FALSIFICACION DE
LA HISTORIA DE ESPAÑA
Airado
e irracional rechazo provoca en sectores decisivos del
mundo cultural y el mundo político cualquier exposición
sobre la guerra civil española, la época de Franco y en
general, la historia de España y la historia de las
ideas y las formas políticas que no se ajuste a los
cánones de lo políticamente correcto. Una poderosa
fuerza secreta -como se llamaba en los años treinta a la
Masonería, identificada hoy en gran parte de la
Internacional Socialista- intenta con todos sus recursos
imponer en el conjunto mundial de los medios de
comunicación, con inclusión de las editoriales de
prensa y libros, una versión de pensamiento único que
veta implacablemente cualquier línea de opinión
discrepante. Por ejemplo, la dictadura del general
Augusto Pinochet es vituperable absolutamente, la
dictadura del marxista-leninista Fidel Castro es
tolerable y esperanzadora. No importa que, de hecho,
Pinochet acabase a mano airada con el régimen
cuasitotalitario de Salvador Allende cuando estaba a
punto de sumir a Chile en la ruina total; Allende era el
buen demócrata derrocado por Pinochet, el torvo dictador
fascista; y el eterno gobierno de Castro ha eliminado en
Cuba no sólo el sistema de libre mercado, sino los
derechos humanos y las libertades fundamentales. El
general Francisco Franco se alzó en 1936 contra la
degradación caótica del Frente Popular y venció en la
guerra civil a una creciente amenaza comunista que tenía
aherrojada a la República; pero lo políticamente
correcto es afirmar que la República, espejo de
democracias, fue asesinada por el Alzamiento de 1936 que
triunfó por la cooperación entusiasta de la Alemania
nazi y la Italia fascista. Por eso la guerra civil
española fue el prólogo homogéneo de la Segunda Guerra
Mundial, que perdieron los aliados de Franco en la guerra
civil..., y también Franco, a quien se quiere presentar
como compinche de los totalitarios. Todo ello es un
amasijo de falsedades demostrables: en el bando vencedor
de la Segunda Guerra Mundial la mayor tajada se la llevó
el ejemplar demócrata José Stalin, que es realmente el
mayor criminal de la Historia; y el general Franco, al
frente de la España anticomunista y moderada, no
dependía políticamente de aquella Italia y aquella
Alemania, mientras la zona roja cayó, desde el
principio, en una dictadura anárquica mucho más nefasta
que el gobierno de la España nacional. La aberración
del pensamiento único llega al extremo de considerar
como héroes de la libertad a las Brigadas
Internacionales que no fueron más que «una fuerza
soviética en España» en frase del historiador
norteamericano David T. Cattell, y contaban con tal
porcentaje de asesinos y facinerosos en sus filas que su
propio jefe, el comunista francés André Marty, confesó
ante el Partido Comunista de Francia que había tenido
que fusilar a quinientos de ellos a las primeras de
cambio para imponer una elemental disciplina.
Pero toda esta disparatada aberración comunista y
socialista no se ha formulado y mantenido, contra la
Historia, por casualidad. Enviados especiales permanentes
de la deformación sistemática -Gabriel Jackson, Ian
Gibson, Paul Preston- han desembarcado en los medios
culturales, en las librerías, editoriales y periódicos
de España, desde bastantes años antes de la muerte de
Franco, para proponer y reforzar las versiones sectarias
de los comunistas y socialistas. Un antiguo comunista
que, según Jorge Semprún, estuvo relacionado en Francia
con la KGB, el profesor Manuel Tuñón de Lara, recibió
un intenso apoyo para organizar en Pau unos cursos de
Historia politizada con signo comunista por los que
pasaron numerosas promociones de universitarios
españoles que luego han intentado, y muchas veces
conseguido, imponer sus torcidos criterios en la
Universidad y en los niveles inferiores de la enseñanza.
Comunistas y socialistas españoles no han producido un
solo libro sobre historia contemporánea que se tenga de
pie, porque afortunadamente escriben de forma lamentable,
pero sí han provocado un aluvión de escritos en manada
que ha tratado de imponerse por la propaganda y el peso
de la muchedumbre. Sin embargo no es esto lo peor. Es
natural que los vencidos en la guerra civil traten de
ganar, décadas más tarde, la batalla de la Historia,
sobre todo al contar con el apoyo de fuerzas
internacionales tan potentes y eficaces. Lo peor ha sido
que los españoles cuyas raíces históricas y cuyas
ejecutorias familiares provienen del bando nacional, los
vencedores de la guerra española, se hayan dejado
convencer en muchos casos por el tenaz e implacable
enemigo y se hayan entregado, cultural e históricamente,
a ese enemigo.
La entrega ha llegado a extremos inverosímiles e
inconcebibles. Los líderes del Partido Popular, que
representa el ámbito del centro-derecha en España, al
que pertenecía en bloque la España nacional desde 1936
(incluso desde 1931) hasta 1975, endosaron con impudicia
la propuesta formulada por los diputados comunistas en
1995 para conceder la nacionalidad española a los
supervivientes de las Brigadas Internacionales con lo que
las palabras del portavoz del Partido Popular en el
Congreso marcan el punto más bajo en la trayectoria
ideológica de la derecha española durante todo el
siglo, como demostré con pruebas evidentes en mi libro
Brigadas Internacionales. La morbosa obsesión del actual
presidente del Gobierno y del Partido Popular, don José
María Aznar, por la nefasta figura de don Manuel Azaña
sólo puede fundarse en la ignorancia de la Historia y en
el rechazo de toda una tradición familiar y política.
No se diga que tales ejemplos, que podrían
multiplicarse, se prodigan en nombre de la
reconciliación de los españoles. Muchos españoles y no
pocos historiadores estamos desde mucho antes de la
muerte de Franco en favor de esa reconciliación y lo
hemos probado en innumerables ocasiones. Pero desde el
campo que fue enemigo no se dirigen hacia el nuestro
intentos semejantes de reconciliación, sino
descalificaciones y dicterios enconados. En cambio muchos
hijos y nietos de la Victoria han entregado su
tradición, sus vivencias familiares y su memoria
histórica a los medios culturales e históricos de quien
sigue siendo el enemigo. El absurdo comportamiento del
antes glorioso diario ABC en este sentido durante los
últimos años, en el campo histórico y en el cultural,
es sencillamente intolerable.
Otros muchos no han abandonado. Hay millones de
españoles hartos de tanta mentira y de tanta cobardía.
Un altísimo porcentaje de las actuales Fuerzas Armadas,
por ejemplo, innumerables profesionales, catedráticos de
Universidad y profesores de los demás niveles,
relevantes intelectuales, escritores y periodistas,
millones de familias no han renegado de la Historia ni
acceden a llamar blanco a lo que es negro. En los medios
de comunicación -los periódicos, los libros, el cine,
la radio y la televisión- la acción antihistórica se
ha impuesto mucho más, y hasta los medios del centro
derecha han aceptado sin lucha, cobarde y estúpidamente,
los criterios culturales e históricos que pretenden
imponer los sucesores y los epígonos de los vencidos en
la guerra civil, los rojos que entonces se llamaban así
orgullosamente, aunque ahora rehúyan el calificativo.
¿Han visto mis lectores alguna película reciente sobre
la guerra civil que no sea rabiosamente roja? ¿Creen que
esto sucede sólo por casualidad?
Ricardo de la Cierva
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