¿Qué teólogos?

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¿Qué teólogos?

Por Francisco José Fernández de la Cigoña

Rectificaciones sobre el origen de la guerra civil indice La desnacionalización de España

¿Qué teólogos?

Recientemente (23-7-99) se ha publicado, bajo el título de «Teología y Magisterio: relaciones conflictivas», una especie de manifiesto que firman José María Díez Alegría y Juan José Tamayo y que es apoyado por otros treinta y ocho nombres. Es una protesta contra el documento de Juan Pablo II Ad tuendam fidem pero podría serlo contra cualquier otro. A estos «teólogos» les molesta en la ocasión la condena del aborto y la eutanasia y el rechazo del sacerdocio femenino pero lo que en realidad parece molestarles es el dogma y la moral católicos y la autoridad en la Iglesia. ¿Quiénes son?

Díez Alegría, es un anciano sacerdote asturiano, doctor en Filosofía y Derecho y licenciado en Teología, hermano de dos tenientes generales de la era de Franco. Convertido al marxismo por un extraño síndrome de Estocolmo, pura perturbación mental que se dio en algún otro jesuita como el P. Llanos, según el cual los asesinos de sus hermanos de religión, y en algún caso hasta de sangre, pasaron a ser sus amigos, mientras que aquellos que salvaron a la religión y a la patria se convirtieron en sus enemigos.

A Díez Alegría le vemos participando en el contra Sínodo de 1974 (Ya, 1-10-74). Una conferencia que iba a dar en Las Palmas fue suspendida gubernativamente, pero se aprovechó de la prensa para manifestarse en favor del socialismo, el aborto y el divorcio (La Tarde, 14-2-75; Las Provincias, 14-2-75) por lo que será desautorizado por el obispo de Canarias (Informaciones, 20-2-75). La noticia de que abandonaba la Compañía de Jesús causó sensación (Informaciones, 15-3-75), lo mismo que sus explicaciones del hecho: «Por qué salgo de la Compañía de Jesús» (Informaciones, 17-3-75). El provincial de Toledo manifestó que no se le había impuesto la decisión (Arriba, 18-3-75) pero ello no fue óbice para que sesenta y cuatro jesuitas españoles se solidarizaran con el ya exjesuita (El Ciervo, 1.ª quincena, abril, 75; Informaciones, 25-3-75), en un abierto acto de rebeldía que no tuvo consecuencias adversas.

A partir de su exclaustración fue uno de los más decididos partidarios del diálogo con el marxismo (Triunfo, 31-1-76) y uno de los setenta y seis «intelectuales» que se manifiestan en contra de la exclusión del Partido Comunista (La Voz de Galicia, 28-7-76) porque para él el cristianismo es compatible con el marxismo (El País, 27-10-76). Continuó en sus manifestaciones promarxistas (El País, 30-10-76; Diario 16, 13-12-76; Vida Nueva, 8-11-76) hasta anunciar que su voto sería para los comunistas (El País, 22-4-77) y asistió por lo menos a uno de los mítines que organizó el Partido (El País, 28-5-77).

Se muestra contrario a que se mencione a la Iglesia en el texto constitucional (Ya, 4-7-78), es uno de los firmantes de un comunicado al Papa, que ya lo era Juan Pablo II, pidiendo se reabran las secularizaciones de los sacerdotes que querían contraer matrimonio como una exigencia de los derechos humanos (El País, 25-11-79) y con otros cuarenta y nueve «teólogos» españoles se manifiesta en favor de Hans Kung, censurado por Roma (El País, 23-12-79).

Ahora son nueve los «teólogos» que preguntan : «Matrimonio indisoluble, ¿ley o ideal?» (Vida Nueva, 15-12-79) y se manifiestan favorables al divorcio.

Apoya a los dominicos de San Blas en conflicto con la jerarquía (Vida Nueva, 1-3-80) y, según él, el Papa actuó autoritariamente en la dimisión del P. Arrupe como Prepósito general de la Compañía de Jesús (El País, 12-8-80).

Aquel año de 1980 asume una postura crítica frente al Pontificado en la Universidad internacional de Santander (El País, 6-9-80); publica una carta en solidaridad con los dirigentes de la JOC que habían sido cesados (El País, 7-10 80); sigue expresándose en favor del divorcio (El País, 19-10 80); critica la actual intolerancia de la Iglesia (El País, 11 11-80); en una entrevista se expresa en contra del Papa y el celibato y en favor del divorcio y del marxismo (El País, 15 11-80) y, con otros sacerdotes, manifiesta que no puede objetarse el divorcio desde la fe (El País, 17-12-80).

El año 1981 publica un mediocre artículo: «Ante la ley del divorcio» (El País, 8-2-81), denuncia recortes a la libertad de expresión en la Iglesia (El País, 2-5-81) y se manifiesta contra la OTAN (El País, 25-9-81). Los obispos catalanes le prohiben un curso (El País, 23-4-81). Y firmará con Santiago Carrillo y demás compañeros de viaje una petición de ley de divorcio (El País, 17-3-81).

Con Carrillo y otros firma un escrito en solidaridad con la guerrilla marxista de El Salvador (El País, 27-3-82) y, con toda la izquierda, un manifiesto contra la OTAN (El País, 23-3 83). Ya en un terreno más puramente religioso, su artículo «Contribución a un diálogo sobre el aborto» (El País, 23-1-83) desata no pocas protestas (Ya, 2-3-83; El País, 2-2-83), aunque las llamadas Comunidades Cristianas Populares le expresen su solidaridad (El País, 8-2-83).

También de 1982 es su participación en la «boda» de su amigo, firmante con él del manifiesto que comentamos y de bastantes más, Juan José Tamayo (El País, 31-8-82).

Firmará, con otros, una carta al presidente del Gobierno, Felipe González, en apoyo del sandinismo (El País, 7-1-84) y continúa manifestándose en favor del comunismo (El País, 5-12 83). Sigue firmando escritos contra la OTAN (El País, 1-6-84; 20-10-84). Pide a la Iglesia más pluralismo y la superación de sistemas inquisitoriales (El País, 21-9-84); critica la manifestación en favor de la libertad de enseñanza (El País, 18-11-84) y, ya en un verdadero prurito firmante, se solidariza hasta...con la Clínica de la Concepción (El País, 19-12-84).

