terminar con este estado de cosas, se puso sitio a la ciudad, no muy bien defendida por la naturaleza, pues no se asentaba en un lugar bien defendible, por lo que sus habitantes, resueltos a vencer o morir, se prepararon para hacer una salida contra el enemigo que había asentado ya sus reales a poca distancia de las murallas y que lo que menos esperaba era una ataque de este tipo. Los hispanos salieron sin orden ni concierto pero poseídos de una furia tal que cuando los romanos lanzaron a parte de la caballería contra ellos esta fue desbaratada, y con ella, la infantería ligera que les seguía vacilo también, a duras penas tuvo tiempo de formar la linea de combate la infantería legionaria cuando chocaron con ellos los atacantes, con tal ímpetu y poseídos de tal impulso que incluso estos, los legionarios, vacilaron por un momento, finalmente muertos estos primeros asaltantes, los demás se refrenaron un tanto generalizandose un combate mas regular, poco después, en vista de que nadie cedía en el duro combate, los romanos, aprovechando su superioridad numérica, alargaron sus lineas y desbordaron a sus contrarios, quienes se encontraron al poco totalmente rodeados y combatiendo en circulo hasta el ultimo de ellos murio por la espada. En la ciudad, viendo el desfavorable resultado del combate, se precedió a un suicidio masívo en el que los pocos soldados que habían quedado en la ciudad asesinaron, como así se había acordado, a la totalidad de sus conciudadanos, hombres mujeres y niños, arrojando luego sus cuerpos a una enorme pira de fuego levantada a tal efecto en la ciudad, finalmente los propios guerreros entregaron sus cuerpos a la muerte arrojandose al fuego. Cuando los romanos llegaron a las puertas de Ostipo la matanza ya se había consumado, primero la sorpresa detuvo a los soldados, luego la codicia les empujo a dirigirse hacia las llamas a recoger lo que del oro y la plata que había entre ellas se pudiese recuperar, la barahúnda de soldados empujados unos a otros por la estrechez del lugar y el empuje de los que venían desde atrás. hizo que muchos se precipitasen a las llamas o que muriesen asfixiados por el humo. Así terminaba el ultimo capitulo de la conquista de Turdetania, ya que el resto de las ciudades libres de la región se entregaron rápidamente tras la caída de Ostipo. El ejercito marcho ahora de vuelta a Carthago Nova. Casí al mismo tiempo se presentaron en la ciudad enviados desde Gades algunos ciudadanos que ofrecieron a los romanos que mediante traición la ciudad se les entregaría y con ella la guarnición. Por aquellos días, se encontraba en Gades Magón Barca entregado de nuevo a reorganizar los intereses púnicos en el área. Había reclutado, con la ayuda del prefecto de la ciudad, Hannón, un nuevo contingente de mercenarios, bien en África o bien en la propia Hispania, disponía también de una numerosa flota. Escipión, deseando terminar por fin con los cartagineses, después de asegurarse de la veracidad de lo que se le ofrecía, encomendó la operación de nuevo a sus lugartenientes L. Marcio y M. Silano. Marcio iría por tierra con un contingente sin bagajes, con el fin de llegar al lugar lo mas rápidamente posible, la cobertura naval seria encomendada a M. Silano, que con siete trirremes y una quinquirreme se llego hasta el puerto de Carteia. |
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INTENTO ROMANO DE TOMAR GADES A TRAICIÓN Tras el fin de la revuelta, se retomo el plan de atacar Gades con la complicidad de algunos de los dirigentes de esta ciudad, a tal efecto despacho Escipión a L. Marcio con un ejercito reducido y sin bagajes para aumentar así su rapidez de movimientos, quien, dirigiendose a lo largo del valle del Guadalquivir llego hasta su desembocadura donde casualmente encontró a al general cartaginés Hannón (4) que se encontraba en el lugar reclutando mercenarios por orden de Magón Barca, disponía entonces de 700 jinetes y 6.000 infantes ( de los que unos 4.000 serian hispanos, el resto africanos), Marcio les ataco y les copo en una colina, deseosos los mercenarios de llegar a un acuerdo, les pidió Marcio que le entregasen a su general, Hannón, y a los desertores. Aceptado, se cumplió su petición, luego pidió el romano los prisioneros que tenían retenidos, también se los dieron, por ultimo les pidió dinero y que bajasen de la colina al llano, en donde se formalizaría el acuerdo final. Una vez que los mercenarios bajaron de la colina, L. Marcio les expuso la ultima de sus condiciones, entregarían sus armas y podrían