Nos duele
España
Durante
toda mi vida he sido, soy y seré hispanista. Pero lo que
me mueve ahora es algo superior a mis sentimientos y a mi
persona: se trata de mi país, de mi patria. Hemos
sufrido una afrenta de quien menos esperábamos.
¿Qué le pasa al gobierno español? ¿Desde cuándo se
ha erigdo en el juez de los destinos de américa... de
Chile? ¿No sabe acaso que nosotros sufrimos hace
veinticinco años uno de los momentos más difíciles de
nuestra historia? Nos enfrentamos al peligro insalvable
de que nuestro país cayera bajo un régimen
marxista-leninista. Los más representativos y
mayoritarios sectores de la población repudiaron
resueltamente esa posibilidad e impetraron en forma
reiterada y vehemente a las Fuerzas Armadas y de Orden
que nos salvaran. Así fue. Lo han reconocido todos,
incluso los portavoces más representativos de la
democracia del país, como por ejemplo los presidentes
Jorge Alessandri, de centroderecha; Gabriel gonzález
Videla, radical, y Eduardo Frei Montalva, democristiano,
quienes justificaron expresamente el pronunciamiento
militar. Salvar al país que se hundía
catastróficamente con una inflación del 600 por 100,
agotadas las reservas internacionales, con un
desabastecimiento total que llevaba hambre y
desesperación al pueblo; una guerrilla organizada por
agentes extranjeros poderosamente armados, con un
gobierno adherido a la más proterva organización
política internacional como era el marxismo-leninismo y
la organización OLAS, destinada a llevar por la fuerza a
nuestro país al comunismo. Nos salvamos de ello,
costándonos grandes esfuerzos y sacrificios de vidas,
que aún nos sangran.
Las Fuerzas Armadas después de un largo gobierno, dieron
por cumplidos sus objetivos, y en forma ejemplar
entregaron el mando de la república a un plebiscito, a
fin de que la democracia impusiera su palabra y su
destino. Los militares volvieron a sus cuarteles. Desde
entonces, durante diez años, dos gobiernos absolutamente
democráticos iniciaron el camino de nuestra transición,
tratando de resolver poco a poco todos los problemas
surgidos de ese crucial momento histórico. Hemos
conseguido logros realmente prodigiosos que nos pusieron
en la avanzada de los países emergentes de nuestro mundo
nuevo; y hemos entregado a la justicia aquellos excesos
que pudieran haberse cometido tanto por fuerzas del
oficialismo como de la guerrilla armada; muchos de sus
principales autores están en la cárcel.
Hay quienes creyeron ver en nuestro destino y en nuestra
gesta algo parecido a lo de España. Ella también se
enfrentó con una alternativa insoslayable. El triunfo
del Ejército, comandado por el generalísimo Franco,
después de una larga guerra, significó la muerte de
cerca de un cuarto de millón de víctimas de lado y
lado; luego, por mandato del Caudillo por cuarenta años
hasta su muerte y, además, su herencia marcada por su
voluntad, fue el destino para que España lograra su
definitiva reconciliación. No hubo un solo juicio que se
sepa para el Caudillo, ni para vencidos ni vencedores.
¿Cuál fue la actitud de Chile frente a estos hechos
históricos que marcaron el destino de España? La única
que cabía en nuestros corazones: la comprensión más
alta y respetuosa. Acudir ante todo a salvar a franquista
y republicanos, cuyas vidas estaban amenazadas. Miles de
ellos fueron asilados en nuestra embajada, y otros tantos
fueron salvados del peligro de las represalias e incluso
traídos a nuestra patria en el Winnipeg, y hoy forman
parte de la pujante y querida colonia española
residente. Nosotros no juzgamos a España, simplemente le
expresamos cuánto ansiábamos su reconciliación y
cuánto la queríamos. ¡Cómo contrastan estos hechos
irregulables que están en la memoria fresca de nuestros
pueblos con lo que hemos recibido del actual gobierno
español! Nuestra madre patria, nuestra hermana de
lengua, fe y destino, nos da la espalda y se transforma
en la peor de las madrastras. En vez de tendernos una
mano comprensiva y fraterna, nos da con sus decisiones
absolutamente reñidas con el Derecho Internacional una
puñalada trapera a nuestra reconciliación, como ellos
mismos dicen cuando se hiere a mansalva y sin razones.
¿Desde cuándo un país puede invadir a otro en su
soberanía, imponer el mandato de sus tribunales más
alla de su tierra, de sus leyes, de su jurisdicción?
¿Acaso no es un orgullo para la propia España que
nosotros tengamos 188 años de independencia, gracias a
la sublimación de los sentimientos emanados de la propia
sangre y espíritu? Nosotros creíamos que con nuestra
soberanía y libertad estábamos engrandeciendo dos
historias: la suya y la nuestra. ¿Cómo se concilian
estas razones con este gesto de colonialismo trasnochado?
Estoy seguro de que son muchísimos los españoles que
están en contra de esta aberración jurídica y
fraterna. Es un lamentable traspiés de este gobierno que
traiciona las palabras dichas hace poco en nuestro propio
Congreso por su Presidente y que ratificara su propio
Monarca. Más no quiero decir, solamente puedo expresar
que siento que hoy... ¡Nos duele España!
Enrique Campos Menéndez
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