Los órganos
especiales rusos
Rusia
se enfrenta a una crisis de graves consecuencias que
alcanza a casi todas las capas de la sociedad. Sin
embargo, hay un sector del aparato estatal ruso que
simplemente ha cambiado de nombre y que mantiene la
eficacia de otrora:«Organos especiales».
Desde la desaparición del antiguo Comité para la
Seguridad del Estado, KGB, sucesor de CHEKA, GPU, OGPU,
NKVD, el gigantesco aparato fue dividido en varios
departamentos. De entre ellos adquieren especial
relevancia los antiguos Primero y Segundo directorios,
dos organismos claves en el antiguo Comité. Existen
otros organismos importantes como el Servicio de
Información Militar GRU, el Ministerio de Asuntos
Interiores MVD, o el Servicio de Guardia Fronteras. El
sucesor del Primer Directorio ha sido el hoy denominado
SVR, el Servicio de la Inteligencia Exterior.
1. El SVR. Es la flor de los servicios de información
rusos y la élite de los servicios de inteligencia.
Conserva incluso la misma sede del Primer directorio del
KGB en el complejo de Yasienevo, en los alrededores de
Moscú.
Antaño, los miembros del citado Directorio no se
consideraban simples chekistas, cual sus colegas del
segundo Directorio, aunque, como dijo Lenin: «un buen
comunista es, al mismo tiempo, un buen chekista». Eran
la punta de lanza no sólo en la obtención de
información, sino en las labores de intoxicación y
manipulación. En 1998, Yeltsin manifestó que el SVR
«está directamente asociado a la solución del problema
a que se enfrenta Rusia en el plano territorial y
político, y los informes facilitados por el SVR
constituyen una garantía esencial de su seguridad. No se
trata sólo de garantizar la estabilidad del Estado
enfrentado a una serie de conflictos abiertos o latentes,
sino de percibir las acciones del extranjero». Siguió
diciendo Yeltsin:«El SVR tiene la dura responsabilidad
de obtener con tiempo suficiente un avance de
informaciones sobre los planes y las intenciones de los
principales países occidentales respecto de nuestros
países vecinos para emitir en tiempo útil respuestas
destinadas a neutralizar ese tipo de proyectos».
Se produce en la Rusia actual una situación distinta de
las habituales en Occidente. Eugueni Primakov, hasta mayo
de 1999, Primer Ministro y hombre fuerte de Rusia, y
parece que con proyección de futuro cuando desaparezca
el cada vez más enfermo, a la vez que desprestigiado
Yeltsin, habla bien alemán, inglés, georgiano, armenio
y yiddish. Comenzó su labor periodística en 1956 en la
Radio Televisión del Estado; después en «Pravda». Fue
enviado como corresponsal al Medio y Cercano Oriente.
Primakov, nacido el 29 de octubre de 1929, tuvo que
rusificar su apellido, ya que su familia se apellidaba
Finkelstein y Kirschblatt. Durante sus estudios en el
Instituto de Lenguas Orientales, en el período
1949-1953, estaba en pleno vigor la campaña de
antisemitismo de Stalin. Por cualquier pequeña relación
con judíos se era acusado de sionismo.
Lenin, que constituía una verdadera mezcla de razas,
sólo tenía una cuarta parte de ascendencia judía por
su abuelo materno, Alexander Blank, quien procedería a
rusificar su apellido original, Moishevich, y se
bautizaría. Otros tres abuelos tenían distintos
orígenes étnicos: alemanes, rusos y kalmukos; estos
últimos marcarían las facciones de Lenin. Es curioso
que Lenin, dirigiéndose a Gorki -posiblemente pensando
en Alexander Kelphand Parvus- dijese: «La Rusia
inteligente es siempre un judío o alguien con sangre
judía».
Primakov, entre 1957 y 1969, resultó ser uno de los más
competentes especialistas en Egipto, Irak y Arabia.
Entró en contacto con personas influyentes árabes,
palestinas y kurdas. Realizó una importante
aproximación a Saddan Hussein, diez años antes de que
los generalmente ignaros medios de comunicación y
políticos occidentales conociesen al futuro líder
irakí.
