LIBROS: Homo
Videns: La sociedad teledirigida
Sartori, Giovanni: Homo videns: La sociedad teledirigida,
ed. Santillana-Taurus, Madrid 1998, 160 pp.
El autor, en la primera parte de la obra, se ocupa de la
actual preponderancia de lo visible sobre lo inteligible.
Contempla como la revolución multimedia, está
transformando al «homo sapiens», producto de la cultura
escrita, en un «homo videns», para el cual la palabra
ha sido anulada por la imagen. En todo ello, el papel
determinante lo tiene la televisión, que precisamente,
prima a la imagen, lo cual lleva a ver sin entender que
ha acabado con el pensamiento abstracto, con las ideas
claras y distintas. La televisión está produciendo una
metamorfosis. No es sólo un instrumento de
comunicación, es, a la vez, un instrumento que genera un
nuevo tipo de ser humano. El video-niño se convierte en
un adulto sordo de por vida a los estímulos de la
lectura.
La imagen por sí misma no da casi ninguna
inteligibilidad. La imagen ha de ser explicada, y la
televisión da explicaciones insuficientes y
distorsionadas. Si la televisión explicara mejor, se
podría producir una integración positiva entre «homo
sapiens» y «homo videns». De momento, no hay
integración, sino sustracción y, por tanto, el acto de
ver está atrofiando la capacidad de entender. La
televisión, en la actualidad, está en cierto modo
obsoleta, ya que las nuevas fronteras son Internet y el
ciberespacio; más la televisión al fragmentarse -por
cable o vía satélite- de hecho entra en competencia con
la red de redes.
En la segunda parte, el autor, investiga «la opinión
teledirigida», y al referirse a la «vídeo-política»,
estima que el pueblo opina sobre todo, en función de
cómo la televisión le induce. La vídeocracia está
fabricando una opinión hetero-dirigida que aparentemente
refuerza, pero que en sustancia vacía la democracia como
gobierno de opinión. La televisión no refleja los
cambios de la sociedad y su cultura, sino que refleja los
cambios que ella misma promueve e inspira a largo plazo.
Las distorsiones informativas más importantes son: las
falsas estadísticas y las entrevistas «casuales». De
igual forma, la desinformación se alimenta de dos
típicas distorsiones informativas: premiar la
excentricidad y alentar el ataque y la agresividad.
La visión en la pantalla del televisor es siempre un
poco falsa, porque «descontextualiza», ya que se basa
en primeros planos fuera de contexto. Y esta segunda
parte finaliza alegándose que el vídeo-dependiente
tiene poco sentido crítico.
La última parte del volumen, se abre con una
interrogación: ¿Y la democracia?, en la cual se
examinan la incidencia electoral y la incidencia en el
modo de gobernar de la vídeo-política, y de la
torticera formación de la opinión pública. Una primera
consecuencia es que la vídeo-política reduce el peso de
los partidos, mientras que otra, es la emotivización de
la política.
La democracia se está conviertiendo en un sistema de
gobierno en el que son los más incompetentes los que
deciden, en un sistema suicida. El «demos» debilitado
no entiende y no tiene opinión autónoma. Para Postman,
la «tecnópoli digital será utilizada por una raza
directora de pequeñísimas élites, de tecnocerebros
altamente dotados, que desembocará en una tecnocracia
convertida en totalitaria, que plasma todo y a todos a su
imagen y semejanza.
La tesis de fondo es que si un hombre pierde la capacidad
de abstracción es «eo ipso» incapaz de racionalidad y
es, por tanto, un animal simbólico que ya no tiene
capacidad para sostener y alimentar el mundo construído
por el «homo sapiens».
Luis Sánchez de Movellán.
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