LIBROS: Pablo de
Tarso
Gilka,
Joaquín: Pablo de Tarso, trad. esp. ed. Herder,
Barcelona 1998, 318 págs.
Sobre el apóstol de los gentiles hay una bibliografía
inmensa, inaugurada por el libro Hechos de los apóstoles
donde Pablo es el protagonista. Es natural puesto que,
como escribe el autor: «Pablo es el teólogo más
decisivo de la época neotestamentaria». Y, sin embargo,
subsisten muchos problemas biográficos y exegéticos. El
primero es el de las fuentes.
Hechos de los apóstoles ¿es una narración digna de
crédito? Según el autor, sólo en parte. Hay en ese
libro mucho de reconstrucción probatoria y de
exaltación legendaria. Las Cartas, atribuidas en el
canon bíblico a Pablo ¿son auténticas? Según el
autor, sólo siete, la dirigida a los romanos, la primera
y segunda a los corintios, las escritas a los gálatas, a
los filipenses, a Filemón, y la primera a los
tesalonicenses. Las demás son las llamadas
deuterocanónicas o del círculo paulino. Incluso alguna
de las auténticas es un arreglo posterior de dos o más
textos.
Se da como seguro que Pablo nació en Tarso de Cilicia,
una vieja ciudad engrandecida por persas, griegos y
romanos, pero de cultura helenística (el griego fue la
primera lengua de Pablo). Hijo de artesanos,
descendientes de esclavos libertos y emigrados a Asia
Menor. Una parte de su formación sucedió en Jerusalén
en un ambiente de rígida ortodoxia, quizás fariseo. El
autor distingue entre la conversión y la vocación, y no
da demasiada importancia a la versión anecdótica
tradicional. Denunciado por los judíos, fue condenado
ante la justicia romana a la que apeló, y fue decapitado
en la capital del Imperio.
También la cronología es problemática. Se ignora el
año de nacimiento, aunque se sitúa en torno al comienzo
de la era cristiana. Se desconoce la fecha de su muerte,
aunque se sitúa en torno al 55. Murió, pues, joven. La
carta más antigua es la dirigida a los tesalonicenses
cerca del año 46; la última la destinada a los
filipenses poco antes de ser ejecutado. Los escritos
paulinos auténticos se escalonarían, pues, a lo largo
de un decenio, y en ellos se revela una evolución
teológica, cada vez más alejada del judaísmo. Es muy
dudoso que Pablo viera a Cristo.
Los estudiosos se dividen respecto al enfrentamiento del
apóstol con los primeros judeocristianos. El autor
entiende que esa tensión se produjo y que terminó con
el triunfo de la posición paulina, original y decisiva.
Adopta una actitud ecléctica respecto al judaísmo o al
helenismo de Pablo, que presenta como heredero de ambas
tradiciones culturales. Nietzsche acusó al apóstol de
«odio contra Roma». Exageró; pero la influencia de la
filosofía romana en las Cartas no es apreciable.
Gilka dedica su capítulo central al tema de la
justificación por la fe y no por las obras y, en parte,
coincide con la exégesis luterana no radical.
Investigación erudita que toma en consideración la
bibliografía reciente y que, dentro de la ortodoxia
interpretativa, utiliza sistemáticamente la crítica
filológica e histórica. Un homenaje académico al
fundador de la teología cristiana, un gigante entre dos
civilizaciones, la oriental y la occidental.
A. Landa
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