Diccionario de la izquierda

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LIBROS: Diccionario de la izquierda. nº 94

Comentarios de G. F. M. al libro de Ana María González.

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LIBROS: Diccionario de la izquierda.

Guerra, Alfonso: Diccionario de la izquierda, ed. Planeta, Barcelona 1998, 220 págs.



El autor hasta su caída, como consecuencia, entre otras, de casos de escandalosa corrupción familiar, asumió el papel de bufón del Psoe. Ahora rompe su silencio para, desde una casi total falta de formación intelectual, caracterizar a la izquierda política.

Comienza reconociendo que «las banderas de la izquierda están, en muchos casos, arriadas, o aún peor, a media asta»; y que «la conversión del paraíso prometido (soviético) en un modelo inhumano desarmó ideológicamente a la izquierda, empujándola a aceptar gradualmente algunos de los presupuestos del sistema capitalista». Pero oculta que esa palinodia se hizo en el último momento, después de decenios de aferramiento al marxismo leninismo que ya era un horror en 1920. Textos recientes del propio autor aún repetían el catecismo marxista, y todavía en este libro defiende la dictadura frentepopulista de Allende en Chile. Afortunadamente, el Ejército impidió que se extendiera al Cono Sur de América el gulag cubano. También exalta el Congreso de Escritores Antifascistas celebrado en la Valencia roja en 1937 y que fue una operación propagandística de Stalin. Y defiende a Deng Xiaoping, el de la matanza de estudiantes en Tianamen. Contradicciones flagrantes, como es habitual en quienes practican la consigna leninista «Miente que algo queda».

Ante el desconcierto tardíamente sobrevenido, el autor se apunta a la tesis de Fernández de la Mora en su libro El crepúsculo de las ideologías (1965): “sólo hay problemas -escribe Guerra- y los problemas se atacan con soluciones, no con recetas ideológicas». Un giro de 180 grados el del ahora domesticado jabalí socialista.

El autor, que un día dio por muerta la separación de poderes de Montesquieu, ahora denuncia el avance hacia «una dictadura democrática» porque por «la hipócrita actitud del poder que rechaza los contrapoderes clásicos: el poder legislativo -se reduce su papel-, y el poder judicial -se le intenta instrumentalizar con objetivos políticos». Pero fue el Gobierno vicepresidido por Guerra el que modificó la estructura del Consejo General del Poder Judicial para mediatizar los tribunales, y el que politizó el Tribunal Constitucional que todavía cuenta con una mayoría de magistrados socialistas. Hay cinismos que superan la praxis política más permisiva.

Este pequeño libro oscila entre la obviedad y el tópico mitinesco. A esto se reduce la aportación doctrinal del portavoz socialista español.



A. Maestro


 

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