Vuelto a Moscú en 1970 pasó a ocupar el importante
cargo de Director del Instituto de Economía Mundial y de
Relaciones Internacionales. Después, formó parte del
Comité Central del Partido Comunista de la Unión
Soviética. Y en su ascenso continuó como un experto en
temas internacionales hasta llegar al Politburó, en la
época de Gorbachov.
Producida la desintegración de la Unión Soviética, en
parte responsabilidad de ese hombre tan elogiado en
Occidente pero funesto para los intereses rusos que fue
Gorbachov, en 1991 fue nombrado Director del SVR,
obteniendo éxitos innegables. Después, fue nombrado
Ministro de Asuntos Exteriores con un gran peso en los
gobiernos de Yeltsin; posteriormente, con un Yeltsin
enfermo, es designado Primer Ministro. Es sorprendente
para la mentalidad occidental que un antiguo jefe de los
Servicios de Información haya llegado al puesto más
alto (Bush fue Director de la CIA, pero durante un
periodo ocasional de su carrera y sin proceder de los
Servicios de Inteligencia). Superior incluso al caso de
Yuri Andropov quien durante años dirigió el KGB, pero
pertenecía a los cuadros del Partido. Pocas veces un
político ha llegado a este puesto procedente de los
servicios de inteligencia, y podrá aprovecharlo con un
resultado incomparablemente superior a sus homólogos
occidentales ya que es consciente de que tal servicio no
constituye un apéndice de los organismos estatales sino
una pieza esencial. Hace sólo cinco años, cuando
Primakov era Director del SVR, dio públicamente
directrices de política exterior al gobierno ruso, lo
que suponía una asunción de funciones muy por encima de
sus facultades teóricas. ¿Se imagina alguien al
Director del CESID, por ejemplo, dando públicamente
directrices al jefe del Gobierno español?
En los últimos años, el SVR se ha apuntado tantos
sumamente valiosos, incluso superiores a sus antecedentes
soviéticos. Podemos citar ejemplos muy concretos, pero
hay uno muy especial que para superarlo habría que
remontarse a casos de primera magnitud, cuando la
infiltración soviética fue destacadísima en Occidente,
y ejerció una influencia decisiva en asuntos mundiales,
como fueron los de Sorge, Philby, Fuchs... Es el caso de
Aldrich Ames quien, desde su puesto como responsable de
formación de agentes en la CIA, facilitó a los
servicios, no soviéticos, sino ya rusos, toda la
información sobre americanos miembros de la Agencia
destinados en Rusia y sobre sus colaboradores rusos.
Estos últimos fueron detenidos y la mayoría ejecutados.
Aldrich Ames estuvo muy bien pagado. Esto demuestra que
el SVR no padece las dificultades económicas de
tantísimos sectores: pagó a Ames unos dos millones y
medio de dólares por sus informaciones, aproximadamente
375 millones de pesetas. El «responsable» ruso de Ames
fue el hoy retirado Viktor Cherkashin.
Miembro del KGB desde 1954, Cherkashin recorrió muchos
destinos: Australia, Líbano, la India, y los Estados
Unidos hasta 1987. Después, ya en Moscú, pasó a ser el
«controlador» de Ames. Algunos antiguos miembros acusan
de incompetencia al que fue Presidente del KGB, Vladimir
Kriuchkov, nombrado directamente por Andropov. Para el
controlador de Ames fue Kriuchkov el responsable de la
captura de Ames pues, aunque este fue detenido en la
época post-soviética, durante la cual siguió enviando
informaciones valiosísimas, las detenciones y
ejecuciones de tantos colaboradores hicieron recaer las
sospechas de la CIA. Instigando la codicia de Ames y sus
motivos no ideológicos sino meramente dinerarios, el
presidente del KGB, Kriuchkov, forzó al hombre de la CIA
para brillar con sus preciosos informes. Posteriormente a
la de Ames, se produjo la detención de Harold J.
Nicholson, de 48 años, con 16 de servicio en la CIA,
reclutado en 1980.
