Los órganos especiales rusos nº97

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Los órganos especiales rusos nº97

Por Angel Maestro

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Los órganos especiales rusos

Rusia se enfrenta a una crisis de graves consecuencias que alcanza a casi todas las capas de la sociedad. Sin embargo, hay un sector del aparato estatal ruso que simplemente ha cambiado de nombre y que mantiene la eficacia de otrora:«Organos especiales».

Desde la desaparición del antiguo Comité para la Seguridad del Estado, KGB, sucesor de CHEKA, GPU, OGPU, NKVD, el gigantesco aparato fue dividido en varios departamentos. De entre ellos adquieren especial relevancia los antiguos Primero y Segundo directorios, dos organismos claves en el antiguo Comité. Existen otros organismos importantes como el Servicio de Información Militar GRU, el Ministerio de Asuntos Interiores MVD, o el Servicio de Guardia Fronteras. El sucesor del Primer Directorio ha sido el hoy denominado SVR, el Servicio de la Inteligencia Exterior.

1. El SVR. Es la flor de los servicios de información rusos y la élite de los servicios de inteligencia. Conserva incluso la misma sede del Primer directorio del KGB en el complejo de Yasienevo, en los alrededores de Moscú.

Antaño, los miembros del citado Directorio no se consideraban simples chekistas, cual sus colegas del segundo Directorio, aunque, como dijo Lenin: «un buen comunista es, al mismo tiempo, un buen chekista». Eran la punta de lanza no sólo en la obtención de información, sino en las labores de intoxicación y manipulación. En 1998, Yeltsin manifestó que el SVR «está directamente asociado a la solución del problema a que se enfrenta Rusia en el plano territorial y político, y los informes facilitados por el SVR constituyen una garantía esencial de su seguridad. No se trata sólo de garantizar la estabilidad del Estado enfrentado a una serie de conflictos abiertos o latentes, sino de percibir las acciones del extranjero». Siguió diciendo Yeltsin:«El SVR tiene la dura responsabilidad de obtener con tiempo suficiente un avance de informaciones sobre los planes y las intenciones de los principales países occidentales respecto de nuestros países vecinos para emitir en tiempo útil respuestas destinadas a neutralizar ese tipo de proyectos».

Se produce en la Rusia actual una situación distinta de las habituales en Occidente. Eugueni Primakov, hasta mayo de 1999, Primer Ministro y hombre fuerte de Rusia, y parece que con proyección de futuro cuando desaparezca el cada vez más enfermo, a la vez que desprestigiado Yeltsin, habla bien alemán, inglés, georgiano, armenio y yiddish. Comenzó su labor periodística en 1956 en la Radio Televisión del Estado; después en «Pravda». Fue enviado como corresponsal al Medio y Cercano Oriente. Primakov, nacido el 29 de octubre de 1929, tuvo que rusificar su apellido, ya que su familia se apellidaba Finkelstein y Kirschblatt. Durante sus estudios en el Instituto de Lenguas Orientales, en el período 1949-1953, estaba en pleno vigor la campaña de antisemitismo de Stalin. Por cualquier pequeña relación con judíos se era acusado de sionismo.

Lenin, que constituía una verdadera mezcla de razas, sólo tenía una cuarta parte de ascendencia judía por su abuelo materno, Alexander Blank, quien procedería a rusificar su apellido original, Moishevich, y se bautizaría. Otros tres abuelos tenían distintos orígenes étnicos: alemanes, rusos y kalmukos; estos últimos marcarían las facciones de Lenin. Es curioso que Lenin, dirigiéndose a Gorki -posiblemente pensando en Alexander Kelphand Parvus- dijese: «La Rusia inteligente es siempre un judío o alguien con sangre judía».

Primakov, entre 1957 y 1969, resultó ser uno de los más competentes especialistas en Egipto, Irak y Arabia. Entró en contacto con personas influyentes árabes, palestinas y kurdas. Realizó una importante aproximación a Saddan Hussein, diez años antes de que los generalmente ignaros medios de comunicación y políticos occidentales conociesen al futuro líder irakí.

