El nacional
catolicismo
En el
fragor de un discurso con motivo de las elecciones
vascas, el anterior Jefe del Gobierno lanzó un duro
ataque a la Iglesia por no defender al actual Estado
democrático como hizo cuando España era, según su
confusa terminología, «nacional católica». Nunca
hemos entendido bien eso del «nacional catolicismo», ya
que precisamente en la época aludida, el catolicismo en
España se mostraba fiel a la Iglesia Universal y e
comunión con los papas, no como en la actualidad, cuando
lamentablemente abundan los católicos críticos y
disidentes que han optado por una religión a la carta.
En el mencionado discurso el orador acabó, cual si de un
telepredicador americano se tratase, pidiendo repetidas
veces con verbo encendido «que vuelva Juan XXIII». Al
hilo de estas declaraciones, creemos oportuno traer aquí
algunas de las palabras dirigidas por el querido Juan
XXIII a aquella España católica, tan odiada por los
«ñoñoprogres» de hoy, no sea que piense alguno,
después de escuchar al señor González, que el Papa
dedicó su pontificado a combatir al régimen «nacional
católico».
El 26 de noviembre de 1958 habla el Papa a unos
peregrinos de Barcelona: «Con íntimo consuelo de
nuestra alma acogemos hoy a este selecto y numeroso grupo
de la Diócesis de Barcelona, primera peregrinación de
la amada católica nación española». Es una lástima,
que el papa no supiese entonces que España no es una
nación, pero el señor Pujol no tuvo la delicadeza de
ilustrarle al respecto, pese a que bien pudiera ser uno
de los peregrinos.
Poco después, el 24 de enero de 1959, dirigiéndose a
los campesinos españoles, les exhortaba a mantener esas
tradiciones características de los creyentes de las
zonas rurales, tan ridiculizadas ahora por los profetas
de lo «pastoralmente correcto»: «Continuad firmes en
la fe y en las santas tradiciones de vuestros mayores,
con una constante preocupación por perfeccionar vuestra
institución religiosa e incrementar el patrimonio
espiritual que aquellos os han trasmitido».`
El 4 de junio de 1960, en el mensaje enviado con ocasión
de la consagración de la Basílica del Valle de los
Caídos nos habla de «Los anales gloriosos de España»,
y alienta «a los católicos españoles en su empeño de
conservar íntegro y puro su fecundo patrimonio
espiritual». «Nos alegramos -continúa Juan XXIII- de
que la España que llevó la fe a tantas naciones quiera
hoy seguir trabajando para que el Evangelio ilumine los
derroteros que marcan el rumbo actual de la vida, y para
que el solar hispánico, que se ufana justamente de ser
cuna de civilización cristiana y faro de expansiones
misioneras, continúe y aún supere tales gracias».
En el mensaje a La Coruña el 11 de septiembre de 1960,
hablando del pueblo español, manifiesta: «conservamos
la consoladora visión de las virtudes que os adornan, en
particular, la pureza y santidad de vuestros hogares, de
la modestia y el recato de vuestras esposas. Son grandes
y providenciales las reservas de la fe que atesora
vuestra católica nación; pues si deseáis mantener
patrimonio tan sagrado, que nunca el rosario caiga de
vuestras manos. ¡Está con vosotros y para eso os
bendice con todo afecto, vuestro Padre de Roma!».
En junio de 1961 se celebra el Congreso de la Familia en
España. En su saludo el día 14 afirma Juan XXIII: «Es
para Nos motivo de particular consuelo cuanto en España
se hace al respecto, ya en el campo legislativo, ya en el
terreno práctico [
] En los dos viajes que hemos
realizado a España, visitando en piadosa peregrinación
sus célebres santuarios, hemos recibido la grata
impresión, alentadora y edificante, de tantos y tantos
hijitos que son ornamento de las familias de esa noble
tierra. [
] Y hemos percibido por Nos mismos, la
fragancia de sus virtudes en que tan rico está el hogar
español, sementera de vocaciones sacerdotales y
religiosas, firme baluarte de valores morales; que éstos
resplandezcan y se vigoricen cada día más, siempre a
tono con el sentir tradicional de ese pueblo a Nos tan
querido».
En noviembre de 1961 llega a Roma la Peregrinación
Sindical Española. Juan XXIII saluda emocionado: «Sabed
que es un gran consuelo para el Vicario de Cristo la
devoción que España le profesa. [
] A las
autoridades aquí presentes, a todos vosotros, a vuestras
familias y a España entera, que tanto amamos, va nuestro
saludo y especial bendición».
No menos elogiosa es la Carta dirigida al episcopado
español el 17 de noviembre de 1962. «Una prueba del
fecundo valor de la renuncia la tienen aún recientes las
actuales generaciones de España, en cuyo suelo, a la
dolorosa desaparición de tantos obispos y sacerdotes, ha
seguido la gracia del espléndido plantel vocacional que
ahora goza».
El Nuncio de Juan XXIII, el 25 de enero de 1963, habla
contundentemente sobre el artífice de esa España
«católica nacional», sin que conste que fuese cesado
al día siguiente por el Papa: «Pese a las injustas
maquinaciones e insidiosas campañas promovidas por los
que alardean de negar a Dios contra esa católica
Nación, el Caudillo de España la mantiene con su
palabra, con sus sabias disposiciones y con su personal y
edificante ejemplo, siempre fiel a la doctrina que aquí
han venido a traer y predicar los Apóstoles Santiago y
San Pablo». Estas palabras del Nuncio no hacen sino
corroborar lo que el propio Juan XXIII dijo el 25 de
julio de 1960 al Vicario Apostólico Francisco Gómez,
CMF: «Franco da leyes católicas, ayuda a la Iglesia, es
buen católico. ¿Qué más se quiere?»
Este afecto especial del Papa hacia nuestra Nación era
recíproco y así, con motivo de su octogésimo
aniversario, España rindió un sentido homenaje a Juan
XXIII. Está recogido en cuatro volúmenes editados por
la Junta Nacional que se creó a tal efecto. Entre otras
muchas cosas, se realizó una colecta de casi veintitrés
millones de pesetas, exponente de la generosidad del
catolicismo español para con el Papa, se repartieron
millones de octavillas, banderines, folletos sobre el
concilio, estampas con la oración del Papa, difusión
masiva de la encíclica Mater et Magistra, artículos de
prensa, emisiones en radio, discos, diapositivas,
millares de actos públicos y una intensa campaña de
oraciones comunitarias y privadas por las intenciones del
Papa. Sentimos contrariar a muchos de los que afirman que
en la España de Franco se atacaba a Juan XXIII y se
ponían trabas a la difusión de sus mensajes, pero los
hechos son contundentes.
¡Qué decepción progresista! Juan XXIII elogiando la
labor legislativa, la fe y el ejemplo de franco,
ensalzando a las familias numerosas, hablando de
«baluarte de valores morales», de sanas tradiciones,
del recato de las mujeres, de la pureza en las familias,
del rezo del rosario, de los mártires del 36 y, para
colmo, diciendo que nuestra «católica nación» es
reserva espiritual.
Santiago Barco
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