Más allá de la Constitución nº 96

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Más allá de la Constitución nº 96

Por J. López Medel

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Más allá de la Constitución

Al final de la I Guerra Mundial, en medio de sus efectos devastadores, apareció un diplomático y jurista de singular calibre. Kelsen era un experto en las consecuencias de aquel conflicto. Conocedor también de los efectos del historicismo, del positivismo, o del dogmatismo jurídicos, a la derecha y a la izquierda de Hegel, y cercanos los primeros síntomas del existencialismo, quiere centrarse en el concepto y naturaleza de lo jurídico. Su Teoría pura del Derecho es el alumbramiento de una nueva doctrina. Todo lo que pulula al margen o al lado o más allá de la Ley, será «interés», «moral», «ética», «ideología», pero no será Derecho. En esa disección, científicamente decantada -como en un laboratorio- Kelsen es el representante del Círculo de Viena, de una influencia singular en el mundo de lo jurídico, de lo político y de lo social. En los sistemas jurídicos hay una norma fundamental, norma de normas, ley de leyes, que es la Constitución. Siguiendo el pensamiento kelseniano, se podría decir que Ley es igual a Estado, Estado igual a Ley, y Democracia-Constitución-Estado se identifican, al menos, formal y conceptualmente.

El impacto de Kelsen en la doctrina jurídica mundial fué grande. Sus efectos, de una u otra manera, persisten en la actualidad. Nuestros maestros, Legaz Lacambra, de procedencia iusnaturalista, o Recasens Siches, de influencia orteguiano-existencial, captaron directamente de Kelsen, incluso con su amistad, sus ideas. Fueron los primeros traductores y sus receptores. José Antonio Primo de Rivera dió una conferencia sobre Kelsen. En el orden político podría sintetizarse así: no hay un más allá de la Constitución, y el constitucionalismo democrático debe ser purificado de los ingredientes revolucionarios o ideológicos, sean los de la Revolución Francesa, de otras Cartas Magnas, o de la doctrina del Derecho de Gentes de la Escuela de Salamanca.

Pero los citados Legaz y Recasens, -y también Cossio en Argentina- ya vieron un más allá de la teoría pura del Derecho. Cuando Kelsen quiere entrar en su magna obra Teoría Comunista del Estado y Derecho -en la URSS donde también se da la identificación del Estado y Derecho- no encontrará apoyo para la crítica en su propia doctrina. Y ha de acuñar, en un pequeño librito, ¿Qué es justicia?, una serie de fundamentos, ajenos a la arquitectura formal de la norma. El caso de un Hitler que, con la Constitución vigente en la mano, asume el poder desde la legalidad, produjo un grave quebranto para el neopositivismo que el puro formalismo keseniano había impuesto.

Esto viene como punto de reflexión para los planteamientos valorativos de nuestra Constitución. Hernández Gil, tan olvidado ahora, quiso aportar, precisamente frente a la pretensión de encerrar casi todo en el texto de la Constitución de 1978, unos «valores», que normalmente «vagan fuera» de la norma: la justicia, la libertad, la igualdad, el pluralismo (art. 1.°), que con frecuencia se presumen o están en los Preámbulos de las Constituciones. y unos principios: legalidad, seguridad jurídica, etc. (art. 9.3). E incluso en el art. 10.2 se situó la doctrina y los tratados internacionales como normas de interpretación, aunque algunas de ellas sean meras Declaraciones -como las de 1948- o Acuerdos, por ejemplo, con la Santa Sede de 1979 en materia de educación.`

¿Hay o no un más allá de la Constitución? Algunos se han hecho esta pregunta con ocasión de la modificación de la fórmula del juramento a la bandera por los soldados. Desde la del D. de 13.9.36 -«defensa del honor e independencia a la Patria y el orden dentro de ella hasta la última gota de vuestra sangre»- se pasa a la de la Ley de 24 de Diciembre de 1980 en donde se matiza, «en defensa de la soberanía e independencia de la Patria, de su unidad e integridad territorial y del ordenamiento constitucional». Ahora, con el pretexto de que sea una redundancia, desaparace del juramento la idea de patria y la de su unidad. Se limita a «guardar y hacer guardar la Constitución como norma fundamental del Estado, obedecer y respetar al Rey». Se mantiene el «Jurais por Dios y prometeis por vuestra conciencia y honor». Pero salvo eso, algunos podrían estimar que fuera suficiente con «Jurará la Constitución», porque todo lo demás, desde el «rey» a la «unidad» estarían incluidos en la norma fundamental. Tal formalismo jurídico, típicamente kelseniano, llevaría a no mentarlos. Y aún podría agravarse en una modificación formal del Estado si, por ejemplo, se concibiera con fórmulas plurinacionales.

Situar en la Constitución toda la normatividad fundamental es un reduncionismo que puede tener una operatividad pragmático-política, puntual, y en una determinada coyuntura. Pero, hay un más allá de la Constitución. Desde la dignidad de la persona humana hasta una España, en su unidad histórica y en su plasmación de una soberanía nacional, aunque la idea ya estaba en los visigodos y luego, en Fernando e Isabel.



Jesús López Medel



 

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