Con Juan José Rodríguez Ponce firma una carta abierta en apoyo de Díaz Merchán que había criticado los gastos de defensa (El País, 4-1-85), cuestión, sin duda, muy episcopal, como si el Gobierno criticara los gastos de cera en los actos de culto o la música de las misas.

Después será Leonardo Boff, también en el punto de mira del Vaticano, hoy al margen del sacerdocio y viviendo con una señora, el objeto de sus solidaridades (El País, 31-5-85), mientras sigue manifestándose en favor del sandinismo (El País, 24-4-86). Con otros diecinueve «teólogos» se manifestará contra el impuesto religioso (El País, 28-9-87). Y en favor del destituido Forcano (El País, 14-5-88). Con el inevitable Tamayo presentará el escrito de solidaridad de numerosas Comunidades de base con los destituidos Castillo, Estrada y Forcano, jesuitas los dos primeros y claretiano el último (El País, 23 6-88; Ya, 23-6-88), en una nueva y abierta confrontación con la autoridad eclesiástica, lo que, a persona tan poco sospechosa de integrismo como José Luis Martín Descalzo le llevó a escribir un artículo de réplica titulado: «Una declaración asombrosa» (ABC, 24-6-88).

En 1988 es elegido nuevo presidente de la Asociación de Teólogos Juan XXIII (El País, 10-9-88), verdadero refugium pecatorum de los restos, cada vez más mermados, más ancianos y más casados del progresismo hispánico. Respaldará el documento antivaticano de Colonia (ABC, 1-2-89) y, con otros sesenta y un «teólogos» acusará a Roma de actuaciones «autoritarias y excluyentes» (El País, 19-4-89). Diez años más tarde los sesenta y dos se han reducido a cuarenta.

En el IX Congreso de la citada Asociación defiende el derecho de los católicos al uso de anticonceptivos (El País, 15-9-89). En 1992 denunciará la situación de la mujer en la Iglesia (ABC, 12-9-92). Y en 1996 deja la presidencia de la Asociación Juan XXIII a Miret Magdalena (El País, 8-9-96). Tenía ya 85 años, un anciano dejaba el puesto a otro anciano.

En un artículo autobiográfico (El País, 12-10-97) solicita que la Iglesia pida perdón por la guerra civil y el apoyo al régimen de Franco, aunque reconoce que hasta 1955 sus ideas eran muy otras. En lo que insiste en otro artículo (El País (9 11-97): «La Iglesia católica y el perdón», firmado con Miret y Acosta.

No he sido exhaustivo con Díez Alegría. Pero creo que está caracterizado. Ahora, próximo a los noventa años, tras el fracaso de todos sus nuevos ideales, continúa empecinado en lo que ya no verá.

El otro firmante, que unas veces se hace llamar Tamayo y otras Tamayo-Acosta, era profesor de la Universidad Pontificia de Salamanca hasta que una «boda» canónicamente inexistente, dada su condición de sacerdote no secularizado, le impone la pérdida de la cátedra. La novia era una alumna suya. Presidió el simulacro de ceremonia Casiano Floristán y, entre otros sacerdotes, «concelebraron» Díez Alegría y Forcano (Faro de Vigo, 21-8-82; Ya, 31-8-82; El País, 31-8-82; Tiempo, 24-1-83).

Era también dirigente de las «Comunidades populares», las más politizadas de todas. Su libro Por una Iglesia del pueblo fue secuestrado en 1976 (Vida Nueva, 22-5-76; 20-11-76; 4-3 78). Su trayectoria desde este momento será muy similar a la de Díez Alegría hasta el punto de que parecen inseparables.

Firmará el comunicado pidiendo que se reabran las secularizaciones (El País, 25-11-79), asunto que le afectaría directísimamente y en el que parecía actuar pro domo sua; es uno de los cincuenta «teólogos» que se manifiestan en favor de Kung (El País, 23-12-79); se solidariza con los cesados dirigentes de la JOC (El País, 7-10-80); denuncia los que entiende recortes a la libertad de expresión en la Iglesia (El País, 2-5-81); firma con Santiago Carrillo y otros una petición de ley de divorcio (El País, 13-3-81); con otros treinta y nueve promueve una asociación civil de curas ante la «involución» de la Iglesia (El País, 14-5-81); vuelve a firmar con Carrillo y otros un documento de solidaridad con la guerrilla marxista de El Salvador (El País, 27-3-82); con otros veintiún miembros de la Asociación Juan XXIII firma un escrito en favor de la Teología de la liberación, en réplica a los obispos Sebastián y Benavent que la habían criticado (El País, 13-11-84).

Con los mismos, pero ahora reducidos a trece, se solidariza con el franciscano brasileño Leonardo Boff (El País, 31-5-85), que años después seguiría los pasos de Tamayo abjurando del celibato. Será uno de los ponentes en la Universidad de La Rábida de las tesis de la Teología de la Liberación (El País, 26-5-87) y uno de los veinte que se pronuncian contra el impuesto religioso (El País, 28-9-87).

Con Díez Alegría presentará el escrito de las Comunidades de Base solidarizándose con los profesores destituidos por sus extremadas doctrinas, Castillo, Estrada y Forcano (Ya, 23-6-88; El País, 23-6-88; ABC, 24-6-88) y será elegido secretario de la Asociación Juan XXIII (El País, 10-9-88). Se adhiere al antirromano documento de Colonia (ABC, 1-2-89) y, con otros 61 acusa al Vaticano de actuaciones «autoritarias y excluyentes» (El País, 19-4-89).

En el IX Congreso de la ya tantas veces mencionada Asociación manifiesta que la Iglesia, «si no corrige su actual rumbo, lleva camino de convertirse en la última dictadura de la historia moderna» (El País, 14-9-89). Asegura que dicha Asociación está en contra de la beatificación del fundador del Opus Dei (ABC, 11-2-92) y, en su opinión, el Vaticano sólo deja a los teólogos el papel de comparsa (El País, 28-6-90).

