¿Qué
teólogos?
Recientemente
(23-7-99) se ha publicado, bajo el título de «Teología
y Magisterio: relaciones conflictivas», una especie de
manifiesto que firman José María Díez Alegría y Juan
José Tamayo y que es apoyado por otros treinta y ocho
nombres. Es una protesta contra el documento de Juan
Pablo II Ad tuendam fidem pero podría serlo contra
cualquier otro. A estos «teólogos» les molesta en la
ocasión la condena del aborto y la eutanasia y el
rechazo del sacerdocio femenino pero lo que en realidad
parece molestarles es el dogma y la moral católicos y la
autoridad en la Iglesia. ¿Quiénes son?
Díez Alegría, es un anciano sacerdote asturiano, doctor
en Filosofía y Derecho y licenciado en Teología,
hermano de dos tenientes generales de la era de Franco.
Convertido al marxismo por un extraño síndrome de
Estocolmo, pura perturbación mental que se dio en algún
otro jesuita como el P. Llanos, según el cual los
asesinos de sus hermanos de religión, y en algún caso
hasta de sangre, pasaron a ser sus amigos, mientras que
aquellos que salvaron a la religión y a la patria se
convirtieron en sus enemigos.
A Díez Alegría le vemos participando en el contra
Sínodo de 1974 (Ya, 1-10-74). Una conferencia que iba a
dar en Las Palmas fue suspendida gubernativamente, pero
se aprovechó de la prensa para manifestarse en favor del
socialismo, el aborto y el divorcio (La Tarde, 14-2-75;
Las Provincias, 14-2-75) por lo que será desautorizado
por el obispo de Canarias (Informaciones, 20-2-75). La
noticia de que abandonaba la Compañía de Jesús causó
sensación (Informaciones, 15-3-75), lo mismo que sus
explicaciones del hecho: «Por qué salgo de la
Compañía de Jesús» (Informaciones, 17-3-75). El
provincial de Toledo manifestó que no se le había
impuesto la decisión (Arriba, 18-3-75) pero ello no fue
óbice para que sesenta y cuatro jesuitas españoles se
solidarizaran con el ya exjesuita (El Ciervo, 1.ª
quincena, abril, 75; Informaciones, 25-3-75), en un
abierto acto de rebeldía que no tuvo consecuencias
adversas.
A partir de su exclaustración fue uno de los más
decididos partidarios del diálogo con el marxismo
(Triunfo, 31-1-76) y uno de los setenta y seis
«intelectuales» que se manifiestan en contra de la
exclusión del Partido Comunista (La Voz de Galicia,
28-7-76) porque para él el cristianismo es compatible
con el marxismo (El País, 27-10-76). Continuó en sus
manifestaciones promarxistas (El País, 30-10-76; Diario
16, 13-12-76; Vida Nueva, 8-11-76) hasta anunciar que su
voto sería para los comunistas (El País, 22-4-77) y
asistió por lo menos a uno de los mítines que organizó
el Partido (El País, 28-5-77).
Se muestra contrario a que se mencione a la Iglesia en el
texto constitucional (Ya, 4-7-78), es uno de los
firmantes de un comunicado al Papa, que ya lo era Juan
Pablo II, pidiendo se reabran las secularizaciones de los
sacerdotes que querían contraer matrimonio como una
exigencia de los derechos humanos (El País, 25-11-79) y
con otros cuarenta y nueve «teólogos» españoles se
manifiesta en favor de Hans Kung, censurado por Roma (El
País, 23-12-79).
Ahora son nueve los «teólogos» que preguntan :
«Matrimonio indisoluble, ¿ley o ideal?» (Vida Nueva,
15-12-79) y se manifiestan favorables al divorcio.
Apoya a los dominicos de San Blas en conflicto con la
jerarquía (Vida Nueva, 1-3-80) y, según él, el Papa
actuó autoritariamente en la dimisión del P. Arrupe
como Prepósito general de la Compañía de Jesús (El
País, 12-8-80).
Aquel año de 1980 asume una postura crítica frente al
Pontificado en la Universidad internacional de Santander
(El País, 6-9-80); publica una carta en solidaridad con
los dirigentes de la JOC que habían sido cesados (El
País, 7-10 80); sigue expresándose en favor del
divorcio (El País, 19-10 80); critica la actual
intolerancia de la Iglesia (El País, 11 11-80); en una
entrevista se expresa en contra del Papa y el celibato y
en favor del divorcio y del marxismo (El País, 15 11-80)
y, con otros sacerdotes, manifiesta que no puede
objetarse el divorcio desde la fe (El País, 17-12-80).
El año 1981 publica un mediocre artículo: «Ante la ley
del divorcio» (El País, 8-2-81), denuncia recortes a la
libertad de expresión en la Iglesia (El País, 2-5-81) y
se manifiesta contra la OTAN (El País, 25-9-81). Los
obispos catalanes le prohiben un curso (El País,
23-4-81). Y firmará con Santiago Carrillo y demás
compañeros de viaje una petición de ley de divorcio (El
País, 17-3-81).
Con Carrillo y otros firma un escrito en solidaridad con
la guerrilla marxista de El Salvador (El País, 27-3-82)
y, con toda la izquierda, un manifiesto contra la OTAN
(El País, 23-3 83). Ya en un terreno más puramente
religioso, su artículo «Contribución a un diálogo
sobre el aborto» (El País, 23-1-83) desata no pocas
protestas (Ya, 2-3-83; El País, 2-2-83), aunque las
llamadas Comunidades Cristianas Populares le expresen su
solidaridad (El País, 8-2-83).
También de 1982 es su participación en la «boda» de
su amigo, firmante con él del manifiesto que comentamos
y de bastantes más, Juan José Tamayo (El País,
31-8-82).
Firmará, con otros, una carta al presidente del
Gobierno, Felipe González, en apoyo del sandinismo (El
País, 7-1-84) y continúa manifestándose en favor del
comunismo (El País, 5-12 83). Sigue firmando escritos
contra la OTAN (El País, 1-6-84; 20-10-84). Pide a la
Iglesia más pluralismo y la superación de sistemas
inquisitoriales (El País, 21-9-84); critica la
manifestación en favor de la libertad de enseñanza (El
País, 18-11-84) y, ya en un verdadero prurito firmante,
se solidariza hasta...con la Clínica de la Concepción
(El País, 19-12-84).
