La revolución oculta. Manipulación del lenguaje y subversión de valores

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LIBROS: La revolución oculta. Manipulación del lenguaje y subversión de valores. nº 94

Comentarios de Luis Sánchez de Movellán al libro de A. López Quintás.

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LIBROS: La revolución oculta. Manipulación del lenguaje y subversión de valores

López Quintás, Alfonso: La revolución oculta. Manipulación del lenguaje y subversión de valores, ed. PPC, Madrid 1998, 360 págs.



En los últimos años, estamos asistiendo a una solapada revolución, la «revolución oculta», la cual está alterando las escalas de valores. Esta subversión axiológica no sólamente afecta a concepciones del mundo, sino que altera nuestra existencia personal.

Se abre el volumen con el primer epígrafe: «Manipular es reducir, envilecer», en el cual se analizan las palabras «talismán», en virtud de las cuales se practican todo tipo de manipulaciones, que llegan a producir una especie de «esclerosis mental». De igual modo, manipular implica rebajar de rango, es decir, la reducción de la persona a mero instrumento, a simple medio, al servicio de proyectos ajenos mediante manipulaciones demagógicas que simplifican los conceptos. La base de la manipulación es el reduccionismo, lo cual supone un envilecimiento injusto y es la fuente de las diversas formas de violencia.

El segundo epígrafe: «¿Para qué se manipula al hombre?», es contestado por el autor, en el sentido de que para modelar su espíritu y así dominar a los grupos sociales, previa reducción de las comunidades de personas a colectividades de individuos, y éstas a «masas». Se realiza el dominio del pueblo por vía del asedio interior, a través de la sugestión y la fascinación, intentando que se pierda la capacidad creadora, el poder de discernimiento. Así las agrupaciones comunitarias degeneran en simples grupos de intereses, aflojando los vínculos de las colectividades, y atomizándolas. Tal masa es manejable y dominable, y mediante la manipulación se la vence aunque no se la convenza. Mediante el ilusionismo mental se somete a las gentes a un vasallaje intelectual, volitivo y sentimental.

En el epígrafe tercero: «¿Quién manipula al hombre?», se comienza citando a Tocqueville cuando denunció, en La democracia en América, el sutil y nefasto despotismo de la mayoría. Y se continua desvelando dos formas de manipulación: la orientación demagógica de las técnicas publicitarias o, la más reductora, de imposición de una determinada ideología. Las ideologías son fuente de violencia, bien abierta, bien taimada, humillan la razón y escinden a los pueblos en grupos antagónicos irreconciliables. «La ideologización de la cultura y la manipulación de los pueblos se nutren y potencian entre sí, y con su energía potenciada, fomentan el gregarismo» (p. 47).

La segunda parte desenmascara las técnicas manipuladoras y analiza las estrategias de subversión de valores. Hay tres fases de manipulación ideológica: a) La modelación de las mentes; b) El adoctrinamiento cultural; y c) La configuración de la conducta. Se detallan los procedimientos estratégicos de la demagogia manipuladora: el intrusismo profesional; la sustitución del debate por el monólogo triunfalista o la entrevista sumisa; el recurso del diálogo trucado e inhibidor; el boicot informativo; el recurso a las insinuaciones ambiguas y turbias; el ataque precipitado e infundado; la intimidación o la explotación del miedo; el rumor, como forma de ataque anónima y difusa; la valoración por vía de yuxtaposición arbitraria, o por vía de oposición o rebote; el desvío de la atención, la insistencia como táctica de persuasión; la intimidación a través del uso reiterado de un vocablo de prestigio; el fomento de diálogos trucados para provocar el relativismo; la mofa, burla o escarnio; la alteración sinuosa del significado de términos y locuciones; alterar el sentido de ciertas realidades; la mentira abierta y sin medida; la utilización del lenguaje emotivo de las canciones; la división para vencer y dominar; borrar la memoria del pasado; interpretar el cambio de forma fatalista; y, en fin, cultivar la zafiedad y descender al plano infracreador. Y como no podía ser menos, en plena era visual, la utilización de la imagen como recurso constante de manipulación.

En suma, una obra profunda y valiente de López Quintás, que pone al descubierto las generalizadas tácticas manipuladoras e invita a vivir una existencia libre y creativa. Una vacuna contra los lavados del cerebro que padecen las sociedades desarrolladas.



Luis Sánchez de Movellán




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