Escribe con Díez Alegría y Miret un artículo titulado «La Iglesia católica y el perdón» (El País, 9-11-97), en réplica a otro, también bastante desdichado, del obispo Echarren que aseguraba que ya lo había pedido por la guerra de 1936.

Con motivo de la intervención humanitaria del Vaticano en favor del octogenario general Pinochet, Tamayo escribe un indignado artículo en El País (2-3-99) en el que la explicación del hecho está en que, «en definitiva una dictadura (la Iglesia) apoya y legitima a otra dictadura».

Después vienen 38 nombres que respaldan lo que los dos citados discurrieron. En general, con algunas excepciones, son figuras secundarias al haber protagonizado menos incidentes eclesiales.

De E. Aguiló, nada sé. Xavier Alegre es un jesuita que perteneció, y tal vez pertenezca, a la Facultad de Teología de San Cugat de Barcelona. En 1975 se había solidarizado con Díez Alegría, obligado a abandonar la Compañía de Jesús (El Ciervo, 1.ª quincena de abril, 75). Años después se manifestaba, con otros 49 «teólogos» en apoyo de Hans Kung (El País, 23-12-79).

Nada sé tampoco de E. Bautista y J. M. Bernal. Juan Bosch, es un dominico que fue delegado diocesano de ecumenismo en Valencia, especializado en lo que se ha dado en llamar Teología de la Negritud (Vida Nueva, 3-10-85; Bosch, Juan: James H. Cone, teólogo de la negritud, Escritos del Vedat, Facultad de Teología de Valencia, Valencia, 1985), autor de una carta en la que no sólo protestaba por que se hubiera suprimido un pliego sobre el Opus Dei sino que además denunciaba los nuevos brotes inquisitoriales en la Iglesia (Vida Nueva, 1-12-79).

L. Briones, rector en su día del Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, cesado con otros siete profesores de aquel centro (Ya, 4-7-76) y firmante con otros 21 de la omnipresente Asociación Juan XXIII del ya citado escrito en favor de la Teología de la liberación en réplica a dos obispos. (El País, 13-11-84).

José María Castillo, de la Compañía de Jesús, tuvo una activa participación en la Asamblea Europea de Sacerdotes y fue uno de los encargados de presentar las conclusiones del Congreso a la Congregación del Clero (Ya, 24-10-71). En ese mismo año fue uno de los firmantes de un radical escrito contra el Concordato que el Estado español había firmado con la Santa Sede (Ya, 12-6-71). Fue encargado de redactar los documentos base de la famosa Asamblea Conjunta, el primero de los cuales fue rechazado por la Comisión Episcopal del Clero por sus ideas heterodoxas.

Escribió numerosos artículos, todos ellos declaradamente progresistas. Nosotros recordamos «Donde no hay Justicia no hay Eucaristía» (Vida Nueva, 4-12-71); «¿Dónde están los profetas?» (Misión Abierta, abril, 72); «La fuerza de los débiles, ¿Cuál es la verdadera raíz de la crisis del clero?» (Vida Nueva, 6-5 72); «Balance de la Iglesia en España en 1971; »En la adultez y la libertad» (Misión Abierta, enero,72); «La Eucaristía, problema político» (Vida Nueva, 19-5-73).

De 1979 es el comunicado de los «teólogos» profesores de la Facultad de Granada afirmando que se puede votar al marxismo (Vida Nueva, 3-3-79) y la durísima crítica a la Iglesia en el I Encuentro de curas jóvenes de Madrid (Vida Nueva, 9-6-79). También ese año se manifestará con otros 49 en favor de Kung (El País, 23-12-79). En 1981 es vetado para enseñar en determinadas universidades católicas (El País, 28-2-81) y un libro suyo es denunciado a Roma (El País, 14-5-81).

Será uno de los firmantes de la declaración de la Comisión española por los derechos humanos y la paz en El Salvador (El País, 15-12-81) en abierto apoyo a la guerrilla marxista. Interviene con una ponencia en la reunión del Movimiento pro celibato opcional celebrada en Madrid (Ya, 10-6-84) y será uno de los 22 que suscribirán el documento de la Asociación Juan XXIII en favor de la teología de la liberación y en contra de la postura sobre la misma manifestada por los obispos Sebastián y Benavent (El País, 13-11-84).

Se manifestará, con otros trece, en apoyo de Boff (El País, 31-5-85). Y ese mismo año publica un artículo (El País, 13-12 85) denunciando el involucionismo del Sínodo de los Obispos.

El canónigo malagueño, Luis Vera, publica un demoledor trabajo contra el jesuita: «El padre José María Castillo y su libro «Símbolos de libertad. Teología de los Sacramentos» (Iglesia-Mundo, 1.ª quincena, mayo, 87). Mientras tanto sigue firmando escritos, ahora contra el impuesto religioso (El País, 28-9-87).

Castillo y Estrada son destituidos por la jerarquía eclesiástica de sus puestos docentes en la Facultad de Teología de Granada (El País, 10-5-88; ABC, 11-5-88). Con lo que inmediatamente se desatan las protestas de los de siempre (El País, 14-5-88; 17-5-88, 18-5-88; 19-5-88; 23-5-88; 24-5-88; ABC, 23-6-88). El general de la Compañía ratificará las destituciones (El País, 2-6-88).

Nada sabemos de J. Centeno. Carlos Domínguez, jesuita, profesor de la Facultad de Teología de Granada, es uno de los firmantes del comunicado afirmando que los católicos pueden votar a los marxistas (Vida Nueva, 3-3-79) y de la solidaridad de 50 «teólogos» españoles con Kung (El País, 23-12-79).

Encabezará una carta de 17 firmantes en apoyo de sus compañeros de Orden y Facultad, Castillo y Estrada (El País, 24-5-88).

El que en unas ocasiones firma Jesús Ekiza y en otras , como esta, Jesús Equiza, es el sacerdote navarro colaborador habitual de la revista Herria 2000. Ekiza, que tantas responsabilidades tiene en la postura de un sector del clero vasco y navarro favorable o al menos sumamente ambiguo ante ETA, no es extraño encontrarle firmando escritos contra el Concordato (Ya, 12-6-71) o en favor de la Asamblea Conjunta (Vida Nueva, 18-12-71).