entonces retirarse a sus ciudades de origen. La indignación se apodero de los celtíberos que gritaron que no entregarían sus armas, por lo que se llego al combate en el que tras haber opuesto una feroz resistencia, cayo la mitad del los mercenarios, los otros pudieron retirarse junto a Magón Barca que llego oportunamente a la costa al frente de una flota de 60 navíos con los que recogió a los mercenarios huidos. Entre tanto, Lelio, al mando de una pequeña flotilla de una quinquirreme y siete trirremes (seguramente estas ultimas de las capturadas en Carthago Nova) llego hasta el puerto de Carteia, en el estrecho, en donde volvió a recibir a los ciudadanos púnicos que estaban confabulados para, con la anuencia de los principales (5) de Gades, dar acceso a la ciudad a los romanos. No se sabe como, pero la conjura fue descubierta por Magón Barca y sus responsables, detenidos, encadenados y deportados a Carthago, disponiendo para ello del gobernador de la guarnición de Gades, Aderbal, quien enviandolo en una quinquirreme primero y mas tarde alcanzando el barco con una escolta de 8 trirremes se dispuso a cruzar el estrecho. En cuanto esta flotilla púnica fue divisada desde Carteia, la flota de Lelio salió rápidamente al combate, eso si, dejando pasar primero a la quinquirreme que marchaba en cabeza ya que debido a las fuertes corrientes era virtualmente imposible que esta diese media vuelta para enfrentarse a los atacantes. Así, Lelio sorprendió a Aderbal quien se vio empujado a la lucha debido a que las corrientes hacían imposible cualquier maniobra de huida e incluso de batalla. El choque fue caótico pues las trirremes de ambos contendientes maniobraban con muchas dificultades, sin embargo las embestidas fueron numerosas y el combate se generalizo luchando bravamente ambos bandos. Sin embargo, algo vino a descompensar el encuentro, la quienquirreme romana de Lelio, al ser un barco pesado y con mas remeros, pudo moverse tácticamente con mas comodidad y embestir a las trirremes enemigas hundiendo dos de ellas e inmovilizando una tercera y hubiese arrollado a las demás si Aderbal, dandose por vencido, no hubiese puesto proa a la costa africana desentendiendose del combate. Lelio volvió a Carteia en donde fue informado de que la conjura en Gades había sido descubierta y que sus responsables habían sido enviados a Carthago, así las cosas recibió de Escipión la orden de retirarse, cosa que también tuvo que hacer L. Marcio. |
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EL MOTÍN DE SUCRO En este estado de cosas, Escipión enfermó, hasta tal punto parecía grave su enfermedad que se rumoreo que había muerto, entretanto L. Marcio asumió el mando del ejercito. Y cuando todo parecía que estaba controlado en Hispania, ocurrio lo que quizás ninguno habría imaginado. Al propagarse la noticia de la enfermedad de Escipión, y después el rumor de su muerte, la guarnición romana que se mantenía acuartelada en Sucro y que vigilaba el norte peninsular sometido a los romanos, se rebelo contra sus mandos y entro en abierta sedición. Esta clara muestra de indisciplina es de suponer que acabaría convenciendo a los ilergetes Indíbil y Mandonio de que verdaderamente Escipión habría muerto, contactaron con los amotinados, se aliaron a ellos y no tardaron en reunir tras de si a su gente y a los lacetanos, además de un buen numero de los siempre belicosos celtíberos, atacando seguidamente el territorio de los suesetanos y los sedetanos, ambos aliados a los romanos y en esta tesitura abandonados por ellos. Mientras las cosas andaban así revueltas en la zona del Ebro, los legionarios amotinados mostraban su enfado por las muchas privaciones a los que se les tenia sometidos hacia tiempo, se preguntaban, por ejemplo, por que seguían en armas una vez que la provincia había sido ya pacificada (6), pedían volver a Italia. También se reclamaban las pagas atrasadas y todo en un ambiente, como cuento, de abierto desafió a los mandos por unas tropas que, al final, abandonaban ya sus puestos y se dedicaran, entre otras actividades, al pillaje en el territorio aliado circundante al campamento. Poco después, y tras haber mantenido al menos la apariencia de ejercito tan solo con la esperanza de que los mandos se les uniesen, decidieron por fin expulsar a estos de los acuartelamientos y nombrar jefes a algunos de los cabecillas de entre los amotinados, se hicieron así con el poder los soldados Cayo Albio Caleno y Cayo Atrio Humbro, adoptando sin tardanza las insignias de los tribunos de las legiones. |
