LIBROS: Las
Brigadas Internacionales
Vidal
Manzanares, César: Las Brigadas Internacionales, ed.
Espasa Calpe, Madrid 1998.
César Vidal es un joven historiador nacido en Zaragoza,
afincado en los Estados Unidos y especializado en
historia de España contemporánea.
La novedad del libro de Vidal estriba en que ha podido
consultar los ya abiertos archivos soviéticos y en
especial los de la Komintern que estuvo en estrecha
relación con las brigadas internacionales, su brazo
ejecutor en España. En Estados Unidos, Gran Bretaña y
otros países los exbrigadistas fueron siempre fieles
marxistas de la línea dura y de obediencia a Moscú. El
autor es un liberal no marxista, pero de izquierdas y con
escasa simpatía por Franco y el Estado del 18 de julio.
Pese a esto, el libro es veraz y desmitificador.
En una nota final, Vidal afirma algo absolutamente falso,
que el 23 de junio de 1936, Franco delató ante Casares
Quiroga a los demás conspiradores contra la República
del Frente Popular. Y añade: «Y al no recibir respuesta
a su delación decide pasarse más activamente al bando
de los golpistas». Inmadmisible.
Los puntos esenciales del libro de Vidal son, en primer
lugar, que la decisión de crear las brigadas se tomó en
septiembre del 1936 por el propio Stalin. Los
observadores de la Komintern en España no tardaron en
sacar la conclusión de que, sin una gran ayuda militar,
la República del Frente Popular no podría sobrevivir al
empuje de los sublevados cuyo avance en septiembre del
1936 los puso en las afueras de Madrid, con lo que
parecía que la guerra podría acabar pronto. Eso
convenció a Stalin de la necesidad de crear las brigadas
internacionales y apropiarse de las reservas de oro del
Banco de España. Estas reservas constituyeron más de la
cuarta parte del oro de los Bancos soviéticos que, hasta
la fecha, no han devuelto nada. Vidal desecha la idea de
que las Brigadas internacionales vinieran para salvar una
República democrática y liberal y que fueran unos
idealistas. Vinieron a España sólo para ejecutar las
órdenes del mayor genocida de la historia, José Stalin.
Y de románticos, nada. Otro mito que destruye Vidal es
el de que las Brigadas internacionales eran una especie
de ateneo literario de poetas y novelistas. La mayor
parte de los brigadistas eran obreros manuales, y sólo
mucho depués de nuestra guerra, en Inglaterra en los
años 50, surgieron dos poetas no muy importantes que
fueron antiguos combatientes de las brigadas
internacionales en España. Eso es todo. Ni Malraux fue
brigadista, ni Orwell, ni Koestler y, menos aún,
Hemingway que no pasó de emborrarcharse en los mejores
hoteles de Madrid. Malraux fue sólo aviador mercenario y
poco eficaz; después, desengañado del comunismo llegó
a ministro con De Gaulle. Su novela L'espoir es pura
fantasía y tiene muy poco que ver con la realidad de la
guerra de España.
Como soldados, los brigadistas fueron pésimos, sin
disciplina y muchos de ellos ladrones, violadores y
desertores. Por eso los republicanos los utilizaron como
carne de cañón. Andre Marty, el llamado «carnicero de
Albacete», confiesa que fusiló a 500 brigadistas por
indisciplina y metió en la cárcel a 5.000; serían
más. Según Vidal, sus efectivos no llegaron nunca a los
50.000 hombres y, al final, con las deserciones y bajas
en algunas brigadas, más de la mitad eran españoles.
Acabada nuestra guerra, los brigadistas siguieron a las
órdenes de Stalin y fueron decisivos en el espionaje que
hizo posible que secretos atómicos pasaran a la URSS.
Algunos antiguos brigadistas húngaros se destacaron como
feroces en la represión del levantamiento de Hungría en
1956. Y más tarde un brigadista fue el máximo
responsable de la represión tras la llamada primavera de
Praga en el año 1968. A esos sicarios de la tiranía
soviética el Gobierno del PP les hace héroes de la
libertad y les concede la nacionalidad española y
pensión de antiguos combatientes. Una aberración.
El libro de César Vidal está redactado en un estilo
claro y contundente, y deja en su lugar a esos agentes de
Stalin. Malos soldados y, en algunos casos, también
cobardes. En el terrible cuadro de honor de las brigadas
internacionales cabe destacar al ruso Mijail Kolstov,
responsable máximo junto a Santiago Carrillo de las
matanzas de Paracuellos y Torrejón de Ardoz en noviembre
de 1936. También Luigi Longo que en 1964 era secretario
general del partido comunista de Italia. André Marty el
tristemente célebre carnicero de Albacete y, además,
ladrón de los propios fondos de las brigadas
internacionales, después pasó a la Unión Soviética
donde fue personaje en la Komintern. En el año 1953 fue
expulsado del partido comunista francés por corrupto.
Walter Ulbricht que trabajó para la NKVD, gran
torturador y delator, fue primer secretario del Partido
comunista de la Alemania Oriental. Wilhem Zaisser,
comunista alemán que fue ministro de seguridad en la
Alemania Oriental dónde se distinguió como sanguinario.
Un repulsivo cuadro contraejemplar.
Alfonso Figueroa
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