LIBROS: Marshal
MacLuhan: The medium and the messenger
Marchand,
Philip: Marshal MacLuhan: The medium and the messenger,
ed. MIT, Cambridge, Massachusetts (EE.UU.), 1998, 322
págs.
De un tiempo a esta parte MacLuhan no deja de
redescubrirse. Resulta que sus predicciones se han
probado certeras, como ha demostrado sin paliativos
recientemente en un estudio de la punta de lanza de los
media Paul Levinson (Digital McLuhan). Sus globos sonda
se perfilan ciertos en el mundo de los medios
interactivos, del internet, la televisión por cable y
demás panoplia que nos invade. Y sus comentarios
acertados.
Marchand ofrece la vertiente humana del genio canadiense.
Entretanto, va introduciendo conceptos básicos del más
grande teórico de los medios de comunicación. Desgrana
conocidas ideas clave tales como la aldea global, la
diferencia entre medios calientes y fríos, el medio es
el mensaje, la tribalización, el espacio acústico, los
media como extensiones del hombre, las leyes de los media
(tétrade) y otras. Configura así una obra introductoria
de primera magnitud. Su bibliografía y la precisión y
minuciosidad del detalle del personaje tratado hacen del
libro de Philip Marchand una fuente de primer orden.
MacLuhan aparece como lo que fue: un hombre de carne y
hueso, un católico a machamartillo, un aguijón de
cordura en esta civilización corroída y corrosiva.
Resulta difícil sustraerse a este converso al
catolicismo por obra y gracia de GK Chesterton,
detestador de masones y simpatizante de Franco (lo que
pagó caro en medio de la intelligentsia anglosajona). En
Estados Unidos frecuentó y colaboró con los Agrarios
del Sur, tomó partido por los de Lee y juzgó
severamente la Guerra de Agresión yanqui, a la que
consideraba un enfrentamiento entre las diversas
obediencias masónicas. Derrochó optimismo tras su
conversión a sabiendas de que todo acabaría bien y de
que todas las cosas estarían bien.
Herbert Marshall McLuhan nació en las praderas
canadienses y se educó en Manitoba. De ahí saltó a
Cambridge, donde obtuvo su Doctorado en Filología
inglesa y se dejó fascinar por Joyce y los simbolistas
franceses. Sólo de rebote, y de vuelta a las Américas,
en este caso a la Universidad Católica de San Luis en
Missouri, empezó a penetrar en los media. Ciertas
semillas estaban en él: su afición por Tomás de
Aquino, sus contactos con el vanguardista Departamento de
inglés de Cambridge (particularmente influenciado por
Leavis y Richards), sus lecturas de Eliot e Innis
Lo que fructificó en medio de la desesperación al
intentar llegar a un alumnado cuya capacidad de atención
y concentración ya comenzaba a resentirse en los
cincuenta. A base de acumular anuncios que le permitieran
servir de palanca para otros conceptos literarios acuñó
The Mechanical Bride: folklore of Industrial Man que le
diera una celebridad inicial. Su salto a la fama mundial
se consolidó con La Galaxia Gutenberg: la génesis del
hombre tipográfico y se consumó con Understanding
Media: The Extensions of Man, posiblemente su trípode
básico. Pasó la vida en varias Universidades católicas
-cuando todavía existían- de USA y Canadá, acabando
por recalar en Toronto, que fue la que vio su gloria y la
que se honra con su nombre. The Mechanical Bride
reapareció purgada y mejorada en Culture is Our
Business. Quizás la otra obra señera fue la póstuma
Laws of the Media: the new science y compilada por su
hijo y albacea intelectual Eric MacLuhan.
MacLuhan era de la opinión de que toda la historia
cultural de los últimos quinientos años de Occidente se
cifraba en la pugna entre dialéctica, retórica y
gramática. Su aproximación, pese a todo, fue retórica.
Y con su obra sembró toda una manera de pensar acerca
del nuevo universo de los mass media. Roturó una tierra
virgen, pero fecunda, cuya cosecha empieza a ser
descomunal. MacLuhan nos advirtió de los peligros, a
sabiendas de que, para conjurarlos, hay que mirarles a la
cara.
En medio de todo ello, su faceta humana. Amigo de sus
amigos. Intempestivo con sus colaboradores. Inadaptado
para la medianía universitaria que inunda. Arrogante con
todos. Prepotente con los poderosos. Chispeante siempre.
Impaciente en todo momento. Desesperante y excitante para
con sus alumnos. De Rosario diario. Torturado por sus
hijos cuya vida distaba de ser reflejo del modelo
católico que para ellos quería. Atormentado por sus
más que serios problemas médicos. Moderado y morigerado
consigo mismo. Descuidado con su esposa, a la que amaba
más que a nadie en este mundo. Lector infatigable y
esponja de saberes. Destilador de ideas hasta la
quintaesencia. Conversador infatigable. Hábil en las
escarpaduras. Torpe en las mediocridades de la vida.
Su obra, es lectura obligada. «Miramos al presente a
través de un retrovisor: caminamos marcha atrás hacia
el futuro». Afirmación hecha con intención de advertir
del peligro al desencarnado hombre moderno. Un faro que
avisa de proximidades de peligrosos acantilados. Un soplo
de aire fresco en el alma. Un vector centrípeto, creador
de puentes entre disciplinas. Un peregrino en pos de la
verdad y la belleza.
Una biografía y unas ideas increíblemente certeras, en
todo momento fascinantes.
Juan Matías Santos
|