Con Juan José Rodríguez Ponce firma una carta abierta
en apoyo de Díaz Merchán que había criticado los
gastos de defensa (El País, 4-1-85), cuestión, sin
duda, muy episcopal, como si el Gobierno criticara los
gastos de cera en los actos de culto o la música de las
misas.
Después será Leonardo Boff, también en el punto de
mira del Vaticano, hoy al margen del sacerdocio y
viviendo con una señora, el objeto de sus solidaridades
(El País, 31-5-85), mientras sigue manifestándose en
favor del sandinismo (El País, 24-4-86). Con otros
diecinueve «teólogos» se manifestará contra el
impuesto religioso (El País, 28-9-87). Y en favor del
destituido Forcano (El País, 14-5-88). Con el inevitable
Tamayo presentará el escrito de solidaridad de numerosas
Comunidades de base con los destituidos Castillo, Estrada
y Forcano, jesuitas los dos primeros y claretiano el
último (El País, 23 6-88; Ya, 23-6-88), en una nueva y
abierta confrontación con la autoridad eclesiástica, lo
que, a persona tan poco sospechosa de integrismo como
José Luis Martín Descalzo le llevó a escribir un
artículo de réplica titulado: «Una declaración
asombrosa» (ABC, 24-6-88).
En 1988 es elegido nuevo presidente de la Asociación de
Teólogos Juan XXIII (El País, 10-9-88), verdadero
refugium pecatorum de los restos, cada vez más mermados,
más ancianos y más casados del progresismo hispánico.
Respaldará el documento antivaticano de Colonia (ABC,
1-2-89) y, con otros sesenta y un «teólogos» acusará
a Roma de actuaciones «autoritarias y excluyentes» (El
País, 19-4-89). Diez años más tarde los sesenta y dos
se han reducido a cuarenta.
En el IX Congreso de la citada Asociación defiende el
derecho de los católicos al uso de anticonceptivos (El
País, 15-9-89). En 1992 denunciará la situación de la
mujer en la Iglesia (ABC, 12-9-92). Y en 1996 deja la
presidencia de la Asociación Juan XXIII a Miret
Magdalena (El País, 8-9-96). Tenía ya 85 años, un
anciano dejaba el puesto a otro anciano.
En un artículo autobiográfico (El País, 12-10-97)
solicita que la Iglesia pida perdón por la guerra civil
y el apoyo al régimen de Franco, aunque reconoce que
hasta 1955 sus ideas eran muy otras. En lo que insiste en
otro artículo (El País (9 11-97): «La Iglesia
católica y el perdón», firmado con Miret y Acosta.
No he sido exhaustivo con Díez Alegría. Pero creo que
está caracterizado. Ahora, próximo a los noventa años,
tras el fracaso de todos sus nuevos ideales, continúa
empecinado en lo que ya no verá.
El otro firmante, que unas veces se hace llamar Tamayo y
otras Tamayo-Acosta, era profesor de la Universidad
Pontificia de Salamanca hasta que una «boda»
canónicamente inexistente, dada su condición de
sacerdote no secularizado, le impone la pérdida de la
cátedra. La novia era una alumna suya. Presidió el
simulacro de ceremonia Casiano Floristán y, entre otros
sacerdotes, «concelebraron» Díez Alegría y Forcano
(Faro de Vigo, 21-8-82; Ya, 31-8-82; El País, 31-8-82;
Tiempo, 24-1-83).
Era también dirigente de las «Comunidades populares»,
las más politizadas de todas. Su libro Por una Iglesia
del pueblo fue secuestrado en 1976 (Vida Nueva, 22-5-76;
20-11-76; 4-3 78). Su trayectoria desde este momento
será muy similar a la de Díez Alegría hasta el punto
de que parecen inseparables.
Firmará el comunicado pidiendo que se reabran las
secularizaciones (El País, 25-11-79), asunto que le
afectaría directísimamente y en el que parecía actuar
pro domo sua; es uno de los cincuenta «teólogos» que
se manifiestan en favor de Kung (El País, 23-12-79); se
solidariza con los cesados dirigentes de la JOC (El
País, 7-10-80); denuncia los que entiende recortes a la
libertad de expresión en la Iglesia (El País, 2-5-81);
firma con Santiago Carrillo y otros una petición de ley
de divorcio (El País, 13-3-81); con otros treinta y
nueve promueve una asociación civil de curas ante la
«involución» de la Iglesia (El País, 14-5-81); vuelve
a firmar con Carrillo y otros un documento de solidaridad
con la guerrilla marxista de El Salvador (El País,
27-3-82); con otros veintiún miembros de la Asociación
Juan XXIII firma un escrito en favor de la Teología de
la liberación, en réplica a los obispos Sebastián y
Benavent que la habían criticado (El País, 13-11-84).
Con los mismos, pero ahora reducidos a trece, se
solidariza con el franciscano brasileño Leonardo Boff
(El País, 31-5-85), que años después seguiría los
pasos de Tamayo abjurando del celibato. Será uno de los
ponentes en la Universidad de La Rábida de las tesis de
la Teología de la Liberación (El País, 26-5-87) y uno
de los veinte que se pronuncian contra el impuesto
religioso (El País, 28-9-87).
Con Díez Alegría presentará el escrito de las
Comunidades de Base solidarizándose con los profesores
destituidos por sus extremadas doctrinas, Castillo,
Estrada y Forcano (Ya, 23-6-88; El País, 23-6-88; ABC,
24-6-88) y será elegido secretario de la Asociación
Juan XXIII (El País, 10-9-88). Se adhiere al antirromano
documento de Colonia (ABC, 1-2-89) y, con otros 61 acusa
al Vaticano de actuaciones «autoritarias y excluyentes»
(El País, 19-4-89).
En el IX Congreso de la ya tantas veces mencionada
Asociación manifiesta que la Iglesia, «si no corrige su
actual rumbo, lleva camino de convertirse en la última
dictadura de la historia moderna» (El País, 14-9-89).
Asegura que dicha Asociación está en contra de la
beatificación del fundador del Opus Dei (ABC, 11-2-92)
y, en su opinión, el Vaticano sólo deja a los teólogos
el papel de comparsa (El País, 28-6-90).
Escribe con Díez Alegría y Miret un artículo titulado
«La Iglesia católica y el perdón» (El País,
9-11-97), en réplica a otro, también bastante
desdichado, del obispo Echarren que aseguraba que ya lo
había pedido por la guerra de 1936.