La historia del también jesuita Juan Antonio Estrada, compañero de Castillo y destituido con él, es similar a la de su hermano de hábito, por lo que nos remitimos a lo dicho del anterior.

Casiano Floristán Samanes es otro adalid del progresismo. Fue, y puede que lo siga siendo, profesor de Teología pastoral en la Pontificia salmantina.

Hace ya 30 años Floristán y otros publicaron un documento: «Lo que es privilegio y lo que es competencia de la Iglesia» (Ya, 17-6-69) que fue replicado por cuatro ilustres dominicos, profesores también de la Pontificia de Salamanca, los PP. Fraile, García Cordero, Alonso Lobo y Victorino Rodríguez (Pueblo, 21-6-69; Arriba, 22-6-69). No eran nuevas esas posiciones de Floristán pues el año anterior, en unas declaraciones, sorprendió no poco a los lectores (Pueblo, 4-7 68).

Los «guerrilleros de Cristo Rey», son objeto de preocupación para estos clérigos y nuestro hombre aparece entre los firmantes de un manifiesto contra ellos (Ya, 28-12-69). Así como del escrito contra el Concordato ya mencionado (Ya, 12 6-71). Lo encontraremos también en el manifiesto en favor de la Asamblea Conjunta (Vida Nueva, 18-12-71) y entre los 33 que en marzo de 1972 suscriben un contestatario manifiesto (Nuevo Diario, 29-3-72; Vida Nueva, 8-4-72).

Intervino en la redacción de un misal que se estaba difundiendo por España y que fue denunciado por un ilustre jesuita, el P. José Antonio de Aldama: «Un misal que pone en peligro la fe del pueblo español» (Iglesia-Mundo, 30-7-72). El obispo de Tenerife alerta sobre los errores doctrinales del texto (El Alcázar, 5-10-72). Los prelados de Calahorra (Pueblo, 13-10-72), Jaca y Coria (El Alcázar, 8-11-72) insisten en los peligros del misal mientras que González Ruíz sale en defensa de su amigo (Sábado Gráfico, 21-10-72). La Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe ordena la revisión del texto (El Pensamiento Navarro, 8-12-72), el P. Aldama insiste en sus críticas (Iglesia-Mundo, 15-11-72) aunque según Martín Descalzo, por aquel entonces muy identificado con Floristán y sus amigos, no hay errores formales en el misal en opinión de la Comisión episcopal correspondiente (ABC, 17-1-73). Pero Iglesia-Mundo afirma que los ha apreciado (1-2-73). Y un nuevo obispo, el de Orihuela, prohibe el misal (Informaciones, 6-3 73). Se hace pública la nota de la Comisión que es bastante favorable (Informaciones, 6-4-73). Floristán cesa, a petición propia, en la dirección del Instituto de Teología Pastoral (Ya, 23-2-73). Sus amigos, entre ellos Joaquín L. Ortega, le apoyan incondicionalmente (Vida Nueva, 14-4-73). Aunque las críticas no ceden.

Mientras tanto Floristán pide, con otros 25, la supresión del privilegio del fuero eclesiástico (Informaciones, 14-10-72) y, según Pueblo (28-9-74) es nombrado profesor de la Gregoriana. El rector de la Pontificia de Salamanaca tiene que salir al paso de los comentarios que suscita el cese de varios profesores del Instituto de Pastoral de Madrid (El Adelanto, 9-11-74). Es uno de los ponentes de la Asamblea Cristiana de Vallecas (Ya, 11-1-75), que fue suspendida gubernativamente. Se solidariza con Arbeloa y otros sacerdotes multados (Ya, 18-2 75). Y la Santa Sede desautoriza las Plegarias de la Comunidad (ABC, 18-8-77).

Junto con otros 19 se pronuncia contra Don Marcelo por sus reservas a la Constitución (Ya, 1-12-78). Figura entre los que piden a Juan Pablo II la reapertura de las secularizaciones (El País, 25-11-79). Y con otros 49 suscribe el documento de respaldo a Kung (El País, 23-12-79). También se muestra favorable al divorcio (Vida Nueva, 15-12-79). Y denuncia los recortes a la libertad de expresión en la Iglesia (El País, 2 5-80).

Es de los que promueven una asociación civil -la tan citada Juan XXIII-, ante lo que juzgan involución eclesiástica (El País, 14-5-81). Firma solidaridades con la subversión hispanoamericana, alguna en compañía de Santiago Carrillo (El País, 15-12-81; 27-3-82). Preside la boda de Tamayo (El País, 31-8-82). Se le cuenta entre los favorables a la despenalización del aborto (Tiempo, 14-2-83). Se manifiesta identificado con la Teología de la liberación (Ya, 22-9-84) y la defiende ante las críticas de los obispos. (El País, 13-11-84). Critica los nombramientos cardenalicios de Juan Pablo II (El País, 25-4-85). Suscribe la adhesión a Boff (El País, 31-5 85). Firma con otros 28 una declaración contra la involución eclesiástica (El País, 14-12-87). Y otra contra el impuesto religioso (El País, 28-9-87).

En 1988 cesa como presidente de la Juan XXIII y es sustituido por Díez Alegría (El País, 10-9-88). José María Javierre, en un tiempo íntimo de Floristán aunque después en posiciones algo más ortodoxas, le escribe una carta, levemente crítica (Ya, 18-5-89) a la que éste contesta molesto y desabrido (Ya, 25-5-89).

Fue designado representante de la Juan XXIII para asistir en Maguncia a la Asociación europea de Teólogos, en continuación de la antivaticana declaración de Colonia (El País, 16-9-89). También asiste a la reunión que se celebró en Lovaina donde se reclamó la ordenación de hombres casados, se denunció el catecismo universal, se afirmó que Roma ponía en peligro la colegialidad, etc, (El País, 14-9-90).

