El caso Pinochet

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El caso Pinochet

Por Javier de Fernando

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El caso Pinochet

El Ministro de Exteriores, confesaba a un matutino que el caso Pinochet era «el asunto que más me ha quitado el sueño». Pues bien: es hora de hacer algunas observaciones:

1°/ ¿De qué «extradición» se habla? Extradición es, en la acepción de Derecho Internacional que recoge la Enciclopedia Universal Espasa en su tomo 22, página 1563, «acción de entregar un reo, refugiado en país extranjero, al Gobierno del suyo, en virtud de reclamación de este mismo» O sea: «retornar al delincuente al país del que huyó tras delinquir en él, y devolverlo precisamente a petición del país donde delinquió». Y está claro que Pinochet no delinquió en España ni huyó luego desde aquí, por lo que se está pretendiendo realmente un secuestro y posterior deportación al estilo de lo practicado -abusivamente- por el Mosad judío contra nazis condenados previamente por Tribunal Internacional; pero nunca podrá decirse que se trata de una «extradición». Aun así, pedir o no una extradición, al igual que concederla o no, es potestativo del Gobierno; precisamente porque afecta a las relaciones internacionales que son competencia exclusiva de los Gobiernos, y no de los jueces.

2°/ ¿Quién reclama a Pinochet? Un señor que presenta los siguientes rasgos: a) Un inusitado afán de protagonismo. b) Un manifiesto ánimo «vengador». c) Un comportamiento antijurídico en todos sus actos: apropiarse del caso sin someterlo a «reparto» (que es norma para apuntalar la imparcialidad del que juzgue); ejecutar sus propias decisiones antes de que se resuelvan los recursos contra ellas (para hacer así inútiles tales recursos, negando por tanto el sagrado derecho a la defensa); hacer «turismo» a Londres con el erario público, so pretexto de practicar interrogatorios impensables y «asesorías» gratuitas a los Lores; invadir las competencias del Gobierno, al conminarle sobre cuestiones internacionales; denegar la personación de abogados del «acusado» (conculcando el Derecho Humano a la propia defensa); y, sobre todo, erigirse en «Tribunal Internacional Unipersonal» para «juzgar» a quien se le antoje y por lo que se le antoje.

3°/ ¿Qué se imputa? Unos supuestos «delitos» sacados de contexto, y de autoría concreta imposible de adscribir. Es de recordar que la situación de Chile con Allende era equivalente a la de España con Azaña y ambas semejantes, a por ejemplo, la del Kosovo de Milosevic o la del Timor Oriental con Habibie: expolios y saqueos, asesinatos callejeros ante la pasividad de las autoridades, imposición de un régimen de terror arbitrario y generalizado… Con la diferencia de que, en tiempos de Azaña o de Allende, no había todavía «cascos azules» como lo s que se han enviado a Kosovo o Timor, y hubieron de ser los Ejércitos de los propios países quienes interviniesen (como sucedió en la Alemania nazi, con la fallida conjura contra Hítler). La imputación, por tanto, es tan pintoresca como dirigírsela a Cosgrove por mandar el contingente australiano en Timor, o a Javier Solana (conforme proponía, por cierto, Anguita), por haber enviado tropas de la OTAN para reprimir y desterrar a los serbios (algunos o muchos de los cuales murieron).

4°/ ¿Qué supone? Una obvia cobardía: ¿por qué el juez español se atreve con un anciano cuando está enfermo en el hospital, y no actuó cuando Pinochet era Jefe de Estado apoyado por las grandes potencias? ¿Por qué no actúa ahora contra los «colaboradores de Pinochet»: gobernantes de EE.UU., Gran Bretaña, etc.? Adviértase que este General no actuó por su cuenta, sino a instancias reiteradas de EE.UU y de los propios chilenos. ¿Por qué no procesa a Fidel Castro, a tantos otros jefes de regímenes autoritarios? ¿Por qué no contra Felipe González y su «GAL» tan particular? ¿O contra Santiago Carrillo por Paracuellos? Sencillamente: nada de esto lo hace porque sería una grotesca paranoia el erigirse en el «vengador universal» para «redimir» al mundo… Pero si nada de esto se hace, tampoco lo otro.

5°/ ¿Qué origina? Una afrenta directa y gravísima contra la soberanía de Chile, su Gobierno, su Judicatura su Ejército (que, para evitar la deportación abusiva de su antiguo Jefe, tentado está de imponerle nuevamente como Jefe de Estado…) ¿Es, ésta, competencia de un juez? No.

La política internacional es competencia exclusiva del Gobierno, para quien, como hemos dicho, es optativo solicitar o no la extradición de alguien (igual que es facultativo del que recibe su petición, acogerla o no). Por consiguiente, el Gobierno español, igual que ha hecho con la petición -que se planteó- de «extradición» de Fidel Castro, debió declarar inmediatamente la impertinencia y el absurdo de deportar a Pinochet hasta España. No se comprende, por consiguiente, que al Sr. Matutes le quite este asunto el sueño: porque debió resolverlo tan fulminantemente como hizo con la denuncia contra Castro. Y aun hoy día el Gobierno puede y debe desdecirse y retirar la demanda de esta ficticia «extradición» que es realmente un secuestro.

6°/ Conclusión. Que es asunto de política internacional, de exclusiva competencia del Gobierno, lo demuestra que las relaciones con Chile se han vuelto -y con razón por parte chilena -«enemistosas»; siendo así que, entre países hispanos, la amistad está -como con Cuba- por encima de discrepancias sobre regímenes. España no es quién para enjuiciar a Pinochet: para eso está Chile. Injerirse ahora en asuntos chilenos cuando Franco denegó ayuda a la Junta Militar andina para no injerirse en asuntos de un país hermano y soberano (mientras la ayudaron EE. UU. y otros), es una lamentable muestra de papanatismo gubernamental ante una demagogia palmariamente antijurídica y que atenta -ella misma- contra los Derechos Humanos porque trasgriede la -incluso- más elemental seguridad jurídica internacional: ¡apañados iríamos si cada juez de cada país se, fuese a creer «Tribunal Internacional» competente para cualquier cosa! El juez español, debería haber remitido los asuntos a la Judicatura chilena. no hacerlo es un insulto directo contra todas las Instituciones de Chile, además de una acción en cuanto que desestabiliza gravemente la convivencia en ese país e incluso en España, Gran Bretaña, y otros. Y hasta el Ministro de Exteriores cubano converge en estas ideas.



Javier de Fernando



 

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