LIBROS: Defensa
de la Hispanidad
Maeztu,
Ramiro de: Defensa de la Hispanidad, ed. Rialp, Madrid,
1998, 344 págs.
No sé si el aluvión de ensayos que sobre «el 98» ha
visto el año del centenario del Desastre y de la
«generación», habrá servido para contemplar con más
rigor cuál sea la situación de nuestras hodiernas
cultura y política patrias. Me inclino a pensar que si
la coyuntura del fin de siglo pasado produjo una intensa
sacudida de la conciencia nacional, tocada por la pasión
española y el desconcierto mental, y varada finalmente
por éste, la efeméride de este fin de milenio no ha de
conocer saldo mejor. Y es que me parece, más
autocomplaciente, conformista y acrítica. En este
sentido, tengo la impresión de que -si como escribió
García Escudero- «1936 fue el precio al que los
españoles compramos 1874», siendo como fue 1898 la
consecuencia de la Restauración, y habiéndonos
embarcado hoy con el entusiasmo en la cancelación de
1936 al tiempo que en la renovación de 1874, nuestra
situación no puede sino resentirse de un idéntico
desconcierto mental que el de antaño, pero sin que
siquiera dispongamos hogaño de aquella pasión
española. Todo ello al margen del fracaso del
generacionismo y de que, como ha expresado fundadamente
Fernández de la Mora a la hora de vérselas con «lo
vivo y lo muerto del 98», «no basta con equilibrar las
cuentas, también hay que hacer un correcto balance».
Pero entre el bullir de las ediciones y los ensayos
críticos nos topamos con lo que, tras el pórtico
anterior, no extrañará que califique de lo más vivo
del 98: la Defensa de la Hispanidad de Ramiro de Maeztu.
La experiencia de su lectura -relectura- en esta cuidada
edición a la que Federico Suárez Verdeguer ha puesto un
acertado estudio preliminar que presenta la figura del
autor en su peripecia vital y destaca los trazos más
salientes de la obra, nos devuelve el verdadero rostro de
los hechos hispánicos en la historia universal, al
tiempo que la necesidad de un proyecto nacional ancorado
en la verdad histórica y política. Completando así
tanto el personal peregrinar de su autor como -según
hemos dicho- el de toda la generación. Por eso, es un
libro que no se puede leer sin emoción, ya que signa la
reintegración de la tradición española, tanto tiempo
abandonada por tantos y descubierta por algunos tras un
sin fin de visicitudes. Hasta tal punto lleva esa
adhesión a la tradición recién descubierta, que no
puede sino evocar en el último recodo, a la búsqueda de
un «lema de caballeros», el «Dios, Patria, Fueros y
Rey» del carlismo. Una tradición, pues, que lejos de
todo chauvinismo o nacionalismo, lleva marcadas a fuego
las divisas de hermandad, universalismo y misión. Tersa
ejecutoria la del universalismo raigado en lo propio que
despunta, aquí y allá por entre las páginas
apasionadas de Maeztu. Páginas, además, no lo
olvidemos, rubricadas con su sangre.
Permítaseme, para concluir, una referencia que el
prologuista hace, y que le honra, al ominoso silencio que
cubre la obra de Vicente Marrero, autor de la monografía
más completa sobre Maeztu, prologuista de la anterior
edición -argentina- de la Defensa de la Hispanidad y que
tuvo parte en su espíritu. Hoy que sufre cruel
enfermedad es también obligación sincera de amigo
recordarlo.
Miguel Ayuso
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