El exclaretiano Benjamín Forcano Cebollada desde hace tiempo decidió situarse en la frontera, si no la traspasó repetidas veces. Recordamos de 1969 un confuso artículo sobre las relaciones prematrimoniales (Ilustración del Clero, junio y julio-agosto, 69), otro, demoledor sobre la vida religiosa (Vida Nueva, 29-4-72), la defensa de la contracepción (CIO, 14-4-73)…

Firma el comunicado al Papa pidiendo se reabran las secularizaciones (El País, 25-11-79), la exposición en favor de Kung (El País, 23-12-79), se manifiesta favorable al divorcio (Vida Nueva, 15-12-79), denuncia los recortes a la libertad de expresión en la Iglesia (El País, 2-5-81), participa en la boda de Tamayo (El País, 31-8-82).

Pero es la situación hispanoamericana la que le tiene permanentemente ocupado en escritos, artículos, manifiestos y proclamas, bien solidarizándose con la guerrilla salvadoreña (El País, 15-12-81; 27-3-82; 25-3-83) ya justificando, contra el parecer de la jerarquía de aquel país, la dictadura sandinista de Nicaragua (El País, 19-7-83; ABC, 6-11-83; El País, 7-1-84; 25-7-84; 24-4-86; 19-7-86; Ya, 21-8-86).

Se le tiene por uno de los clérigos favorables al aborto (Tiempo, 14-2-83). Será uno de los firmantes del escrito en favor de la Teología de la liberación (El País, 13-11-84), de la solidaridad con Boff (El País, 31-5-85) y del manifiesto pidiendo la salida de la OTAN (El País, 14-12-85).

El Vaticano previene contra su libro Nueva Etica Sexual (Ya, 29-4-86: Iglesia-Mundo, 2ª quincena, abril, 86). Aunque se había adelantado en lo mismo el obispo de Cuenca, Guerra Campos, que publica en su Boletín diocesano una nota con este ilustrador título: «Un libro de ética sexual y la doctrina católica» (Boletín Oficial del Obispado de Cuenca, diciembre, 85).

«Interrogado o seguido de cerca por Roma» (El País, 24-8-86), será uno de los 29 firmantes de la declaración contra la involución eclesiástica (El País, 14-12-87) y, por fin, es destituido de su puesto de director de Misión Abierta (ABC, 11-5-88) por intervención directa del cardenal Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (El País, 11-5-88). Hacía meses habían desaparecido de la mancheta de la revista varios miembros del Consejo de redacción, todos ellos exclaretianos. La Orden claretiana se apresuró a asegurar por un portavoz que la destitución «no ha sido iniciativa de nuestro gobierno general que se ha limitado a asumir lo llegado de más arriba» (Ya, 12-5-88).

Las destituciones de Forcano, Castillo y Estrada desataron la indignación del progresismo (El País, 14-5-88; ABC, 4 y 23 6-88; El País, 7 y 13-6-88: Ya, 23-6-88; El País, 23-6-88; ABC, 24-6-88).

Forcano apoya el antivaticano documento de Colonia (El País, 1-2-89), firma, con todo el comunismo un escrito contra las bases USA en España (El País, 9-3-89) y con otros 61 acusa a Roma de actuaciones «autoritarias y excluyentes» (El País, 19-4-89). También hace campaña para que concedan al ultraprogresista obispo Casaldáliga, claretiano, el Nobel de la Paz (El País, 4-3-89).

Su artículo «La Cruz, ¿un símbolo sadomasoquista?» (El Independiente, 7-4-91) es lamentable. Participa también en la boda del sacerdote Tamayo.

La Orden claretiana, no sabemos si motu propio o debidamente aleccionada, expulsa a seis religiosos «por discrepancias con sus planteamientos teológicos» (ABC, 28-4 93). Entre ellos Benjamín Forcano. Su amigo el obispo Casaldáliga los acoge benévolo en su diócesis de la selva brasileña; pero no debió gustarles Brasil porque optan todos, con permiso del obispo, por residir en Madrid.

El jesuita Manuel Fraijó Nieto, profesor de Teología fundamental en Comillas, parece un caso de clonación con los anteriores y los siguientes. Con otros 19 se manifiesta contra el cardenal González Martín por sus reservas ante algún principio de la Constitución española (Ya, 1-12-78). También será uno de los firmantes del manifiesto en favor de Kung (El País, 23-12-79), lo que seguramente le pareció insuficiente por lo que lo ratificó en una «Carta abierta a Hans Kung» (El País, 29-12-79), que nos parece pésima.

Le niegan el permiso canónico para ejercer el profesorado en la Universidad de Comillas (El País, 23-4-81) y, desde Roma, le exigen precisiones a sus tésis (El País, 14-5-81) . Pero sigue en sus trece, firmando el escrito en favor de la Teología de la liberación. (El País, 13-11-84), el que se produjo poco después en solidaridad con Boff (El País, 31-5-85), la petición, en unión del comunismo español, de la salida de la OTAN (El País, 14-12-85), el manifiesto contra el impuesto religioso (El País, 28-9-87) y la denuncia de la línea del Vaticano (ABC, 19-4-89)...

M. García-Ruíz no sabemos quien es. El valenciano Joaquín García Roca fue autor de alguna más que dudosa ponencia en los congresos de la Asociación Juan XXIII (Ya, 4 y 6-9-85).

El jesuita José Ignacio González Faus, es profesor de Cristología. Ya en 1971 se solidarizaba con su hermano de orden Leita, que había sido expulsado de la Compañía (Ya, 1-5-71; ¿Qué Pasa?, 19-6-71). Firma un escrito contra el Concordato (Ya, 12-6-71) y otro en favor de la Asamblea conjunta (Vida Nueva, 18-12-71). Después es también forzado a dejar la Compañía de Jesús, con Díez Alegría, con quien se solidariza (El Ciervo, l.ª quincena, abril, 75).

Será uno de los nueve que interrogan a los obispos con un artículo también citado ya varias veces: «Matrimonio indisoluble: ¿ley o ideal?» (Vida Nueva, 15-12-79) . Es evidente cual era la opinión de los firmantes.

Será vetado para enseñar en determinadas facultades católicas (El País, 28-2-81). La solidaridad con la guerrilla marxista salvadoreña era también obligada (El País, 15-12-81; 27-3-82), aunque los compañeros de viaje fueran Santiago Carrillo y sus correligionarios.