Con motivo de la intervención humanitaria del Vaticano
en favor del octogenario general Pinochet, Tamayo escribe
un indignado artículo en El País (2-3-99) en el que la
explicación del hecho está en que, «en definitiva una
dictadura (la Iglesia) apoya y legitima a otra
dictadura».
Después vienen 38 nombres que respaldan lo que los dos
citados discurrieron. En general, con algunas
excepciones, son figuras secundarias al haber
protagonizado menos incidentes eclesiales.
De E. Aguiló, nada sé. Xavier Alegre es un jesuita que
perteneció, y tal vez pertenezca, a la Facultad de
Teología de San Cugat de Barcelona. En 1975 se había
solidarizado con Díez Alegría, obligado a abandonar la
Compañía de Jesús (El Ciervo, 1.ª quincena de abril,
75). Años después se manifestaba, con otros 49
«teólogos» en apoyo de Hans Kung (El País, 23-12-79).
Nada sé tampoco de E. Bautista y J. M. Bernal. Juan
Bosch, es un dominico que fue delegado diocesano de
ecumenismo en Valencia, especializado en lo que se ha
dado en llamar Teología de la Negritud (Vida Nueva,
3-10-85; Bosch, Juan: James H. Cone, teólogo de la
negritud, Escritos del Vedat, Facultad de Teología de
Valencia, Valencia, 1985), autor de una carta en la que
no sólo protestaba por que se hubiera suprimido un
pliego sobre el Opus Dei sino que además denunciaba los
nuevos brotes inquisitoriales en la Iglesia (Vida Nueva,
1-12-79).
L. Briones, rector en su día del Centro de Estudios
Teológicos de Sevilla, cesado con otros siete profesores
de aquel centro (Ya, 4-7-76) y firmante con otros 21 de
la omnipresente Asociación Juan XXIII del ya citado
escrito en favor de la Teología de la liberación en
réplica a dos obispos. (El País, 13-11-84).
José María Castillo, de la Compañía de Jesús, tuvo
una activa participación en la Asamblea Europea de
Sacerdotes y fue uno de los encargados de presentar las
conclusiones del Congreso a la Congregación del Clero
(Ya, 24-10-71). En ese mismo año fue uno de los
firmantes de un radical escrito contra el Concordato que
el Estado español había firmado con la Santa Sede (Ya,
12-6-71). Fue encargado de redactar los documentos base
de la famosa Asamblea Conjunta, el primero de los cuales
fue rechazado por la Comisión Episcopal del Clero por
sus ideas heterodoxas.
Escribió numerosos artículos, todos ellos
declaradamente progresistas. Nosotros recordamos «Donde
no hay Justicia no hay Eucaristía» (Vida Nueva,
4-12-71); «¿Dónde están los profetas?» (Misión
Abierta, abril, 72); «La fuerza de los débiles, ¿Cuál
es la verdadera raíz de la crisis del clero?» (Vida
Nueva, 6-5 72); «Balance de la Iglesia en España en
1971; »En la adultez y la libertad» (Misión Abierta,
enero,72); «La Eucaristía, problema político» (Vida
Nueva, 19-5-73).
De 1979 es el comunicado de los «teólogos» profesores
de la Facultad de Granada afirmando que se puede votar al
marxismo (Vida Nueva, 3-3-79) y la durísima crítica a
la Iglesia en el I Encuentro de curas jóvenes de Madrid
(Vida Nueva, 9-6-79). También ese año se manifestará
con otros 49 en favor de Kung (El País, 23-12-79). En
1981 es vetado para enseñar en determinadas
universidades católicas (El País, 28-2-81) y un libro
suyo es denunciado a Roma (El País, 14-5-81).
Será uno de los firmantes de la declaración de la
Comisión española por los derechos humanos y la paz en
El Salvador (El País, 15-12-81) en abierto apoyo a la
guerrilla marxista. Interviene con una ponencia en la
reunión del Movimiento pro celibato opcional celebrada
en Madrid (Ya, 10-6-84) y será uno de los 22 que
suscribirán el documento de la Asociación Juan XXIII en
favor de la teología de la liberación y en contra de la
postura sobre la misma manifestada por los obispos
Sebastián y Benavent (El País, 13-11-84).
Se manifestará, con otros trece, en apoyo de Boff (El
País, 31-5-85). Y ese mismo año publica un artículo
(El País, 13-12 85) denunciando el involucionismo del
Sínodo de los Obispos.
El canónigo malagueño, Luis Vera, publica un demoledor
trabajo contra el jesuita: «El padre José María
Castillo y su libro «Símbolos de libertad. Teología de
los Sacramentos» (Iglesia-Mundo, 1.ª quincena, mayo,
87). Mientras tanto sigue firmando escritos, ahora contra
el impuesto religioso (El País, 28-9-87).
Castillo y Estrada son destituidos por la jerarquía
eclesiástica de sus puestos docentes en la Facultad de
Teología de Granada (El País, 10-5-88; ABC, 11-5-88).
Con lo que inmediatamente se desatan las protestas de los
de siempre (El País, 14-5-88; 17-5-88, 18-5-88; 19-5-88;
23-5-88; 24-5-88; ABC, 23-6-88). El general de la
Compañía ratificará las destituciones (El País,
2-6-88).
Nada sabemos de J. Centeno. Carlos Domínguez, jesuita,
profesor de la Facultad de Teología de Granada, es uno
de los firmantes del comunicado afirmando que los
católicos pueden votar a los marxistas (Vida Nueva,
3-3-79) y de la solidaridad de 50 «teólogos»
españoles con Kung (El País, 23-12-79).
Encabezará una carta de 17 firmantes en apoyo de sus
compañeros de Orden y Facultad, Castillo y Estrada (El
País, 24-5-88).
El que en unas ocasiones firma Jesús Ekiza y en otras ,
como esta, Jesús Equiza, es el sacerdote navarro
colaborador habitual de la revista Herria 2000. Ekiza,
que tantas responsabilidades tiene en la postura de un
sector del clero vasco y navarro favorable o al menos
sumamente ambiguo ante ETA, no es extraño encontrarle
firmando escritos contra el Concordato (Ya, 12-6-71) o en
favor de la Asamblea Conjunta (Vida Nueva, 18-12-71).
