Ni ejercito, ni
profesional
El Sr.
Valdivieso, nombrado director general de la Benemérita,
al pretender nuevas misiones para esa Guardia Civil que
abandona los pueblos, lanzó el globo sonda de que se
caminaba hacia un Ejército (¿o se refería al total de
las FAS?) de 90.000 hombres, algo que ya decía antes
Izquierda Unida. Por cierto, que lo malo de haber
hemerotecas es que la existencia de las mismas perjudica
a muchos políticos. Así el propio Sr. Valdivieso
manifestó a la revista «Interviu», en junio de 1994,
cuando era portavoz del PP en el Congreso, que «no
queremos que después del Plan Norte nos llegue el Plan
Sur, que quiere decir Supresión de Unidades Restantes»,
proponiendo luego, durante la campaña electoral, un
recorte de unidades (mili de seis meses), y comulgar acto
seguido no sólo con la supresión del servicio militar
sino con una reducción ad limitem.
Todo esto no es más que la coronación de un camino
emprendido hace ya casi un cuarto de siglo y algunos de
cuyos hitos podrían ser los siguientes: Reducción del
presupuesto de Defensa desde 1975 a nuestros días, tanto
en valor absoluto como en relación con otras naciones.
Desamortización de bienes militares (Gerencia de
Infraestructura). Cierre de cuarteles frente a la nula
creación de bases o reinversión de capitales.
Reducción de unidades, mandos y tropa desde 1975.
Evolución de la objeción e insumisión/prestación
social sustitutoria. Ausencia de llamada a filas de la
mujer. Despenalización de la insumisión. Convocatoria
de plazas de tropa profesional, cobertura de las mismas,
sueldos y tiempos máximos de servicio. Modificación
permisiva de leyes disciplinarias y de servicio militar,
así como de los planes de estudios, ley de la Función
Militar, etc.
De todo ello, el más palpable indicativo de la nula
voluntad de contar con un Ejército adecuado es el
presupuesto de Defensa. Nadie puede pretender que se
busque un Ejército moderno y eficaz con un presupuesto
real de un 1 por cien del producto interior bruto (el
más bajo de esa OTAN a la que tanto nos esforzamos por
servir aunque no nos devuelvan Gibraltar y nos
supeditemos a mandos portugueses).
Como en todos los datos económicos, también en los que
afectan al Ejército es necesaria alguna explicación
para comprender su significado, además de constatar que
no se trata de un caso coyuntural, sino que se ha llegado
a esa cifra de forma paulatina y constante, y
quebrantando la Ley de Dotaciones y el consenso
parlamentario (1991) de alcanzar el 2 por cien del PIB,
tal como aconseja la OTAN a sus miembros.
El hecho es que, en términos reales, se ha reducido el
presupuesto de Defensa en más de la mitad desde 1981, lo
que no ha sucedido, ni siquiera aproximadamente, con
ningún otroMinisterio, más bien al contrario. Por
cierto, el dictamen de la ponencia sobre la
profesionalización de las FAS (11 de mayo del 98) fija
en 170.000 los efectivos (y los mínimos, en 150.000) y
renuncia a determinar la cuantía de los presupuestos
(inicialmente el 1,4 por cien del PIB). No fijar los
mínimos presupuestarios hace temer lo peor. Además,
estos raquíticos presupuestos, lógicamente, apenas dan
para inversiones reales (en 1998 el 57,5 por cien fueron
a personal), y están viciados en su reparto, con una
clara postergación del Ejército de Tierra y un claro
gigantismo de la administración central (1998: Ejército
de Tierra el 37 por cien, Organo Central 29, Armada y
Aire 17). Y hay que decir que gran parte del capítulo de
personal se dedica al que se encuentra en situación de
reserva (transitoria, 32 años, etc.). Hacienda se niega
a incluirlos en clases pasivas, y así la reducción del
Ejército lastra su modernización.
A ello hay que añadir que ni siquiera ese 57,5 por cien
del presupuesto asignado a personal permite pagar
adecuadamente no ya a los cuadros de mando sino a la
tropa, sea de reemplazo (ni aproximarse al salario
mínimo) o profesional (la nueva va a ser veintidós
veces más cara). Por ello, difícilmente permanecerá en
filas mucho tiempo ese profesional, al que se le pone muy
difícil llegar a la condición de permanente (fijo) y
mucho menos podrá costearse una ampliación de su
número. He aquí uno de los principales sofismas del
Ejército profesional y moderno, y la razón de suponer
que no será ni Ejército, pues no tiene hombres y no
puede reponer su antiquísimo material, ni profesional,
al no poder pagar al número adecuado de tales soldados
hasta su retiro. Sólo con observar el presupuesto para
1998 constataremos que no hay más voluntad que la de
seguir en el camino emprendido. Pero no se trata sólo de
dinero. Podría convertirse en atractiva la mili
exigiendo haberla hecho a todo aquel que quisiera entrar
en la Administración (local, autonómica o central),
pero eso no está bien visto.
