LIBRO: La guerra
civil española
Alonso
Baquer, M. et. al.: La guerra civil española, ed. Actas,
Madrid 1999, 410 págs.
Trece autores contribuyen a este volumen con quince
trabajos que cubren diversos aspectos de la última
guerra civil española, casi siempre los que han
suscitado menos consenso entre los historiadores, a pesar
del tiempo transcurrido.
S.G. Payne presenta un perfil demoledor de Azaña y su
«récord de desastres», «enredado en una alianza con
la actividad protorrevolucionaria», «vendido
esencialmente al apoyo de los socialistas, una de las
mayores fuentes de la violencia» y convertido en
«rehén» del Frente Popular.
L. de Llera califica a Azaña «el ejemplo emblemático
de la autodestrucción inconsciente del sistema
democrático por su ambigüedad propiciatoria del
crecimiento de los opuestos extremismos». El funesto
Azaña, responsable del enfrentamiento total entre
españoles, es ahora el personaje exaltado por el
presidente Aznar. Esperpéntico.
R. Casas de la Vega describe las matanzas en el Madrid
rojo, estimadas en 16.500 personas asesinadas. Su lista
nominal supera las seis mil fichas, otra llega a las doce
mil. Los inventarios siguen en curso y confirman la
primera estimación.
A. Bullón y L.E. Togores resumen su libro sobre la gesta
del Alcazar de Toledo y confirman la versión heroica
frente a los intentos partidistas de desvirtuarla.
Aportan documentos inéditos del general Moscardó.
J. Salas vuelve sobre el famoso bombardeo de Guernica.
Los aviones incendiaron sólo 50 edificios; pero los
bomberos se retiraron a Bilbao y el fuego se extendió a
gran parte de la población si bien quedó intacta la
parte histórica occidental. El total de víctimas fue de
126 y la «proporción de heridos a muertos fue
extraordinariamente reducida» y «la mayor parte de las
muertes fue por derrumbamientos del refugio».
F. Sánchez Marroyo estima en 1.500 los muertos en
Badajoz si bien el Registro civil ofrece cifras más
modestas: 520.
M. Alonso Baquer revisa la posición política de los
generales, muy divididos y concluye: «Franco no era un
militar político, sino un militar militar. El hecho de
que asumiera todos los poderes del Estado significa, nada
más y nada menos, que sólo era el Generalísimo de un
ejército en operaciones que carecía de Estado».
A. Alvarez Bolado describe lo que denomina «la
legitimación sistemática de la guerra civil como
cruzada» por la Iglesia a partir de septiembre de 1936.
J.M. Cuenca Toribio describe la división política de
los intelectuales y el influjo de «Acción Española»
en el bando nacional.
J. Andrés-Gallego y J.M. García Escudero analizan los
aspectos institucionales y administrativos en Burgos y
Madrid.
A. D. Martín Rubio, revisando las cifras de Salas en su
libro Pérdidas de la guerra (1977) estima en 300.000 los
muertos de la guerra civil, ya en operaciones militares,
ya por la represión de las retaguardias.
En el último trabajo, J. Velarde Fuertes demuestra la
superioridad de la gestión económica y financiera en la
España nacional frente al desbarajuste productivo,
monetario y crediticio de la zona republicana.
Monografías de diferente extensión y de distinto valor
historiográfico que exponen con objetividad y
documentación el estado actual de las cuestiones, y que
refutan falacias propagandísticas de los autores
comprometidos con el frentepopulismo. Pero se echa de
menos un sistemático balance final.
Cuando se finaliza la lectura de este libro, surge la
gran cuestión de si la II Restauración no ha invertido
la victoria con la demonización de Franco, la
deslegitimación del Alzamiento y la exaltación de las
Brigadas Internacionales, de los protagonistas del Frente
Popular y de la violencia revolucionaria simbolizada en
Azaña.
J.L. Núñez
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