LIBROS: Moral,
razón y naturaleza.
González,
Ana María: Moral, razón y naturaleza, ed. Eunsa,
Pamplona 1998, 552 págs.
El dominante propósito de esta extensa y documentada
monografía es demostrar que si bien el conocimiento
exclusivamente filosófico sin la fé es insuficiente,
cabe llegar con el simple análisis racional a las mismas
conclusiones éticas que Tomás de Aquino, en gran parte
coincidentes con las aristotélicas.
La tesis fundamental es que la «naturaleza es
teleológica, o sea, está orientada a fines. La prueba
es que «lo más natural a una cosa en su fin». Por eso,
actuar según la naturaleza es actuar hacia ese fin.
Pero ¿qué se entiende por naturaleza? Hay dos
acepciones principales. La primera sería todo lo dado no
artifical. La segunda, que es la válida para la
argumentación de la autora, sería «la diferencia
específica que informa cualquier cosa», algo así como
la esencia. de ahí que la perfección de cualquier cosa
consista en la plena realización de su naturaleza o
esencia. «Es bueno el acto que conviene a la naturaleza
del agente, y es malo el que no conviene a su
naturaleza».
Este esquema metafísico universal, aplicado al hombre
arroja el siguiente resultado. Lo específico del hombre
es la racionalidad. Luego lo que por naturaleza conviene
al hombre es que actúe según la razón, aunque también
hay en el hombre unas inclinaciones naturales que deben
ser tenidas en cuenta.
Esta teoría plantea radicales cuestiones filosóficas.
La primera de ellas es la idea misma de fin: ¿es
aplicable a toda la naturaleza o sólo es una noción
psicológica de la conciencia humana? Si el fin es una
visión humana de las cosas y no algo intrínseco a cada
una de ellas resulta problemática la afirmación tomista
de que todo lo natural es finalista en sí mismo,
independientemente de que exista un hombre que lo
contemple y lo interprete. En el punto de partida de toda
la argumentación tomista está la ardua cuestión de la
finalidad, el postulado de que todo tiene un fin.
En segundo lugar, si lo específico del hombre es actuar
según la razón, si su naturaleza es racionalidad, y si
la naturaleza nunca se equivoca ¿cómo se explica que
los hombres se comporten mal? Tomás de Aquino recurre a
la pérdida del estado de inocencia por el pecado
original, argumento no racional, sino dogmático. Además
subsiste la cuestión principal: ¿cómo Adán en estado
de inocencia pudo pecar? ¿falló su naturaleza?
En tercer lugar, literalmente «vivir según la
naturaleza» sería plegarse al curso natural de las
cosas; pero la existencia y la historia humanas son
progresivas porque consisten en ejercer una constante
violencia sobre lo natural adaptándolo a deseos. Lo
natural resulta más hostil que propicio y los
convertimos en artificial, o sea, en cultura.
En cuarto lugar, aun siendo racional su naturaleza, el
hombre con harta frecuencia no se comporta racionalmente.
En tal caso, una naturaleza finalista renegaría de su
finalidad, se desnaturalizaría, lo que parece
contradictorio.
La autora sugiere que apartarse de la argumentación
tomista implica la caída en el relativismo moral, en las
éticas situacionistas, etc. Esta polémica afirmación
no está demostrada. Por otro lado, la autora niega que
la ética tomista sea absolutista porque otorga capital
importancia a la prudencia y a la consideración de las
circunstancias. Incluso admite una cierta historicidad de
derecho natural. Y reinterpreta las tesis aristotélica
de «que toda justicia es variable» (EN 1134B 30). Y no
queda explícito el concepto de lo «intrínsecamente
malo» en el breve capítulo final.
A lo largo de su investigación, la autora trata de
superar las diferencias entre Tomás de Aquino y
Aristóteles. También intenta explicar la defensa
tomista de la pena de muerte, de la esclavitud, de la
inferioridad de la mujer, etc. Y hay glosas muy valiosas
sobre la legítima defensa, la mentira, el aborto, la
fecundación artifical, el homosexualismo, etc. Pero todo
ello es marginal a la argumentación axial.
Los grandes problemas de la ética no los dejaron
resueltos ni el gran Aristóteles, ni el eminente
Aquinate, aunque los plantearon de forma genial y
aportaron construcciones teóricas que han prevalecido
durante siglos y que aún conservan parte de su validez.
Esto último lo confirma la investigación de la autora
que agota las fuentes, las sistematiza y concuerda, y
lleva la exégesis, más formal que material, a notables
niveles de acuidad. Es una tesis doctoral excelente y
prometedora.
G.F.M
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