A mayor abundamiento, el raquitismo presupuestario de los
últimos quince años, y la insidiosa política aneja,
han desamortizado a los Ejércitos hasta grados
inimaginables, incomprensibles.
1. Reservas de guerra y material rodante. Desde hace
quince años apenas se compra para reponer las reservas
de guerra (municiones, combustible, equipos de todo tipo,
etc.) y atender a las necesidades de instrucción, de las
misiones de paz, o a las que causan baja por vejez. Ni
que decir tiene que no estamos en los treinta días de
combate que aconseja la OTAN, y que más bien sobran
dedos de la mano para contar el número de días de que
se dispone. Lo mismo puede decirse de los vehículos no
de combate, gran parte de los cuales supera los veinte
años de edad, y otros tantos que la rondan. Y esto
redunda en un desmantelamiento de la industria nacional,
carente de pedidos.
2. Infraestructuras. La Gerencia de Infraestructura
(GINDEF), creada por la Ley 28/84 y prorrogada por la Ley
32/94 (hasta el 2005), consiguió desafectar (declarar
inútil para la Defensa y traspasar su propiedad), y
sólo durante los años 1984-94, 1.182 propiedades
inmobiliarias del Ramo de Guerra, con una superficie de
128.800.000 m2., quedando en 1995, 2.691 fincas más. El
Plan Norte tiene previsto la desafectación de otras 300
más, cerca de 60 millones de metros cuadrados, del
Ejército de Tierra (que se quedará con sólo otras
tantas). Estamos ante otra reducción de más de la mitad
de las infraestructuras sin generar apenas ingresos. Un
ejemplo: en diciembre de 1994 se vendieron 715.000 m2.
(350.000 de ellos en la Colonia Arroyo Meaques, de
Madrid) por 2.400.000.000 ptas., cuando sólo por esos
350.000 m2., a 60.000 ptas/m2. que vale en la zona,
deberían haber supuesto 21.000.000.000 ptas.
Pero que nadie crea que fueron abandonados los pequeños
cuarteles ciudadanos y se han creado nuevas bases en
lugares adecuados. Las bases son las mismas o alguna
menos.
Tampoco ha sido una venta para generar fondos para la tan
traída como llevada modernización. De hecho esas
propiedades habían generado en 1997 sólo 54.049
millones de pesetas (en principio el Ministerio habló de
conseguir 2 billones), puesto que se cedieron 20.170.000
m2. a Ayuntamiento y Comunidades mediante 119 convenios
(1984/94) y, en general, se malvendieron, o no se han
vendido aún rentabilísimas propiedades urbanas. De
hecho puede ser éste uno más entre los turbios
escándalos de la Administración anterior, continuado
por la presente, que tras amagar venderlos al mejor
precio utilizando los servicios de la empresa Arthur
Andersen, se ha convencido (junto con Convergencia i
Unió, casualmente) que no merece la pena y prepara una
ley de reforma de la Gerencia, para así poder ceder
gratuítamente las que no encuentren comprador a las
Autonomías y Ayuntamientos sin ánimo de lucro.
En fin, que ni siquiera de aquí saldrá el dinero
necesario (y no librado) para el Plan Norte.
3. Industria e investigación. Las fábricas militares
del Ejército de Tierra fueron cedidas temporalmente a la
Empresa Nacional Santa Bárbara en los años 40. Con el
Gobierno socialista se cerraron gran número de ellas
(Valladolid, Toledo, Coruña, Oviedo, etc.) y
languidecieron las demás, de forma que ahora su total
apenas si llega al 4 por cien de la industria militar de
los países de la Unión Europea. La empresa Cetme (antes
Centro de Estudios Técnicos de Materiales Especiales)
cerró su planta de experimentación de la calle Julián
Camarillo, en Madrid, y dispersó su plantel de
ingenieros. A esa diáspora de técnicos superiores hay
que añadir la descapitalización de personal técnico de
grado medio y oficiales de taller, por los cierres y
jubilaciones anticipadas.
La tremenda situación de crisis del sector vino dada por
la reducción del presupuesto de Defensa y la
consiguiente reducción del gasto. La inversión pasó,
en pesetas constantes, de 505.742 millones en 1987 a
234.991 millones en 1998; es decir, una reducción de un
54 por ciento en nueve años.
Cuando se quiera modernizar el Ejército habrá que
gastar (además de pagar a las costosísimas misiones de
paz de la morosa ONU) mucho dinero en compras en el
exterior, o se gastará algo menos, pero muchísimo
también, en poner a punto la industria nacional (sea
para la fabricación o el mantenimiento), voluntariamente
esquilmada. Y no es exageración: hoy habría que montar
de nuevo hasta una línea de fabricación de machetes, y
el fusil que los llevara debería ser fabricado bajo
patente, pues no hay un equipo militar o civil capaz de
diseñarlo.
4. Unidades, mandos y tropa desde 1975. Hagamos un poco
de historia para ver, con la necesaria perspectiva, a
dónde va España en materia de Defensa y, más en
concreto, en relación a su principal componente, el
Ejército de Tierra, ponderando su lograda capacidad
anterior, y valorando dónde se quedaron los proyectos
gubernativos generados en las dos últimas décadas.