La historia del también jesuita Juan Antonio Estrada,
compañero de Castillo y destituido con él, es similar a
la de su hermano de hábito, por lo que nos remitimos a
lo dicho del anterior.
Casiano Floristán Samanes es otro adalid del
progresismo. Fue, y puede que lo siga siendo, profesor de
Teología pastoral en la Pontificia salmantina.
Hace ya 30 años Floristán y otros publicaron un
documento: «Lo que es privilegio y lo que es competencia
de la Iglesia» (Ya, 17-6-69) que fue replicado por
cuatro ilustres dominicos, profesores también de la
Pontificia de Salamanca, los PP. Fraile, García Cordero,
Alonso Lobo y Victorino Rodríguez (Pueblo, 21-6-69;
Arriba, 22-6-69). No eran nuevas esas posiciones de
Floristán pues el año anterior, en unas declaraciones,
sorprendió no poco a los lectores (Pueblo, 4-7 68).
Los «guerrilleros de Cristo Rey», son objeto de
preocupación para estos clérigos y nuestro hombre
aparece entre los firmantes de un manifiesto contra ellos
(Ya, 28-12-69). Así como del escrito contra el
Concordato ya mencionado (Ya, 12 6-71). Lo encontraremos
también en el manifiesto en favor de la Asamblea
Conjunta (Vida Nueva, 18-12-71) y entre los 33 que en
marzo de 1972 suscriben un contestatario manifiesto
(Nuevo Diario, 29-3-72; Vida Nueva, 8-4-72).
Intervino en la redacción de un misal que se estaba
difundiendo por España y que fue denunciado por un
ilustre jesuita, el P. José Antonio de Aldama: «Un
misal que pone en peligro la fe del pueblo español»
(Iglesia-Mundo, 30-7-72). El obispo de Tenerife alerta
sobre los errores doctrinales del texto (El Alcázar,
5-10-72). Los prelados de Calahorra (Pueblo, 13-10-72),
Jaca y Coria (El Alcázar, 8-11-72) insisten en los
peligros del misal mientras que González Ruíz sale en
defensa de su amigo (Sábado Gráfico, 21-10-72). La
Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe ordena la
revisión del texto (El Pensamiento Navarro, 8-12-72), el
P. Aldama insiste en sus críticas (Iglesia-Mundo,
15-11-72) aunque según Martín Descalzo, por aquel
entonces muy identificado con Floristán y sus amigos, no
hay errores formales en el misal en opinión de la
Comisión episcopal correspondiente (ABC, 17-1-73). Pero
Iglesia-Mundo afirma que los ha apreciado (1-2-73). Y un
nuevo obispo, el de Orihuela, prohibe el misal
(Informaciones, 6-3 73). Se hace pública la nota de la
Comisión que es bastante favorable (Informaciones,
6-4-73). Floristán cesa, a petición propia, en la
dirección del Instituto de Teología Pastoral (Ya,
23-2-73). Sus amigos, entre ellos Joaquín L. Ortega, le
apoyan incondicionalmente (Vida Nueva, 14-4-73). Aunque
las críticas no ceden.
Mientras tanto Floristán pide, con otros 25, la
supresión del privilegio del fuero eclesiástico
(Informaciones, 14-10-72) y, según Pueblo (28-9-74) es
nombrado profesor de la Gregoriana. El rector de la
Pontificia de Salamanaca tiene que salir al paso de los
comentarios que suscita el cese de varios profesores del
Instituto de Pastoral de Madrid (El Adelanto, 9-11-74).
Es uno de los ponentes de la Asamblea Cristiana de
Vallecas (Ya, 11-1-75), que fue suspendida
gubernativamente. Se solidariza con Arbeloa y otros
sacerdotes multados (Ya, 18-2 75). Y la Santa Sede
desautoriza las Plegarias de la Comunidad (ABC, 18-8-77).
Junto con otros 19 se pronuncia contra Don Marcelo por
sus reservas a la Constitución (Ya, 1-12-78). Figura
entre los que piden a Juan Pablo II la reapertura de las
secularizaciones (El País, 25-11-79). Y con otros 49
suscribe el documento de respaldo a Kung (El País,
23-12-79). También se muestra favorable al divorcio
(Vida Nueva, 15-12-79). Y denuncia los recortes a la
libertad de expresión en la Iglesia (El País, 2 5-80).
Es de los que promueven una asociación civil -la tan
citada Juan XXIII-, ante lo que juzgan involución
eclesiástica (El País, 14-5-81). Firma solidaridades
con la subversión hispanoamericana, alguna en compañía
de Santiago Carrillo (El País, 15-12-81; 27-3-82).
Preside la boda de Tamayo (El País, 31-8-82). Se le
cuenta entre los favorables a la despenalización del
aborto (Tiempo, 14-2-83). Se manifiesta identificado con
la Teología de la liberación (Ya, 22-9-84) y la
defiende ante las críticas de los obispos. (El País,
13-11-84). Critica los nombramientos cardenalicios de
Juan Pablo II (El País, 25-4-85). Suscribe la adhesión
a Boff (El País, 31-5 85). Firma con otros 28 una
declaración contra la involución eclesiástica (El
País, 14-12-87). Y otra contra el impuesto religioso (El
País, 28-9-87).
En 1988 cesa como presidente de la Juan XXIII y es
sustituido por Díez Alegría (El País, 10-9-88). José
María Javierre, en un tiempo íntimo de Floristán
aunque después en posiciones algo más ortodoxas, le
escribe una carta, levemente crítica (Ya, 18-5-89) a la
que éste contesta molesto y desabrido (Ya, 25-5-89).
Fue designado representante de la Juan XXIII para asistir
en Maguncia a la Asociación europea de Teólogos, en
continuación de la antivaticana declaración de Colonia
(El País, 16-9-89). También asiste a la reunión que se
celebró en Lovaina donde se reclamó la ordenación de
hombres casados, se denunció el catecismo universal, se
afirmó que Roma ponía en peligro la colegialidad, etc,
(El País, 14-9-90).