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Cuando los sublevados ya pensaban en proceder al saqueo de las ciudades próximas y pedir contribuciones a las tribus aliadas como parte de los beneficios de esta nueva situación en la que se habían colocado, llego la noticia de que Escipión, en contra de los insistentes rumores, no había muerto, coincidió además esta noticia con la llegada al campamento de siete tribunos enviados por el propio general, quienes entrevistandose con unos y con otros, encauzaron las reivindicaciones de la soldadesca, que básicamente se reducía a pedir la soldada atrasada y alguna recompensa por estos largos años de dura guerra. Escipión, una vez informado del núcleo de las reivindicaciones, hizo ver que se disponía a satisfacer a los soldados enviando aquí y alla a recaudadores para conseguir de los aliados la cantidad de dinero necesaria para cumplir con lo exigido por la tropa, mientras tanto se solicito que los amotinados se dirigiesen a Carthago Nova de la manera que pudiesen, por grupos o en bloque, en donde se daría una salida a sus reivindicaciones. Preparo por entonces un ejercito en la misma ciudad con el declarado objetivo de atacar a los regulos ilergetes sublevados, se acordó así mismo que los siete tribunos que habían estado en Sucro con los rebeldes volviesen junto a ellos y que cada uno de ellos de una manera diplomática se hiciese con las personas de cinco de los considerados cabecillas, para así, mediante algún subterfugio alejarlos de la tropa con cualquier excusa, como invitarlos a un banquete, a hacer noche como invitados en sus casas etc. Esto ultimo se llevo a cabo a la perfección, siendo aparte retenidos y encadenados. La tropa, que había decidido acudir junta a Carthago Nova como medida de autoprotección, se sintió aliviada al saber que el ejercito que se armaba en la ciudad marcharía al día siguiente a combatir a los Lacetanos, así, pensaban, la ciudad y el propio general se encontrarían inermes ante su presencia. Tras llegar a su destino, a la caída de la tarde, se cruzaron dentro de la ciudad con el ejercito que se preparaba para marchar a la guerra, fue en este momento cuando los cabecillas fueron separados de la tropa por los tribunos y encadenados, dejando así inerme a la multitud que poco después fue convocada por Escipión en asamblea, al mismo tiempo el ejercito que salía de campaña se alejo en dirección a las puertas de la ciudad y en realidad lo que hizo fue detenerse en ellas, cerrarlas para que nadie saliese y desplegar guardias a lo largo de las diferentes entradas de la muralla. Al llegar a la asamblea, los amotinados se mostraban arrogantes y poco comedidos, mostrando bien a las claras su atrevimiento y esperando así amedrentar al joven general. Cuando este apareció sobre la tribuna al mismo tiempo el ejercito que se encontraba detenido a las puertas de la ciudad acudió armado y se desplegó alrededor de los amotinados, estos, por aquel entonces unos 10.000, inmediatamente se sumieron en la consternación y se asustaron, mas, cuando el semblante del general se mostraba tenso y mostraba a las claras una indisimulada ira. Permaneció un rato Escipión sin mediar palabra, sentado en la tribuna, ante la soldadesca, hasta que anuncio que traería al lugar a los promotores de la rebelión y que entonces comenzaría la asamblea. Así ocurrio, tras dirigirse largamente a la tropa, echando en cara no solo su rebelión si no el echo de haber echo causa común con los enemigos de Roma, lease Indíbil y Mandonio. Finalmente anuncio que la ofensa quedaría lavada con el castigo inmediato de los culpables, inmediatamente los soldados que rodeaban la asamblea de los amotinados cerraron filas y comenzaron a golpear sus escudos con las espadas, los soldados, aterrados, vieron como ahora se pronunciaban los nombres de los condenados y arrastrados desnudos al suplicio eran azotados con varas y seguidamente decapitados uno a uno, los pocos rebeldes que respondieron a los gritos de socorro de los convictos fueron muertos rápidamente por los soldados leales y así, tras la muerte de los 35 soldados considerados cabecillas de la revuelta, Escipión procedió ahora a retirar los cadáveres y purificar el lugar antes de hacer jurar de nuevo a la tropa fidelidad a las enseñas, tras lo que se les pago la soldada adeudada y se dio por zanjado el asunto de la rebelión |
