El arquitecto Lamela

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El arquitecto Lamela

Por Fernando Aguirre de Yraola

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El arquitecto Lamela

Antonio Lamela, doctor arquitecto por la Escuela de Madrid, fundador del Estudio que lleva su nombre, no es solamente un arquitecto en el sentido tradicional. Es, además, un investigador que ha comprendido que las exigencias funcionales requeridas por la sociedad actual necesitan el replanteamiento de problemas urbanísticos, ecológicos, biológicos, psicológicos, etc., que hace unas pocas décadas eran marginados.

Es uno de los primeros arquitectos que ha reclamado el entendimiento de la arquitectura como un servicio social con limitaciones de medios económicos, normativos, tecnológicos y materiales, sin ser un pretexto para el lucimiento personal del técnico. Lamela se consagra en el campo estructural al proyectar las Torres de Colón, en Madrid, una de sus creaciones más conocidas y polémicas. El proyecto fue presentado al Congreso Mundial de Arquitectura y Obras Públicas de Hormigón Pretensado, celebrado en Nueva York por el Instituto Eduardo Torroja de Ciencias de la Construcción, como aportación tecnológica española, siendo considerada en tal fecha como «el edificio de más avanzada tecnología en construcción edilicia» hasta 1975.

La estructura suspendida desde sus cabezas de apoyo (aparentemente colgada) de estas torres atrajo la atención de los transeúntes, que observaban cómo se construían de arriba abajo, como si se empezara por el tejado. Fué el único edificio «suspendido» y trabajando a compresión contra sus cabezas. En el mundo existen otros ejemplos de edificios colgados, pero siempre trabajando a tracción. Años más tarde, el Ayuntamiento exigió la instalación de una escalera exterior de emergencia para cada una de las torres, y se decidió aprovechar tal intervención para cambiar la imagen del conjunto.

Consultados varios prestigiosos ingenieros, especialistas en estructuras, dos de ellos, Fernández-Casado y Manterola, recomendaron la construcción de una escalera única entre ambas torres, conectada a una pasarela que las uniera y suspendida mediante una viga metálica que apoyara en ambas cabezas. En esta atrevida solución, debido a su gran canto, esta viga aparece por encima de la actual cubierta. Por ello se decidió integrarla en una nueva coronación, reincorporando la tradición de los edificios «con remate». Esta coronación, de 32 metros de altura, cuya estética es muy polémica, alberga todas las antenas y los repetidores de organismos oficiales.

Sin embargo, la labor de Lamela trasciende de la técnica. En 1975 publicó un interesante libro titulado Cosmoísmo y Geoísmo. Acomete la problemática de la supervivencia de nuestro planeta. Y propone la creación de dos nuevas ciencias, el geoísmo y el cosmoísmo con el fin de salvar el ámbito del hombre. El cosmoísmo, o «conjunto de conocimientos relativos a la mejor utilización del cosmos, de manera sucesiva y progresiva, según conveniencia a los intereses de los seres humanos, manteniendo el orden y el equilibrio establecidos en él», se halla en las etapas iniciales de su desarrollo y por ello, precisa una toma general de conciencia. Su propuesta es la adecuación de este desarrollo a una estructuración de valores. En cuanto al geoísmo, o «conjunto de conocimientos relativos al desarrollo, reforma, progreso y mejor utilización de territorio, de forma integral según conveniencia a las necesidades de la vida humana», no tiene el mismo enfoque que la Geografía, con la cual no se puede confundir, y tampoco con la Geodesia. Tampoco con la Astronomía, la Cosmología o la Astrofísica.

Como final de su Discurso de ingreso en la Real Academia de Doctores expresó el deseo de que la docta institución tomase como propias sus propuestas, en colaboración con las autoridades a las que afecta tal misión, empezando por la administración estatal española. Esas propuestas revelan una gran preocupación por el medio ambiente, como demuestra la creación de un Ministerio específico, y por la Ecología. Estas disciplinas dan origen al término «ecologismo», movimiento socio-político que, con matices muy diversos, propugna la defensa de la naturaleza.

En el año 1992, las Naciones Unidas organizaron una cumbre sobre el tema «Medio ambiente y desarrollo» para la salvación de la Tierra, en Río de Janeiro. Allí fueron definidos una serie de principios considerados fundamentales para el desarrollo humano sostenible, pero sin carácter vinculante. Es la Carta de la Tierra actual. En esa cumbre, Lamela estuvo respaldado por Argentina y su presidente Menem, cuando planteó, a instancias de éste, su propuesta de creación de dos ciencias ecológicas: Geoísmo y Cosmoísmo. En 1997, se celebró una segunda cumbre en Nueva York, con objeto de realizar un balance del quinquenio. La tesis del arquitecto español seguía presente, sin que se hubiera efectuado ningún progreso, aunque permanecía como asunto pendiente.

Es evidente la función que pueden y deben tener los urbanistas, geoístas y cosmoístas. Los humanos debemos manejar ese conjunto de conocimientos, para estar en condiciones de dar soluciones a los problemas que se nos plantean en esas tres áreas: la urbana, la territorial urbana y la extratelúrica. Dentro de ese complejo se encuentra la arquitectura como uno de tantos importantes quehaceres.

En el citado Discurso, Lamela demuestra su precursora concepción que no teme herir egoísmos en las profesiones que se aferren a un inmovilismo seguramente antisocial. Y así declara que «hay que recordar que la ejecución y el desarrollo de los proyectos de Urbanismo y Planificación territorial o geoísmo. Hasta la fecha, y muy concretamente en España, así como en otras naciones, lo vienen haciendo preferentemente arquitectos, y en algunas ocasiones, ingenieros asistidos en algunos momentos por economistas o juristas que tienen cierta preferencia y predilección por estos planteamientos urbanísticos. Y como se supone que el Geoísmo y el Urbanismo deben condicionar a la Arquitectura, los urbanistas y geoístas deberán saber de Arquitectura, ya que ésta es un componente muy importante de la ciudad y del territorio; lo mismo, recíprocamente, los arquitectos deberán saber de Geoísmo, y más especialmente de Urbanismo, al estar la Arquitectura incrustada en la ciudad». Por estas razones, el nuevo académico propuso que se dé paso a especialistas, es decir, a urbanistas, geoístas, cosmoístas y ecologistas, no interrumpiendo el proceso formativo.

Podría reseñar importantes obras realizadas; pero el visitante de su Estudio contemplará las fotografías y maquetas que atestiguan la existencia de edificios que se reparten por varios continentes. Como dice nuestro compañero Javier Carvajal, otro ilustre arquitecto, en el prólogo de la monografía en la que aparece la relación de su obra, «extensísima, sin más apoyo que su propio entusiasmo, tesón y esfuerzo, no se limitó, como es característica compartida de los mejores arquitectos de su momento, a la construcción de edificios, sino también al diseño de objetos, a la libre docencia a través de conferencias y escritos, a la investigación teórica, a la búsqueda de nuevas soluciones urbanísticas, a la propuesta de nuevos caminos formales expresivos, a la aportación de singulares tecnologías y nuevos materiales, siempre desarrollados a través de un trabajo profesional exigente y de excelente calidad constructiva».

Sin embargo, he preferido tratar las originales ideas directrices de Antonio Lamela.



Fernando Aguirre de Yraola
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