La desunión y
los ejércitos
La
misión de los ejércitos constitucionales la de
preservar y garantizar la unidad y continuidad de un
país, defender su independencia y proteger de sus
enemigos internos o externos el orden legal vigente. Pero
como el orden legal, incluyendo el constitucional, es por
naturaleza cambiante en las sociedades democráticas, la
tarea esencial de un Ejército nacional es la de procurar
por todos los medios, es decir, hasta por la fuerza o
hasta que la fuerza aguante, la unidad e independencia de
la nación. Con siete constituciones en dos siglos, ésa
ha sido, es y, si existe el Ejército, será su función.
Si de la jura de bandera de los voluntarios e incluso de
los militares profesionales se elimina la mención de la
defensa de la unión de España y si se hace a propuesta
de Pujol, para quien «Cataluña es una nación, pero
España no», está bastante claro o por lo menos así lo
buscan los reformadores y lo entenderá la opinión
pública, que lo que se busca mediante esta humillación
camuflada de modernización es que el Ejército no pueda
actuar legalmente contra la desintegracion de España si
ésta se produce mediante un acuerdo político y, cabe
suponer, un referéndum constitucional.
Entre la patología nacionalista antiespañola y los
complejos retrofranquistas de una derecha de alpaca y una
izquierda de guardarropía hemos dado a luz un engendro
que es humillante en lo nacional, ridículo en lo
argumental, estúpido en lo literal y abyecto en lo
intencional. Para rematar la operacion de
desnacionalización del Ejército español nos acaban de
anunciar esta semana que vamos a invertir cientos de
miles de millones en la compra de tanques. Suponemos que
será para defender eficazmente la unidad e integridad de
Bosnia y el Kosovo.
Que a cinco meses de la proclama secesionista vasca de
junio y a nueve de la probable réplica catalana en
octubre o noviembre, un Gobierno del Partido Popular
suprima la mención de la unidad de España en el
juramento a la Bandera es una de esas atrocidades
conceptuales, uno de esos alardes suicidas que desde el
punto de vista intelectual sólo pueden contemplarse con
un estremecimiento de incredulidad.
Que encima se argumente lo que es una cuestión de fondo
como de mera forma, para aligerar retóricamente la
milicia, o de identificación con la Constitución para
prevenir el golpismo, como si alguna vez el juramento de
cualquier Constitución española hubiera sido obstáculo
para un golpe militar, supone que hemos interiorizado de
tal manera los argumentos nacionalistas contra la
existencia de España que los mismos que en teoría
defienden su unidad y su integridad se apresuran,
intelectual, moral y políticamente, a demolerarla.
Si Pujol quiere suprimir al Ejército, que lo diga y que
se vote. Lo que no tiene lógica es pagar un Ejército
profesional para defender la unidad de Kosovo o
reunificar el Kurdistán. El nacionalismo nace de una
humillación colectiva, real o imaginaria, que sufre un
grupo humano. La de los españoles no es imaginaria.
Federico Jiménez Losantos
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