Centenario de
Evola
Julius
Evola, nacido en Roma el 19 de mayo de 1898, aristócrata
(era Barón), profesor de Universidad y autor de una muy
extensa bibliografía, se puede caracterizar como el
principal exponente intelectual de la derecha
nacionalista italiana. Acusado de ser la eminencia gris
del Fascismo, jamás perteneció al partido, aunque
compite con la figura del Duce en cuanto a la influencia
ejercida sobre las generaciones italianas de posguerra en
su interpretación del mundo actual. Una gran parte de
los postulados de la derecha intelectual italiana se han
basado en tesis de Evola. Atraído en su primera juventud
por el dadaísmo y el existencialismo, pronto tornará
hacia la Tradición, con mayúscula, de la mano del
pensador francés René Guénon, a la que dedicará su
vida (fallecerá en la capital del Tiber el 11 de junio
de 1974). Compartirá con gran parte de los miembros de
la llamada Revolución Conservadora salidos de las
trincheras de la Primera Guerra Mundial su pasión por
Nietzsche, se familiarizará con Jünger, Schmitt y
Spann, pero siempre será un intelectual solitario e
inclasificable, aunque sea fruto de la misma angustia
existencial de una generación de intelectuales ante la
crisis de Occidente que trae la modernidad.
Autor de muchos títulos ya antes de la contienda,
permanece por entonces desconocido en su país de
nacimiento mientras que en el de adopción, Alemania
donde pasa largas temporadas, se le traduce y publica. La
posguerra fue especialmente dura con Evola. Reducido a
una silla de ruedas tras un bombardeo aliado, Evola es
perseguido. Sin embargo no desea convertirse en un mero
observador de la realidad y participa activamente en la
política. Así lo encontramos en 1950 ante un tribunal,
acusado de conspirar contra la República y servir de
instigador a los jóvenes que se niegan a ver morir el
mito del Fascismo. Inmediatamente se convertirá, sin
desearlo, pero absolutamente consciente, en el guía de
muchos universitarios.
Sus dos obras capitales de posguerra y de mayor difusión
fueron Los hombres y las ruinas (1953) y Cabalgar el
tigre (1961), objeto de un debate que ha llegado hasta
hoy1. Ambos ensayos -traducidos al español desde hace
años- se concibieron como guías a seguir ante la
decadena del mundo tradicional, en medio de las ruinas de
la Europa que habían conocido hasta entonces. Se dirige
a los «hombres capaces y en pié entre las ruinas» -a
decir de Evola- insistiendo en la necesidd de alcanzar un
estado personal de superación para poder atravesar la
etapa de decadencia. Es la versión de derechas del
existencialismo imperante durante esas décadas cuando se
pretende evitar el contacto con las instituciones del
sistema liberal o del socialista y crear mundos
abstractos donde esperar nuevos tiempos. Sin embargo,
Evola creía que esperar pasivamente que la decadencia
fuera completa era inútil y que era un deber ayudar a
que este mundo decadente termine por derrumbarse. Una
especie de Marcuse de la Destra que, por el contrario,
propone la acción frente a la utopía marxista. Una
rebelión contra el mundo moderno. La desintegración del
sistema traería consigo el renacimiento de la
Tradición, con una sociedad justa y jerarquizada.
La utilización de Evola por parte de ciertos sectores
radicales propició la deformación del pensamiento
evoliano. Pero no sólo en el ámbito de los
neofascistas, -como ha puesto de manifiesto en su
excelente introducción a Evola el malogrado intelectual
italiano Adriano Romualdi- también en aquellos que
creyeron interpretar actitudes reaccionarias para volver
a exhumar nostalgias medievales o monárquicas; o
aquellos que han creído ver en Evola el apoyo a un
tradicionalismo de signo católico; o los que lo ven como
un exponente del neopaganismo espiritualista2.
La trascendencia de Evola radica en su elaboración de
una cultura de Destra en Italia tras la guerra. Logró
rehabilitar este vocablo -que en España tiene tan mala
prensa- convirtiéndolo en una expresión respetable,
sinónimo de cultura e intelectualidad. Articula una
verdadera oposición de Derecha al liberalismo laicista y
al materialismo socialista, que se presentan como dos
imágenes falsamente enfrentadas que dividen únicamente
una sociedad burguesa, decadente. Una derecha
tradicional, que no debe confundirse con el término que
en España se asocia con la derecha porque Evola -como ha
dicho el traductor argentino Marcos Ghío- «ante un
mundo de materialismos y de religiosidad puramente
conformista, hace valer los valores de la metafísica y
del espíritu»3.
Supo dar respuesta a cuestiones esenciales como Europa,
el binomio Estado-Nación, la espiritualidad necesaria,
el papel del Cristianismo, la no incompatibilidad entre
la Tradición, lo conservador y el progreso social, etc.
Evola logra articular un discurso donde la Tradición
medieval, en la que el Cristianismo jugó un papel
central, servirá para dar forma a un concepto orgánico
de unidad continental con el catolicismo como eje
central. «El Catolisicmo medieval -escribe Evola en
1942- se identificaba con la comunidad de naciones
europeas, comunidad concebida como una unidad orgánica y
militar donde las éticas del honor y la lealtad contaban
mucho más que otros conceptos como la solidaridad o la
fraternidad»4.
Tras su espectacular difusión en Italia, la Nueva
Derecha francesa descubre a Evola a finales de los años
70 y lo incorpora a su elenco de referentes intelectuales
para reconstruir ese espacio tan falto de ideas como es
el de la derecha política. Ciertamente yerran al
destacar de Evola especialmente su faceta de preguerra,
cuando atacó al Cristianismo. Tras la derrota de 1945,
rectificó sus textos de la primera época. El racismo
sería una búsqueda de una raza pura en lo espiritual,
no en lo biológico-materialista, como dejó aclarado en
su Sintesi di dottrina della raza (Milán, 1941)5, lo que
le creó no pocos problemas con las autoridades
nacionalsocialistas. Evola se opondrá al totalitarismo
proponiendo la idea de un Estado edificado sobre un orden
natural. En su primera etapa, creyó encontrar en las SS
hitlerianas este ideal, pero pronto se desengañó.
Sus enseñanzas también llegan a Alemania y al mundo
anglosajón donde hoy están siendo objeto de un
análisis profundo por los intelectuales conservadores.
En España, en los años 70, llegan algunos textos
evolianos a los ambientes nacional-revolucionarios que le
traducen y comentan; pero su influencia se desvanece
rápidamente hasta que, casi un cuarto de siglo desde la
desaparición física de Evola, comienza a llegar
nuevamente una oleada evoliana al mundo hispanoparlante.
Esta vez desde Argentina.
La actualidad de Evola es ahora más viva que nunca. La
necesidad de enfrentarse a un mundo en decadencia, la
búsqueda de ideales válidos para superar las caducas
ideologías y dar a las nuevas generaciones referentes
compatibles con la Tradición para encarar las grandes
transformaciones futuras, es la razón que está más
presente que nunca. Partiendo de la idea de Nación le ha
abierto a la idea de Europa. Más allá de un
nacionalismo vago, Evola muestra el camino de una
conciencia político-conservadora y, a la vez
revolucionaria, marcando el camino para una superación
del mundo moderno, ahora que, ha caído el mito del fin
de la historia.
Erik Norling
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