En 1975 se disponía de un Ejército de Tierra que era,
sensiblemente, igual al diseñado por la reorganización
de 1965: 1 Cuerpo de Ejército y 5 Divisiones organizadas
en Fuerzas de Intervención Inmediata (FII) y Fuerzas de
Defensa Operativa del Territorio (DOT), con un total de
28 Brigadas, de ellas 18 DOT, además de La Legión y
otras unidades no organizadas en Brigadas. En total, casi
unos 270.000 hombres de tropa y unos 42.000 cuadros de
mando, 39.500 si se descuentan los luego llamados Cuerpos
Comunes: Sanidad, Jurídicos, Intervención).
En 1983 el número era sensiblemente igual en cuadros de
mando y cercano a los 250.000 en tropa, lo que suma casi
300.000 organizados en 15 Brigadas (3 veces los 115 de la
Ley de Plantillas 1993). Pero en ese año, el 1er
Objetivo de Fuerza Conjunto fija ya una drástica
reducción, que se plasma en la Ley 40/1984 de Plantillas
del Ejército de Tierra (Ley 8/86 de la Armada y 9/86 del
Aire, un nuevo ejemplo de prioridad en rapidez, cantidad
y calidad, a la hora de reducir al Ejército de Tierra).
Poco después vendrán otros recortes (RD. 255/1991),
porque, ¡otro magnífico ejemplo de rapidez!, la
reducción prevista para el ciclo 1984/94, se acabó, con
creces, años antes, en 1989.
En 1993 se aprueba otra Ley de Plantillas, cuyo objetivo
es llegar a nuevas reducciones en 1997. Es el modelo
Ejército 2000, consensuado en el Parlamento en 1991 con
el apoyo de todos los grupos parlamentarios, excepto
Izquierda Unida, y basado en un ejército mixto
(profesional y de reemplazo), de 180.000 hombres para el
total de las FAS, con una tasa de profesionalización del
50 por ciento.
En 1994 el 2.º jefe del Estado Mayor del Ejército
decía: «La Ley de Plantillas (1993) nos lleva a un
Ejército de 115.000 hombres, lo que representa la
tercera parte del volumen que tenía hace quince años, y
nos sitúa como uno de los Ejércitos más pequeños de
Europa occidental en proporción a superficie y
población».
Poco durará la ley y el consenso, y a nadie le preocupa,
porque el 4 de julio de 1996, el Sr. Valdivieso
declaraba: «Teniendo en cuenta el modelo de Ejército al
que vamos, muy reducido, de 150.000 (¿total FAS?)
hombres, que pasará más tarde a 90.000 (¿total FAS?),
todos ellos profesionales, la Guardia Civil tendrá que
asumir misiones relacionadas con la Defensa Nacional».*
En los datos anteriores se ponen entre paréntesis las
cifras que se dudan porque, bien por supino
desconocimiento de la cosa militar, bien por el escogido
lenguaje empleado que confunde FAS (Fuerzas Armadas y de
Seguridad) con el Ejército de Tierra, y profesionales de
tropa con mandos (quizás para maquillar las cifras), el
hecho es que nunca puede saberse si cuando un político
habla de un modelo de Ejército de 150.000 hombres se
está refiriendo al total del Ejército de Tierra o al de
soldados profesionales de las FAS. El hecho es que el
modelo PP parece que se quedará en 85.000 hombres de
tropa en el Ejército de Tierra y 160.000 de total en la
FAS.
Por cierto, 90.000 hombres (máximo 100.000) para todas
las FAS es la propuesta de Izquierda Unida desde 1993,
¿mera coincidencia? y ahora es el PSOE el que pide que
sean 100.000 soldados (el mismo partido que en 1993,
encontrándose en el poder, sacó adelante una ley por la
que se fijaba en 140.000 los mandos y tropa en 1997).
Vamos camino de tener el Ejército más pequeño del
mundo (en proporción con nuestra población y
superficie), acorde con el también récord mundial en
objeción de conciencia, insumisión, tasa de
nacimientos, etc. Algo así como 50.000 mandos y 100.000
soldados (total FAS), ¡el uno para dos como proporción
ideal!
Ultimos datos a tener en cuenta: las Fuerzas Armadas son
el único estamento del Estado que ha disminuido
sensiblemente (y siguen haciéndolo), habiendo aumentado
en general todas las Administraciones del Estado desde
1975 al 2000. Además, una de las excusas de la
reducción es la creación de reservas movilizables. Pues
bien, dejada en el olvido la antigua (y no derogada) Ley
de Movilización de 1969, hay un vacío legal y operativo
total para movilizar a (no sólo todos los recursos
nacionales) los 24.000 cuadros de mando que han generado
las diversas normativas para el pase a la reserva (dentro
de poco habrá más en reserva que en activo), y la tropa
profesional que no renueva sus compromisos, por no hablar
de la de reemplazo.
Jesús Molina Pardo
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