nº 94 Editorial. Razón y erudición

pag. principal Razón Española

Razón y erudición

Editorial. nº 94

Indice de la revista indice siguiente artículo

Editorial: Razón y erudición

En un sentido lato, erudito es el informado, pero esta significación, a causa de su generalidad, sólo sirve como punto de partida. Inmediatamente surge la pregunta: informado ¿de qué? A estas alturas de los conocimientos humanos es imposible estar bien informado de todo. Si la erudición ha de tener una significación realista y útil, ha de restringirse a un área del saber susceptible de ser dominada.



En las disciplinas estrictamente científicas es erudito quien conoce los datos básicos que han sido descubiertos y las leyes o correlaciones que han sido establecidas para condensar y sistematizar múltiples experiencias. En Física ¿cómo ignorar las teorías de la gravitación, del campo electromagnético, de la relatividad, de la mecánica cuántica, o de las partículas elementales? En Biología ¿cómo ignorar la estructura cromosómica o la hipótesis evolucionista? Pero se puede ser un gran físico habiendo olvidado el nombre del descubridor del neutrino, y un gran biólogo desconociendo quién aisló el primer gen. Cada ciencia pura tiene su historia; pero no es preciso conocerla para hacerla avanzar, basta con asimilar el nivel último de conocimientos, independientemente de las circunstancias de su averiguación. La historia de la química es un complemento, no un conocimiento esencial para el cultivador de la disciplina.



En los saberes humanísticos la situación es muy distinta. La Historia, por ejemplo, es básicamente información, erudición de sucesos; es dar razón de lo acontecido, memoria selectiva y explicativa. El mejor historiador es el más documentado y más lúcido intérprete. La erudición es la sustancia misma de la Historia, conocimiento que depende de las fuentes directas e indirectas; no se inventa nada, se desentierra del olvido.



La Filosofía no se ha desarrollado acumulativamente. Hay excepciones sectoriales, o sea, sistemas, como el aristotélico, que han ido perfeccionándose a lo largo de los siglos; pero frente a él han ido siendo formulados sistemas muy dispares, con axiomas distintos y conclusiones diferentes. Por eso, aunque contrapuestos, son igualmente filósofos Parménides y Heráclito, Hume y Schelling. La filosofía, si bien menos que el arte, es difícilmente separable de su historia. Esta dosis de personalismo, arbitrariedad y contradicciones es, sin duda, la dramática tara de la Filosofía, y esa es la causa de que no se deba filosofar ahistóricamente.



Hay problemas fundamentales y comunes cuyo tratamiento puede seguirse desde las más remotas sabidurías orientales hasta hoy. Esto implica que una aproximación rigurosa a las cuestiones filosóficas exija un análisis de las opiniones pasadas. En la Suma tomista, la enunciación de cualquier tesis viene precedida de una exposición y análisis del debate precedente, o estado de la cuestión. Para no caer en la ingenua flaqueza de descubrir mediterráneos, la erudición ha sido, y ahora lo es más que nunca, consustancial a la filosofía. No se puede, por ejemplo, abordar el problema del mal sin revivir una milenaria controversia desde los estoicos hasta los neopositivistas.



El gran peligro es identificar la Filosofía con su historia. Tal reduccionismo a lo meramente narrativo o inconclusivo es una invitación al escepticismo. Es suicida equiparar la verdad filosófica con la enumeración de múltiples «verdades» contrapuestas. En tal caso no estaríamos ante la muerte de la Filosofía como conocimiento de lo real, sino ante su autoinmolación. La Filosofía es inseparable de su memoria; pero no es sólo memoria.



Cada año, pese a la supuesta muerte de la disciplina, se publican millares de libros y centenares de revistas filosóficas. Quien siga con cierta aproximación tal piélago de letra impresa comprobará que domina la erudición: más estudios sobre filósofos y más ensayos recargados de aparato bibliográfico. Y del mismo modo que la exageración masorética desembocó en la cábala bíblica, la Filosofía actual está degenerando en una, más o menos circense, manipulación de citas (cuando no en verbalismo que es otra cuestión).



El actual desarrollo de la informática aminora el esfuerzo de documentarse, al mismo tiempo que devalúa la erudición. Desde un terminal bien conectado, se obtiene en pocos minutos no ya una inmensa bibliografía sobre el tema inquirido, sino incluso el acceso al más remoto artículo de revista. Las exhibiciones de erudición filosófica no sólo carecen ya de mérito, sino que resultan nocivas. Lo que el lector exige al filósofo es que, después de que haya dado por concluida su excursión al pasado, resuma el estado de la cuestión en un mínimo de líneas y aporte su personal solución al problema planteado. Todo escrito filosófico que no responda a este imperativo es ejercicio escolar.



El estudiante de Filosofía tiene que aprender su historia y demostrar que está preparado para explorarla. En la etapa de formación hay que dar cuenta ante los examinadores de que se es capaz de documentarse y de acceder a las bibliotecas. Este criterio es también válido para los doctorandos a los que no siempre se puede pedir que hayan inventado la piedra filosofal. Pero el método no debe prolongarse mucho más allá del período postdoctoral. Salvo para aquel que se clausura en la mera historia del pensamiento, el acopio de citas filosóficas es un síntoma de grave inmadurez.



A estas alturas de la informática hay que desconfiar de la erudición filosófica expresa y exigir que sea tácita. Es inútil buscar en Kant al erudito porque citaba muy poco. Y lo mismo habría que decir de todos los grandes desde Aristóteles hasta hoy pasando por Hegel. Entre nosotros, la ostentación bibliográfica de d'Ors, Ortega o Zubiri es mínima, seguramente porque tenían algo personal que decir.



En un libro actual de Filosofía, que no sea simplemente histórico, la erudición bibliográfica es una presunción de vacuidad asertórica, una nota inicialmente negativa.



«No me recites una entrecortada selección de tus lecturas, dime cuál es el problema y a qué conclusión has llegado». Esa sería la regla racional entre pensadores adultos.

Razón Española




Indice de la revista indice siguiente artículo

Cartas a Razón Española

Buzon Pulse aquí para enviar correo


La obra de Razón Española es propiedad registrada
Prohibida la reproducción total o parcial de estos documentos sin previa autorización y acuerdo.