El exclaretiano Benjamín Forcano Cebollada desde hace
tiempo decidió situarse en la frontera, si no la
traspasó repetidas veces. Recordamos de 1969 un confuso
artículo sobre las relaciones prematrimoniales
(Ilustración del Clero, junio y julio-agosto, 69), otro,
demoledor sobre la vida religiosa (Vida Nueva, 29-4-72),
la defensa de la contracepción (CIO, 14-4-73)
Firma el comunicado al Papa pidiendo se reabran las
secularizaciones (El País, 25-11-79), la exposición en
favor de Kung (El País, 23-12-79), se manifiesta
favorable al divorcio (Vida Nueva, 15-12-79), denuncia
los recortes a la libertad de expresión en la Iglesia
(El País, 2-5-81), participa en la boda de Tamayo (El
País, 31-8-82).
Pero es la situación hispanoamericana la que le tiene
permanentemente ocupado en escritos, artículos,
manifiestos y proclamas, bien solidarizándose con la
guerrilla salvadoreña (El País, 15-12-81; 27-3-82;
25-3-83) ya justificando, contra el parecer de la
jerarquía de aquel país, la dictadura sandinista de
Nicaragua (El País, 19-7-83; ABC, 6-11-83; El País,
7-1-84; 25-7-84; 24-4-86; 19-7-86; Ya, 21-8-86).
Se le tiene por uno de los clérigos favorables al aborto
(Tiempo, 14-2-83). Será uno de los firmantes del escrito
en favor de la Teología de la liberación (El País,
13-11-84), de la solidaridad con Boff (El País, 31-5-85)
y del manifiesto pidiendo la salida de la OTAN (El País,
14-12-85).
El Vaticano previene contra su libro Nueva Etica Sexual
(Ya, 29-4-86: Iglesia-Mundo, 2ª quincena, abril, 86).
Aunque se había adelantado en lo mismo el obispo de
Cuenca, Guerra Campos, que publica en su Boletín
diocesano una nota con este ilustrador título: «Un
libro de ética sexual y la doctrina católica»
(Boletín Oficial del Obispado de Cuenca, diciembre, 85).
«Interrogado o seguido de cerca por Roma» (El País,
24-8-86), será uno de los 29 firmantes de la
declaración contra la involución eclesiástica (El
País, 14-12-87) y, por fin, es destituido de su puesto
de director de Misión Abierta (ABC, 11-5-88) por
intervención directa del cardenal Ratzinger, prefecto de
la Congregación para la Doctrina de la Fe (El País,
11-5-88). Hacía meses habían desaparecido de la
mancheta de la revista varios miembros del Consejo de
redacción, todos ellos exclaretianos. La Orden
claretiana se apresuró a asegurar por un portavoz que la
destitución «no ha sido iniciativa de nuestro gobierno
general que se ha limitado a asumir lo llegado de más
arriba» (Ya, 12-5-88).
Las destituciones de Forcano, Castillo y Estrada
desataron la indignación del progresismo (El País,
14-5-88; ABC, 4 y 23 6-88; El País, 7 y 13-6-88: Ya,
23-6-88; El País, 23-6-88; ABC, 24-6-88).
Forcano apoya el antivaticano documento de Colonia (El
País, 1-2-89), firma, con todo el comunismo un escrito
contra las bases USA en España (El País, 9-3-89) y con
otros 61 acusa a Roma de actuaciones «autoritarias y
excluyentes» (El País, 19-4-89). También hace campaña
para que concedan al ultraprogresista obispo
Casaldáliga, claretiano, el Nobel de la Paz (El País,
4-3-89).
Su artículo «La Cruz, ¿un símbolo sadomasoquista?»
(El Independiente, 7-4-91) es lamentable. Participa
también en la boda del sacerdote Tamayo.
La Orden claretiana, no sabemos si motu propio o
debidamente aleccionada, expulsa a seis religiosos «por
discrepancias con sus planteamientos teológicos» (ABC,
28-4 93). Entre ellos Benjamín Forcano. Su amigo el
obispo Casaldáliga los acoge benévolo en su diócesis
de la selva brasileña; pero no debió gustarles Brasil
porque optan todos, con permiso del obispo, por residir
en Madrid.
El jesuita Manuel Fraijó Nieto, profesor de Teología
fundamental en Comillas, parece un caso de clonación con
los anteriores y los siguientes. Con otros 19 se
manifiesta contra el cardenal González Martín por sus
reservas ante algún principio de la Constitución
española (Ya, 1-12-78). También será uno de los
firmantes del manifiesto en favor de Kung (El País,
23-12-79), lo que seguramente le pareció insuficiente
por lo que lo ratificó en una «Carta abierta a Hans
Kung» (El País, 29-12-79), que nos parece pésima.
Le niegan el permiso canónico para ejercer el
profesorado en la Universidad de Comillas (El País,
23-4-81) y, desde Roma, le exigen precisiones a sus
tésis (El País, 14-5-81) . Pero sigue en sus trece,
firmando el escrito en favor de la Teología de la
liberación. (El País, 13-11-84), el que se produjo poco
después en solidaridad con Boff (El País, 31-5-85), la
petición, en unión del comunismo español, de la salida
de la OTAN (El País, 14-12-85), el manifiesto contra el
impuesto religioso (El País, 28-9-87) y la denuncia de
la línea del Vaticano (ABC, 19-4-89)...
M.
García-Ruíz no sabemos quien es. El valenciano Joaquín
García Roca fue autor de alguna más que dudosa ponencia
en los congresos de la Asociación Juan XXIII (Ya, 4 y
6-9-85).
El jesuita José Ignacio González Faus, es profesor de
Cristología. Ya en 1971 se solidarizaba con su hermano
de orden Leita, que había sido expulsado de la
Compañía (Ya, 1-5-71; ¿Qué Pasa?, 19-6-71). Firma un
escrito contra el Concordato (Ya, 12-6-71) y otro en
favor de la Asamblea conjunta (Vida Nueva, 18-12-71).
Después es también forzado a dejar la Compañía de
Jesús, con Díez Alegría, con quien se solidariza (El
Ciervo, l.ª quincena, abril, 75).
Será uno de los nueve que interrogan a los obispos con
un artículo también citado ya varias veces:
«Matrimonio indisoluble: ¿ley o ideal?» (Vida Nueva,
15-12-79) . Es evidente cual era la opinión de los
firmantes.
Será vetado para enseñar en determinadas facultades
católicas (El País, 28-2-81). La solidaridad con la
guerrilla marxista salvadoreña era también obligada (El
País, 15-12-81; 27-3-82), aunque los compañeros de
viaje fueran Santiago Carrillo y sus correligionarios.
