Los diamantes de la corona

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LIBROS: Los diamantes de la corona . nº 93

Comentarios de J. L. Núñez al libro de Juan Balansó .

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LIBROS: Los diamantes de la corona


Balansó, Juan: Los diamantes de la Corona, ed. Plaza & Janés, Barcelona 1998, 304 págs.



El autor es el máximo especialista en la casa real española. Entre los libros que ha dedicado al tema destacan La familia real y la familia irreal (1992), Trío de príncipes (1995) y La Corona vacilante (1996) y Las perlas de la Corona (1977)1. Además de por su erudición histórica, el autor se caracteriza por la originalidad de no caer en el dirirambo color de rosa en que suelen precipitarse por snobismo o por sevilismo los cronistas palaciegos.

En este libro pasa revista a los herederos de la Corona y a príncipes. La narración empieza por D. Juan, hijo de los Reyes Católicos que falleció al poco tiempo de casado por «copular sin mesura» sin apenas abandonar el lecho de su joven esposa Margarita de Austria. Continua con Carlos, hijo de Felipe II, un monstruo de traiciones y perversión a quien hubo de encarcelar su propio padre.

Hay un capítulo sobre el ilustre bastardo Juan de Austria, de maternidad problemática que algunos atribuyen a una adolescente hija del duque de Baviera que alojaba en su palacio al futuro Carlos V, y otros a una mujer de muy baja genealogía y de airada vida.

Así llegamos a los Borbones. Baltasar Carlos murió a los 17 años después de una juerga con una ramera. Juan José, hijo de la cómica «La Calderona» pretendió casarse con su hermanastra la infanta Margarita para acercarse al trono. El hijo menor de Felipe V, llamado Lulú en familia fue nombrado cardenal a los ocho años, pero hubo de presentar su renuncia a causa de su incontenible sexualidad. Por su impudicia su regio hermano hubo de desterrarle. El primogénito de Carlos III, Felipe, nació imbécil y fue descartado. Otro hijo, Gabriel parece que fue envenenado por su cuñada. Otro hijo, Antonio Pascual fue, según el autor, «un monumento de estoilidez» y un «malvado».

Francisco de Paula (1784-1805) no fue hijo de Carlos IV, sino del amante de la reina, Godoy, y las Cortes lo excluyeron de la sucesión, pero ascendió a gran maestre de la masonería española.

Francisco de Paula esposo de Isabel II parece que no estaba a la requerida altura de virilidad, lo que pone en cuestión la paternidad de Alfonso XII y sus hermanas, la del primero se atribuye al oficial Enrique Puig Moltó.

El conde de Girgenti, esposo de la Infanta Isabel «la chata» se suicidó. Antonio de Orleans (1873-1930) dilapidó en amoríos su gran patrimonio y, finalmente, los jueces lo incapacitaron. Luis de Orleans y Borbón fue privado de la condición de infante por Alfonso XIII a causa de sus escandalosas orgías. Fernando de Baviera y Borbón (1884-1958) se hizo republicano en 1931.

Alfonso de Borbón y Battenberg (1907-1938) primogénito de Alfonso XIII se casó con una rica cubana, renunció a sus derechos dinásticos, se enfrentó con su padre por dinero, se aficionó al opio, se divorció, volvió a casarse con una modelo que pronto sustituyó por una cigarrera de club nocturno, y murió abandonado en un hospital norteamericano.

El capítulo dedicado a Felipe, actual príncipe de Asturias no es muy benévolo y pasa revista a las reales o presuntas novias, incluida la famosa Isabel Sartorius, madre de una niña.

La obra se cierra con una nota sobre Jaime de Marichalar casado con la Infanta Elena, la cual se negó a renunciar a sus derechos sucesorios lo que abre la posibilidad a una nueva dinastía. La Infanta Cristina, a la que se había atribuido varios noviazgos, alguno de larga duración, contrajo matrimonio con el jugador de balonmano Urdangarín a quien el autor reprocha haber hecho publicidad de un chocolate. Pero Balansó recuerda que la reina Victoria Eugenia cobró por hacer públicidad de una crema de belleza y que la Infanta María Cristina publicitó una camomila para aclarar el cabello.

Libro muy ameno, desmitificador en grado sumo, y que escandalizará a los dinásticos sentimentales.




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