CRONICA: La
diplomacia
El
cuento de nunca acabar. Se trata, naturalmente, de
Gibraltar. No es que estemos en vías de resolver algo,
sino que estamos en vías de complicarlo aún más. La
situación se presenta, en lí-neas generales, de la
siguiente manera: unos pescadores de Algeciras y La
Línea salen a pescar como de ordinario. Unas patrulleras
gibraltareñas les cortan el camino y, de paso, les
averían algunas redes. La autoridad española ordena a
la Guardia Civil proteger a los pescadores que, entre
tanto, no pescan; pero protestan. Madrid pone en marcha
cortapisas reglamentarias al cruce de la verja. Sorpresa
en Gibraltar, colas en la verja, vecinos de la zona que
protestan. Los pescadores, que siguen sin pescar, se
echan a la mar y uno de sus barcos, el «Piraña», es
apresado y conducido a Gibraltar y sus tripulantes
castigados con severas multas. Y entonces los pescadores
descubren que, ante la impotencia gubernamental
española, lo menos malo es negociar directamente con la
autoridad gibraltareña que les hace concesiones que les
permiten, hasta cierto punto, pescar. Pero el Gobierno de
Madrid se enfada porque los pescadores no tenían por
qué tratar con quien carece de autoridad y
jurisdicción, puesto que en problemas de la región
sólo son competentes los gobiernos de España y de la
Gran Bretaña; pero no los pescadores, ni los
gibraltareños. Nuevas medidas restrictivas en la verja y
entonces son los propios pescadores los que se enfrentan
con Madrid alegando que la actuación del Gobienro les
impide faenar y que para poder seguir pescando es
oportuno que Madrid levante las restricciones en el
tránsito fronterizo.
España enfrentada con sus propios pescadores. Pero hay
más: el imperialista Gobierno de Londres ha presentado
una protesta al de Madrid por las restricciones al paso
de vehículos. Total: que Madrid ha conseguido tener
contra sí a la autoridad de la colonia -como siempre-,
al Gobierno inglés -como casi siempre- y, de remate, a
los propios pescadores, que ponen por delante de su
patriotismo o de cláusulas de acuerdos internacionales,
sus intereses inmediatos. Madrid se ha metido en un
embrollo del que será difícil salir. Además, se
tropieza con otros 1.500 obreros españoles que
encuentran dificultades para mantener su puesto de
trabajo en el peñón a causa del conflicto en la verja y
que hacen causa común con los pescadores y, como ellos,
estarían dispuestos, si pudieran, a entenderse con la
autoridad de la colonia. ¿Qué hacer ahora? ¿Prohibir a
los pescadores que pesquen en las condiciones que les ha
dictado la Administración gibraltareña? ¿Obligar a
ésta, mediante el cierre total de la verja, que ceda en
el conflicto pesquero? Pero esto, ¿se atreve a hacerlo
el Gobierno de Madrid?
Lo único claro es que sin medidas de fuerza, la Gran
Bretaña no cederá y que, entre tanto, la llaga de
Gibraltar se seguirá enconando. El problema sólo podrá
definitivamente resolverse el día en que Londres se
decida de una vez para siempre a desentenderse del
peñón, lo que sólo llegará a suceder cuando intereses
mayores la obliguen al abandono o cuando, a cambio,
obtenga otros beneficios -hasta hoy no cuantificados- o
en caso de fuerza mayor. Pero todo es sólo forma parte
hoy del reino de Utopía.
Desde que los ministros Oreja y Morán levantaron el
bloqueo que estableció Franco, España sólo ha sufrido
humillaciones, mientras los gibraltareños se
enriquecían a nuestra costa.
Los fondos de cohesión. Estamos donde estábamos.
Alemania diciendo que no y España defendiéndose. Pero
las posiciones son demasiado distantes. Y, además, ahora
se amplía el coro de los que se oponen a que este maná
siga cayendo sobre nuestro país: Austria y, sobre todo,
Francia, cuyo poder, aunque menor al de Alemania en el
seno de la UE, no deja de ser muy grande, sobre todo
cuando se trata de fastidiar a España. La atmósfera
empieza a ser irrespirable: Madrid acusa a Bonn de falta
de eficacia en la Presidencia comunitaria. Desde
Alemania, el Canciller contestó a Aznar diciéndole que
no se entera de nada y que haría mejor escuchando al
propio ministro español de Asuntos Exteriores. No es de
esperar que el alemán consiga enfrentar a los señores
Aznar y Matutes, pero si creyéramos en maquiavelismos,
éste podría ser un ejemplo. Lo que de verdad sucede es
que el Canciller germano se encuentra con graves
problemas en casa, derivados tanto del precio de la
reunificación como de la rémora de tener que gobernar
con los Verdes y por eso pretende disminuir su
contribución a la UE a costa de dejar a España sin esos
fondos con los que se han hecho las autovías, los
metros, las depuradoras, etc. Y como por aquí no se le
entiende, se pone nervioso y desbarra hasta el punto de
decir despropósitos de los señores Aznar y Matutes.