Vuelto a Moscú en 1970 pasó a ocupar el importante cargo de Director del Instituto de Economía Mundial y de Relaciones Internacionales. Después, formó parte del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética. Y en su ascenso continuó como un experto en temas internacionales hasta llegar al Politburó, en la época de Gorbachov.

Producida la desintegración de la Unión Soviética, en parte responsabilidad de ese hombre tan elogiado en Occidente pero funesto para los intereses rusos que fue Gorbachov, en 1991 fue nombrado Director del SVR, obteniendo éxitos innegables. Después, fue nombrado Ministro de Asuntos Exteriores con un gran peso en los gobiernos de Yeltsin; posteriormente, con un Yeltsin enfermo, es designado Primer Ministro. Es sorprendente para la mentalidad occidental que un antiguo jefe de los Servicios de Información haya llegado al puesto más alto (Bush fue Director de la CIA, pero durante un periodo ocasional de su carrera y sin proceder de los Servicios de Inteligencia). Superior incluso al caso de Yuri Andropov quien durante años dirigió el KGB, pero pertenecía a los cuadros del Partido. Pocas veces un político ha llegado a este puesto procedente de los servicios de inteligencia, y podrá aprovecharlo con un resultado incomparablemente superior a sus homólogos occidentales ya que es consciente de que tal servicio no constituye un apéndice de los organismos estatales sino una pieza esencial. Hace sólo cinco años, cuando Primakov era Director del SVR, dio públicamente directrices de política exterior al gobierno ruso, lo que suponía una asunción de funciones muy por encima de sus facultades teóricas. ¿Se imagina alguien al Director del CESID, por ejemplo, dando públicamente directrices al jefe del Gobierno español?

En los últimos años, el SVR se ha apuntado tantos sumamente valiosos, incluso superiores a sus antecedentes soviéticos. Podemos citar ejemplos muy concretos, pero hay uno muy especial que para superarlo habría que remontarse a casos de primera magnitud, cuando la infiltración soviética fue destacadísima en Occidente, y ejerció una influencia decisiva en asuntos mundiales, como fueron los de Sorge, Philby, Fuchs... Es el caso de Aldrich Ames quien, desde su puesto como responsable de formación de agentes en la CIA, facilitó a los servicios, no soviéticos, sino ya rusos, toda la información sobre americanos miembros de la Agencia destinados en Rusia y sobre sus colaboradores rusos. Estos últimos fueron detenidos y la mayoría ejecutados. Aldrich Ames estuvo muy bien pagado. Esto demuestra que el SVR no padece las dificultades económicas de tantísimos sectores: pagó a Ames unos dos millones y medio de dólares por sus informaciones, aproximadamente 375 millones de pesetas. El «responsable» ruso de Ames fue el hoy retirado Viktor Cherkashin.

Miembro del KGB desde 1954, Cherkashin recorrió muchos destinos: Australia, Líbano, la India, y los Estados Unidos hasta 1987. Después, ya en Moscú, pasó a ser el «controlador» de Ames. Algunos antiguos miembros acusan de incompetencia al que fue Presidente del KGB, Vladimir Kriuchkov, nombrado directamente por Andropov. Para el controlador de Ames fue Kriuchkov el responsable de la captura de Ames pues, aunque este fue detenido en la época post-soviética, durante la cual siguió enviando informaciones valiosísimas, las detenciones y ejecuciones de tantos colaboradores hicieron recaer las sospechas de la CIA. Instigando la codicia de Ames y sus motivos no ideológicos sino meramente dinerarios, el presidente del KGB, Kriuchkov, forzó al hombre de la CIA para brillar con sus preciosos informes. Posteriormente a la de Ames, se produjo la detención de Harold J. Nicholson, de 48 años, con 16 de servicio en la CIA, reclutado en 1980.

