Relevo en ABC
El Abc fue fundado en 1905 por Torcuato Luca de Tena a
quien Alfonso XIII otorgaría un marquesado. No era un
periódico de partido, aunque se inclinaba hacia el
conservatismo liberal. Lo verdaderamente característico
del nuevo rotativo era la defensa integral de la
monarquía alfonsina, sin la menor concesión crítica.
Era un monarquismo, más sentimental que doctrinal: «Con
el Rey se está con razón y sin razón». Es notorio que
tal actitud no salvó a la dinastía. Fue la dictadura de
Primo de Rivera la que prolongó la supervivencia del
trono, tan amenazado por la catástrofe de Annual, y por
el expediente Picasso que indirectamente afectaba al
regio titular.
Otra nota distintiva del nuevo diario, la más
sustantiva, fue el reconocimiento de valores morales
sobre los simplemente partidistas. Respeto al
discrepante, objetividad, veracidad, juego limpio,
renuncia al improperio, sentido del honor, rechazo de la
publicidad encubierta, y buen estilo. Y asunción
patriótica de nuestra Historia. Tal código moral
contrastaba con la tradición mayoritariamente libelista,
sectaria, patriomasoquista y venal de la prensa
decimonónica. El Abc intentó con éxito una
dignificación ética del periodismo patrio.
Juan Ignacio Luca de Tena mantuvo el señorío del
periódico en medio de las tensas luchas que suscitó la
radicalización de la IIRepública; pero los graves
acontecimientos le impidieron mantener la neutralidad, y
emprendió una tenaz campaña de afirmación nacional,
tradicional y monárquica. Quizás el intelectual más
representativo que el periódico incorporó a sus
páginas fue Ramiro de Maeztu, inspirador de la revista
de pensamiento tradicional «Acción Española»
(1931-1936), asesinado en el Madrid republicano. La
revolución socialista de octubre de 1936 y la formación
del Frente Popular por Azaña extremaron la beligerancia
de Abc, que se convirtió en principal promotor del
Alzamiento nacional.
Iniciado en 1936 el último acto de la guerra civil, el
gobierno de Azaña se incautó del Abc madrileño que
inició una etapa «roja» bajo la inspiración de algún
joven escritor republicano, luego exaltado por el diario.
El espíritu del periódico se refugió en el Abc de
Sevilla que fue un entusiasta defensor de los alzados y
un constante enaltecedor de la capitanía de Franco. Juan
Ignacio Luca de Tena se incorporó inmediatamente como
oficial al Ejército nacional.
La víspera de la victoria, el gobierno de Franco
devolvió a la familia Luca de Tena el confiscado
periódico que reapareció, ya libre, el 1 de abril con
la más famosa portada de su historia, un autógrafo que
decía así: «¡Franco, Franco, Franco! ¡Arriba
España! ¡Viva España! Juan Ignacio Luca de Tena.
Madrid 29 de marzo de 1939. III Año Triunfal».
Durante más de tres décadas el diario, dentro de su
código moral y su monarquismo dinástico, fue
políticamente beligerante a favor del nuevo Estado
nacido de la victoria. Es la posición que mantuvo Juan
Ignacio Luca de Tena, nombrado por Franco miembro de las
Cortes, y embajador en Chile y en Grecia. Es la
consecuente posición que mantuvieron su hijo Torcuato
Luca de Tena y sus colaboradores en los periodos
intermedios, hasta que ya muerto Franco, la familia
decidió entregar la orientación del diario a Guillermo
Luca de Tena. Entonces se produjo el giro copernicano en
lo político y en lo cultural. Los héroes literarios
eran ahora Lorca y el chequista Alberti. Los héroes
políticos eran los que más alancearan al Estado del 18
de julio y a Franco. Una legión de cronistas carroñeros
se ensañó con cuanto el Abc propugnó durante la II
República y defendió durante cuarenta años. Si el Abc
había sido un campeón de la unidad nacional, el Abc
converso elogió las autonomías y concedió premios a
líderes separatistas.
El código moral del fundador perdió vigencia, y
florecieron los vendedores de imagen y los travestidos
políticos. Escritores que habían dejado una parte de su
brillante obra en las columnas de Abc fueron marginados
para dar paso a marxistas confesos. El Abc de esta
última época, que prosigue, se sitúa ideológicamente
más cerca del «rojo» que del fundacional. El
permanente denominador común siguió siendo el
monarquismo dinástico; pero este rasgo institucional
perdió contenido después de que la Constitución de
1978 redujera la Corona a mero símbolo, a lujo del
Estado.
Esta mutación de valores se produjo en el ámbito de la
gran anemia moral que se ha provocado en la sociedad
española en las dos últimas décadas. Pero el ambiente
no explica el cambio copernicano de Abc, un diario que se
fundó para ser independiente frente a las presiones
circunstanciales. ¿Se creía halagar al Rey satanizando
a su predecesor a quien debía la corona? Sería
demasiado miope y mezquino.
Al cabo de más de veinte años de sorprender y
decepcionar a sus lectores, el Abc los ha ido perdiendo.
El último número de la revista «Intermedios de
comunicación» ha publicado unos datos reveladores.
Entre 1994 y 1998 el Abc ha perdido el 6,1% de ventas y
suscripciones, mientras el diario «El País» ganaba el
10,3%. También ha crecido «El Mundo», entre otros
diarios. ¿Y la audiencia o número de lectores? Por
ejemplo, «El País» ha ganado un 11,1%; pero el Abc
figura en la postergada posición 48 de la lista, como
uno de los diarios españoles al que han dejado más
lectores.
La huída ideológica de su pasado ha deteriorado la
imagen ética de Abc; pero, además, no ha sido ni un
buen negocio, ni un éxito técnico de difusión.
El cambio de campo doctrinal del Abc ha sido muy negativo
para España pues no era un simple rotativo, sino casi
una institución que, irónicamente, llegó a ser
calificada de «vicio nacional». El periódico ha
contribuido a la disolución de la conciencia nacional
unitaria, a la satanización de la reciente Historia, al
desenraizamiento de la sociedad, y a la caquexia
intelectual de la derecha política actuante. La inercia
de sus lectores está siendo menor que su decepción. El
diario que fuera una autoridad se ha ido convirtiendo en
una mercancía en el área de la información. Salvo los
adversarios de cuanto significó el Abc fundacional,
nadie puede felicitarse de esta profunda mutación.
Cualquier parecido entre el Abc anterior a julio de 1936
y el actual sería mera coincidencia, ya ni siquiera
tipográfica después del nuevo formato. Han cambiado
muchas cosas durante la II Restauración; pero pocas tan
irracionales como la inversión política del Abc.
Los dos directores nombrados por Guillermo Luca de Tena
(Ansón y Alemán, coincidentes en un agrio rencor
antifranquista) han sido sucesivamente cesados, y el
nuevo Consejo ha nombrado a José Antonio Zarzalejos,
bilbaino de 45 años. Se abre, pues, una posibilidad de
que el Abc recupere su señorío y la coherencia con su
pasado.
Germán del Hoyo
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