LIBROS: El poder y sus hombres

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LIBROS: El poder y sus hombres

Comentario de M. Ayuso al libro de José Manuel Cuenca y Soledad Miranda

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LIBROS: El poder y sus hombres

Cuenca, José Manuel y Miranda, Soledad: El poder y sus hombres, ed. Actas, Madrid 1998, 894 págs.*



Max Weber acertó a encerrar la realidad estatal en una definición que, desde entonces, ha sido frecuentada por los cultivadores de las ciencias humanas. Por una senda menos transitada, Jakob Burckhardt, con referencia también al Estado, troqueló en su Kultur der Renaissance in Italien una perífrasis descarnada, «die Herren und seine Anhängen», esto es, «los imperantes y su séquito», en la versión demoledora de un docto colega, que hoy para en tierras vallisoletanas.

Si hacemos caso de estas poco complacientes aproximaciones al Minotauro o al Leviatán, por no hablar de la primera Bestia, daremos en reconocer que el reciente libro de José Manuel Cuenca y Soledad Miranda, El poder y sus hombres, vendría a ser, si no la biografía del Estado moderno trazada por R.H.S. Crossman, sí la radiografía del Estado español -«pays légal», quién sabe cuán alejado del «pays réel»- durante los últimos tres siglos, cabalmente desde sus incipientes balbuceos hasta su desarrollo actual. Así de escueto. Y así de importante también. Porque, tras un arduo y abundoso acarreo de materiales, y mediante su puntilloso y acribioso tratamiento posterior, se responde de modo acabado al interrogante que, como reza el subtítulo, pretende desvelar la obra: ¿por quiénes hemos sido gobernados los españoles entre 1705 y 1998? Traza, pues, la prosopografía de la España contemporánea, tarea que desde luego no puede darse -ni así lo pretenden los autores- por cerrada, aunque por el momento corone un decenio de estudios monográficos, de los que se da precisa cuenta en el prólogo, teselas no simplemente yuxtapuestas, sino integradas en el vasto mosaico de la obra que se nos ofrece ahora en impecable edición. Queda aún, junto con el allegamiento de nuevos datos -nunca se termina una labor como la presente-, el diccionario biográfico ministerial que se divisa como su lógica desembocadura. Su volumen requiría, en todo caso, tratamiento específico y, por lo mismo, publicación separada.

Dos notas tan sólo para destacar los aspectos más salientes del libro. En primer lugar, como ha despuntado en las líneas anteriores, el estudio se contrae a la élite ministerial. De ahí que, por un lado, se haya prescindido de los correspondientes grupos militares, eclesiásticos, económicos, profesionales, parlamentarios o judiciales, que habría desbordado la inquisición, haciéndola a no dudarlo más polícroma y veraz, pero con el riesgo consiguiente de pérdida de nitidez; mientras que, por otra parte, temporalmente, el «dies a quo» se ha puesto en el nacimiento de las Secretarías de Despacho, que determina el de la administración estatal moderna. En segundo término, las variables examinadas son suficientes y suficientemente reveladoras para la obtención de la sociología ministerial procurada: la edad de acceso y de salida del ministerio; el origen geográfico, con especial y obvia atención a la distinción entre urbe y agro; la herencia familiar, en particular la extracción social y la profesión paterna; la trayectoria académica, deteniéndose en la enseñanza primaria, secundaria y universitaria; y finalmente la cualificación profesional. Si las primeras trescientas páginas introducen los frutos de la encuesta recorriendo los anteriores parámetros, con medidas llamadas a la historiografía y la memorialística recientes, las más de quinientas restantes disponen los datos en cuadros imprescindibles para quien desee empeñarse en investigaciones particulares.

Se ha dicho que las monarquías plantan árboles mientras que las repúblicas los talan. Eran otros tiempos. También los estudiosos de corto alcance se azacanan con productos de adobo, muchas veces precocinados, mientras que los investigadores de raza están tocados por la magnanimidad que les lleva a acometer grandes empresas, precedidas siempre, sin excepción, por la labor paciente, callada, monacal.



M. Ayuso



 

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