Nicholson era un universitario de carácter desigual, inteligente, dotado para los idiomas, buen analista y de mente rápida. Después de su formación en las escuelas de la Agencia, tuvo diferentes destinos en el extranjero, entre ellos en Filipinas donde estaba encargado de frecuentar a los oficiales de la URSS y países satélites y tratar de «darles la vuelta» como en ese argot se conoce el cambio de bando. Después recorrió otros destinos: Malasia, Japón, Rumanía, y, en 1992, de nuevo en Malasia como número 2 en la CIA, lo que suponía un ascenso, ya que Kuala Lumpur era más importante que Bucarest. En 1994 se decidió a separarse de su esposa con la que tenía tres hijos. De nuevo en Langley, sede central de la CIA en Virginia, fue nombrado Director de Formación de futuros agentes en el extranjero. Desde 1987 estuvo enamorado de una bella asiática que le costaba muy cara. A causa de tantos gastos, decidió ofrecer sus servicios al SVR, que le fue otorgando sumas cada vez más considerables.

Sometido al detector de mentiras, en unas pruebas rutinarias, pero obligatorias -muy propias de la mentalidad yanqui-, se observaron sospechas en tres ocasiones. Viajó de nuevo a Bangkok, Kuala Lumpur, Hawai, Singapur, donde la estación local de la CIA le descubrió cuando efectuaba la entrega de un paquete a un diplomático ruso. Cuatro meses más tarde era detenido, el 12 de noviembre de 1996.

Cuando se descubren los asuntos Ames, en 1994, y Nicholson, en 1996, en 1997 otro golpe considerable afectaba a los servicios de inteligencia de los Estados Unidos. Y en este caso no a la CIA, sino al que parecía inatacable órgano de la seguridad interior y del contraespionaje, el FBI. El agente Edwin Pitts, del FBI, fue detenido después de trabajar durante nueve años para el KGB y luego para el SVR. Encargado desde su entrada en dicha organización de la vigilancia de los soviéticos sería posteriormente destinado a Nueva York, lugar muy importante desde el punto de vista del espionaje, ya que al encontrarse allí la sede central de la ONU, los diplomáticos de numerosos países ofrecían una buena cobertura profesional.

La detención de Pitts fue posible por la deserción de un alto funcionario ruso, cuyo nombre en clave era «Djeika», que había servido de intermediario entre el yanqui y los agentes rusos. El escándalo fue terrible pues el mismo FBI difundía, por esa típica rivalidad entre servicios, los fallos de la CIA. Ahora era el pretendidamente puro FBI quien había sido burlado por los rusos. Pitts no obedeció tampoco a motivos ideológicos, sino a la codicia.

También fue penetrada la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos (NSA), encargada del desciframiento de las comunicaciones electrónicas, tan sumamente secreta que hasta el FBI necesita autorización para investigar en asuntos de la Seguridad Nacional. Ha sido infiltrada con éxito por el SVR, y en octubre de 1998 ha sido detenido David Sheldon Boons. Había sido habilitado para acceder a los dossiers más reservados y al grado superior de «informaciones sensibles». Ha estado en la base de Augsburg en Alemania, la más importante de Europa. Después de 1988, Boons transmitió documentos al SVR, antes de regresar en 1991 a los Estados Unidos.

El SVR está dirigido actualmente por el general Vyacheslav Trubnikov, hombre de íntima confianza de Primakov, procedente de la información. Es una parte esencial de la política rusa, no un mero servicio al estilo occidental.

Otro hombre procedente del SVR, fiel adjunto de Primakov, es el General Gregori Rapota, quien aporta a los «órganos especiales» una cobertura suplementaria al estar encargado de la Sociedad de Venta de Armamento Ruso en el mundo. Rapota, que habla bien inglés, español y sueco, es un joven general de división salido del Instituto Superior Técnico Bauman.



2. Otros órganos especiales.



a) El Ministerio de la Defensa. De él depende un órgano conocido por su profesionalidad y eficacia, que no cambió de nombre en la época post-soviética, el Servicio de Información Militar, el GRU. Al no tener una tutela política, ha conservado sus excelentes profesionales, más reforzado aún que en la antigua Unión Soviética. Varios de los éxitos más sensacionales fueron obtenidos por el GRU. Así los conseguidos por el General Berzin -eliminado posteriormente por Stalin- en la Europa de los años 30. Su antiguo director desde 1992, el general F.I. Ladyguin, de 61 años, cedió su puesto al Coronel-General Valentín Korabelnikov de 53 años. Desde la creación del GRU, en 1918, con veintitrés antecesores, es uno de los escasos directores surgidos de la Casa. Su padre fue miembro del NKVD en 1935 en Leningrado.