La argumentación jurídica del Canciller carece de
solidez: dice que España no tiene derecho a los mentados
fondos porque ya estamos en el euro, lo que carece de
apoyo en los textos del tratado de la Unión. Lo cierto
es que Alemania no puede seguir con las cargas
económicas que había contraído en la época de euforia
financiera. Para calmar el ambiente propone, acambio de
no suprimir de raíz el fondo, reducirlo en cuotas
anuales hasta el año 2006, fecha en que sería
definitivamente suprimido. Y Madrid contesta que eso no
procede y que esos fondos le son imprescindibles porque
se contaba ya con ellos a la hora de elaborar los
presupuestos. Y Francia nos advierte en serio, pero con
gesto amable, que vayamos preparándonos a prescindir de
los fondos de cohesión.
Las espadas han quedado en alto. Y mientras tanto, baja
la cotización del euro, que recién nacido no da pruebas
de fortaleza. Como les pasa a todos los mamíferos, que
tardan en alcanzar su fuerza de adultos.
Los kurdos. La verdad es que al perro flaco todo son
pulgas. ¿Qué necesidad tenía España de verse metida
en el avispero del Kurdistán? Ni por vecindad, ni por
Historia, ni por intereses comunes había razón alguna
para complicarnos en tal embrollo. Internacionalmente se
trata de un país inexistente y, por tanto, sin un
gobierno reconocible. Que unos cuantos emigrados -casi
todos establecidos en Alemania- decidan constituirse en
Parlamento y celebrar reuniones no parece
extraordinariamente grave, sobre todo si se limitan a
actuar lejos de nuestras fronteras. Lo malo es que han
engatusado a lo más irresponsable de España, un
gobierno autonómico, -es decir, sin jurisdicción
internacional alguna, que se atreve a prestar su sede
parlamentaria a unos kurdos exiliados, de dudosa
representatividad. En circunstancias normales se hubiera
procedido, poner a tales exiliados en la frontera. Pero
¿se atreverá nuestro débil Gobierno? Máxime cuando
dentro de algunos sectores vascos se ve con simpatía un
movimiento que, hasta ahora, sólo ha dado muestras de su
capacidad terrorista.
La primera consecuencia de la improcedente hospitalidad
ha sido la grave lesión experimentada por nuestras
relaciones con el Gobierno de Ankara de efectos
catastróficos en el terreno económico, dadas nuestras
elevadas inversiones en Turquía, país con el que no
tenemos desde Lepanto ningún contencioso. Por cierto,
esos kurdos del exilio son fervientes
marxistas-leninistas que emplean para sus fines el
lenguaje del terror. El gobierno turco no dejará de
tomar medidas contra España, que lleva invertidos en el
país más de 200.000 millones de pesetas, con excelentes
perspectivas en el terreno de ferrocarriles, telefonía y
construcciones aeronáuticas. Un buen bocado que perder
por las veleidades de unos irresponsables autonomistas.
Un diplomático ejemplar. Me refiero a Angel Sanz Briz,
uno entre muchos diplomáticos españoles que realizaron
una inmensa labor humanitaria que nunca será
suficientemente ensalzada. Hacer frente nada más y nada
menos que a la todopoderosa administración alemana
durante la última guerra no era un juego de niños. La
diplomacia es una profesión y silenciosa de cuyos logros
poco o nada se sabe nunca, pero de cuyos fracasos se hace
fácil carnaza para vilipendiar a unos hombres que hacen
del servicio a su patria la norma de toda una vida. No
sé si me equivoco, pero creo que no hay en toda España
un sólo monumento dedicado a un diplomático. Por eso,
el monumento frágil y perecedero que es un sello de
Correos, empuja al agradecimiento hacia quienes lo han
autorizado.
Hay libros sobre la valerosa decisión de Franco de
ayudar a los judios. En toda la Europa ocupada, los
diplomáticos aplicarón las órdenes recibidas desde
Madrid. Ese fue tambien el caso de Romero Radigales en
Atenas, que salvó a más de un millar de supuestos
sefarditas, de Miguel Viturro en París, de Federico
Díez de Julio Palencia en Sofia, y de otros muchos en
Viena, Praga, Constantinopla, etc. Por eso las colonias
judías de todo el mundo, singularmente en Salónica y en
Nueva York organizarón solemnes exequias fúnebres a
Franco, su salvador.
Pinochet ante portas. El Ejército chileno ha alquilado
para la forzada residencia del General Pinochet en Gran
Bretaña la finca «Wentworth», situada en la localidad
deVirginia Water del condado de Surrey en el valle del
Támesis. Esa finca era propiedad de Mariana Richards,
con quien contrajo matrimonio el general carlista Ramón
Cabrera (1806-1877) el 27 de mayo de 1850. Desde su boda,
Cabrera vivió allí, donde falleció y está enterrado
en el cementerio inmediato a la iglesia de la citada
localidad de Virginia Water. Parece que el destino une a
dos ilustres soldados.
Si un milagro no lo impide, tendremos al general y
senador chileno en el quicio de nuestro país, que no va
a saber qué hacer con él. A la hora de cerrar estas
líneas no se puede por menos de sentir congoja pensando
a dónde nos está llevando la vanidad de uno y la
cobardía de otros.
La Hispanidad está siendo hecha trizas.
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