Las tesis del jesuita dieron lugar a una polémica en la que el provincial de Cataluña y el obispo Iniesta se ponen de su lado (Ya, 21-12 82; 8-1-83; 12-1-83). En este caso fue el cardenal Ratzinger el origen de las censuras. Con lo que se revela el papelón del obispo auxiliar de Madrid, Iniesta. Todo ello no fue obstáculo para que sus compañeros jesuitas le eligieran representante para la Congregación general que se iba a celebrar en Roma (Ya, 13-4-83).

Critica el documento vaticano sobre la Teología de la Liberación (El País, 9-9-84) y los nombramientos cardenalicios que hace el Papa Wojtyla (El País, 25-6-85), aunque según él, en realidad, «lo que habría que hacer es cuestionar el colegio cardenalicio».

También criticará a la jerarquía eclesiástica en el Octavo encuentro de cristianos de Base (El País, 31-10-88). Su modelo de obispo parece ser Casaldáliga, para el que también solicita el Premio Nobel de La Paz (El País, 4-3-89).

Con otros españoles acusa al Vaticano de actuaciones «autoritarias y excluyentes» (El País, 19-6-89) y pide el compromiso firme con los marginados (El País, 5-7-82), en una reunión en El Escorial para conmemorar el veinte aniversario del Congreso que dio a conocer en Europa la Teología de la Liberación. Los allí reunidos firman una carta de solidaridad con Boff, que acababa de dejar el sacerdocio. González Faus afirmó que «la teología de la liberación no sólo sigue viva sino que ha engendrado hermanos menores como la teología de la marginación».

Mientras tanto, la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, con la firma del obispo Palenzuela, opone serios reparos doctrinales al libro de González Faus Hombres de la comunidad. Apuntes sobre el ministerio eclesial (ABC, 28-11-88; Iglesia-Mundo, 2.ª quincena febrero, 90). Se manifiesta contra la beatificación del fundador del Opus Dei (Diario 16, 15-5 92).

José María González Ruiz es otro anciano y una de las claves del progresismo español. Presente en todas las disidencias, escribir su trayectoria precisaría un libro.

Adalid del diálogo católico-marxista (Pueblo, 2-2-68; Indice, junio, 68), fue procesado (Pueblo, 10-6-68; 19-5-71), objeto de prohibiciones (Nuevo Diario, 12-1-69), absuelto (Ya, 30-3-69) y protagonista de declaraciones que escandalizaron a no pocos católicos (Pueblo, 30-9-66; 29-11-66).

Del Comité Internacional del IDOC (Fuerza Nueva, 9-11-68), acude a Roma con los curas contestatarios (Pueblo, 10-11-69; Corriere della Sera, 16-10-69; SP, 19-10-69). Prologa la edición italiana de los escritos del cura guerrillero Camilo Torres (Indice, octubre, 68), pronuncia homilías en apoyo del P. Gamo (Arriba, 17-1-70), manifiesta su adhesión a Fidel Castro en el caso Padilla (Le Monde, 9-7-71), publica numerosos artículos que dejan perplejos a muchos fieles: «La Iglesia española pide perdón» (Sábado Gráfico, 25-9-71), «¿Colaboración, conflicto, concordato, acuerdos?» (Sábado gráfico, 27-22-71), «El Isolotto de Florencia» (Indice, noviembre y diciembre, 71), «El conflicto de la Universidad eclesiástica de Comillas» (Sábado Grafico, 26-2-72), «Ni opio del pueblo ni ateísmo positivista» (Sábado gráfico, 13-5-72), en apoyo del entonces comunista católico Garaudy, hoy creo que musulmán, «La izquierda de Cristo» (Sábado Gráfico, 3-6-72), «Confusión y libertad en la Iglesia» (Sábado Gráfico, 29-7-72).

Parece que el canónigo malagueño presumía de haber renunciado a su paga capitular; pero desde Fuerza Nueva aseguran que no era cierto (29-1-72). Después vino el lío aquel del misal que unos obispos prohibían y los progresistas ensalzaban. Nos remitimos a lo dicho.

Las tesis de monseñor Guerra Campos sobre la confesionalidad del Estado son replicadas por el belicoso canónigo (Sábado gráfico, 16-6-73). Otros obispos de contraria línea: Buxarrais, que de Zamora pasó a Málaga y allí, ante su propia incapacidad tuvo que renunciar anticipadamente, y el contestatario Casaldáliga son en cambio maravillosos.

Cristianos por el Socialismo y la Teología de la liberación son ahora la Dulcinea de González Ruiz (CIO, 28-7-73; Sábado Gráfico, 9-3-74; CIO, 20-4-74). La muerte de otro clérigo guerrillero, el aragonés Domingo Laín, dio lugar a otro elogio del canónigo: «Adiós a Domingo Laín» (Sábado Gráfico, 30-3-74).

González Ruiz está con los divorcistas italianos (Pueblo, 3-5-74) y no celebró misa cuando se enteró de que su amigo el italiano dom Franzoni había sido suspendido a divinis (Fuerza Nueva, 11-5-74). El catedrático Gabriel García Cantero replica en ABC las tesis divorcistas del canónigo (6-7-74). Lo que da lugar a una réplica del malagueño (ABC, 16-7-74) una contestación del catedrático (ABC, 26-7-74) y a otras intervenciones contrarias a los presupuestos divorcistas como las de Eulogio Ramírez (El Alcázar, 20-5-74), Julián Gil de Sagredo (ABC, 23-7-74) e Ijcis (¿Qué Pasa?, 1-6-74), o favorables a los mismos (ABC, 28-7-74).

Participa en el contrasínodo del 74 (Ya, 1-10-74), ve interrumpida una homilía en la catedral de Málaga por las protestas de numerosos fieles (Hoja del Lunes, 7-10-74), es multado (Pueblo, 8-10-74) y para inaugurar el nuevo año habla de «aquel gran creyente que se llamó Martín Lutero» (Sábado Gráfico, 11-1-75).