Las tesis del jesuita dieron lugar a una polémica en la
que el provincial de Cataluña y el obispo Iniesta se
ponen de su lado (Ya, 21-12 82; 8-1-83; 12-1-83). En este
caso fue el cardenal Ratzinger el origen de las censuras.
Con lo que se revela el papelón del obispo auxiliar de
Madrid, Iniesta. Todo ello no fue obstáculo para que sus
compañeros jesuitas le eligieran representante para la
Congregación general que se iba a celebrar en Roma (Ya,
13-4-83).
Critica el documento vaticano sobre la Teología de la
Liberación (El País, 9-9-84) y los nombramientos
cardenalicios que hace el Papa Wojtyla (El País,
25-6-85), aunque según él, en realidad, «lo que
habría que hacer es cuestionar el colegio
cardenalicio».
También criticará a la jerarquía eclesiástica en el
Octavo encuentro de cristianos de Base (El País,
31-10-88). Su modelo de obispo parece ser Casaldáliga,
para el que también solicita el Premio Nobel de La Paz
(El País, 4-3-89).
Con otros españoles acusa al Vaticano de actuaciones
«autoritarias y excluyentes» (El País, 19-6-89) y pide
el compromiso firme con los marginados (El País,
5-7-82), en una reunión en El Escorial para conmemorar
el veinte aniversario del Congreso que dio a conocer en
Europa la Teología de la Liberación. Los allí reunidos
firman una carta de solidaridad con Boff, que acababa de
dejar el sacerdocio. González Faus afirmó que «la
teología de la liberación no sólo sigue viva sino que
ha engendrado hermanos menores como la teología de la
marginación».
Mientras tanto, la Comisión Episcopal para la Doctrina
de la Fe, con la firma del obispo Palenzuela, opone
serios reparos doctrinales al libro de González Faus
Hombres de la comunidad. Apuntes sobre el ministerio
eclesial (ABC, 28-11-88; Iglesia-Mundo, 2.ª quincena
febrero, 90). Se manifiesta contra la beatificación del
fundador del Opus Dei (Diario 16, 15-5 92).
José María González Ruiz es otro anciano y una de las
claves del progresismo español. Presente en todas las
disidencias, escribir su trayectoria precisaría un
libro.
Adalid del diálogo católico-marxista (Pueblo, 2-2-68;
Indice, junio, 68), fue procesado (Pueblo, 10-6-68;
19-5-71), objeto de prohibiciones (Nuevo Diario,
12-1-69), absuelto (Ya, 30-3-69) y protagonista de
declaraciones que escandalizaron a no pocos católicos
(Pueblo, 30-9-66; 29-11-66).
Del Comité Internacional del IDOC (Fuerza Nueva,
9-11-68), acude a Roma con los curas contestatarios
(Pueblo, 10-11-69; Corriere della Sera, 16-10-69; SP,
19-10-69). Prologa la edición italiana de los escritos
del cura guerrillero Camilo Torres (Indice, octubre, 68),
pronuncia homilías en apoyo del P. Gamo (Arriba,
17-1-70), manifiesta su adhesión a Fidel Castro en el
caso Padilla (Le Monde, 9-7-71), publica numerosos
artículos que dejan perplejos a muchos fieles: «La
Iglesia española pide perdón» (Sábado Gráfico,
25-9-71), «¿Colaboración, conflicto, concordato,
acuerdos?» (Sábado gráfico, 27-22-71), «El Isolotto
de Florencia» (Indice, noviembre y diciembre, 71), «El
conflicto de la Universidad eclesiástica de Comillas»
(Sábado Grafico, 26-2-72), «Ni opio del pueblo ni
ateísmo positivista» (Sábado gráfico, 13-5-72), en
apoyo del entonces comunista católico Garaudy, hoy creo
que musulmán, «La izquierda de Cristo» (Sábado
Gráfico, 3-6-72), «Confusión y libertad en la
Iglesia» (Sábado Gráfico, 29-7-72).
Parece que el canónigo malagueño presumía de haber
renunciado a su paga capitular; pero desde Fuerza Nueva
aseguran que no era cierto (29-1-72). Después vino el
lío aquel del misal que unos obispos prohibían y los
progresistas ensalzaban. Nos remitimos a lo dicho.
Las tesis de monseñor Guerra Campos sobre la
confesionalidad del Estado son replicadas por el belicoso
canónigo (Sábado gráfico, 16-6-73). Otros obispos de
contraria línea: Buxarrais, que de Zamora pasó a
Málaga y allí, ante su propia incapacidad tuvo que
renunciar anticipadamente, y el contestatario
Casaldáliga son en cambio maravillosos.
Cristianos por el Socialismo y la Teología de la
liberación son ahora la Dulcinea de González Ruiz (CIO,
28-7-73; Sábado Gráfico, 9-3-74; CIO, 20-4-74). La
muerte de otro clérigo guerrillero, el aragonés Domingo
Laín, dio lugar a otro elogio del canónigo: «Adiós a
Domingo Laín» (Sábado Gráfico, 30-3-74).
González Ruiz está con los divorcistas italianos
(Pueblo, 3-5-74) y no celebró misa cuando se enteró de
que su amigo el italiano dom Franzoni había sido
suspendido a divinis (Fuerza Nueva, 11-5-74). El
catedrático Gabriel García Cantero replica en ABC las
tesis divorcistas del canónigo (6-7-74). Lo que da lugar
a una réplica del malagueño (ABC, 16-7-74) una
contestación del catedrático (ABC, 26-7-74) y a otras
intervenciones contrarias a los presupuestos divorcistas
como las de Eulogio Ramírez (El Alcázar, 20-5-74),
Julián Gil de Sagredo (ABC, 23-7-74) e Ijcis (¿Qué
Pasa?, 1-6-74), o favorables a los mismos (ABC, 28-7-74).
Participa en el contrasínodo del 74 (Ya, 1-10-74), ve
interrumpida una homilía en la catedral de Málaga por
las protestas de numerosos fieles (Hoja del Lunes,
7-10-74), es multado (Pueblo, 8-10-74) y para inaugurar
el nuevo año habla de «aquel gran creyente que se
llamó Martín Lutero» (Sábado Gráfico, 11-1-75).
