CRONICA: La diplomacia. Por E. Beladíez Navarro

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CRONICA: La diplomacia. nº 94

Por E. Beladíez Navarro

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CRONICA: La diplomacia

El cuento de nunca acabar. Se trata, naturalmente, de Gibraltar. No es que estemos en vías de resolver algo, sino que estamos en vías de complicarlo aún más. La situación se presenta, en lí-neas generales, de la siguiente manera: unos pescadores de Algeciras y La Línea salen a pescar como de ordinario. Unas patrulleras gibraltareñas les cortan el camino y, de paso, les averían algunas redes. La autoridad española ordena a la Guardia Civil proteger a los pescadores que, entre tanto, no pescan; pero protestan. Madrid pone en marcha cortapisas reglamentarias al cruce de la verja. Sorpresa en Gibraltar, colas en la verja, vecinos de la zona que protestan. Los pescadores, que siguen sin pescar, se echan a la mar y uno de sus barcos, el «Piraña», es apresado y conducido a Gibraltar y sus tripulantes castigados con severas multas. Y entonces los pescadores descubren que, ante la impotencia gubernamental española, lo menos malo es negociar directamente con la autoridad gibraltareña que les hace concesiones que les permiten, hasta cierto punto, pescar. Pero el Gobierno de Madrid se enfada porque los pescadores no tenían por qué tratar con quien carece de autoridad y jurisdicción, puesto que en problemas de la región sólo son competentes los gobiernos de España y de la Gran Bretaña; pero no los pescadores, ni los gibraltareños. Nuevas medidas restrictivas en la verja y entonces son los propios pescadores los que se enfrentan con Madrid alegando que la actuación del Gobienro les impide faenar y que para poder seguir pescando es oportuno que Madrid levante las restricciones en el tránsito fronterizo.

España enfrentada con sus propios pescadores. Pero hay más: el imperialista Gobierno de Londres ha presentado una protesta al de Madrid por las restricciones al paso de vehículos. Total: que Madrid ha conseguido tener contra sí a la autoridad de la colonia -como siempre-, al Gobierno inglés -como casi siempre- y, de remate, a los propios pescadores, que ponen por delante de su patriotismo o de cláusulas de acuerdos internacionales, sus intereses inmediatos. Madrid se ha metido en un embrollo del que será difícil salir. Además, se tropieza con otros 1.500 obreros españoles que encuentran dificultades para mantener su puesto de trabajo en el peñón a causa del conflicto en la verja y que hacen causa común con los pescadores y, como ellos, estarían dispuestos, si pudieran, a entenderse con la autoridad de la colonia. ¿Qué hacer ahora? ¿Prohibir a los pescadores que pesquen en las condiciones que les ha dictado la Administración gibraltareña? ¿Obligar a ésta, mediante el cierre total de la verja, que ceda en el conflicto pesquero? Pero esto, ¿se atreve a hacerlo el Gobierno de Madrid?

Lo único claro es que sin medidas de fuerza, la Gran Bretaña no cederá y que, entre tanto, la llaga de Gibraltar se seguirá enconando. El problema sólo podrá definitivamente resolverse el día en que Londres se decida de una vez para siempre a desentenderse del peñón, lo que sólo llegará a suceder cuando intereses mayores la obliguen al abandono o cuando, a cambio, obtenga otros beneficios -hasta hoy no cuantificados- o en caso de fuerza mayor. Pero todo es sólo forma parte hoy del reino de Utopía.

Desde que los ministros Oreja y Morán levantaron el bloqueo que estableció Franco, España sólo ha sufrido humillaciones, mientras los gibraltareños se enriquecían a nuestra costa.



Los fondos de cohesión. Estamos donde estábamos. Alemania diciendo que no y España defendiéndose. Pero las posiciones son demasiado distantes. Y, además, ahora se amplía el coro de los que se oponen a que este maná siga cayendo sobre nuestro país: Austria y, sobre todo, Francia, cuyo poder, aunque menor al de Alemania en el seno de la UE, no deja de ser muy grande, sobre todo cuando se trata de fastidiar a España. La atmósfera empieza a ser irrespirable: Madrid acusa a Bonn de falta de eficacia en la Presidencia comunitaria. Desde Alemania, el Canciller contestó a Aznar diciéndole que no se entera de nada y que haría mejor escuchando al propio ministro español de Asuntos Exteriores. No es de esperar que el alemán consiga enfrentar a los señores Aznar y Matutes, pero si creyéramos en maquiavelismos, éste podría ser un ejemplo. Lo que de verdad sucede es que el Canciller germano se encuentra con graves problemas en casa, derivados tanto del precio de la reunificación como de la rémora de tener que gobernar con los Verdes y por eso pretende disminuir su contribución a la UE a costa de dejar a España sin esos fondos con los que se han hecho las autovías, los metros, las depuradoras, etc. Y como por aquí no se le entiende, se pone nervioso y desbarra hasta el punto de decir despropósitos de los señores Aznar y Matutes.