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ESCIPIÓN DERROTA A LOS ILERGETES Tras solucionar el problema en su ejercito, Escipión se dispuso a castigar a los ilergetes que habían traicionado la alianza y que habían osado atacar a los otros pueblos aliados a Roma en la zona. Indíbil y Mandonio, tras las noticias del fin del motín, habían regresado a sus territorios y se mantenían inactivos a la espera de que el general romano perdonase sus faltas, esperanza tenían, pues parecia que se las había perdonado a sus propios soldados. Una vez confirmada la noticia de la atroz muerte de los responsables de la revuelta, armaron de nuevo a sus gentes pues no esperaban ya de Escipión ninguna medida de gracia, el ejercito ilergete y aliado marcho así al territorio sedetano (o puede que edetano) en donde mantenían un campamento atrincherado levantado en la ultima de sus incursiones meses atrás. Las fuerzas hispanas sumarían unos 20.000 infantes y 2.500 jinetes. Combatieron los dos ejércitos en un valle angosto, valle que si bien no permitía desplegarse correctamente y según su forma de pelear a los hispanos, a los romanos les venia estupendamente ya que su avance en orden cerrado sin duda arrojaría a los guerreros enemigos del campo de batalla.Y ya que la caballería tampoco podía maniobrar en el lugar, Escipión dispuso a la suya, al mando de Lelio, para que, dando un rodeo por las montañas que conforman el valle, fuesen a dar a la retaguardia enemiga. Finalmente, los hispanos fueron derrotados por el concurso de estas dos acciones, el solido avance de la infantería romana y la súbita aparición de la caballería romana por la retaguardia. Todo el centro del dispositivo ilergete fue rodeado y exterminado, mientas las alas escapaban por las montañas y con ellas los dos protagonistas de la revuelta, Indíbil y Mandonio. Del ejercito ilergete puede que solo se salvase un tercio de sus efectivos. Escipión perdono mas tarde la falta cometida y los regulos hispanos se avinieron de nuevo a la alianza y al pago de una compensación económica que el romano les exigió para hacer frente a los gastos de su ejercito. El ejercito romano se desplazo ahora de nuevo hasta Turdetania, con la esperanza de concluir de una vez con la presencia de los cartagineses en la península, arrinconados ahora en Gades, y en principio inactivos, donde Magón Barca ha perdido ya las esperanzas de que la situación de un brusco giro a su favor tras el fin del motín y la derrota de los ilergetes. Se encontraba por aquel entonces en Gades Masínissa, fiel aliado de los cartagineses hasta entonces y extraordinario combatiente. Por circunstancias que aquí no trataremos (ver Vida de Massinisa), el príncipe númida deserto del lado de los cartagineses y se marcho a África. Por aquellos días llegaron por fin noticias de Carthago, le llegaba gran cantidad de dinero y la orden de dirigirse a Italia, perdida ya Hispania, la única opción ofensiva clara era reforzar a Aníbal en Italia, reclutando auxiliares en Liguria y Galia Cisalpina, de manera que o bien los romanos fuesen por fin derrotados o que no pudieran llevar, al menos de momento, la guerra a África., como ya se veía venir. Magón Barca se puso manos a la obra, reunió todo el dinero que pudo encontrar de los fondos públicos gaditanos y expolio todo el oro y plata de templos y casas particulares. Poco después zarpo de Gades con el secreto objetivo de intentar tomar Carthago Nova por sorpresa, como ultimo zarpazo de los bárcidas en Hispania. La flota costeo el sur de la península pero se entretuvo imprudentemente en saquear territorios cercanos a su objetivo, por lo que la guarnición de Carthago Nova se encontraba ya advertida de la presencia de tropas púnicas en sus aguas. Fondeada la flota púnica frente a la ciudad, Magón lanzo su ataque por la noche y por el mismo lugar en que los romanos tomaron las murallas en su lado marítimo. Para el ataque desembarco el cartaginés una mezcolanza de tropas y marinería con gran algarabía pero con poca capacidad combativa, mas, cuando de repente se abrieron las puertas por ese sector y los romanos hicieron una salida contra los sorprendidos atacantes. Si las naves no se hubiesen acercado a la costa, todos los cartagineses habrían sido sin duda exterminados, en las naves también se vivieron escenas de pánico al temer en muchos puntos que los atacantes, en su persecución, llegasen a subir a bordo de los mismos barcos que se encontraban en la orilla recogiendo ahora a la tropa en desbandada, por ello muchas veces se cortaron amarras antes de tiempo retirando las escalerillas de tal manera que gran numero de soldados murio ahogado o bien quedo abandonado a su suerte