Propugna la «teología de la mierda» (Sábado Gráfico,
9 al 15-7-75), le molesta el documento vaticano sobre la
sexualidad (Sábado Gráfico, 3 al 9- 3-76) y el
comunicado de los obispos españoles sobre la enseñanza
(Vida Nueva, 9-7-77). El episcopado alemán replica un
artículo suyo (ABC, 10-2-78; Vida Nueva, 18-2-78). Acusa
al Papa de neoconservadurismo (Vida Nueva, 13-10-79) y se
refiere a «sus» amigos, con los que luchó codo con
codo por un mundo mejor y más libre: Tierno, Carrillo y
Garaudy (E1 País, 13-11-79).
La condena de Kung y el divorcio ocupan ahora la
atención del canónigo (El País, 5 y 13-1-80, 4-10-80,
7-2-81), rechazando especialmente una pastoral del
cardenal González Martín, con lo que sigue acumulando
contradictores. La destitución de los dos jesuitas de
Granada suscitará también las iras de nuestro
sacerdote, tanto en solitario (El País, 15 4-81), como
junto a otros (El País, 25-8-81). Promueve una
asociación civil ante la involución de la Iglesia (El
País, 14 5-81), polemiza contra el Opus Dei (Ya, 19 y
29-12-82), se declara antiabortista al tiempo que dice
que no es marxista (El País, 11-2-83).
Tanto solo (El País, 12-11-84), como en compañía de
otros (El País, 13-11-84), sale en defensa de la
Teología de la liberación que había sido levemente
reconvenida por los obispos Sebastián y Benavent.
Firmará con el comunismo español un manifiesto contra
la OTAN (El País, 20-10-84). Y en un artículo titulado
«La teología de la liberación» incurre en un error
mayúsculo. Confunde a Pío IX con San Pío X,
atribuyendo a este último, Papa del siglo XX, el famoso
Syllabus que publicó el primero en 1864. Error que
vuelve a repetir un mes después (El País, 29-1-85).
Su obispo diocesano sale al paso de unas críticas de
González Ruiz al Papa (Ya, 20-1-85), con lo que el
canónigo se ve obligado a matizar sus palabras (ABC,
21-1-85; Ya, 22-1-85). Una vez más, junto al comunismo
español, firma una carta a Reagan con motivo de su viaje
a España (El País, 6-5-85) y se pronuncia contra el
documento de Ratzinger sobre la homosexualidad (El País,
3-11-86). Personaje contradictorio, ahora denuncia el
conformismo de la Iglesia española con la izquierda:
«¿Dónde están los profetas españoles?» (El País,
19-9-86). Pero sigue manifestándose a favor de la
teología de la liberación (El País, 11-12-87), firma
una declaración contra la involución eclesiástica (El
País, 14-12-87) y otra contra el impuesto religioso (El
País, 28-9-87).
La coronación de la Virgen de la Esperanza, que no le
gustó nada, le lleva a celebrar una «misa paralela». A
la que asistieron 100 personas mientras que a la
coronación acudieron 8.000 (El País, 20-6-88). La
historia del siglo pasado no es el fuerte de nuestro
canónigo que en su artículo «El problema está en
Roma» dice que con los viejos católicos, que se
separaron de la disciplina eclesial con motivo de la
infalibilidad pontificia, fueron obispos al cisma, lo que
es falso. Y que aquel pequeño grupo cismático era la
derecha, lo que es falso también.
Sigue apoyando la insumisión de los católicos
progresistas (El País, 21-3-89), adhiriéndose al
documento de Colonia (ABC, 1-2-89) y critica a Ratzinger
por sus medidas contra la revista claretiana Misión
Abierta (El País, 19-1-89). Califica de «discoteca a lo
divino» los actos de la visita del Papa a Santiago (El
País, 28-8-89). Y tiene que sufrir una severa
amonestación de su obispo, Buxarrais, por sus ataques al
cardenal López Trujillo (El País, 17-10-89; ABC,
23-10-89; 26 10-89). Por lo que tendrá que retractarse,
con algunas reservas (ABC, 12-11-89; El País, 17-11-89).
También protestará la Conferencia episcopal colombiana
(El País, 2-11-89).
Afirmará que el Papa es un obseso sexual (El Sol del
Mediterráneo, 28-11-90) y Comunión y Liberación una
calamidad eclesial (Diario 16, 10-3-93).
No sabemos quien es J. Luis. Juan Llopis Sarrió es
profesor de la Universidad Pontificia de Salamanca, de la
Facultad de Teología de Barcelona y miembro del Consejo
Académico del Centre de Estudis Pastorals de las
diócesis catalanas, si no confundimos a dos personas en
una. Fue uno de los firmantes de aquel escrito «Lo que
es privilegio y lo que es competencia de la Iglesia»
(Ya, 17-6-69) pulverizado por los cuatro dominicos
salmantinos ya citados (ABC, 21-6-69). Será uno de los
firmantes del radical escrito contra el concordato al que
ya nos hemos referido y del manifiesto contestatario de
los 33. Se secularizó posteriormente (¿Qué Pasa?,
13-10-73, 2-11-74).
Un Joan Llopis, que pensamos puede ser el mismo,
suscribirá años después la adhesión a Leonardo Boff
(El País, 31-5-85), protestará contra el impuesto
religioso (El País, 28-9-87), criticará el
restauracionismo impulsado por Juan Pablo II (El País,
14-3-88) y acusará al vaticano de actuaciones
«autoritarias y excluyentes» (El País, 19-4-89).
Eduardo Malvido es profesor del Instituto de Ciencias
Catequéticas San Pío X, uno de los que firmaron el
escrito de solidaridad con Kung (El País, 23-12-79), el
que se suscribió en favor de los derechos humanos en El
Salvador, que era un respaldo a la guerrilla marxista que
precisamente no se caracterizaba por respetar esos
derechos (El País, 15-12-81) y la réplica en defensa de
la teología de la liberación (El País, 13-11-84).
