Eufemismos
vascos
El documento aprobado por el frente separatista (PNV, EA,
y EH -es decir HB-) en el Parlamento de Vitoria es un
puro eufemismo político, no sólamente en la
presentación atenuada de hechos desagradables, como lo
son para los españoles el separatismo e independentismo
vascos, sino que, tras la cobertura disimulada de buenas
palabras persigue algo ilegitimo. Todas sus frases
eufemísticas tales como «espacios de colaboración»,
«marcos de convivencia democráticos», «alumbrar un
escenario político nuevo para Euskal Herria»,
«consolidar un proceso que, superando el conflicto
político instale a Euskal Herria en un escenario
definitivo de democracia y paz», y otros, muchos
análogos de los que está plagado el documento ponen a
la luz la hipocresía de sus redactores. Todo esto y la
condena de la violencia de un modo abstracto -siempre
«venga de donde venga»- como si la violencia injusta
fuera igual que la necesaria para restablecer la
justicia; todo esto, repito, no es sino el ya viejo cauce
por el que el separatismo vasco desea el establecimiento
de una «pax no hispánica» sino «euskerika» o,
«euzkadiana»; paz en un Estado vasco separado de
España.
La independencia sin matices. nada nuevo en el campo de
los eufemismos del PNV y sus aliados. Los que tenemos
años sabemos (no solamente creemos) que esto es así. El
9 de agosto de 1931, en la Plaza de Toros de Tafalla,
Manuel Irujo y Ollo, navarro, diputado separatista del
PNV (y ex-ministro en el gobierno comunista de Negrín
seis años más tarde), concluía así un discurso que
tituló «Navarra ante el Estatuto Vasco»:
«Termino para decir que me dirijo a todos, amigos y
adversarios, para deciros que en nosotros no hay odios ni
estrecheces. Que queremos lo nuestro, porque es nuestro,
sin mengua de los derechos de nadie, y asociando a
nuestro problema a cuantos tengan hábitos de libertad y
capacidad para saberla vivir con dignidad. Que nuestros
derechos no pugnan con los derechos de nadie, y que si
alguien se creyera molestado por ello, ese tal es quien
se declara nuestro tirano y enemigo. Que abrimos nuestro
corazón y nuestros brazos a todas las coincidencias, a
todas las colaboraciones a todos los amores. Que
cumplimos con un deber que la historia nos deparó en el
actual momento y que para cumplirlo requerimos la ayuda
de cuantos hijos de este pueblo digno de la libertad que
para él pedimos, dándose cuenta de la trascendencia del
momento, están en condiciones de prestarla, y
finalmente, que esperamos confiados en la comprensión
ajena y sobre todo en nuestro propio poder y esfuerzo,
que por el empeño de sus hijos y bajo el vigor del
Estatuto (de Estella), serán muy pronto libres Navarra y
Euzkadi entera».
Entre el documento del Parlamento de «Euzkadi», en
Vitoria, y el discurso de Irujo, en Tafalla, han pasado
68 años; cuarenta de ellos de «pax hispánica». De
nuevo ahora los eufemismos políticos del PNV siguen
siendo los de entonces. Y lo mismo que entonces disfrazan
un idéntico objetivo: la independencia.
Javier Nagore Yárnoz
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