LIBROS: Como un río de fuego. nº 97

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LIBROS: Como un río de fuego. nº 97

Comentarios de A. Landa al libro de José Luis Alfaya

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LIBROS: Como un río de fuego

Alfaya, José Luis: Como un río de fuego. Madrid 1936, Ed. Internacionales Universitarias, Madrid 1999, 320 págs.



Esta obra es el desarrollo de una tesis doctoral defendida en 1997 que estudia la persecución religiosa en la diócesis de Madrid, durante la segunda mitad de 1936. La obra general básica sobre la materia era la de A. Montero: Historia de la persecución religiosa en España 1936-1939, publicada en 1961 y que ha permanecido como una rareza bibliográfica durante casi cuarenta años pues sólo en 1999 ha sido reeditada. Otra fuente de primer orden es la Causa General. La dominación roja en España, presentada por el Ministerio Fiscal y varias veces reimpresa. También la monumental Historia de la cruzada (1941) de J. Arrarás. Especial relevancia tiene el testimonio del benemérito embajador de Chile en el Madrid republicano, A. Núñez Morgado, quien salvó la vida a miles de refugiados en su sede oficial y anexos, Los sucesos de España vistos por un diplomático (2ª ed. 1979)1. Como reconstrucciones panorámicas habría que citar el libro de V. Cárcel Ortí. La Iglesia durante la República y la guerra civil (1988), y el magistral resumen de J. Guerra Campos, La Iglesia en España 1936-1975 (1986).

Esta y la numerosa bibliografía disponible ha sido utilizada por el autor; pero, además, ha manejado los archivos diocesanos y memorias inéditas, y ha realizado numerosas entrevistas con supervivientes, alguna a religiosos. Como la investigación está limitada a Madrid, también ha tenido muy en cuenta la crónica oficiosa, Medio siglo de vida diocesana matritense 1913-1963 (Madrid 1963), y la breve, pero importante monografía de F. Verdasco, Pasión y muerte en el prebisterio de Madrid-Alcalá (1986).

Se trata, en suma, de una investigación académica que ya ocupa un importante lugar en la bibliografía sobre la persecución religiosa en el Madrid republicano.

Alfaya aborda dos temas principales: la cruel persecución, y la reconstrucción de la diócesis en «las catacumbas» bajo la dirección clandestina del vicario J.M. García Lahiguera.

El balance de la persecución en Madrid es sencillamente aterrador: 435 sacerdotes diocesanos (el 39% de todo el clero secular) a los que habría que añadir los religiosos que fueron aún más (527, según un inventario incompleto). El autor da la lista nominal con indicación del lugar donde fueron asesinados. El 68% de los templos de Madrid fueron total o parcialmente destruidos; sólo se conservaron casi intactos San Francisco el Grande, Las Calatravas, San José y Santa Bárbara, mantenidos en el centro de la capital por el Gobierno de Azaña para exhibirlos a los corresponsales como prueba de «libertad de cultos». También se salvó alguna capilla de órdenes extranjeras con derecho de extraterritorialidad. La mayor intensidad de la ola de terror fue al principio: desde la mañana del 18 de julio de 1936 hasta el inmediato martes fueron saqueadas e incendiadas 46 iglesias, más de la tercera parte del total. Las pérdidas artísticas fueron incalculables: sólo la catedral de San Isidro era un museo y allí ardieron decenas de obras maestras (Mengs, Goya, Ticiano, Cano, Mena, etc.). El 96% del ajuar litúrgico diocesano -cálices, ostensorios, relicarios, etc.- fue saqueado.

Los casos de torturas son estremecedores: violaciones múltiples de mujeres ante sus propios hijos, mutilaciones, etc. Pero lo más espantoso es el desconocido dato de que más de veinte personas, religiosos y seglares, fueron arrojados vivos a las fieras del Zoológico para que los devoraran (pág. 112) como en los peores tiempos de Roma. Y ni una sola apostasía: 218 han sido ya beatificados por Juan Pablo II; Pablo VI se negó a hacerlo.

En una carta al obispo de Madrid, escribe el presidente de la Adoración Nocturna, Federico García Orea: «fueron treinta y dos meses y medio de verdadero poder del Infierno» (pág. 180). Esa es la II República que los falsificadores de la historia de España presentan ahora como un paraíso democrático, perdido por culpa de unos cuantos militares y curas; pero, como escribió el sacerdote H. López Gonzalo, «si Franco no se alza, España hoy sería una colonia de Moscú, digan lo que digan» (pág. 54). Hubiéramos sido como Albania hasta la caída del telón de acero en 1989, medio siglo de miseria y terror.

Libro documentado y objetivo cuyo estremecedor contenido no es otra cosa que la realidad de lo que ocurrió. Fueron los socialistas, comunistas y anarquistas del Frente Popular quienes con su atroz persecución religiosa, quizá la mayor de la Historia, convirtieron en cruzada el alzamiento cívico militar de 1936. Y todavía hay cronistas, no ya marxistizantes, sino presuntamente neutrales que discuten el carácter religioso de nuestra última guerra civil. Niegan la evidencia, como recomendaba Lenin.

El eminente historiador de la España contemporánea, profesor Federico Suárez, avala esta obra con una presentación. Y el prólogo corre a cargo del cardenal de Madrid, Antonio Mª Rouco.

Un libro de imprescindible lectura, no ya para los historiadores, sino para todo español que no quiera ignorar sus raíces, o sea, aquel «río de fuego».



A. Landa



 

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