LIBROS: The Last
Crusade
Carrol,
Warren H.: The Last Crusade. ed. Christendom Front Royal,
1996. 232 pág.
Warren Carroll es un historiador católico cada vez más
reconocido en los Estados Unidos por su monumental
Historia de la Iglesia, que va ya por el tercer volumen.
Pocos se atreven a discutir la solidez de este doctorado
de Columbia, quien se ha distinguido previamente por sus
trabajos sobre la Revolución Francesa y su biografía de
Isabel la Católica.
Este libro se centra en la génesis y desarrollo inicial
de la Guerra Civil española, especialmente durante los
primeros seis meses. En un último capítulo (Road to
Victory) despacha desde 1937 hasta el 18 de julio de
1939. No podemos sino congratularnos de que haya autores
extranjeros, angloparlante en este caso, que planten cara
a la mentira, al tópico errado, a la difamación y al
libelo, como fuera el caso de Paul Preston en su
pseudobiografía de Franco.
Acomete Carroll la difícil empresa de explicar al
intoxicado lector medio norteamericano la Cruzada de
Liberación española. Porque así, y no de otra manera,
fue: una lucha en defensa de la religión primariamente,
encarnada en una Patria radicalmente católica y
amenazada en su esencia por una República que hacía
tiempo había devenido en barbarie comunista. Una
Cruzada, como atestiguan Mons. Olaechea, Mons. Pla y
Deniel, la Carta Conjunta del Episcopado Español y
confirmó el Cardenal Gomá o sancionó el mismo Papa.
Cruzada y no meramente Guerra Civil, como sostiene sin
apelación factible Alvaro d'Ors en La violencia y el
orden.
El autor maneja una bibliografía relativamente corta (51
trabajos), pero esencial ya por su significación ya por
su difusión. Mucha de esta bibliografía está en
inglés, y es casi desconocida para nosotros. Cita
profusamente el filón inagotable (nunca más reeditado)
Historia de la persecución religiosa en España
1936-1939, de Monseñor Antonio Montero. El martirio
constante de la Iglesia española golpea sin tregua el
yunque de estas páginas.
Una narración ágil nos conduce a los prolegómenos de
lucha donde dos concepciones del mundo se enfrentaban
mano mano, corazón a corazón. Es continuada por los
avatares de los seis primeros meses de guerra, siempre
salpicados de las atrocidades cometidas en el territorio
pretendidamente gubernamental, en realidad tiránico. La
faz roja de la desunión interna, del asesinato, del
sacrilegio, de la imposibilidad en una palabra, queda
perfectamente retratada. Plasma la génesis de la utopía
comunista, incubada y atizada por la asfixiante presencia
y mediatización soviéticas.
En lo positivo desempolva hazañas como la del Capitán
Jareño en Gijón (pgs. 104-105), fotografía la realidad
de las «sacas» como elemento constitutivo de la
cotidianeidad «republicana» -tan acertadamente
cristalizado en Madrid, de corte a checa, del mejor
Foxá- o transcribe la electrizante correspondencia de
Francis McCullagh, capitán del primer regimiento de
voluntarios irlandeses que lucharon con los nacionales, a
Eamon de Valera (pgs. 131-132). Otra perla es la justa y
desapasionada descripción e interpretación del
incidente entre Unamuno y Millán Astray en el Paraninfo
de la Universidad de Salamanca (pgs. 48-60), aportando
datos normalmente no accesibles al lector
hispanoparlante. Cuenta con maestría y ágil prosa, en
páginas ardientes, la epopeya del Alcázar de Toledo.
No soslaya Carroll los abusos cometidos en la zona
nacional, pero los pone en su justa perspectiva, que nada
tienen que ver con los que la propaganda acostumbra
últimamente. Entre ellos los desmanes de Queipo de
Llano, tras el farol radiofónico en Sevilla o la pasada
de José Valdés, Gobernador de Granada y último
responsable de la muerte de García Lorca, que tanta
carnaza ha proporcionado. Justifica determinadas acciones
políticas de Franco (como la fusión de Falange y la
Comunión Tradicionalista) al tiempo que critica su
visión a largo plazo al no haber proporcionado más peso
a los Carlistas.
Quizás los cuatro grandes defectos del libro sean la
predilección del autor por los carlistas, indudablemente
portadores del pensamiento político más fecundo de los
contendientes y de una gloriosa tradición en defensa de
la civilización cristiana. Obvia los problemas que la
insumisión de algún carlista a los mandos militares
crearon. Estudia las líneas generales de su pensamiento,
la acumulación de situaciones por las que perdieron
presencia en la paz. Asimismo el descontento del autor
por la Falange y por José Antonio queda a veces
despachado tajantemente. De esta manera puede sesgar lo
mejor del espíritu que subyacía en la Falange, no
siempre expresado por ciertos arribistas que se
parapetaron tras ella. Por otro lado, intenta justificar
determinadas actitudes del pontificado de Pío XI,
tremendamente minado por modernistas que de ningún modo
se comprenden. Finalmente su indulgencia con el
nacionalismo vasco.
En definitiva: un trabajo bien escrito y que constituye
un poderoso antídoto contra el veneno falsario que sobre
este crucial episodio histórico se acostumbra a
inocular. Sus juicios son en general equilibrados y
ecuánimes. Si la obra es una joya para el lector de
habla inglesa, lo es también para el castellanoparlante
por la solidez de sus argumentos, la irrefutabilidad de
sus datos, las críticas a libros por desgracia todavía
dominantes y la aportación de detalles habitualmente
desconocidos entre nosotros.
La portada, con una foto del Valle de los Caídos,
expresa esa España que edificada en roca y con la cruz
hacia el cielo no sólo se resiste a morir, sino que se
apresta a resucitar.
Miguel Ayuso
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