La unidad de España nº 96

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La unidad de España nº 96

Por M. Clemente Cera

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La unidad de España

Cuando el Pp ganó las elecciones generales por una mayoría que no le permitía gobernar en solitario, debió reflexionar seriamente antes de compartir su área de poder con formaciones, cuya ideología nacionalista ocasionaría graves problemas en el transcurso de la legislatura.

Esta alianza cuestionaba, desde el primer momento el futuro de la unidad de España. Se ha ido cediendo parcelas jurisdiccionales, cada vez más importantes, bajo la presión tenaz de unos coaligados cuyas aspiraciones independentistas son evidentes. Se han hecho demasiadas concesiones, sin consulta previa al pueblo español.

La política desarrollada por la actual Administración, supeditada a los compromisos autonomistas, no es sustancialmente la que esperaba el electorado. Significado error, de previsibles consecuencias negativas en futuras confrontaciones electorales, si no se aplica una terapéutica enérgica que evite la descomposición nacional en incubación, antes de que la inmunodepresión haga inviable todo tratamiento.

Aznar al conocer el resultado electoral, tímidamente favorable, debió declinar la responsabilidad de formar gobierno en tan adversas circunstancias. El pueblo desapasionado, lo hubiera agradecido y, su talla de estadista habría sido enaltecida por tan noble decisión al servicio de España. Actitud coherente que habría inclinado a su favor al electorado dubitativo. Esta es la postura que se esperaba, y no los pactos. La coalición ha suplantado el concepto esencial de España, derivándola hacia la fragmentación. «El federalismo que se postula por muchos para solucionar el problema de la organización interior de España, ya hace tiempo que lo hemos superado, y nos encontramos recorriendo un camino confederal, que conduce a un Estado casi simbólico y a la negación de la nación española», ha escrito Otero Novas.

Se especula con la democratización de la Guardia Civil, relevada forzosamente de sus funciones de tráfico en ciertas autonomías (ignorándose a la opinión pública), se reduce el ejército a la mínima expresión operativa, se excluye de la historia a figuras sobresalientes, y se quiebra la unidad nacional hasta el punto de que aparece un libro titulado: De la inexistencia de España. Las reivindicaciones autonomistas son inacabables. Valiéndose de múltiples subterfugios, invaden de un modo progresivo terrenos cada vez más comprometidos, alcanzando altas cotas de emancipación, ante la inercia -rayando en la complacencia- gubernamental. Se llega al paroxismo de pretender que los billetes y monedas de euros se emitan en todas las lenguas oficiales de las comunidades, además del español. Aprobado el proyecto en el Senado, el Congreso aceptó tomar en consideración la propuesta. Una muestra más de babelismo peninsular.

«Los españoles podrán decidir acerca de cosas secundarias; pero acerca de la esencia de España no tienen nada que decidir, España no es nuestra, como objeto patrimonial, nuestra generación no es dueña absoluta de España, la ha recibido del esfuerzo de generaciones anteriores, y ha de entregarla como depósito sagrado a los que sucedan», afirmaba José Antonio Primo de Rivera.

La proclividad celtibérica a importar filosofías foráneas subestimando lo autóctono, incluso denostando nuestro pasado brillante, como el descubrimiento, colinización y evangelización de América, debiera tomar nota de las declaraciones de Eduardo Balladur, ex-primer ministro de Francia, y ex-candidato a la presidencia de la República:«No aceptaría apoyo de otros partidos para gobernar. La comunidad europea debe tener potencia militar. El francés es la lengua de la república, por lo que todo acto oficial debe ser en francés… sin marginar otras lenguas regionales como lengua nacional de Francia. El estatuto de la lengua obligatoria en la escuela debe reservarse para el francés». La coherencia con la política europeista que preconiza la actual Administración, debía extrapolar a nuestra patria este criterio.

España, es el crepúsculo del segundo milenio, es víctima de una pandemia similar a la que culminó en el desastsre del 98. Existen recursos suficientes para afrontar el nuevo embate si se supera la atonía y el oportunismo.



Manuel Clemente Cera



 

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