Nicholson era un universitario de carácter desigual,
inteligente, dotado para los idiomas, buen analista y de
mente rápida. Después de su formación en las escuelas
de la Agencia, tuvo diferentes destinos en el extranjero,
entre ellos en Filipinas donde estaba encargado de
frecuentar a los oficiales de la URSS y países
satélites y tratar de «darles la vuelta» como en ese
argot se conoce el cambio de bando. Después recorrió
otros destinos: Malasia, Japón, Rumanía, y, en 1992, de
nuevo en Malasia como número 2 en la CIA, lo que
suponía un ascenso, ya que Kuala Lumpur era más
importante que Bucarest. En 1994 se decidió a separarse
de su esposa con la que tenía tres hijos. De nuevo en
Langley, sede central de la CIA en Virginia, fue nombrado
Director de Formación de futuros agentes en el
extranjero. Desde 1987 estuvo enamorado de una bella
asiática que le costaba muy cara. A causa de tantos
gastos, decidió ofrecer sus servicios al SVR, que le fue
otorgando sumas cada vez más considerables.
Sometido al detector de mentiras, en unas pruebas
rutinarias, pero obligatorias -muy propias de la
mentalidad yanqui-, se observaron sospechas en tres
ocasiones. Viajó de nuevo a Bangkok, Kuala Lumpur,
Hawai, Singapur, donde la estación local de la CIA le
descubrió cuando efectuaba la entrega de un paquete a un
diplomático ruso. Cuatro meses más tarde era detenido,
el 12 de noviembre de 1996.
Cuando se descubren los asuntos Ames, en 1994, y
Nicholson, en 1996, en 1997 otro golpe considerable
afectaba a los servicios de inteligencia de los Estados
Unidos. Y en este caso no a la CIA, sino al que parecía
inatacable órgano de la seguridad interior y del
contraespionaje, el FBI. El agente Edwin Pitts, del FBI,
fue detenido después de trabajar durante nueve años
para el KGB y luego para el SVR. Encargado desde su
entrada en dicha organización de la vigilancia de los
soviéticos sería posteriormente destinado a Nueva York,
lugar muy importante desde el punto de vista del
espionaje, ya que al encontrarse allí la sede central de
la ONU, los diplomáticos de numerosos países ofrecían
una buena cobertura profesional.
La detención de Pitts fue posible por la deserción de
un alto funcionario ruso, cuyo nombre en clave era
«Djeika», que había servido de intermediario entre el
yanqui y los agentes rusos. El escándalo fue terrible
pues el mismo FBI difundía, por esa típica rivalidad
entre servicios, los fallos de la CIA. Ahora era el
pretendidamente puro FBI quien había sido burlado por
los rusos. Pitts no obedeció tampoco a motivos
ideológicos, sino a la codicia.
También fue penetrada la Agencia Nacional de Seguridad
de los Estados Unidos (NSA), encargada del desciframiento
de las comunicaciones electrónicas, tan sumamente
secreta que hasta el FBI necesita autorización para
investigar en asuntos de la Seguridad Nacional. Ha sido
infiltrada con éxito por el SVR, y en octubre de 1998 ha
sido detenido David Sheldon Boons. Había sido habilitado
para acceder a los dossiers más reservados y al grado
superior de «informaciones sensibles». Ha estado en la
base de Augsburg en Alemania, la más importante de
Europa. Después de 1988, Boons transmitió documentos al
SVR, antes de regresar en 1991 a los Estados Unidos.
El SVR está dirigido actualmente por el general
Vyacheslav Trubnikov, hombre de íntima confianza de
Primakov, procedente de la información. Es una parte
esencial de la política rusa, no un mero servicio al
estilo occidental.
Otro hombre procedente del SVR, fiel adjunto de Primakov,
es el General Gregori Rapota, quien aporta a los
«órganos especiales» una cobertura suplementaria al
estar encargado de la Sociedad de Venta de Armamento Ruso
en el mundo. Rapota, que habla bien inglés, español y
sueco, es un joven general de división salido del
Instituto Superior Técnico Bauman.
2. Otros órganos especiales.
a) El Ministerio de la Defensa. De él depende un órgano
conocido por su profesionalidad y eficacia, que no
cambió de nombre en la época post-soviética, el
Servicio de Información Militar, el GRU. Al no tener una
tutela política, ha conservado sus excelentes
profesionales, más reforzado aún que en la antigua
Unión Soviética. Varios de los éxitos más
sensacionales fueron obtenidos por el GRU. Así los
conseguidos por el General Berzin -eliminado
posteriormente por Stalin- en la Europa de los años 30.