Casimiro Martí, profesor de Historia social en
Barcelona, fue uno de los clérigos que levantaron la
bandera progresista y catalanista en la que hoy es la
comunidad más secularizada de España. Responsable de la
sentada ante el palacio arzobispal (¿Qué Pasa?,
8-3-69), defensor de la experiencia progresista italiana
del Isolotto (¿Qué Pasa?, 11-10-69), firmante de un
escrito contra el proyecto de ley sindical (¿Qué Pasa?,
22-11-69), participante en un congreso anarquista (Qué
Pasa?, 21-3 70), firmante del escrito colectivo contra el
Concordato (Ya, 12-6-71), del que se redactó a favor de
la Asamblea Conjunta (Vida Nueva, 18-12-71), y de aquel
otro en el que 25 pedían la supresión del privilegio
concordatario del fuero eclesiástico ((Informaciones,
14-10-72), al que se acogían, sin reparo alguno, cada
vez que tenían algún problema con la autoridad
gubernativa. Critica a monseñor Guerra Campos (¿Qué
Pasa?, 23 12-72), firma escritos contra la enseñanza
católica (Vida Nueva, 15-5-76; Boletín del Colegio de
Licenciados, 30-3-77) e interviene en los contestatarios
congresos de la Asociación Juan XXIII (El País,
12-9-86).
F. Martín no sabemos quien es. Enrique Miret Magdalena,
actual presidente de la Juan XXIII, químico de
profesión, seglar, y que suele firmar como «teólogo»,
es otro anciano con prurito de escribir. Renunciamos a
una descripción pormenorizada de sus posiciones que nos
llenaría páginas y páginas. En escritos colectivos o
en artículos individuales, estos generalmente
indigeribles, se ha opuesto a la doctrina oficial de la
Iglesia en todo: divorcio, aborto, ética sexual,
píldora, marxismo, homosexualidad, celibato, Juan Pablo
II... Apoyó cuanta manifestación contestataria se
produjo y su tésis podría resumirse del siguiente modo:
la Iglesia ha sido y es un asco y sólo dejará de serlo
si deja de ser Iglesia para convertirse en una asamblea
sin autoridad ni leyes en la que un vago espiritualismo
serviría de nexo a sus miembros.
A. Moliner, G. Mora, M. Navarro y M. Parmentier me
resultan desconocidos.El jesuita Federico Pastor se
solidarizó con Díez Alegría cuando su expulsión de la
Compañía (El Ciervo, l.ª quincena, abril, 75) y contra
el cardenal primado cuando expresó reservas contra
algún punto de la Constitución (Ya, 1 12-78).
Protestará, con otros 61, contra la línea actual del
Vaticano y creemos que está secularizado (ABC, 19-4-86).
Tampoco conocemos de nada a J. Peláez. Margarita Pinto,
Pintos o Pintor, que de estos modos la hemos visto citada
en ocasiones, suponemos que es o fue monja. De la
Asociación Juan XXIII (ABC, 9-9-88), firmó el escrito
contra el impuesto religioso (El País, 28-9-87), acusa a
la Iglesia de hacer
apartheid con la mujer (ABC, 9-9-88), dice que el Papa
«se está imponiendo con un espíritu policial» y
denuncia la persecución del progresismo (Interviú,
30-5-89). Afirma también que mujeres, divorciados y
homosexuales están marginados en la Iglesia y que la
situación de las primeras es comparable a la de los
negros en Sudáfrica. Naturalmente, en la Sudáfrica
anterior a Mandela (El País, 17-9-89).
J. Rius Camps creemos que puede ser el descalificado por
el Informe de la Comisión episcopal para la Doctrina de
la Fe por una edición del Nuevo testamento
(Iglesia-Mundo, 2.ª quincena, mayo, 89). Nada sabemos de
J. Ruiz Díaz, F. Sáez y J. Vitoria.
Rufino Velasco, exclaretiano, firmó el escrito pidiendo
se reabran las secularizaciones (El País, 25-11-79), el
manifiesto a favor de Kung (El País, 23-12-79), el
también citado escrito prodivorcista (Vida Nueva,
15-12-79), las solidaridades con El Salvador, que debe
entenderse con su guerrilla (El País, 15-12 81,
27-3-82), la réplica liberacionista a Sebastián y
Benavent (El País, 13-11-84), la solidaridad con Boff
(El País, 31-5 85), el manifiesto contra el impuesto
religioso (El País, 28-9 87). Fue profesor del Seminario
madrileño y del Instituto Superior de Pastoral. Sobre su
expulsión de la orden nos remitimos a lo dicho de
Forcano.
El exclaretiano Evaristo Villar es clónico del anterior.
Solidario con Kung, un artículo suyo antimariano es
replicado por el también claretiano Apodaca (Dios lo
quiere, abril-mayo junio, 81). Y no deja de manifestarse
liberacionista en cuanta ocasión encuentra. Profesor de
Teología en la Escuela Bíblica, critica los
nombramientos cardenalicios de Juan Pablo II, respalda a
Boff, pide la salida de España de la OTAN... Será otro
de los recogidos por Casaldáliga.
Por último, Andrés Torres Queiruga es un gallego
nacionalista que firmó el escrito contra el Concordato,
vio como el gobernador de Orense prohibió un coloquio en
el que iba a intervenir (Ya, 20-2-75) y suscribe el
citado documento en el que se acusa al Vaticano de
actuaciones «autoritarias y excluyentes». Profesor en
el Seminario compostelano de Teología fundamental,
Filosofía y Fenomenología de la Religión, pasó
después a la Universidad a explicar Filosofía de la
religión. Su primer artículo lo publicó en Grial en
1965 con el significativo título de «Notas para una
Teología del galleguismo». Es miembro de la Real
Academia Gallega (El Correo Gallego, 23-10-94).
Con lo dicho nos parece casi milagroso que una
institución, minada por topos hostiles como los
referidos, subsista. Y no son gente perdida en parroquias
rurales, sino ocupando cátedras en seminarios y
universidades. Todo parecido con un suicidio no es mera
coincidencia.
Otra cuestión es la de las responsabilidades
jerárquicas. Y la inutilidad de las benevolencias y
contemporizaciones.
Los «teólogos» del antifranquismo no han hecho
Iglesia, más bien la han deshecho. La multitud de buenos
sacerdotes, algunos quizá no demasiado inteligentes, con
sus faltas, como todos, pero con afán de servicio a la
Iglesia, que se sentían identificados con un régimen
que salvó al catolicismo de la muerte de los obispos,
sacerdotes y seglares no asesinados, de la muerte de la
Iglesia española, estaban en una posición más eclesial
que estos portavoces de la teología de la muerte de la
Iglesia.
Tuvieron en sus manos demostrar al mundo que en la
oposición al régimen nacido el 18 de julio de 1936
surgía una Iglesia fecunda, pujante, caritativa,
misionera... Han demostrado todo lo contrario.
Francisco José Fernández de la Cigoña
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