ante la furia de los legionarios. Al día siguiente, cuando amaneció, todavía fueron cazados 800 soldados de Magón escondidos entre los tramos de muralla y la orilla, se recogieron mas de 2.000 armaduras enemigas, muestra de la debacle de los asaltantes. Magón, derrotado, regreso ahora a Gades viendo que no les permitían amarrar en la ciudad. Magón fondeo entonces frente a una ciudad cercana y envió a Gades a unos parlamentarios para pedir explicaciones, convocando al sufete (principal magistrado de la ciudad) y a su segundo a que acudiesen a su presencia, tras hacerse con ellos los azoto y crucifico. Se dirigió Magón ahora hacia las Baleares,llegando sin contratiempos a Ebussus, colonia púnica, en la que fueron bien recibidos y se les suministro soldados, armas y vituallas. La flota se dirigió ahora a la mayor de las islas con la intención de invernar allí, pues era ya finales de otoño, sin embargo, fueron atacados con violencia por los habitantes de la isla por lo que tuvieron que abandonar sus costas dirigiendose ahora a la menor de las dos islas (antiguamente la isla de Ibiza no era considerada como perteneciente a las Baleares) en donde esta vez si que pudieron tomar tierra, fortificarse y seguidamente atacar el territorio de los nativos a los que derrotaron. Se reclutaron entonces a 2.000 auxiliares de entre estas tribus, tropas que se enviaron a Carthago mientras Magón procedía ya cómodamente e instalarse allí para pasar el invierno.
Tras la marcha de Magón, Gades se paso por fin a los romanos. Escipión, concluida la pacificación de Hispania y todavía en Turdetania, estableció a los heridos e impedidos del ejercito en un nuevo emplazamiento, una nueva ciudad a orillas del Betis a la que llamo Itálica, se digirio posteriormente rápidamente a Tarraco en donde tras recibir a sus sucesores, los propretores Lucio Léntulo y Lucio Manlio Acidino y dejar una guarnición acorde con la nueva situación de región pacificada, embarco en una escuadra de 12 navíos, toda ella repleta de tesoros, prisioneros ilustres y toda clase de botín, para Italia. Fin de la campaña del 206 a.C. y de la presencia púnica en la península ibérica.
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Notas.. (1)Según Polibio, Asdrúbal Giscón se encontraba allí comisionado por el senado de Carthago, según Tito Livio fue una casualidad, ya que Asdrúbal marchaba de Gades a Carthago y tan solo hacia un alto en el puerto del rey númida, su yerno y aliado. Volver (2)En cuanto a esta ciudad, es difícil saber con precisión si era la Iliturgis que conocemos u otra ciudadmal reconocida por Livio, evidentemente las cinco jornadas de camino entre Cástulo e Iliturgis parecen a todas luces desmesuradas salvo que se transportasen quizás diversos componentes pesados para el asedio, lease catapultas y demás. Lo cierto es que los especialistas dan otras ciudades como alternativas a esta Iliturgis, otros historiadores antiguos como Apiano dan, por ejemplo, la ciudad de Ilorci, en la región de Murcia.Volver (3)Los datos que se saben sobre esta entrevista se pueden cónsultar en otros apartados como son: Volver (4)El relato de la batalla es pasado por alto por Tito Livio, por lo que aprovechamos aquí para extraer de los escritos de Apiano esta buena información complementaria, Apiano, Sobre Iberia, 34. Volver (5) Hay que señalar la presencia en la ciudad de gran numero de soldadesca y las penalidades que esto causaba a la población civil, incluido el hambre, que por falta de suministros se padecía en la ciudad púnica.Volver (6) Al comenzar la campaña de Hispana en el 218 a.C., el senado no se planteo en lo mas mínimo cualquier posibilidad de anexión u ocupación permanente en la península, se encontraban allí por razones circunstanciales y la idea parecía batir a los cartagineses y liberar Sagunto. Tras diez años de guerra se había conquistado sistemáticamente toda la costa mediterránea y gran parte de los territorios del interior. En el 206 a.C. parecía la tarea acabada y sobre el papel había llegado la hora de regresar. Evidentemente nada de eso se haría, pero en ese momento no se había tomado todavía ninguna resolución seria acerca de que hacer con el rico e importante territorio ocupado. Durante la campaña italiana de Aníbal se preocupo este de dejar bien claro que tras derrotar a los romanos, los cartagineses se retirarían de la península, los romanos, por suerte para ellos, nunca dijeron nada similar al comenzar su campaña en Hispania. Volver |
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