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HISPANIA, Campaña del 210 a.C. |
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| Finalizado el invierno, Escipión ordena por edicto a los aliados que acudan con sus tropas a Tarraco, la flota es enviada a la desembocadura del Ebro en donde finalmente se hace confluir a todas las fuerzas a su disposición. Escipión mismo desde Tarraco al frente de 5.000 aliados llega al Ebro en donde se dedica a preparar la campaña. Arenga allí mismo con éxito a las tropas romanas y finalmente se pone en marcha. El objetivo es Carthago Nova, secreto, pues solo lo sabe su hombre de confianza C. Lelio, que se pone al frente de la flota, 36 unidades, las únicas para las que se dispone de tripulación. El, Escipión, se dirigirá por tierra con 25.000 infantes y 2.500 jinetes (de estas fuerzas 5.000 son aliados hispanos). Se deja para guarnecer el norte del Ebro a Silano con 3.000 infantes y 300 jinetes. | |||
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Se avanza rápidamente por la costa llegando al objetivo en siete días (1), el ataque a la ciudad es un completo éxito (ver: El asedio de Carthago Nova) y esta cae en manos de los romanos, con ella una base de operaciones de incalculable valor con gran cantidad de botín de todo tipo, un gran numero de armas y de gente que las fabrica y con las que el general romano dota ahora a sus fuerzas. Durante un tiempo se dedica ahora a entrenar a sus tropas aprovechando el impas estratégico que le proporciona la victoria. Mientras tanto los cartagineses no se mueven, quizás desesperanzados de recuperar su ciudad esperan ahora poner en practica su estrategia habitual, atraer al enemigo hacia el interior de su territorio y batirle conjuntamente. Durante su estancia en Carthago Nova y a raíz de su victoria cayeron en sus manos unos 300 rehenes hispanos (se discrepa en el numero, este oscilaría entre 300 y 3.700 según los autores) que los cartagineses retenían en la ciudad. Puestos de esta manera en su poder, el romano decide darles la libertad escalonadamente y sin condiciones, ganandose así fama de clemencia y atrayendose en masa el apoyo de los regulos iberos. Entre los agradecidos figuran, por ejemplo, los ilergetes Indíbil y Mandonio, otros como Alucio, un noble celtíbero a quien fue devuelta su prometida, retenida por los cartagineses, y que en agradecimiento acudió luego junto a Escipión con 1.400 jinetes celtíberos.
Del lado cartaginés, la victoria romana, por rápida, les había dejado desconcertados, la derrota además de moral había sido propagandística, en vano trataron los generales púnicos de desacreditar la victoria de Escipión con comentarios tales como que había sido poco menos que cosa de suerte y que en realidad la perdida de una sola ciudad no suponía gran cosa, que ya recibiría ese romano su merecido en cuanto se enfrentase a los tres ejércitos cartagineses. En vano digo repetían estos mensajes pues de todos era sabido el gran daño que se había recibido con la perdida de tan importante y bien suministrada base. Lo cierto es que el resto del año los cartagineses no hicieron nada, y ni intentaron acercarse a Carthago Nova, posponiendo para la siguiente campaña cualquier tipo de operación de envergadura.
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Notas: (1) Dificilmente podrían haber ejecutado una marcha tan rápida en tan pocos días, mas siendo un ejercito tan heterogéneo, con miles de aliados hispanos y distintos tipos de tropas, ya sea pesadas como ligeras..Volver. |
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