Eufemismos vascos nº 96

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Eufemismos vascos nº 96

Por J. Nagore Yárnoz

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Eufemismos vascos


El documento aprobado por el frente separatista (PNV, EA, y EH -es decir HB-) en el Parlamento de Vitoria es un puro eufemismo político, no sólamente en la presentación atenuada de hechos desagradables, como lo son para los españoles el separatismo e independentismo vascos, sino que, tras la cobertura disimulada de buenas palabras persigue algo ilegitimo. Todas sus frases eufemísticas tales como «espacios de colaboración», «marcos de convivencia democráticos», «alumbrar un escenario político nuevo para Euskal Herria», «consolidar un proceso que, superando el conflicto político instale a Euskal Herria en un escenario definitivo de democracia y paz», y otros, muchos análogos de los que está plagado el documento ponen a la luz la hipocresía de sus redactores. Todo esto y la condena de la violencia de un modo abstracto -siempre «venga de donde venga»- como si la violencia injusta fuera igual que la necesaria para restablecer la justicia; todo esto, repito, no es sino el ya viejo cauce por el que el separatismo vasco desea el establecimiento de una «pax no hispánica» sino «euskerika» o, «euzkadiana»; paz en un Estado vasco separado de España.

La independencia sin matices. nada nuevo en el campo de los eufemismos del PNV y sus aliados. Los que tenemos años sabemos (no solamente creemos) que esto es así. El 9 de agosto de 1931, en la Plaza de Toros de Tafalla, Manuel Irujo y Ollo, navarro, diputado separatista del PNV (y ex-ministro en el gobierno comunista de Negrín seis años más tarde), concluía así un discurso que tituló «Navarra ante el Estatuto Vasco»:

«Termino para decir que me dirijo a todos, amigos y adversarios, para deciros que en nosotros no hay odios ni estrecheces. Que queremos lo nuestro, porque es nuestro, sin mengua de los derechos de nadie, y asociando a nuestro problema a cuantos tengan hábitos de libertad y capacidad para saberla vivir con dignidad. Que nuestros derechos no pugnan con los derechos de nadie, y que si alguien se creyera molestado por ello, ese tal es quien se declara nuestro tirano y enemigo. Que abrimos nuestro corazón y nuestros brazos a todas las coincidencias, a todas las colaboraciones a todos los amores. Que cumplimos con un deber que la historia nos deparó en el actual momento y que para cumplirlo requerimos la ayuda de cuantos hijos de este pueblo digno de la libertad que para él pedimos, dándose cuenta de la trascendencia del momento, están en condiciones de prestarla, y finalmente, que esperamos confiados en la comprensión ajena y sobre todo en nuestro propio poder y esfuerzo, que por el empeño de sus hijos y bajo el vigor del Estatuto (de Estella), serán muy pronto libres Navarra y Euzkadi entera».

Entre el documento del Parlamento de «Euzkadi», en Vitoria, y el discurso de Irujo, en Tafalla, han pasado 68 años; cuarenta de ellos de «pax hispánica». De nuevo ahora los eufemismos políticos del PNV siguen siendo los de entonces. Y lo mismo que entonces disfrazan un idéntico objetivo: la independencia.



Javier Nagore Yárnoz



 

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