LIBROS: 40 años de revolución, el legado de Castro

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LIBROS: 40 años de revolución, el legado de Castro

Comentario de J.L. Núñez al libro de VV.AA

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LIBROS: 40 años de revolución, el legado de Castro

VV.AA.: 40 años de revolución, el legado de Castro, ed. Universal, Miami 1999, 468 págs.



Trece cubanos de formación universitaria y exiliados han aunado sus esfuerzos para redactar los quince capítulos monográficos que constituyen este volumen.

El profesor E. Córdova define el régimen cubano como una autocracia, aunque su titular haya tratado de disfrazarla de dictadura del proletariado según su declarado marxismo, que figuraba en el preámbulo de la Constitución de 1976 y en la vigente (homenaje a Marx, Engels y Lenin). Ese autócrata absoluto ha adoptado un sistema principesco de vida: «es dueño de islas privadas en Cayo Piedras, posee cincuenta mansiones diseminadas por la isla, tiene uno de los yates más lujosos del mundo, el Tuxpán, y viaja escoltado por tres aviones».

Los ingenieros agrónomos J.R. González y A. Pino hacen un balance de la agricultura. En 1997 sólo el 15% de la agricultura era privada. la producción azucarera que era de 81 millones de toneladas no dejó de descender hasta llegar a sólo 34 en 1995. Las exportaciones de cigarros han pasado de 250 millones en 1991 a sólo 70 en 1995. Hasta 1991 el racionamiento de vacuno o pollo era de tres cuartos de libra por habitante cada diez días. Desde entonces se distribuye una mezcla de soja y vísceras molidas a razón de menos de cuatro klg por persona al año. La producción de cerdo fue de medio klg por persona al año.

El profesor J.A. Sanguinetty estudia la industria. Tras el fracaso de los planes de industrialización entre 1960 y 1964, se intentó un regreso al azúcar con el objetivo de llegar a las cifras anteriores a la revolución; pero no se alcanzó ni la mitad. Las demás industrias subsidiadas por la URSS entraron en crisis cuando Moscú suspendió sus entregas. Entre 1949 y 1999 el trabajador industrial cubano ha perdido la mitad de su salario real.

El economista J.F. Pérez López examinaba el comercio exterior. En 1986 quebró el Estado cubano y dejó de pagar la deuda exterior y perdió el acceso a los mercados de crédito. La deuda de unos cinco mil millones ha ido creciendo con los impagados intereses. A pesar de las subvenciones soviéticas de 665.000 millones de dólares entre 1960 y 1990, la situación exterior de la economía cubana es de quiebra. Los bienes confiscados a españoles no han sido ni módicamente indemnizados. Aún así hay empresas como Meliá que, en condiciones especiales, han invertido en Cuba para el turismo de los «capitalistas».

El ingeniero M. Cereijo estudia la infraestructura energética y de transportes. En 1958 se disponía de 450 watios por persona y año, ahora sólo 160. En muchos aspectos la infraestructura es inexistente». En 1958 el consumo por habitante era de 2.800 calorias al día; esa cifra se ha reducido a menos de la mitad, 1.100 calorías. Y los transportes son tercermundistas.

El profesor E. Córdova analiza la situación laboral. El sindicalismo libre ha sido abolido, y se ha militarizado al trabajador. En las Unidades penales figuran más de 25.000 jóvenes acusados de disidencia, entre ellos estuvo el actual cardenal Jaime Ortega.

El profesor J. Clark describe la desigualdad entre la clase política privilegiada y el pueblo. Esas diferencias sociales figuran entre las mayores del mundo.

M.A. Ramos, profesor de teología, describe el intento de aniquilación del cristianismo hasta que, últimamente, Castro, forzado por las circunstancias, ha tolerado la tenue resurrección de un cristianismo dividido en varias iglesias. Hoy la sociedad cubana es mayoritariamente no creyente.

Los datos que E. Córdova aporta sobre el terror represivo son espeluznantes: 13.000 cubanos entre las alambradas de la isla de los Pinos; 90.000 comités de vecinos del partido para vigilar cada casa. El Ministerio de Seguridad cuenta con 100.000 agentes. En suma, un Estado policíaco y de terror.

El profesor V. Beato afronta el tema de la sanidad, que ha sido la solitaria estrella de la propaganda castrista. Antes de la revolución había 35.000 camas hospitalarias, o sea, una por cada 199 habitantes, atendidos por 6.000 médicos, proporciones análogas a las de los países desarrollados de la época. Las vacunas contra la polio, el tétano, la difteria y la tosferina eran obligatorias para todos los niños. Castro creó «fábricas de médicos» para alcanzar la cifra de 65.000, de los cuales más de diez mil para exportar. El nivel de estos médicos masificados no llega, a veces, al de simple enfermero. Por eso creó clínicas para los extranjeros y la clase política, mejor dotadas en personal y material. En general, faltan medicamentos e instrumental, y aparecen masivamente enfermedades de carencia alimenticia, incluso ceguera. Desde que se suspendieron las subvenciones soviéticas, la sanidad cubana se ha convertido en tercermundista. Sólo en 1981, el dengue hemorrágico afectó a 270.000 personas. La tasa de suicidio (20 por 100.000) es la más alta de Hispanoamérica.

La profesora de la Complutense B. Bernal analiza la administración de Justicia y concluye que con la organización castrista es imposible un juicio justo.

El profesor J.I. Rasco traza una semblanza de Castro a quien trató personalmente por haber sido compañero de estudios en el colegio jesuita, en la Universidad, y como periodista después del golpe. Hijo de un latifundista emigrado español y de su criada. Buen deportista, mal estudiante, pero capaz de recitar páginas enteras de memoria. En quinto curso de bachillerato se le encontró una pistola bajo la almohada. Inicialmente apoyado entusiásticamente por los EE.UU., Castro prefirió decantarse hacia la URSS y adoptó un marxismo oportunista y, a través de los medios de comunicación y de las escuelas, acometió la comunistización del país. Dirigió las purgas de excompañeros, instauró el terror, un millón de cubanos se exiliaron, los balseros se jugaban la vida entre guardacostas y tiburones. El autor califica a Castro de «paranoide» y entiende que llegó al poder y se mantuvo en él más que por la ayuda soviética, por la colaboración de los «tontos útiles» dentro y fuera de Cuba.

Un epílogo del literato Carlos M.A. Montaner se muestra pesimista acerca de la incorporación de cuba al mundo libre y a los mercados.

Este volumen impresiona por la realidad que describe.

España, expoliada e insultada por Castro, ha asistido a la cumbre de La Habana donde países de la importancia de Argentina y Chile brillaron por su ausencia. Don Juan Carlos I recibió del tiranuelo caribeño una moneda de plata con la efigie del rey en una cara y en la otra la del dictador. Un sarcasmo histórico y una curiosidad numismática para delicia de republicanos.

El comunismo castrista ha convertido a Cuba en un edén barato para turistas con dólares, y en un purgatorio para los autóctonos que aún no han podido huir.



J.L. Núñez



 

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