Acta del Cuzco
En la
ciudad de Cuzco, cabeza del antiguo Incaico y sede
propuesta, en tiempo de la primera gesta por la
Independencia, como la capital de una América unida.
Hombres y mujeres provenientes de diversos países de
América así como fraternos delegados de otros lugares
del mundo, convocados para analizar los efectos del
modelo neoliberal en el desarrollo y destino de los
pueblos y naciones americanas, considerando la actual
crisis mundial de la economía mercantilista, han
acordado la siguiente declaración.
1) Ratificar y valorizar las actas producidas en los
encuentros anteriores, tanto el Acta de Buenos Aires
(1995) en el que se propuso la consolidación de un gran
espacio sudamericano como eficaz remedio al proyecto de
globalización neoliberal como el Acta de Viña del Mar
(1996) donde tuvo lugar la propuesta de rescatar la
diversidad política y cultural frente a la hegemonía
ideológica encubierta que intentan imponer las fuerzas y
potencias económicas y, finalmente, lo acordado en el
Acta de Pilcomayo (1997), en el sentido de promover la
unidad regional y la cooperación académica y cultural
con el objeto, entre otros, de elaborar un texto común
de historia iberoamericana.
2) Mostrar a los agentes políticos y sociales de nuestra
América que otros modelos son posibles en sustitución
del actual, de imposición planetaria. Ante la
homogeneización cultural impuesta como pensamiento
único por las potencias hegemónicas, afirmar que
existen múltiples y variadas culturas que hacen que este
mundo sea un pluriverso y no un simple universo. Esto es
de notoria relevancia en el caso de Indoiberoamérica.
3) Nuestra América es una cultura con múltiples
matices, en busca de su política propia. Su
inestabilidad proviene de la contradicción entre su
naturaleza y estilo y la imposición formal y externa de
formas teóricas. Desde los tiempos de la independencia,
hemos fracasado en darnos formas propias, no de mera
importación. Ante el evidente fracaso de democracias
inocuas, ineficientes ante la gran tarea continental,
ante el partidocratismo atomizador e internacionalizante,
proponemos una cuidadosa transformación de las formas
institucionales imitativas, para fundar una verdadera
democracia de participación y creatividad popular y
regional, acorde con las diversas tradiciones,
idiosincracias, culturas y calidades de vida. Urge la
creación de formas institucionales que corresponden a
nuestra cultura. Es la gran asignatura pendiente de
nuestra América y hoy, en la crisis del nuevo
imperialismo economista y financiero, comprobamos que
nuestras formas seudodemocráticas no son más que
cómplices de la dominación externa y la disolución
subcultural.
En nuestro Continente, que evoluciona hacia un nuevo
ciclo histórico, las divergencias partidarias no pueden
afectar ciertas convergencias fundamentales referidas a
nuestra definición cultural, nuestra soberanía y la
estrategia aplicable ante la invasión deletérea del
nihilismo. Necesitamos una «unipluralidad» en torno a
la gran política y una pluralidad actuante y responsable
en lo que hace a política administrativa.
4) Debemos consolidar objetivos insoslayables: educar
para una visión poético-religiosa de la vida;
consolidar una economía nacional-regional que garantice
nuevas formas sustentables de producción y consumo;
crear formas políticas para una verdadera democracia de
pueblos afirmando su voluntad y dándose su sentido y
dirección según sus valores, su calidad y estilo de
vida propios.
Ante la agresividad externa, con su acción
subculturizadora y de dominación económica sin
precedente, nuestra América deberá concretar una
estrategia continental que alcance al suficiente punto de
disuasión militar, que garantice nuestra presencia en
los grandes espacios continentales y marítimos,
especialmente el Atlántico, el Pacífico sur, la
Antártida. Espacios que deberemos preservar con la
colaboración de Europa y de Africa; entendiendo que el
Océano Atlántico es el gran mare nostrum donde se
sintetizan nuestras principales formas culturales y el
nexo fundamental con nuestras raíces europeas.
5) Superar los preconceptos y las formas políticas
seudodemocráticas, creando para América una democracia
de pasión y convocatoria permanente de nuestros pueblos,
llevando la política a su dimensión fundacional y
renancentista, como arma para la gran tarea de definir
nuestro propio camino.
6) Desde la capital de la América profunda proclamamos
nuestra voluntad de retomar la tradición de los
libertadores y unificadores, San Martín y Bolívar. Nos
inspiramos en las grandes figuras, que con diversas
ideologías, actuaron movidos por el dolor y la pasión
de fundar nuestra América: Víctor Raúl Haya de la
Torre, Juan Domingo Perón, Getulio Vargas, José Carlos
Mariátegui, Hipólito Yrigoyen, Augusto César Sandino,
Pedro Albizu Campos, Gualberto Villaroel, Carlos Ibáñez
del Campo, Luis Alberto de Herrera, Eliécer Gaitán,
Jacobo Arbenz, Ernesto Guevara de la Serna, Omar
Torrijos, José Martí, Manuel Ugarte, Francisco García
Calderón, Carlos Montenegro. Nombramos unos pocos. Todos
fueron ejemplares por su pasión americana, con las
diferencias de época y de circunstancia, desde el poder
o desde la reflexión. Todos hicieron propio el mandato
de Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar: «¡O
inventamos, o erramos!»
7) El próximo siglo será de las culturas y de las
naciones continentes. Nuestra América, como la llamaba
Martí, está en condiciones de jugar un papel
fundamental en el mundo del mañana a condición de
consolidar su coordinación política, cultural y
económica. A condición de revitalizar sus valores
ocultos y fundar un lenguaje político nuevo y
fundacional.
8) Valoramos y apoyamos a todos aquellos que en el
ámbito de sus respectivos megaespacios de integración
cultural, política y económica, luchan por la defensa
de su identidad regional y sus raíces. Por ello debemos
dar total apoyo al desarrollo y consolidación del
Mercosur, hijo de crucial importancia en el proceso
histórico de la integración iberoamericana, planteando
la necesidad de profundizar la dimensión política y
cultural del mismo. Mercosur, entendido como la base
económica para la imprescindible estrategia
nacional-continentalista del gran espacio cultural
indoiberoamericano. Al tiempo, a las puertas del tercer
milenio, y a cien años de la guerra
hispano-norteamericana, reclamamos enérgicamente que
cesen en nuestra América todas las situaciones de
colonialismo e imperialismo encubiertas por la
dominación tecnológica y financiera, tal el caso de las
islas Malvinas. Además destacamos que nuestra América
está en posibilidades de aportar al mundo concepciones
renovadoras, capaces de impedir el ecologicidio o el
exterminio de la humanidad por la irracional exploración
de la naturaleza que continúan impulsando los grandes
poderes mundiales. Nuestra política debe responder al
desafío esencial de la condición humana: controlar y
poner a su servicio esa economía y esa técnica
descontroladas, que hoy la ponen en el umbral de su
propia extinción.
9) Debemos advertir que la gigantesca tarea bolivariana
aún pendiente, sólo pdrá llevarse a cabo mediante el
desarrollo de la interculturalidad (que no es lo mismo
que la uniformidad cultural que pretende imponer el
neoliberalismo vigente), de la unidad en la diversidad y
del respeto a lo diverso.
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