Propugna la «teología de la mierda» (Sábado Gráfico, 9 al 15-7-75), le molesta el documento vaticano sobre la sexualidad (Sábado Gráfico, 3 al 9- 3-76) y el comunicado de los obispos españoles sobre la enseñanza (Vida Nueva, 9-7-77). El episcopado alemán replica un artículo suyo (ABC, 10-2-78; Vida Nueva, 18-2-78). Acusa al Papa de neoconservadurismo (Vida Nueva, 13-10-79) y se refiere a «sus» amigos, con los que luchó codo con codo por un mundo mejor y más libre: Tierno, Carrillo y Garaudy (E1 País, 13-11-79).

La condena de Kung y el divorcio ocupan ahora la atención del canónigo (El País, 5 y 13-1-80, 4-10-80, 7-2-81), rechazando especialmente una pastoral del cardenal González Martín, con lo que sigue acumulando contradictores. La destitución de los dos jesuitas de Granada suscitará también las iras de nuestro sacerdote, tanto en solitario (El País, 15 4-81), como junto a otros (El País, 25-8-81). Promueve una asociación civil ante la involución de la Iglesia (El País, 14 5-81), polemiza contra el Opus Dei (Ya, 19 y 29-12-82), se declara antiabortista al tiempo que dice que no es marxista (El País, 11-2-83).

Tanto solo (El País, 12-11-84), como en compañía de otros (El País, 13-11-84), sale en defensa de la Teología de la liberación que había sido levemente reconvenida por los obispos Sebastián y Benavent. Firmará con el comunismo español un manifiesto contra la OTAN (El País, 20-10-84). Y en un artículo titulado «La teología de la liberación» incurre en un error mayúsculo. Confunde a Pío IX con San Pío X, atribuyendo a este último, Papa del siglo XX, el famoso Syllabus que publicó el primero en 1864. Error que vuelve a repetir un mes después (El País, 29-1-85).

Su obispo diocesano sale al paso de unas críticas de González Ruiz al Papa (Ya, 20-1-85), con lo que el canónigo se ve obligado a matizar sus palabras (ABC, 21-1-85; Ya, 22-1-85). Una vez más, junto al comunismo español, firma una carta a Reagan con motivo de su viaje a España (El País, 6-5-85) y se pronuncia contra el documento de Ratzinger sobre la homosexualidad (El País, 3-11-86). Personaje contradictorio, ahora denuncia el conformismo de la Iglesia española con la izquierda: «¿Dónde están los profetas españoles?» (El País, 19-9-86). Pero sigue manifestándose a favor de la teología de la liberación (El País, 11-12-87), firma una declaración contra la involución eclesiástica (El País, 14-12-87) y otra contra el impuesto religioso (El País, 28-9-87).

La coronación de la Virgen de la Esperanza, que no le gustó nada, le lleva a celebrar una «misa paralela». A la que asistieron 100 personas mientras que a la coronación acudieron 8.000 (El País, 20-6-88). La historia del siglo pasado no es el fuerte de nuestro canónigo que en su artículo «El problema está en Roma» dice que con los viejos católicos, que se separaron de la disciplina eclesial con motivo de la infalibilidad pontificia, fueron obispos al cisma, lo que es falso. Y que aquel pequeño grupo cismático era la derecha, lo que es falso también.

Sigue apoyando la insumisión de los católicos progresistas (El País, 21-3-89), adhiriéndose al documento de Colonia (ABC, 1-2-89) y critica a Ratzinger por sus medidas contra la revista claretiana Misión Abierta (El País, 19-1-89). Califica de «discoteca a lo divino» los actos de la visita del Papa a Santiago (El País, 28-8-89). Y tiene que sufrir una severa amonestación de su obispo, Buxarrais, por sus ataques al cardenal López Trujillo (El País, 17-10-89; ABC, 23-10-89; 26 10-89). Por lo que tendrá que retractarse, con algunas reservas (ABC, 12-11-89; El País, 17-11-89). También protestará la Conferencia episcopal colombiana (El País, 2-11-89).

Afirmará que el Papa es un obseso sexual (El Sol del Mediterráneo, 28-11-90) y Comunión y Liberación una calamidad eclesial (Diario 16, 10-3-93).

No sabemos quien es J. Luis. Juan Llopis Sarrió es profesor de la Universidad Pontificia de Salamanca, de la Facultad de Teología de Barcelona y miembro del Consejo Académico del Centre de Estudis Pastorals de las diócesis catalanas, si no confundimos a dos personas en una. Fue uno de los firmantes de aquel escrito «Lo que es privilegio y lo que es competencia de la Iglesia» (Ya, 17-6-69) pulverizado por los cuatro dominicos salmantinos ya citados (ABC, 21-6-69). Será uno de los firmantes del radical escrito contra el concordato al que ya nos hemos referido y del manifiesto contestatario de los 33. Se secularizó posteriormente (¿Qué Pasa?, 13-10-73, 2-11-74).

Un Joan Llopis, que pensamos puede ser el mismo, suscribirá años después la adhesión a Leonardo Boff (El País, 31-5-85), protestará contra el impuesto religioso (El País, 28-9-87), criticará el restauracionismo impulsado por Juan Pablo II (El País, 14-3-88) y acusará al vaticano de actuaciones «autoritarias y excluyentes» (El País, 19-4-89).

Eduardo Malvido es profesor del Instituto de Ciencias Catequéticas San Pío X, uno de los que firmaron el escrito de solidaridad con Kung (El País, 23-12-79), el que se suscribió en favor de los derechos humanos en El Salvador, que era un respaldo a la guerrilla marxista que precisamente no se caracterizaba por respetar esos derechos (El País, 15-12-81) y la réplica en defensa de la teología de la liberación (El País, 13-11-84).

