LIBROS: Koinós.
El pensamiento político de Rafael Gambra
Ayuso Torres, Miguel: Koinós. El pensamiento político
de Rafael Gambra, ed. Speiro y Fundación Elías de
Tejada, Madrid 1998, 239 págs.
El profesor Ayuso ha tenido un primer acierto al
señalarse para su trabajo, el estudio del pensamiento
político tradicional posterior a Vázquez de Mella. Dos
han destacado, Elías de Tejada, y Gambra; pero ha habido
algunos más, como Marrero. Y se ha dado la paradoja de
que esos ideales, al quedar en estos tiempos menos
encarnados y comprometidos que en la historia anterior,
han ganado en pureza y en exigencia de ser tratados con
un método académico.
Ahora encabeza la tarea de recopilar el «Liber
Amicorum» del mismo Gambra, aparecido y presentado a un
tiempo en el reciente homenaje a su personaje, cuya
reseña figura en este número.
Todo esto recuerda la fulgurante respuesta que dio Don
Florentino Pérez Embid a una sugerencia mía de que
alguien debería continuar la Historia de los Heterodoxos
de Don Marcelino: «Lo que hay que escribir es la
historia de los ortodoxos». Ya lo está haciendo Ayuso.
El buen oficio de Miguel Ayuso para estos trabajos está
comprobado. Pero, además, en estos libros de ahora sobre
Gambra viene refrendado porque, vivo su personaje,
Rafael, le ha podido dar como a nadie hasta ahora, y de
primera mano, las orientaciones más autorizadas y menos
conocidas para ordenar su propio pensamiento, y no pocos
materiales inéditos. Como aquí somos dados a homenajear
más a los muertos que a los vivos, tan feliz
colaboración no es frecuente.
Ese estudio sistemático del profesor Gambra, se presenta
en su filosofía general y con unas notas biográficas y
de contexto histórico previas; después, todo el texto
viene constante y firmemente apoyado en citas a pie de
página, y resulta una crítica del racionalismo
decimonónico e inmediatamente después, de la
insuficiencia del existencialismo. Gambra tiene una gran
coherencia doctrinal, que ya resaltaron los oradores en
su homenaje, y por ello, no pasa de una banda a otra, de
la censura al aplauso, sino que permanece fiel a su
talante independiente y a su pensamiento católico.
El amor a su tierra navarra ha llevado a Gambra a
profundizar en la observación de sus costumbres y ha
elevado estas vivencias hasta entroncarlas con doctrinas.
Así reconstruye otro gran capítulo de su pensamiento,
que es el concepto de comunidad en la civilización y en
la política; y lo contrapone y diferencia de la mera
sociedad, que es coexistencia de individuos o de grupos.
Gambra no ha podido ocultar a Ayuso en este libro su
devoción por Saint Exupery, extendiéndose en
consideraciones metafísicas sobre la relación del
hombre con las cosas, a través del «aprivoisement»,
que significa domesticación o hacer propias las cosas.
Al final se recogen a modo de conclusión, muy
didáctica, las constantes del pensamiento de Gambra, a
saber: 1.ª El repudio radical de la civilización
racionalista. 2.ª El lenguaje es factor esencial para la
gran mutación mental que se opera ante nuestros ojos.
3.ª La vida humana es una entrega e intercambio con algo
superior que se asimila espiritualmente. 4.ª La
concepción del habitáculo humano como mansión en el
espacio y rito en el tiempo. 5.ª La sociedad no se puede
estudiar solamente desde un punto de vista racional. 6.ª
La sociedad recibe también una fundamentación
religiosa. 7.ª La existencia de un orden social
cristiano aparece en el corazón de muchas discrepancias.
8.ª La comunidad forma una sociedad de deberes distinta
de la sociedad de derechos. 9.ª La pérdida de la unidad
católica es el origen de la actual disolución de las
nacionalidades y civilizaciones. 10.ª Hacer tabla rasa
de todo lo anterior y sujetar las sociedades a una serie
de aniquilamientos y de creaciones, -que eso es la
Revolución-, es un género de insania. 11.ª Condena el
régimen parlamentario liberal nacido de la teoría de la
soberanía popular, y le contrapone la monarquía
tradicional. 12.ª Defiende la representación
corporativa. 13.ª El vínculo constitutivo de España es
de carácter predominantemente religioso. 14.ª El
Carlismo excede de un mero pleito dinástico, y por eso
merece la pena proseguir su surco.
Manuel de Santa Cruz
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