Nuevos ensayos liberales

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LIBROS: Nuevos ensayos liberales. nº 94

Comentarios de Luis Sánchez de Movellán al libro de P. Schwartz.

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LIBROS: Nuevos ensayos liberales

Schwartz, Pedro: Nuevos ensayos liberales, ed. Espasa-Calpe, Madrid 1998, 336 págs.



El volumen se articula como un conjunto de ensayos, escritos en diferentes épocas, que abarcan un amplio elenco de temas. Para el autor, el liberalismo, no sólo no es una utopía, sino que es un entramado doctrinal, basado en un conocimiento preciso de la naturaleza humana y de las leyes de funcionamiento de la sociedad.

En el capítulo primero se incluyen cuatro trabajos. El primero de ellos es un examen crítico de los Ensayos liberales de Marañón, a quien reprocha carecer de dimensiones epistemológicas e institucionales. El segundo recoge las ideas principales sobre la libertad de Stuart Mill. El tercero es un ejercicio de diferenciación entre el concepto de liberalismo ortodoxo y otros menos correctos por estar inoculados de anarquismo, de nacionalismo, de socialismo o de totalitarismo democrático. El cuarto es un intento de enraizar una definición de liberalismo, en la historia intelectual de occidente y en la historia política de España.

En el segundo capítulo, se expone una antropología de la libertad, que empieza por resaltar la íntima relación entre las instituciones intelectuales, que los hombres han creado para combatir la ignorancia, y las instituciones políticas y económicas de la sociedad liberal. Seguidamente, se rechaza la concepción sociológica de la humanidad mantenida por la izquierda, y se propone la visión de que somos seres difícilmente maleables, amén de «optimizadores, medidores y ocurrentes» (p. 112), y por ello hemos de vivir en un ambiente de libertad; y de igual modo, se mantiene que la variabilidad genética entre generaciones no permite la creación de élites hereditarias en una sociedad competitiva. Se continua retratando el mundo actual como mezquino e incierto, y de aquí se deduce que el mercado, como elemento recabador de información y como asignador y descubridor de recursos, es imprescindible para nuestra superviviencia y bienestar. El capítulo termina estudiando las paradojas que se derivan de la aplicación de reglas de decisión (incluída la regla democrática) a la solución de conflictos sociales, y analizando los modos de paliar la paradoja de la doctrina del liberalismo democrático.

En el capítulo tercero se intenta rebatir el presunto «anarquismo» de los liberales, en el sentido de que el liberal lo que pretende es centrar y reforzar el Estado, no abolirlo, buscando un Estado fuerte y pequeño, que sea baluarte de las libertades individuales.

El cuarto capítulo plantea el carácter procedimental de la ética liberal, como aplicación práctica del análisis de las paradojas de la decisión colectiva. Se insiste en separar el ideario liberal del pensamiento utópico, en contra de la opinión generalizada. Así la sociedad liberal será el resultado de un cálculo sobrio acerca de lo que conviene a los humanos, dados la naturaleza incorforme de éstos y un mundo de escasez. Se termina el capítulo, reaccionando contra una visión triunfalista del «neoliberalismo», al examinar la ética de la sociedad abierta, como un marco formal e incluso agnóstico, en el cual florezcan en pacífica diversidad los distintos sistemas morales de los grupos que acepten convivir sin recurrir a la violencia, a la coacción o al engaño.

En el quinto y último capítulo se alerta sobre la fragilidad de las instituciones liberales y sobre la no conveniencia de bajar la guardia ante la efímera y temporal derrota del socialismo. Se analiza la precaria naturaleza de la democracia liberal, en base a considerar al liberalismo como una doctrina civilizada y en cierto modo artificial, integrada por variados elementos de diversa naturaleza, y expuesta a múltiples peligros externos, e incluso internos, y sin ninguna garantía de permanencia.

En suma, unos ensayos vigorosos de los cuales se pueden extraer dos conclusiones: la primera, que las libertades son indivisibles, ya que la plena soberanía individual necesita no sólo de los derechos del hombre, sino también de la democracia y del libre mercado; la segunda, que una sociedad de libertades es un frágil entramado alarmantemente expuesto a los furiosos ataques del socialismo, del nacionalismo montaraz y de los fundamentalismos.



Luis Sánchez de Movellán

 


 

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