LIBROS: Los orígenes de la guerra civil española. nº 98

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LIBROS: Los orígenes de la guerra civil española. nº 98

Comentarios A. Landa al libro de Pío Mora.

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LIBROS: Los orígenes de la guerra civil española

Moa, Pío: Los orígenes de la guerra civil española, ed. Encuentro, Madrid 1999, 448 págs.



Esta monografía describe la revolución de octubre de 1934, que es definida como la primera batalla de la guerra civil de 1936. Esta era la interpretación de Madariaga y de otros historiadores; pero el autor aporta más documentación que nadie para demostrar que fue el Psoe el que «declaró la guerra civil» cuando se situó al margen de la Constitución y de la legalidad para tratar de ocupar violentamente un poder que le habían arrebatado en las elecciones de 19 de noviembre de 1933: tres millones de votos de las izquierdas reunidas frente a cinco millones del centro derecha; los partidos comunista y monárquicos no totalizaron un millón.

Desde abril de 1931, los socialistas se habían asociado a los republicanos burgueses; pero el Psoe se escindió en un sector revolucionario que acaudillaba Largo Caballero asistido del ambiguo Prieto, y un sector moderado que encabezaba Besteiro. Finalmente, éste fue marginado, los revolucionarios controlaron el aparato del partido y lo encaminaron hacia la implantación de una dictadura del proletariado que, al ser rechazada por las urnas, sólo era realizable mediante la rebelión armada.

El pretexto retórico para la revolución era que la tímida incorporación al Gobierno del partido más votado, la Ceda de Gil-Robles, equivalía a la «fascistización de la República» lo que legitimaría un alzamiento proletario. Definir a Lerroux y a Gil-Robles como fascistas era una evidente falacia y el autor rechaza la posibilidad de que algún dirigente socialista pudiese creer su propia propaganda. La República fascistizada fue, según Moa, un «ardid político no sólo para aplastar a la Ceda, sino a la República misma» (p. 219). La verdad es lo contrario de la consigna socialista: los cedistas «respetaron la ley, se dejaron expulsar del Gobierno, aceptaron la derrota electoral de 1936, intentaron un acomodo con Azaña, y sólo fueron a sublevarse meses más tarde en condiciones casi desesperadas» (p. 15). Los que habían roto la baraja fueron los socialistas.

Estos son algunos de los hechos más significativos que documenta el autor:



1.º Largo Caballero consideraba la República como una etapa «transitoria» hacia la dictadura del proletariado. En otra ocasión confesó: «no nos vamos a limitar a echar papeletas en la urna electoral».

2.º El 3 de febrero de 1934 se constituyó, bajo la presidencia de Largo el Comité organizador de la insurrección.

3.º El Psoe aprobó unas Instrucciones para la insurrección que el autor reproduce en apéndice. Ordena la creación de juntas locales y provinciales, milicias armadas, listas de objetivos militares y de «personas que deben ser tomadas como rehenes o suprimidas si se resisten». Dispone que se almacene dinamita y que «cada individuo… conserve en su casa un bidón de gasolina». Aconseja que la táctica sea la «guerra de guerrillas» y «lanzar botellas de líquidos inflamables a los centros o domicilios de las gentes enemigas». Finalmente, las detalladas instrucciones de 73 puntos concluyen que el «movimiento tiene todos los caracteres de una guerra civil».

4.º Se gestiona la adquisición de armamento, y Araquistain lo hace en la Alemania nazi. Se embarcan toneladas de armas y municiones en el yate «Turquesa». El Gobierno descubre numerosos alijos en diferentes puntos.

5.º El órgano de las juventudes socialistas «Renovación» dicta la consigna: ¡Por la insurrección armada! ¡Por la dictadura del proletariado! (29-IX-1934).

6.º El Comité da las órdenes para la insurrección, preparada durante meses:

a) El putsch de Madrid para ocupar ministerios y cuarteles, que fracasa.

b) La pactada rebelión de Companys que proclama el Estado catalán.

c) La revolución de Asturias que se salda con la voladura de la catedral, de la Universidad, la destrucción de 58 iglesias y 1.375 muertos oficialmente declarados.

d) Levantamientos en Vizcaya, Guipuzcoa, León, Palencia y otras provincias, pronto sofocados.

7.º Largo Caballero había declarado en 1934: «estamos en plena guerra civil».

8.º Prieto escribiría en el exilio:«Me declaro culpable de mi participación en aquel movimiento revolucionario. Lo declaro como culpa no como gloria».

9.º Las Internacionales Comunista y Socialista se renunieron en Bruselas para estudiar la posibilidad de ayudar a los revolucionarios españoles de Octubre.

10.º «Pravda», el órgano del comunismo bolchevique, calificó la revolución de octubre de «lucha heroica y gigantesca la de los proletarios españoles, curados de la enfermedad de las ilusiones democráticas».

11.º Todavía en 1976 el Psoe reivindicaba su golpe de Estado de 1934 y, con ocasión del cincuentenario de 1984, y desde el poder celebraron la revolución de octubre.

Al margen de su análisis de la revolución socialista de octubre de 1934, el autor acusa a Azaña de haber intentado tres golpes de Estado, de su complicidad con el de Companys y de su respaldo final al Psoe constituyendo con comunistas el Frente Popular. En cambio, Moa sostiene que Franco se opuso y frustró tres movimiento militares y que, sólo en el último momento y después de haber prevenido al ministro Casares Quiroga y surasesinado Calvo Sotelo, se adhirió al alzamiento capitaneado por Mola.

Esta documentada y objetiva monografía establece como hecho inconcuso el carácter socialista de la revolución de octubre que destruyó la legalidad republicana, la voluntad del Psoe de prepararse para una «segunda ocasión» durante 1936 y, por tanto, el carácter derivado de la guerra civil. Moa resulta demoledor para los cronistas que han intentado excusar al Psoe del fracaso de la República y del enfrentamiento bélico entre españoles. El Psoe fue el culpable.

Libro veraz y capital que rompe frontalmente con la orweliana falsificación de la reciente Historia de España, sistemáticamente practicada por cronistas y propagandistas partidistas desde la muerte de Franco. Y de Moa, procedente de la extrema izquierda, nadie podrá decir, como los socialistas dijeron hasta de Lerroux, que es fascista.

La II República murió a manos socialistas en octubre de 1934; lo que hicieron los alzados en 1936 fue evitar la dictadura del proletariado y la bolchevización de España. Los que afirmen lo contrario tratan de engañar a sus lectores, maniobra cada vez más difícil porque los hechos se imponen y las ignorancias supinas se repliegan a los suburbios de la conciencia social.



A. Landa



 

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