Casimiro Martí, profesor de Historia social en Barcelona, fue uno de los clérigos que levantaron la bandera progresista y catalanista en la que hoy es la comunidad más secularizada de España. Responsable de la sentada ante el palacio arzobispal (¿Qué Pasa?, 8-3-69), defensor de la experiencia progresista italiana del Isolotto (¿Qué Pasa?, 11-10-69), firmante de un escrito contra el proyecto de ley sindical (¿Qué Pasa?, 22-11-69), participante en un congreso anarquista (Qué Pasa?, 21-3 70), firmante del escrito colectivo contra el Concordato (Ya, 12-6-71), del que se redactó a favor de la Asamblea Conjunta (Vida Nueva, 18-12-71), y de aquel otro en el que 25 pedían la supresión del privilegio concordatario del fuero eclesiástico ((Informaciones, 14-10-72), al que se acogían, sin reparo alguno, cada vez que tenían algún problema con la autoridad gubernativa. Critica a monseñor Guerra Campos (¿Qué Pasa?, 23 12-72), firma escritos contra la enseñanza católica (Vida Nueva, 15-5-76; Boletín del Colegio de Licenciados, 30-3-77) e interviene en los contestatarios congresos de la Asociación Juan XXIII (El País, 12-9-86).

F. Martín no sabemos quien es. Enrique Miret Magdalena, actual presidente de la Juan XXIII, químico de profesión, seglar, y que suele firmar como «teólogo», es otro anciano con prurito de escribir. Renunciamos a una descripción pormenorizada de sus posiciones que nos llenaría páginas y páginas. En escritos colectivos o en artículos individuales, estos generalmente indigeribles, se ha opuesto a la doctrina oficial de la Iglesia en todo: divorcio, aborto, ética sexual, píldora, marxismo, homosexualidad, celibato, Juan Pablo II... Apoyó cuanta manifestación contestataria se produjo y su tésis podría resumirse del siguiente modo: la Iglesia ha sido y es un asco y sólo dejará de serlo si deja de ser Iglesia para convertirse en una asamblea sin autoridad ni leyes en la que un vago espiritualismo serviría de nexo a sus miembros.

A. Moliner, G. Mora, M. Navarro y M. Parmentier me resultan desconocidos.El jesuita Federico Pastor se solidarizó con Díez Alegría cuando su expulsión de la Compañía (El Ciervo, l.ª quincena, abril, 75) y contra el cardenal primado cuando expresó reservas contra algún punto de la Constitución (Ya, 1 12-78). Protestará, con otros 61, contra la línea actual del Vaticano y creemos que está secularizado (ABC, 19-4-86).

Tampoco conocemos de nada a J. Peláez. Margarita Pinto, Pintos o Pintor, que de estos modos la hemos visto citada en ocasiones, suponemos que es o fue monja. De la Asociación Juan XXIII (ABC, 9-9-88), firmó el escrito contra el impuesto religioso (El País, 28-9-87), acusa a la Iglesia de hacer
apartheid con la mujer (ABC, 9-9-88), dice que el Papa «se está imponiendo con un espíritu policial» y denuncia la persecución del progresismo (Interviú, 30-5-89). Afirma también que mujeres, divorciados y homosexuales están marginados en la Iglesia y que la situación de las primeras es comparable a la de los negros en Sudáfrica. Naturalmente, en la Sudáfrica anterior a Mandela (El País, 17-9-89).

J. Rius Camps creemos que puede ser el descalificado por el Informe de la Comisión episcopal para la Doctrina de la Fe por una edición del Nuevo testamento (Iglesia-Mundo, 2.ª quincena, mayo, 89). Nada sabemos de J. Ruiz Díaz, F. Sáez y J. Vitoria.

Rufino Velasco, exclaretiano, firmó el escrito pidiendo se reabran las secularizaciones (El País, 25-11-79), el manifiesto a favor de Kung (El País, 23-12-79), el también citado escrito prodivorcista (Vida Nueva, 15-12-79), las solidaridades con El Salvador, que debe entenderse con su guerrilla (El País, 15-12 81, 27-3-82), la réplica liberacionista a Sebastián y Benavent (El País, 13-11-84), la solidaridad con Boff (El País, 31-5 85), el manifiesto contra el impuesto religioso (El País, 28-9 87). Fue profesor del Seminario madrileño y del Instituto Superior de Pastoral. Sobre su expulsión de la orden nos remitimos a lo dicho de Forcano.

El exclaretiano Evaristo Villar es clónico del anterior. Solidario con Kung, un artículo suyo antimariano es replicado por el también claretiano Apodaca (Dios lo quiere, abril-mayo junio, 81). Y no deja de manifestarse liberacionista en cuanta ocasión encuentra. Profesor de Teología en la Escuela Bíblica, critica los nombramientos cardenalicios de Juan Pablo II, respalda a Boff, pide la salida de España de la OTAN... Será otro de los recogidos por Casaldáliga.

Por último, Andrés Torres Queiruga es un gallego nacionalista que firmó el escrito contra el Concordato, vio como el gobernador de Orense prohibió un coloquio en el que iba a intervenir (Ya, 20-2-75) y suscribe el citado documento en el que se acusa al Vaticano de actuaciones «autoritarias y excluyentes». Profesor en el Seminario compostelano de Teología fundamental, Filosofía y Fenomenología de la Religión, pasó después a la Universidad a explicar Filosofía de la religión. Su primer artículo lo publicó en Grial en 1965 con el significativo título de «Notas para una Teología del galleguismo». Es miembro de la Real Academia Gallega (El Correo Gallego, 23-10-94).

Con lo dicho nos parece casi milagroso que una institución, minada por topos hostiles como los referidos, subsista. Y no son gente perdida en parroquias rurales, sino ocupando cátedras en seminarios y universidades. Todo parecido con un suicidio no es mera coincidencia.

Otra cuestión es la de las responsabilidades jerárquicas. Y la inutilidad de las benevolencias y contemporizaciones.

Los «teólogos» del antifranquismo no han hecho Iglesia, más bien la han deshecho. La multitud de buenos sacerdotes, algunos quizá no demasiado inteligentes, con sus faltas, como todos, pero con afán de servicio a la Iglesia, que se sentían identificados con un régimen que salvó al catolicismo de la muerte de los obispos, sacerdotes y seglares no asesinados, de la muerte de la Iglesia española, estaban en una posición más eclesial que estos portavoces de la teología de la muerte de la Iglesia.

Tuvieron en sus manos demostrar al mundo que en la oposición al régimen nacido el 18 de julio de 1936 surgía una Iglesia fecunda, pujante, caritativa, misionera... Han demostrado todo lo contrario.



Francisco José Fernández de la Cigoña



 

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