Su antiguo director desde 1992, el general F.I. Ladyguin,
de 61 años, cedió su puesto al Coronel-General
Valentín Korabelnikov de 53 años. Desde la creación
del GRU, en 1918, con veintitrés antecesores, es uno de
los escasos directores surgidos de la Casa. Su padre fue
miembro del NKVD en 1935 en Leningrado.
Desde los famosos casos de Popov y de Penkovski, que
pagaron con su vida la vital información que pasaron a
los servicios occidentales en la época soviética, el
más importante tránsfuga del GRU -ya en el periodo
post-soviético de 1992- ha sido el Coronel Stanislas
Lunev, el directivo de mayor relieve pasado a los Estados
Unidos. Lunev desempeñó sus funciones con la cobertura,
muy habitual, de periodista de la agencia TASS, durante
cuatro años en los Estados Unidos. Lunev va a publicar
próximamente un libro sobre sus experiencias.
b) El Servicio Federal de Seguridad. F.S.B. El FSB es el
heredero del antaño Segundo Directorio principal del
KGB, dirigido hasta hace unos meses por el General
Serguei Kosaliov, formado en el antiguo KGB. El director
actual es un antiguo miembro de los Servicios de
Inteligencia, Vladimir Putin, quien desarrolló parte de
su carrera en la Alemania de los años 70, vinculado a
Yeltsin desde el Gabinete de la Presidencia. Hasta hace
poco, Yeltsin controlaba muy personalmente los
nombramientos en los «Organos», como se vió en tiempos
con el tandem Korsakov-Barsukov, hoy enemistado con el
Presidente.
Vladimir Putin, muy joven para dicho puesto -51 años-,
entró en el segundo Directorio del KGB hoy sucedido por
FSB en 1971, pasando después al elitista Primer
Directorio, antecedente del actual SVR. Fue destinado
como residente al importantísimo puesto de Alemania
Occidental. Putin conoce muy bien la política alemana:
es además Secretario del poderoso Consejo de Seguridad,
compuesto por los hombres más destacados, tanto del
Gobierno como de las Fuerzas Armadas.
El primer Ministro impuesto por Yeltsin en sustitución
de Primakov, consecuencia del enfrentamiento con él
sostenido, es Serguei Stepatchin, de 48 años. También
procedente de los «órganos especiales». Con sólo 40
años fue mayor-general del antiguo KGB, y uno de sus
vice-directores. En 1991 tuvo un papel destacado en la
comisión encargada de la reforma de los servicios
secretos de la ex-Unión Soviética. Siendo trasladado un
año más tarde como director del FSB a la región de San
Petersburgo, lo que representó un retroceso en su
carrera. Sin embargo, recuperaría posiciones, con el
favor de Yeltsin, llegando a ministro del Interior -MVD-
y primer viceprimer ministro. Hoy, julio de 1999, es
Primer Ministro, y al igual que su antecesor Primakov,
procedente de los «órganos especiales».
El FSB como heredero del Segundo Directorio cuenta con
medios muy considerables y controla el espionaje y la
infiltración en los servicios extranjeros. Se ha
apuntado tantos considerables, conservando gran eficacia
en circunstancias más difíciles que sus antecesores,
con distinto nombre pero con idénticas misiones.
c) El Ministerio de Asuntos Interiores. MVD. De él
dependen las importantes fuerzas de seguridad -MVD- que
alcanzan unos doscientos mil hombres, pero por
dificultades presupuestarias pueden ser reducidas a
ciento treinta mil.
d) Otros Organos son el Servicio Federal de las Fronteras
encargado de la vigilancia de las enormes fronteras
rusas. No olvidemos que, a pesar de la desintegración de
la URSS, Rusia sigue siendo la mayor nación del planeta
con unos 17 millones de km. cuadrados, a muy considerable
distancia de China con sus 10 km. cuadrados, Estados
Unidos, Canadá o Brasil.