Desde los famosos casos de Popov y de Penkovski, que pagaron con su vida la vital información que pasaron a los servicios occidentales en la época soviética, el más importante tránsfuga del GRU -ya en el periodo post-soviético de 1992- ha sido el Coronel Stanislas Lunev, el directivo de mayor relieve pasado a los Estados Unidos. Lunev desempeñó sus funciones con la cobertura, muy habitual, de periodista de la agencia TASS, durante cuatro años en los Estados Unidos. Lunev va a publicar próximamente un libro sobre sus experiencias.

b) El Servicio Federal de Seguridad. F.S.B. El FSB es el heredero del antaño Segundo Directorio principal del KGB, dirigido hasta hace unos meses por el General Serguei Kosaliov, formado en el antiguo KGB. El director actual es un antiguo miembro de los Servicios de Inteligencia, Vladimir Putin, quien desarrolló parte de su carrera en la Alemania de los años 70, vinculado a Yeltsin desde el Gabinete de la Presidencia. Hasta hace poco, Yeltsin controlaba muy personalmente los nombramientos en los «Organos», como se vió en tiempos con el tandem Korsakov-Barsukov, hoy enemistado con el Presidente.

Vladimir Putin, muy joven para dicho puesto -51 años-, entró en el segundo Directorio del KGB hoy sucedido por FSB en 1971, pasando después al elitista Primer Directorio, antecedente del actual SVR. Fue destinado como residente al importantísimo puesto de Alemania Occidental. Putin conoce muy bien la política alemana: es además Secretario del poderoso Consejo de Seguridad, compuesto por los hombres más destacados, tanto del Gobierno como de las Fuerzas Armadas.

El primer Ministro impuesto por Yeltsin en sustitución de Primakov, consecuencia del enfrentamiento con él sostenido, es Serguei Stepatchin, de 48 años. También procedente de los «órganos especiales». Con sólo 40 años fue mayor-general del antiguo KGB, y uno de sus vice-directores. En 1991 tuvo un papel destacado en la comisión encargada de la reforma de los servicios secretos de la ex-Unión Soviética. Siendo trasladado un año más tarde como director del FSB a la región de San Petersburgo, lo que representó un retroceso en su carrera. Sin embargo, recuperaría posiciones, con el favor de Yeltsin, llegando a ministro del Interior -MVD- y primer viceprimer ministro. Hoy, julio de 1999, es Primer Ministro, y al igual que su antecesor Primakov, procedente de los «órganos especiales».

El FSB como heredero del Segundo Directorio cuenta con medios muy considerables y controla el espionaje y la infiltración en los servicios extranjeros. Se ha apuntado tantos considerables, conservando gran eficacia en circunstancias más difíciles que sus antecesores, con distinto nombre pero con idénticas misiones.

c) El Ministerio de Asuntos Interiores. MVD. De él dependen las importantes fuerzas de seguridad -MVD- que alcanzan unos doscientos mil hombres, pero por dificultades presupuestarias pueden ser reducidas a ciento treinta mil.

d) Otros Organos son el Servicio Federal de las Fronteras encargado de la vigilancia de las enormes fronteras rusas. No olvidemos que, a pesar de la desintegración de la URSS, Rusia sigue siendo la mayor nación del planeta con unos 17 millones de km. cuadrados, a muy considerable distancia de China con sus 10 km. cuadrados, Estados Unidos, Canadá o Brasil.

