LIBROS: ¿Qué
es un intelectual?
Maldonado,
Tomás.: ¿Qué es un intelectual? Ed. Paidós Ibérica,
Barcelona, 1998, 132 p.p.
La figura del intelectual siempre ha resultado molesta, y
hoy esta sensación quizá esté bastante difundida en
amplios sectores de la opinión pública, existiendo
determinados temas «testigo» que producen en los
políticos al uso y en los «mandarines» ideologizados
susceptibilidades frente a la intervención de los
intelectuales.
La misma palabra «intelectual», en los últimos
tiempos, se ha hecho más huidiza, sobre todo cuando
tocamos el papel del intelectual en la política, lo que
induce a una pluralidad de significados del término.
El propósito del autor es examinar sus cambios de rol
del intelectual a lo largo de los tiempos, sus ansias de
poder, sus dubitaciones, sus dobles caras, sus
traiciones; también resaltar su creatividad cultural, su
capacidad de superar alternativas innovadoras al
desarrollo social y político, su generosidad, sus
ideales, su capacidad altruista de sacrificar la propia
libertad y aún la vida.
El ensayista comienza indagando sobre los orígenes de la
palabra «intelectual» y la difusión de la misma en la
Europa de finales del s. xix, con ocasión del célebre
«affaire» Dreyfus. La palabra, en su etimología, ya se
utilizaba en inglés, a mitad del s. xvi, aunque su uso
se hace más frecuente en el xix.
El profesor Maldonado analiza la figura del intelectual
como «faro-guía», sometido con frecuencia a los
dictados del socialismo, y advierte que este tipo de
intelectual ha perdido, o está a punto de perder, su
papel tradicional, ya que ha sido un intelectual de corte
ideológico y en la actualidad, hay «oráculos» de
recambio como el periodista de opinión y el político
profesional.
En plena era de desarrollo científico-técnico, surge
una nueva figura de intelectual: la del «colectivo»,
como agrupación de intelectuales científicos en grandes
laboratorios de investigación, lo que plantea un
problema acerca de quién ha de ser el responsable ético
de las investigaciones o de los resultados: el individual
o el colectivo.
Resalta el ensayista las pluriprofesiones que han
ejercido los intelectuales, siendo «rara avis», a lo
largo de la Historia, los intelectuales
monoprofesionales. A John Stuart Mill la carrera de
funcionario en una estructura burocrática, le parece un
medio de sustento adecuado, aún con el riesgo de
contaminar su pensamiento y comprometer su autonomía.
Una parte interesante de la obra es la relativa al papel
del intelectual político. El resultado no puede ser más
desalentador, ya que «lejos de ofrecer una confirmación
del viejo sueño platónico que quería a los sabios en
el poder, el intelectual-político ha traicionado a
menudo su originaria condición de sabio, y se ha
comportado como un políticio normal» (p.66), llegando a
entrar en el juego del despotismo y la corrupción.
En las páginas 76 a 99, se nos muestra un elenco de
intelectuales que poseen alguna peculiaridad o han vivido
situaciones especiales, cual es el caso de Platón y sus
relaciones con los tiranos de Siracussa; Heidegger y su
romanticismo sutil en relación con el
nacional-socialismo; Gracián y su heterodoxia
desenvuelta para con la propia «Societas Iesu»; Swift y
sus críticas feroces al político moderno como artista
de la mentira, como mentiroso empedernido; Erasmo y su
obsesión enfermiza por su imagen pública, promocionando
sus ideas y sus obras; etc.
La última reflexión («Democratizción del saber») la
plantea el investigador sobre la posibilidad de que,
debido al aumento del sector terciario y a la superior
participación de los ciudadanos, todos los hombres
desempeñen funciones intelectuales. Ahora bien, si se
contempla como posible tal eventualidad, «¿seremos
todos en el futuro igualmente pensantes?» (p. 107). Esta
interrogante la contesta el autor, distinguiendo entre
pensamiento operante y pensamiento discursivo. Así,
estima que estamos en una fase de cambio en el ámbito
del pensamiento operante, es decir, el que actúa sobre
el mundo productivo y comunicativo de la sociedad, y en
este sentido todos seremos igualmente pensantes por tener
acceso a la misma «tecnología del pensamiento». Otro
tema será el del pensamiento discursivo, el cual creen
algunos que desaparecerá (visión hegeliana o marxista),
pero que el autor estima que renacerá con fuerza en base
a la capacidad humana de comportamiento imprevisible, de
comportamiento generador de sorpresas.
En suma, una aportación ensayística, que induce a
serias meditaciones sobre el intelectual y su función.
Luis Sánchez de Movellán
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