LIBROS: Las Brigadas Internacionales. nº 97

pag. principal Razón Española

LIBROS: Las Brigadas Internacionales. nº 97

Comentarios de Alfonso Figueroa al libro de C. Vidal Manzanares

artículo anterior indice Página Indice

LIBROS: Las Brigadas Internacionales

Vidal Manzanares, César: Las Brigadas Internacionales, ed. Espasa Calpe, Madrid 1998.



César Vidal es un joven historiador nacido en Zaragoza, afincado en los Estados Unidos y especializado en historia de España contemporánea.

La novedad del libro de Vidal estriba en que ha podido consultar los ya abiertos archivos soviéticos y en especial los de la Komintern que estuvo en estrecha relación con las brigadas internacionales, su brazo ejecutor en España. En Estados Unidos, Gran Bretaña y otros países los exbrigadistas fueron siempre fieles marxistas de la línea dura y de obediencia a Moscú. El autor es un liberal no marxista, pero de izquierdas y con escasa simpatía por Franco y el Estado del 18 de julio. Pese a esto, el libro es veraz y desmitificador.

En una nota final, Vidal afirma algo absolutamente falso, que el 23 de junio de 1936, Franco delató ante Casares Quiroga a los demás conspiradores contra la República del Frente Popular. Y añade: «Y al no recibir respuesta a su delación decide pasarse más activamente al bando de los golpistas». Inmadmisible.

Los puntos esenciales del libro de Vidal son, en primer lugar, que la decisión de crear las brigadas se tomó en septiembre del 1936 por el propio Stalin. Los observadores de la Komintern en España no tardaron en sacar la conclusión de que, sin una gran ayuda militar, la República del Frente Popular no podría sobrevivir al empuje de los sublevados cuyo avance en septiembre del 1936 los puso en las afueras de Madrid, con lo que parecía que la guerra podría acabar pronto. Eso convenció a Stalin de la necesidad de crear las brigadas internacionales y apropiarse de las reservas de oro del Banco de España. Estas reservas constituyeron más de la cuarta parte del oro de los Bancos soviéticos que, hasta la fecha, no han devuelto nada. Vidal desecha la idea de que las Brigadas internacionales vinieran para salvar una República democrática y liberal y que fueran unos idealistas. Vinieron a España sólo para ejecutar las órdenes del mayor genocida de la historia, José Stalin.

Y de románticos, nada. Otro mito que destruye Vidal es el de que las Brigadas internacionales eran una especie de ateneo literario de poetas y novelistas. La mayor parte de los brigadistas eran obreros manuales, y sólo mucho depués de nuestra guerra, en Inglaterra en los años 50, surgieron dos poetas no muy importantes que fueron antiguos combatientes de las brigadas internacionales en España. Eso es todo. Ni Malraux fue brigadista, ni Orwell, ni Koestler y, menos aún, Hemingway que no pasó de emborrarcharse en los mejores hoteles de Madrid. Malraux fue sólo aviador mercenario y poco eficaz; después, desengañado del comunismo llegó a ministro con De Gaulle. Su novela L'espoir es pura fantasía y tiene muy poco que ver con la realidad de la guerra de España.

Como soldados, los brigadistas fueron pésimos, sin disciplina y muchos de ellos ladrones, violadores y desertores. Por eso los republicanos los utilizaron como carne de cañón. Andre Marty, el llamado «carnicero de Albacete», confiesa que fusiló a 500 brigadistas por indisciplina y metió en la cárcel a 5.000; serían más. Según Vidal, sus efectivos no llegaron nunca a los 50.000 hombres y, al final, con las deserciones y bajas en algunas brigadas, más de la mitad eran españoles. Acabada nuestra guerra, los brigadistas siguieron a las órdenes de Stalin y fueron decisivos en el espionaje que hizo posible que secretos atómicos pasaran a la URSS. Algunos antiguos brigadistas húngaros se destacaron como feroces en la represión del levantamiento de Hungría en 1956. Y más tarde un brigadista fue el máximo responsable de la represión tras la llamada primavera de Praga en el año 1968. A esos sicarios de la tiranía soviética el Gobierno del PP les hace héroes de la libertad y les concede la nacionalidad española y pensión de antiguos combatientes. Una aberración.

El libro de César Vidal está redactado en un estilo claro y contundente, y deja en su lugar a esos agentes de Stalin. Malos soldados y, en algunos casos, también cobardes. En el terrible cuadro de honor de las brigadas internacionales cabe destacar al ruso Mijail Kolstov, responsable máximo junto a Santiago Carrillo de las matanzas de Paracuellos y Torrejón de Ardoz en noviembre de 1936. También Luigi Longo que en 1964 era secretario general del partido comunista de Italia. André Marty el tristemente célebre carnicero de Albacete y, además, ladrón de los propios fondos de las brigadas internacionales, después pasó a la Unión Soviética donde fue personaje en la Komintern. En el año 1953 fue expulsado del partido comunista francés por corrupto. Walter Ulbricht que trabajó para la NKVD, gran torturador y delator, fue primer secretario del Partido comunista de la Alemania Oriental. Wilhem Zaisser, comunista alemán que fue ministro de seguridad en la Alemania Oriental dónde se distinguió como sanguinario.

Un repulsivo cuadro contraejemplar.



Alfonso Figueroa



 

artículo anterior indice Página Indice


Cartas a Razón Española

Buzon Pulse aquí para enviar correo


La obra de Razón Española es propiedad registrada
Prohibida la reproducción total o parcial de estos documentos sin previa autorización y acuerdo.