Políticamente correcto

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LIBROS: Políticamente correcto. nº 94

Comentarios de A. Landa al libro de F. Alonso Barahona.

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LIBROS: Políticamente correcto

Alonso Barahona, Fernando: Políticamente correcto, ed. Eiunsa, Madrid 1998. 166 págs.



Alonso Barahona, autor, entre otros libros, de La derecha del siglo XXI (1994) realiza ahora una crítica demoledora de la ideología, originariamente norteamericana, que anatematiza cualquier juicio que contradiga lo que unos mandarines del consenso han declarado «políticamente incorrecto». Es una proscripción del disidente y del independiente.

Políticamente incorrecto es afirmar que las culturas de los pueblos primitivos o cualquier otra son inferiores a la europea occidental; es sostener que existen verdades absolutas; es admitir la existencia de razas; es objetivar y jerarquizar los valores artísticos; es considerar antinatural el homosexualismo; es utilizar vocablos veraces que puedan parecer discriminatorios para un grupo (por ejemplo, el machista «hombre» en vez de «varón» y «mujer»; «negro» en lugar de «hombre de color»; «anciano» en lugar de «tercera edad»; «manco» en vez de «minusválido»; «heterodoxo» en lugar de «hermano separado»; etc.).

La corrección política exige tolerar y relativizar todas las conductas; equiparar los garabatos de un niño con un lienzo de Velázquez y el tambor de la selva con Mozart; se tacha de «comercial» a lo que tiene éxito, y de «elitista» lo que nadie compra ni quiere ver; y se pretende proscribir a cualquier narración que no coincida con las manipulaciones históricas de los «correctos». Ejemplos de esto último son el maquillaje de las revoluciones francesa y soviética, las leyendas negras sobre Franco, Reagan, Thatcher o Juan Pablo II, la fabricación de historias nacionales secesionistas, etc.

Punto esencial de la corrección política es la intocabilidad del modelo partitocrático para Occidente (en otras culturas se puede admitir la dictadura si es izquierdista). A quien formule alguna reserva, por obvia que sea, acerca de los procedimientos partitocráticos se le descalifica por fascista, o racista. Y si el argumento es de peso se lo condena al silencio, y a su autor al ostracismo.

Alonso Barahona presenta una crítica del principio de las mayorías que, en su opinión, no puede aplicarse a todos los ámbitos de la vida (con lo cual cae en incorrección política palmaria). También incurre en condena capital cuando propugna una moral social del «esfuerzo y de trabajo», en vez de la irresponsabilidad personal y la dependencia del subsidio estatal.

En fin, de todo esto se desprende que el comodín de la corrección política es, además de falso y contradictorio, despótico porque impone una concepción coyuntural del mundo y niega la libertad de pensar y disentir.

Ensayo valiente y enriquecedor éste de Alonso Barahona que abre ventanas al horizonte en una España donde tantos medios de comunicación de masas están entregados al pensamiento único y a silenciar o caricaturizar cualquier idea distinta, o sea, al enclaustramiento mental.



A. Landa




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