Justa distribución del sufragio como supremo poder

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LIBROS: Justa distribución del sufragio como supremo poder. nº 93

Comentarios de G. F. M. al libro de José Lois Estevez.

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LIBROS: Justa distribución del sufragio como supremo poder

Lois Estevez, José: Justa distribución del sufragio como supremo poder, ed. Xunta de Galicia, Santiago 1998, 132 págs.



El autor es un fecundo intelectual de amplio espectro cuyo centro de atención ha sido la justicia y, últimamente, el Derecho público. Su reciente investigación afronta el capital problema de la intervención de los gobernados en la gobernación, la llamada «representación» política.

El punto de partida es la proclamación de que junto a los tres poderes clásicos -el ejecutivo, el legislativo y el judicial- hay un poder superior a todos los demás que es el poder de sufragio. ¿Cómo debería instrumentarse? El autor critica la democracia orgánica y, sobre todo, la inorgánica o partitocrática. En especial repudia el procedimeinto electoral de las listas cerradas y bloqueadas. Paralelamente, va señalando muchas de las ficciones jurídicas y de las arbitrariedades comúnmente aceptadas que califica de «eufemismos mitificados». La parte crítica de la investigación es extraordinariamente interesante porque se aleja del pensamiento único o políticamente correcto. No es un repetidor de tópicos, sino un meditador racional y sin prejuicios partidistas.

Simultáneamente, el autor apunta propuestas para acercar los procedimientos electorales y las instituciones representativas a una más justa distribución del poder de sufragio.

Puesto que el indiscutible ideal es seleccionar a los gobernantes mejores, el autor no cree que el procedimiento adecuado sea la actual cooptación que practican las oligarquías de las cúpulas partidistas, y propone una selección desde la base, en el nivel local, donde electores y candidatos se conocen y donde se puede comprobar la eficacia. Con los alcaldes de capacidad probada se constituiría un escalafón para ulteriores responsabilidades políticas. Así se iría formado un cuerpo de gestores de la cosa pública que desde las funciones municipales irían ascendiendo a las superiores. Lo que, en definitiva, se propone es un sistema de sucesivas elecciones primarias.

Los partidos podrían conservar la iniciativa de presentar candidatos, pero en una lista nacional con tres nombres por escaño para que los electores puedan confeccionar libremente su lista personal de preferencias. Otra propuesta es la de sustitución de la provincia por la Comunidad autónoma como distrito electoral.

Otra importante propuesta es la de un bicameralismo con un Senado orgánico de «grandes juristas y personalidades eminentes…, asiento de sabios, expertos, expresidentes y viejas glorias de la política».

Finalmente, el autor se enfrenta con una cuestión de especial significación para su región: la participación política de los emigrados españoles que cifra en 1.800.000 en todo el mundo (los gallegos de Sudamérica se-rían 400.000). Se propone una reinterpretación de la legislación electoral y la creación de una institución similar al Consejo Superior de Franceses en el Extranjero.

Como es habitual en el autor, los análisis concretos, a veces minuciosos, están apoyados en una filosofía del Derecho.

Investigación culta y original que denuncia maquillajes, contradicciones y quimeras jurídicas, propone soluciones, e invita a pensar sin apriorismos sobre la compleja problemática de la representación política.



G.F.M.




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