La argumentación jurídica del Canciller carece de solidez: dice que España no tiene derecho a los mentados fondos porque ya estamos en el euro, lo que carece de apoyo en los textos del tratado de la Unión. Lo cierto es que Alemania no puede seguir con las cargas económicas que había contraído en la época de euforia financiera. Para calmar el ambiente propone, acambio de no suprimir de raíz el fondo, reducirlo en cuotas anuales hasta el año 2006, fecha en que sería definitivamente suprimido. Y Madrid contesta que eso no procede y que esos fondos le son imprescindibles porque se contaba ya con ellos a la hora de elaborar los presupuestos. Y Francia nos advierte en serio, pero con gesto amable, que vayamos preparándonos a prescindir de los fondos de cohesión.

Las espadas han quedado en alto. Y mientras tanto, baja la cotización del euro, que recién nacido no da pruebas de fortaleza. Como les pasa a todos los mamíferos, que tardan en alcanzar su fuerza de adultos.



Los kurdos. La verdad es que al perro flaco todo son pulgas. ¿Qué necesidad tenía España de verse metida en el avispero del Kurdistán? Ni por vecindad, ni por Historia, ni por intereses comunes había razón alguna para complicarnos en tal embrollo. Internacionalmente se trata de un país inexistente y, por tanto, sin un gobierno reconocible. Que unos cuantos emigrados -casi todos establecidos en Alemania- decidan constituirse en Parlamento y celebrar reuniones no parece extraordinariamente grave, sobre todo si se limitan a actuar lejos de nuestras fronteras. Lo malo es que han engatusado a lo más irresponsable de España, un gobierno autonómico, -es decir, sin jurisdicción internacional alguna, que se atreve a prestar su sede parlamentaria a unos kurdos exiliados, de dudosa representatividad. En circunstancias normales se hubiera procedido, poner a tales exiliados en la frontera. Pero ¿se atreverá nuestro débil Gobierno? Máxime cuando dentro de algunos sectores vascos se ve con simpatía un movimiento que, hasta ahora, sólo ha dado muestras de su capacidad terrorista.

La primera consecuencia de la improcedente hospitalidad ha sido la grave lesión experimentada por nuestras relaciones con el Gobierno de Ankara de efectos catastróficos en el terreno económico, dadas nuestras elevadas inversiones en Turquía, país con el que no tenemos desde Lepanto ningún contencioso. Por cierto, esos kurdos del exilio son fervientes marxistas-leninistas que emplean para sus fines el lenguaje del terror. El gobierno turco no dejará de tomar medidas contra España, que lleva invertidos en el país más de 200.000 millones de pesetas, con excelentes perspectivas en el terreno de ferrocarriles, telefonía y construcciones aeronáuticas. Un buen bocado que perder por las veleidades de unos irresponsables autonomistas.



Un diplomático ejemplar. Me refiero a Angel Sanz Briz, uno entre muchos diplomáticos españoles que realizaron una inmensa labor humanitaria que nunca será suficientemente ensalzada. Hacer frente nada más y nada menos que a la todopoderosa administración alemana durante la última guerra no era un juego de niños. La diplomacia es una profesión y silenciosa de cuyos logros poco o nada se sabe nunca, pero de cuyos fracasos se hace fácil carnaza para vilipendiar a unos hombres que hacen del servicio a su patria la norma de toda una vida. No sé si me equivoco, pero creo que no hay en toda España un sólo monumento dedicado a un diplomático. Por eso, el monumento frágil y perecedero que es un sello de Correos, empuja al agradecimiento hacia quienes lo han autorizado.

Hay libros sobre la valerosa decisión de Franco de ayudar a los judios. En toda la Europa ocupada, los diplomáticos aplicarón las órdenes recibidas desde Madrid. Ese fue tambien el caso de Romero Radigales en Atenas, que salvó a más de un millar de supuestos sefarditas, de Miguel Viturro en París, de Federico Díez de Julio Palencia en Sofia, y de otros muchos en Viena, Praga, Constantinopla, etc. Por eso las colonias judías de todo el mundo, singularmente en Salónica y en Nueva York organizarón solemnes exequias fúnebres a Franco, su salvador.



Pinochet ante portas. El Ejército chileno ha alquilado para la forzada residencia del General Pinochet en Gran Bretaña la finca «Wentworth», situada en la localidad deVirginia Water del condado de Surrey en el valle del Támesis. Esa finca era propiedad de Mariana Richards, con quien contrajo matrimonio el general carlista Ramón Cabrera (1806-1877) el 27 de mayo de 1850. Desde su boda, Cabrera vivió allí, donde falleció y está enterrado en el cementerio inmediato a la iglesia de la citada localidad de Virginia Water. Parece que el destino une a dos ilustres soldados.

Si un milagro no lo impide, tendremos al general y senador chileno en el quicio de nuestro país, que no va a saber qué hacer con él. A la hora de cerrar estas líneas no se puede por menos de sentir congoja pensando a dónde nos está llevando la vanidad de uno y la cobardía de otros.

La Hispanidad está siendo hecha trizas.




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