Bonald o lo absurdo de toda revolución

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LIBROS: Bonald o lo absurdo de toda revolución. nº 93

Comentarios de L. Sánchez de Movellán al libro de J. M. Oses Gorraiz .

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LIBROS: Bonald o lo absurdo de toda revolución

Oses Gorraiz, Jesús María, Bonald o lo absurdo de toda revolución, Ed. Universidad Pública de Navarra, Pamplona, 1997, 144 p.p.



La extensa obra de Louis de Bonald se propone mostrar que la Revolución Francesa, en particular, y toda revolución, en general, es absurda.

El autor se pregunta porqué se ha desatendido el estudio de un pensador que influyó en escritores políticos del s. XIX (Saint-Simon, Comte, Taine, Tocqueville, Durkheim, Donoso Cortés) y la respuesta la concreta en cuatro factores: 1º) Sus propios escritos, redactados con prosa plúmbea y reiterativa; 2º) Algunas doctrinas bonaldianas fueron rechazadas por la Iglesia Católica del s. xix; 3º) Nunca tuvo un apoyo social que convirtiera su doctrina en programa de gobierno; 4º) Bonald intentó demostrar la omnipotencia divina por la naturaleza caída de los hombres.

En el segundo capítulo (El marco histórico político) se analiza el nacimiento, el crecimiento y la educación del Vizconde en un país, Francia, en plena ebullición social, con inmensas agitaciones e intercambio de ideas. Algunos hechos revolucionarios llevan al pensador a escribir para refutar las cambiantes opiniones de los «philosophes»: apela a Dios como garante del mundo social. Bonald cree que las causas de la revolución son históricas y que proceden de la voluntad humana. La revolución es un mal en cuanto que ha roto el orden natural para imponer un orden artificial y efímero que necesita apoyarse en la voluntad general. La revolución es el intento humano de destruir el orden creado por Dios.

El tercer capítulo analiza la axiomática bonaldiana, en la cual se intenta combinar la certidumbre y la capacidad racional de las matemáticas con la teología, fijando el significado del lenguaje según parámetros natural-teológicos. Bonald piensa que la palabra expresa el orden y la verdad inscritas en la naturaleza de la cosas.

Las bases metafísico-morales del método bonaldiano las podríamos reducir a un punto: la razón sólo se rinde ante la autoridad de la evidencia o ante la evidencia de la autoridad. De aquí que su racionalismo se sustente en una creencia religiosa que le lleva, por un lado, a aceptar sin discusión la autoridad de los hechos y de Dios.

El proyecto bonaldiano se podría exponer de la siguiente manera: frente al caos revolucionario, orden inmutable; frente al proyecto ilustrado, disgregador, pluriforme y cambiante, un sistema global basado en la unidad y de todo lo creado; frente a principios quiméricos y conceptos viciados, axiomas sólidos y restauración semántica sacada de una intelección correcta de las leyes que rigen la naturaleza de las cosas.

El capítulo último muestra el sistema «deductivo» bonaldiano, segun el cual para saber qué es el hombre y cuál es su naturaleza, hay que deducir su ser de los axiomas radicales. Bonald no admite la bondad natural del hombre presocial, ya que «somos malos por naturaleza, buenos por sociedad…». «Los enemigos de la religión han creído que era el hombre quien hacía la sociedad, y yo creo que es la sociedad la que hace al hombre».

La razón humana es social porque Dios donó el lenguaje a la especie humana, y mediante él permite conocer a todos los hombres las
creencias, leyes y costumbres que se corresponden con la naturaleza humana. La razón social mantiene el orden y expresa la permanencia.

Los ataques bonaldianos al pacto social se articulan en dos frentes: el primero, se dirige contra la instauración de la soberanía que se legitima en el consenso de los individuos; el segundo, se enfrenta al voluntarismo humano que pretende alterar el orden natural mediante una convención. La naturaleza del poder político la analiza Bonald a través de tres conceptos: voluntad general, poder general y fuerza general, que se oponen radicalmente a las ideas de Rousseau.

La teoría social bonaldiana encuentra en la institución familiar uno de los fundamentos básicos. La jerarquía familiar y la desigualdad que ello implica cavan la tumba de los derechos individuales revolucionarios. Objetivo fundamental de Bonald es la recuperación del valor de los grupos sociales intermedios entre la familia y el Estado, conformando una sociedad orgánica, articulada mediante relaciones verticales y transversales.

Se cierra el libro con el análisis de las diversas formas de gobierno. El Vizconde propugna un sistema de gobierno monárquico, asentado en principios religiosos, descentralizado, con cuerpos intermedios, fuertemente jerarquizado, y basado en el derecho de propiedad.

Una sólida aportación al estudio de un pensador de trascendental influencia, con una propuesta positiva que se ofrece como alternativa a la concepción revolucionaria y que pretende desmontar la utopía ilustrada.



Luis Sánchez de Movellán




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