LIBROS:
Diccionario de la izquierda.
Guerra,
Alfonso: Diccionario de la izquierda, ed. Planeta,
Barcelona 1998, 220 págs.
El autor hasta su caída, como consecuencia, entre otras,
de casos de escandalosa corrupción familiar, asumió el
papel de bufón del Psoe. Ahora rompe su silencio para,
desde una casi total falta de formación intelectual,
caracterizar a la izquierda política.
Comienza reconociendo que «las banderas de la izquierda
están, en muchos casos, arriadas, o aún peor, a media
asta»; y que «la conversión del paraíso prometido
(soviético) en un modelo inhumano desarmó
ideológicamente a la izquierda, empujándola a aceptar
gradualmente algunos de los presupuestos del sistema
capitalista». Pero oculta que esa palinodia se hizo en
el último momento, después de decenios de aferramiento
al marxismo leninismo que ya era un horror en 1920.
Textos recientes del propio autor aún repetían el
catecismo marxista, y todavía en este libro defiende la
dictadura frentepopulista de Allende en Chile.
Afortunadamente, el Ejército impidió que se extendiera
al Cono Sur de América el gulag cubano. También exalta
el Congreso de Escritores Antifascistas celebrado en la
Valencia roja en 1937 y que fue una operación
propagandística de Stalin. Y defiende a Deng Xiaoping,
el de la matanza de estudiantes en Tianamen.
Contradicciones flagrantes, como es habitual en quienes
practican la consigna leninista «Miente que algo
queda».
Ante el desconcierto tardíamente sobrevenido, el autor
se apunta a la tesis de Fernández de la Mora en su libro
El crepúsculo de las ideologías (1965): sólo hay
problemas -escribe Guerra- y los problemas se atacan con
soluciones, no con recetas ideológicas». Un giro de 180
grados el del ahora domesticado jabalí socialista.
El autor, que un día dio por muerta la separación de
poderes de Montesquieu, ahora denuncia el avance hacia
«una dictadura democrática» porque por «la hipócrita
actitud del poder que rechaza los contrapoderes
clásicos: el poder legislativo -se reduce su papel-, y
el poder judicial -se le intenta instrumentalizar con
objetivos políticos». Pero fue el Gobierno
vicepresidido por Guerra el que modificó la estructura
del Consejo General del Poder Judicial para mediatizar
los tribunales, y el que politizó el Tribunal
Constitucional que todavía cuenta con una mayoría de
magistrados socialistas. Hay cinismos que superan la
praxis política más permisiva.
Este pequeño libro oscila entre la obviedad y el tópico
mitinesco. A esto se reduce la aportación doctrinal del
portavoz socialista español.
A. Maestro
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