Genocidio de Casas Viejas

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Genocidio de Casas Viejas

Por Emilio Parrondo

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Genocidio de Casas Viejas

En este mes de enero se cumple el LXVII aniversario del primer genocidio de la II República. Entonces sin respetar las mínimas garantías del derecho, ni las normas de la Constitución de 1931, se asesinó a unos campesinos de la forma más cruel en la aldea de Casas Viejas, situada a la derecha del río Barbate, nombre que se hizo desaparecer para tratar de ocultar la matanza.

Los medios de comunicación, entonces existentes, relatan así los hechos:

El día 11, los cenetistas de Casas Viejas izaron la bandera rojinegra y cercaron la casa-cuartel de la guardia civil. A las cinco de la tarde llegaron fuerzas de la Guardia Civil y guardias de asalto que lograron romper el cerco y hacer huir a los aldeanos. Sin embargo, un grupo de tres hombres, dos mujeres y un chico se encerraron en una choza dispuestos a hacer frente a la fuerza pública. El grupo lo dirigía Curro Cruz, militante libertario, apodado Seisdedos. Los intentos de rendirlos fracasaron, con un saldo de un guardia herido y apresado, y la unión de los rebeldes de un preso enviado para parlamentar. El director de Seguridad, dio la orden de enviar una compañía de guardias de asalto, al mando del capitán Rojas Feigenspan. La orden de Menéndez fue tajante: ni heridos ni prisioneros cuando se hiciera fuego. En la madrugada del día 12 llegó la expedición de Rojas, que, ante la resistencia de los encerrados, recurrió a las bombas de mano. Como no diera resultado, se procedió al incendio de la choza con gasolina. Una mujer y un chico pudieron escapar; otra mujer y un hombre murieron abatidos a tiros, mientras los demás perecían abrasados.

Más tarde, se registró el pueblo y se fusiló a 14 personas sospechosas de haber intervenido en la rebelión, sin juicio y por simples sospechas.

En el tiempo en que ocurrían los sucesos era ministro de la Guerra Azaña, el responsable de Casas Viejas, y así lo entendió la II República al procesarle por la imputación de uno de los implicados que le acusaba de haber dado la orden de «tiros a la barriga», que equivalía a la muerte.

Tres años más tarde, por las fuerzas de orden público era asesinado el Jefe de la Oposición Sr. Calvo Sotelo. Era difícil llegar más lejos en el crimen de Estado.

El genocidio de Casas Viejas ha sido ocultado por ciertos historiadores «orgánicos» y sorprende que los admiradores de la II República, tan amigos de honrar a los brigadistas, que por orden de Stalin, vinieron a combatir en la guerra de 1936, no se preocupen de la situación económica en que se encuentren los familiares de los asesinados y torturados sin juicio ni acusación, tres años antes en Casas Viejas, por las fuerzas de orden público a las órdenes del Gobierno republicano, ¿Quizás por su condición de españoles?



Emilio Parrondo



 

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