Los templarios: la historia oculta

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LIBROS: Los templarios: la historia oculta . nº 93

Comentarios de J.L. Núñez al libro de Ricardo de la Cierva.

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LIBROS:Los templarios: la historia oculta


Cierva, Ricardo de la:Templarios: la historia oculta, ed. Fénix, Madrid, 1998, 496 págs.



Sobre los templarios existe una abundantísima bibliografía, incluso española reciente, y el autor, que ya había abordado tangencialmente el tema en anteriores trabajos, reconstruye ahora el curso del Temple desde su fundación hasta su disolución, primero por Felipe IV de Francia (3-X-1307), y luego por el papa Clemente V cuya bula Pastoralis praeminentia (22-XI-1307) ordenaba a todos los príncipes cristianos la detención de los templarios y la confiscación de sus bienes.

La Orden, que según De la Cierva, había llegado a contar con unos cuarenta mil miembros, había sido expulsada por los sarracenos de Tierra Santa y se había ido convirtiendo en una potencia económica y política en el Mediterráneo. Por razones financieras y estratégicas, el rey de Francia los persiguió y, mediante tortura, arrancó terribles confesiones a los imputados. Cuando el Papa asumió la dirección de los procesos, el tormento no desapareció del todo, y Clemente V terminó actuando como «una marioneta» (pág. 415) del monarca galo. Es preciso recordar que en 1252 el pontífice Inocencio IV había autorizado a los inquisidores la práctica de la tortura. El tratamiento jurídico de la persecución contra los templarios fue abominable; pero De la Cierva cree que, efectivamente, se había producido una descomposición moral de sus miembros, inclinados en su etapa final hacia la acumulación de riquezas y poder.

El autor otorga papeles significativos en la fase crítica de la Orden a dos españoles, el filósofo Raimundo Lulio, y el médico Arnaldo de Vilanova.

El Temple, aunque menos que en Francia, tuvo activa presencia en España, Jaime I de Aragón, que al principio se resistió a las presiones francesas, acabó rindiéndose y, a finales de noviembre de 1307, ejecutó la bula pontificia; pero ni en Aragón ni en Castilla pasaron los bienes de los templarios a la Corona, sino principalmente a otras órdenes militares como la de Calatrava.

La masonería inglesa ha adoptado entre sus ramas a una llamada Orden del Temple que se remite a rituales arcaicos, lo que otorga una cierta continuidad a la institución que jugó un papel importantísitmo en las cruzadas y que se ha convertido en un permanente pretexto para la imaginación y la especulación esotérica.

En este su libro 116, el autor recurre al recurso clásico de poner en boca de los personajes declaraciones verosímiles. De ese modo una trama de por sí novelesca, adquiere tensión narrativa y se lee sin esfuerzo. Además, De la Cierva utiliza una fuente de máxima relevancia, descubierta por Jules Michelet en 1841, actas de procesos inquisitoriales contra las cabezas visibles de la Orden.

Un nuevo testimonio de la amplitud cronológica y de la fecundidad del eminente historiador.



J.L. Núñez




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