La Agencia Federal de Comunicación, FAPSI. Tal es el título de la que probablemente sea la más sofisticada de las distintas ramas de los «órganos». Cuenta con personal altamente preparado tecnológicamente, controla las transmisiones, satélites, intercepta las comunicaciones extranjeras y vigila toda información transmitida electrónicamente. Su homóloga en Estados Unidos sería la muy secreta NSA, Agencia de Seguridad Nacional. A diferencia del FBI, que necesita autorización en Rusia para casos que afectasen a la seguridad nacional, el FSB podría intervenir con menos cortapisas. Una persona que parece de la confianza de Primakov, Vladimir Chertiuk, ha sido nombrado director.

A nivel político tenemos el Consejo de Defensa, equivalente al antiguo STARK; y los Comités de Defensa de la Duma y de Seguridad de la misma, quienes tienen un control bastante más teórico que práctico sobre los «órganos especiales». Los generales Trubnikov y Putin saben que no existe sobre ellos ni sobre sus servicios ese afán de control, propio de los sistemas partitocráticos occidentales.

Hombres de confianza del primer ministro ocupan cargos no directamente relacionados con los «órganos especiales», pero están plenamente identificados con los mismos e incluso proceden de ellos. Tal es el caso de Yurin Kobaladze, durante siete años «corresponsal» de la agencia Tass en Londres, y despúés portavoz del SVR, luego subdirector de la televisión del Estado. Otros antiguos miembros de los servicios han sido introducidos en la cadena privada de radio-televisión NTV, y en la cadena OTR, propiedad del Estado en un 51%.

También Vladimir Kirpichenko, consultor muy importante cerca de la presidencia del SVR, quien supervisa un conglomerado de unas ochenta empresas, apareciendo en alguna Lujkov, poderoso alcalde de Moscú y hombre con muchas posibilidades futuras. El presidente de la Banca Nacional de Rusia, Lebedev, antiguo coronel del KGB. El general A, Pushkarenko, vicedirector del contraespionaje económico del SVR.

Todos estos nombramientos significan que, después de una ola de antiguos miembros del KGB del periodo Gorbachov y principios de Yeltsin, una segunda ola de miembros de los servicios y que no tiene nada que ver con la precedente aparece en Rusia. Es una generación más joven, y con mentalidad diferente respecto a los antiguos apparatchiks de la era brezneviana.

El interés gubernamental en los órganos especiales data de antiguo, pues ya en noviembre de 1921 en medio de una espantosa crisis humana, social y económica, Lenin firmó una orden de traspaso suplementario de 792.000 rublos para la «Cheka», ratificada por el Politburó el 24 de noviembre.

También en la época zarista la atención a los servicios de inteligencia y su eficacia era un hecho. Es el caso del coronel Redl, jefe de información del Estado Mayor austro-húngaro, quien trabajando para los servicios rusos entregó informes de importancia vital. Entre ellos, antes de ser descubierto casi por casualidad, el plan de movilización contra Rusia, en caso de guerra, del Ejército austro-húngaro. Los servicios rusos aprovecharon tanto el conocimiento de su homosexualidad como sus necesidades económicas crecientes. La homosexualidad ha sido un factor habitualmente aprovechado por los servicios secretos de varios países. Otros motivos son la ambición, el ansia de conseguir mayores ingresos como consecuencia de amistades femeninas costosas, el resentimiento derivado de la postergación en carreras profesionales, y los ideológicos.

La eficacia de la policía política rusa, la «Ojrana», era tal que situó, entre otros, en el entorno de Lenin como hombre de confianza de éste, al agente Román Malinovski, nada menos que representante en el parlamento ruso, la Duma, y jefe de la facción bolchevique en la misma.

Parece existir una cierta guerra soterrada alrededor del poder central, entre antiguos y actuales altos cuadros del ex-KGB, del exitoso SVR, del FSB, e incluso del GRU.

3. Conclusión. Cuando hombres de los claros orígenes de Primakov, de Stepachin, discutan con sus homólogos occidentales no es difícil imaginar la diferencia de preparación que han de tener gracias a su experiencia en los círculos de la información.

Contrariamente a tantos aspectos de la vida rusa, políticos, económicos, sociales, etc., los «órganos especiales» disfrutan de muy buena salud.



 

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