CRONICA: La diplomacia. Por E. Beladíez Navarro

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CRONICA: La diplomacia. nº 96

Por E. Beladíez Navarro

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CRONICA: La diplomacia

Durante semanas, la OTAN ha demostrado su fuerza contundente. Cientos de aviones, de misiles y de otros juguetes semejantes. Como consecuencia: ni un puente vadeable, ni un ferrocarril sin vías destrozadas, ni una carretera viable, ni un pueblo chico o grande sin su ración de explosivos. Y, sin embargo, algo chocaba: durante muchas semanas siguió habiendo luz eléctrica y emisiones regulares de radio y televisión. Si desde el principio Yugoslavia se hubiese quedado sin luz, ni televisión, la impresión hubiera sido más grande que llegar a ello después de más de un mes de guerra. Claro es que los hospitales se quedaban a oscuras, las incubadoras infantiles sin energía... (Por cierto, nadie reflexionaba sobre ello cuando se arrasaron ciudades entera como Colonia, Varsovia, Frankfurt o Dresde).

El servicio de inteligencia no parece haber sido óptimo. Como lo demuestra el ataque -no planeado- a la embajada de la República Popular China, magnificado estrepitosamente. Y no sólo por los chinos, empeñados en demostrar que era un acto de perversa voluntad del señor Clinton, aún a sabiendas de que en un barullo como el existente en Belgrado la cosa tenía poca importancia. Excepto, naturalmente, para los muertos y sus familiares.

Los países que reciben los aluviones de desarrapados también tienen que pensar en sí mismos. Está muy bien ayudar a un kosovar, pero también hay que ayudar al que lo aloja y acoge. Sobre todo cuando las cifras de necesitados escalofrían. Como en Macedonia, donde el número de los que ha recibido es tal que proporcionalmente representa tanto como el desembarco en Estados Unidos de treinta y cinco millones de pordioseros. Ni a América, con todos sus recursos -que no son los de Macedonia- podría no importarle tal invasión desarmada.

Y Milosevich tan tranquilo. Pero un día inesperado, el Tribunal de crímenes contra la humanidad lo denunció -junto con cuatro de los suyos- como criminales de guerra, impartiendo una orden de busca y captura para que pueda sentarse en el banquillo del Tribunal en La Haya. Era la primera vez en la Historia que un crimen semejante se imputaba a un Jefe de Estado en ejercicio, sin esperar que bajase del poder.

Lo curioso del caso es que la decisión de la alta magistratura se ha lanzado contra un dictador encerrado en un bunker. Y, ¿qué piensa hacer con el señor Castro, tirano del Caribe, con todo un curriculum profesional y criminal que ya lo querría para si el tirano yugoslavo? Si se trata de números, Cuba con menor población que Serbia ha dado más exiliados. No tuvieron necesidad de atravesar montañas nevadas, senderos encenagados, bosques de alimañas. Los cubanos tenían bastante con hacer un balsón con dos neumáticos y lanzarse a las aguas pobladas de tiburones.

Dejando de lado la comparación que ahora se plantea entre tirano y tirano, las mentes bienpensantes se aturrullaron con el dictamen judicial. Si estaba el yugoslavo acusado de criminal, ¿con quien se iba a negociar la paz? Estaba clarísimo: con el acusado, mientras tenga alguna fuerza, alguna autoridad en casa. Y cuando llegue la paz, dejar que la justicia siga su curso. Que podría hacerlo, porque entre sus propios compatriotas habrá muchos que, habiéndole perdido el miedo o el respeto, querrán llevarlo ante el tribunal. A él y a sus sicarios. Lo demás, ya no corresponde a la NATO, ni a los países de Oriente. Será un pleito entre unos presuntos delincuentes y un tribunal.

Pero en esta semana de tanto acontecer -ahí es nada, el viaje del Papa a Palonia o el universal desinterés de todos los países por las elecciones al Parlamento Europeo- faltaba la guinda inesperada. El dictador de Belgrado acepta las condiciones que le imponen los del G-8. Los detalles de la aplicación de tales condiciones son discutidos por los plenipotenciarios de ambas partes, limadas y pulidas, pero acordadas. Así la NATO podrá, en parte, retirar sus efectivos , cortar sus gastos y jactarse de haber podido hacer doblar la cerviz al «bárbaro sicambrio».

Las condiciones presentadas no hablan de cambio político en el país, ni de renuncia de su Presidente, pero será difícil que después de vapuleado pueda subsistir en el Poder. Las derrotas tienen «la cola larga y apestosa», como decía el embajador Commines y ésta, aunque se pretenda presentar como una victoria, no habrá manera de esquivar sus consecuencias, ni agitando por las calles banderas victoriosas. Una victoria, por lo demás, que ha costado al país más del 50% de su renta nacional, con las redes de transporte deshechas, sus depósitos de carburantes en llamas, y pueblos y aldeas arrasados. Habrá que acoger de nuevo a todos los huidos, proporcionarles casa, comida, ropa, y todo antes de que llegue el invierno de los Balcanes, donde todo es duro desde hace siglos, incluyendo el clima.

Será necesario el apoyo de Occidente para reponer en pie un país tan destrozado, algo así como un plan Marshall. Claro que este plan cayó como lluvia de oro en países con la experiencia y capacidad de trabajo que demostraron tener. En Yugoslavia, está por ver. Sería oportuno obligar al señor Milosevich, al parecer, riquísimo, a empobrecerse un poco y ser el primero en contribuir a la ayuda generosa que su pueblo necesita. Es difícil.

Un lado interpreta los hechos como una rendición incondicional y el otro como un arreglo pactado. Más duraron las negociaciones de paz tras la guerra de Corea que, por cierto, terminaron en tablas. Ojalá no constituya un precedente, pero Milosevich sabe cómo estirar el hilo sin que se rompa.

Cese de los bombardeos. Sólo falta que los serbios desalojen Kosovo y que vuelvan los refugiados kosovares. Las cosas se harán, pero aún habrá muchos tropiezos.



Emilio Beladíez

Embajador de España.




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