La Agencia Federal de Comunicación, FAPSI. Tal es el
título de la que probablemente sea la más sofisticada
de las distintas ramas de los «órganos». Cuenta con
personal altamente preparado tecnológicamente, controla
las transmisiones, satélites, intercepta las
comunicaciones extranjeras y vigila toda información
transmitida electrónicamente. Su homóloga en Estados
Unidos sería la muy secreta NSA, Agencia de Seguridad
Nacional. A diferencia del FBI, que necesita
autorización en Rusia para casos que afectasen a la
seguridad nacional, el FSB podría intervenir con menos
cortapisas. Una persona que parece de la confianza de
Primakov, Vladimir Chertiuk, ha sido nombrado director.
A nivel político tenemos el Consejo de Defensa,
equivalente al antiguo STARK; y los Comités de Defensa
de la Duma y de Seguridad de la misma, quienes tienen un
control bastante más teórico que práctico sobre los
«órganos especiales». Los generales Trubnikov y Putin
saben que no existe sobre ellos ni sobre sus servicios
ese afán de control, propio de los sistemas
partitocráticos occidentales.
Hombres de confianza del primer ministro ocupan cargos no
directamente relacionados con los «órganos
especiales», pero están plenamente identificados con
los mismos e incluso proceden de ellos. Tal es el caso de
Yurin Kobaladze, durante siete años «corresponsal» de
la agencia Tass en Londres, y despúés portavoz del SVR,
luego subdirector de la televisión del Estado. Otros
antiguos miembros de los servicios han sido introducidos
en la cadena privada de radio-televisión NTV, y en la
cadena OTR, propiedad del Estado en un 51%.
También Vladimir Kirpichenko, consultor muy importante
cerca de la presidencia del SVR, quien supervisa un
conglomerado de unas ochenta empresas, apareciendo en
alguna Lujkov, poderoso alcalde de Moscú y hombre con
muchas posibilidades futuras. El presidente de la Banca
Nacional de Rusia, Lebedev, antiguo coronel del KGB. El
general A, Pushkarenko, vicedirector del contraespionaje
económico del SVR.
Todos estos nombramientos significan que, después de una
ola de antiguos miembros del KGB del periodo Gorbachov y
principios de Yeltsin, una segunda ola de miembros de los
servicios y que no tiene nada que ver con la precedente
aparece en Rusia. Es una generación más joven, y con
mentalidad diferente respecto a los antiguos apparatchiks
de la era brezneviana.
El interés gubernamental en los órganos especiales data
de antiguo, pues ya en noviembre de 1921 en medio de una
espantosa crisis humana, social y económica, Lenin
firmó una orden de traspaso suplementario de 792.000
rublos para la «Cheka», ratificada por el Politburó el
24 de noviembre.
También en la época zarista la atención a los
servicios de inteligencia y su eficacia era un hecho. Es
el caso del coronel Redl, jefe de información del Estado
Mayor austro-húngaro, quien trabajando para los
servicios rusos entregó informes de importancia vital.
Entre ellos, antes de ser descubierto casi por
casualidad, el plan de movilización contra Rusia, en
caso de guerra, del Ejército austro-húngaro. Los
servicios rusos aprovecharon tanto el conocimiento de su
homosexualidad como sus necesidades económicas
crecientes. La homosexualidad ha sido un factor
habitualmente aprovechado por los servicios secretos de
varios países. Otros motivos son la ambición, el ansia
de conseguir mayores ingresos como consecuencia de
amistades femeninas costosas, el resentimiento derivado
de la postergación en carreras profesionales, y los
ideológicos.
La eficacia de la policía política rusa, la «Ojrana»,
era tal que situó, entre otros, en el entorno de Lenin
como hombre de confianza de éste, al agente Román
Malinovski, nada menos que representante en el parlamento
ruso, la Duma, y jefe de la facción bolchevique en la
misma.
Parece existir una cierta guerra soterrada alrededor del
poder central, entre antiguos y actuales altos cuadros
del ex-KGB, del exitoso SVR, del FSB, e incluso del GRU.
3. Conclusión. Cuando hombres de los claros orígenes de
Primakov, de Stepachin, discutan con sus homólogos
occidentales no es difícil imaginar la diferencia de
preparación que han de tener gracias a su experiencia en
los círculos de la información.
Contrariamente a tantos aspectos de la vida rusa,
políticos, económicos, sociales, etc., los «órganos
especiales» disfrutan de muy buena salud.
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